Edward Lear, los limericks, y el Zoo Loco de María Elena Walsh



Edward Lear por William Holman Hunt (Londres, 1827-1910). Retrato realizado con crayon negro coloreado con tiza (1857).

Dibujante y poeta

Edward Lear nació en Highgate, un suburbio de Londres (Inglaterra), el 12 de mayo de 1812. Fue el más joven de los veinte hijos del matrimonio Lear. La educación de Edward estuvo a cargo de una de sus hermanas: Ann, veintiún años mayor. Sus padres prácticamente se desentendieron de él desde su nacimiento.

Durante su infancia, Edward sufrió enfermedades que continuarían afectándolo el resto de su vida: epilepsia, cambios repentinos de humor con episodios de depresión aguda (“The Morbids”), miopía extrema y la fractura de dos rodillas con la consiguiente configuración defectuosa de las piernas.

En 1826, a los catorce años de edad, por necesidad económica, Edward comenzó a trabajar como ilustrador. No había realizado estudios formales de dibujo de ningún tipo.

En 1830 inició su trabajo con las planchas de Illustrations of the Family of Psittacidae, or Parrots (Ilustraciones de la familia de los psitácidos, o loros). Estos dibujos, realizados con intención científica, inmediatamente le otorgaron reputación como dibujante. Un reconocido ornitólogo, Joe Gould, lo invitó a colaborar en una obra sobre aves de Europa. Durante los dos siguientes años Lear viajó con Gould por Amsterdam, Rotterdam, Berna y Berlín dibujando pájaros.


Macrocercus aracanga
dibujado por Edward Lear.

En 1832 Lear interrumpió su trabajo con Gould por la oferta de Lord Stanley, quien le propuso dibujar los animales del zoológico de su propiedad. Lear se instaló en la mansión de este aristócrata y trabó amistad con la familia y los invitados de su patrón. En 1835 viajó a Irlanda con Edward Stanley y su hijo. De este modo se inició lo que luego sería una constante en la vida del artista: su pasión por los viajes.

Por esta época la obra pictórica de Lear se volcó hacia los paisajes. Al parecer este cambio temático tuvo su razón de ser en un mercado demandante de “vistas” de lugares pintorescos o históricos. Como consecuencia de esta tarea profesional Lear se estableció en Roma en diciembre de 1836. Esta ciudad fue su lugar de residencia habitual durante más de diez años, con constantes viajes por Italia y por el mundo, idas y venidas a su país natal.

Edward Lear: Autorretrato.

En 1846 publicó por primera vez A Book of Nonsense bajo el seudónimo de Derry Down Derry. El libro contaba con setenta y dos limericks distribuidos en dos volúmenes. Por esta época en una de sus frecuentes visitas a Inglaterra dio una serie de doce lecciones de dibujo a la joven reina Victoria.

Entre 1850 y 1853 Lear se propuso aprender a pintar metódicamente para superar los déficits de su formación autodidacta. Ingresó a la Escuela de la Academia Real. Fue amigo y alumno de Holman Hunt, un destacado pintor. Pintó paisajes al óleo de grandes dimensiones que logró exponer e incluso vender.

En 1855 publicó por segunda vez A Book of Nonsense. En el año 1861 el libro fue editado nuevamente, ahora sí con el nombre de Edward Lear en la tapa. Este libro contenía 112 limericks, pero en él se descartaron tres de la primera edición.


Portada del libro A Book of Nonsense, de Edward Lear (Londres 1861).

Lear también escribió poemas “nonsense” en otras formas diferentes al limerick. Reunió estos escritos en 1871 como Nonsense Songs, Stories and Alphabets. En 1872 publicó More Nonsense, Pictures, Rhymes, Botany, y en 1876: Laughable Lyrics.  Muchos de estos alfabetos, dibujos y rimas, así como los dibujos de botánica fantasiosa, fueron regalos que Lear dedicó a los pequeños hijos de sus amigos.


The Bountiful Beetle,
who always carried a Green Umbrella when it didn’t rain,
and left it at home when it did.

(El Escarabajo de Bountiful,
que siempre llevaba un paraguas verde cuando no llovía,
y lo dejó en casa cuando llovió.
)

* * *

The Fizzgiggious Fish,
who always walked about upon Stilts,
because he had no legs.

(El Pez Fizzgiggious,
que siempre caminaba sobre zancos,
porque no tenía piernas.
)

* * *



Tigerlillia Terribilis.

* * *



Shoebootia Utilis.

* * *



Enkoopia Chickabiddia.

* * *

Por 1866 Lear estuvo a punto de casarse con una joven inglesa: Gussie Bethell. Sin embargo no alcanzó a proponerle matrimonio. Años más tarde la situación volvió a repetirse cuando Gussie enviudó, sin embargo Lear nunca se decidió y continuó soltero hasta su muerte.

Las dos compañías estables durante la vida de Lear fueron Giorgio Cocalli, su valet, y entre 1872 y 1887 su gato Foss, al que hizo hacer la siguiente lápida cuando murió:

“Qui sotto sta sepolto il mio buon Gato Foss. Era in casa mia 30 anni e morí il 26/7/1887 di etá 31 anni”. Firmado: Edoardo Lear.



Edward Lear y su gato Foss (1885).

La edad del gato era aproximadamente la mitad de la declarada por su amo. El cambio quizá obedeció a una de las tantas excentricidades del autor.

En 1870 decidió comprar tierras en la Riviera italiana, en San Remo, y en 1871 Lear hizo construir su casa a la que llamó Villa Emily, en homenaje a su mejor amiga: Emily Tennyson, esposa del poeta Alfred Tennyson, con cuyos poemas Lear hizo canciones y también se propuso publicar una edición ilustrada, proyecto que quedó sin realizar.

Durante 1873 y parte de 1874, Lear realizó un largo viaje por India y Ceilán (actual Sri Lanka), en compañía de su amigo Thomas George Baring.


Dibujo de Edward Lear en una carta a Lady Waldegrave (1873)

A raíz de la construcción de un hotel que perturbó la tranquilidad del vecindario, Lear compró un nuevo terreno e hizo edificar otra casa que llamó Villa Tennyson. Se mudó a ella en 1880; ese año hizo su última visita a Inglaterra. Por esa época sus viajes por el mundo se detuvieron.

Murió en San Remo el 29 de enero de 1888 a los setenta y seis años.



Edward Lear: Autorretrato.

Acerca del limerick

Un limerick es un tipo de poema de cinco versos con un esquema estricto de rimas del tipo: A-A-B-B-A.  Los cinco versos del limerick poseen diferente métrica, coincidiendo en mayor extensión el primero, segundo y quinto por un lado; el tercero y cuarto, más breves, por el otro. La historia del poema suele presentar las particularidades de un personaje, por lo general habitante de una ciudad que se menciona en el primer verso, o bien con algún rasgo físico destacable: una larga nariz, una barba descomunal… protagonista de algún hecho desopilante.

El limerick pertenece a la vasta tradición de la poesía popular británica. Se lo remonta al siglo XIV, a las “nursery rhymes” y otros tipos de poesía popular e infantil. Según señala César Aira (1), un posible antecedente del nonsense son las “mad songs” de los monjes mendigos errantes, consecuencia de la disolución de los monasterios por Enrique VIII. Estos monjes, al parecer, invocaban caridad por la falta de razón. Su prueba de locura eran los poemas sin sentido que recitaban de memoria. El fin “práctico” del poema explicaría su brevedad y concisión. De este antiguo origen del limerick, nos informa Aira, no se conservan textos, pero sí de canciones absurdas de beber o de fumar y de canciones eróticas de principios y mediados del siglo XVII.

En la primera colección publicada de Nursery Rhymes que se conoce: Tommy Thumb’s Pretty Song Book (1744), aparece por primera vez un limerick ilustrado:

Hickere, Dickere Dock,
A Mouse ran up the Clock,
The Clock Struck One,
The Mouse fell down,
And Hickere Dickere Dock.


Ilustraciones de William Wallace Denslow para Mother Goose Collection (1901).

No se sabe a ciencia cierta a qué se debe el nombre de “limerick” de estos breves poemas; lo que sí se sabe es que Limerick es una ciudad irlandesa que aparece en canciones de bebidas. Cabe señalar que Lear nunca usó este nombre para designar sus textos ya que su aparición es posterior.

Muchos autores consideran al limerick intraducible. En ellos el significante, la sonoridad y el ritmo prevalecen sobre los sentidos, o mejor dicho los determinan.

“El sinsentido y lo infantil se derivaron por sí solos. Los niños aman la repetición, y aquí la repetición era casi completa. ‘Había un viejo en…’ o una dama, o un joven. Los cuentos infantiles también empiezan con una fórmula: ‘Había una vez…’, a partir de la cual se abre un imprevisto, a veces inquietante, que puede llevar muy lejos (…). El sitio al que llega el ‘había una vez’ del limerick es instantáneo; contiguo, y a la vez imprevisible y lejano. Con el primer verso está todo dicho; lo que le suceda a ese personaje dependerá de la rima. El segundo tramo, la segunda rima, es la peripecia. El último verso, al repetir el primero, desmiente la historia; todo queda como estaba, y en realidad todo estuvo siempre como estaba: mientras sucedía el relato, todo permanecía en su lugar. En cuanto al sinsentido, es eso precisamente: el relleno a presión con elementos de sentido de un marco fijo preestablecido.” (2)

Veamos el siguiente limerick de Lear:

There was an Old Lady of Chertsey,
Who made a remarkable curtsey;
She twirled round and round,
Till she sunk underground
Which  distressed all the people of Chertsey.

(Había una anciana de Chertsey, / que hizo una notable reverencia; / giró y giró en redondo, / hasta hundirse bajo la tierra, / lo cual apenó a toda la gente de Chertsey.)


Ilustración de Edward Lear para “There was an Old Lady of Chertsey” (Book of Nonsense).

Como se observa en la traducción en prosa, si la decisión es la de conservar el sentido de la historia, entonces es imposible la rima. O bien el poema se transforma en relato, o bien el traductor debe crear otro poema. Es decir, si elige conservar las rimas y la métrica realizará las modificaciones necesarias, pero de todas maneras deberá hacer la traducción de la historia. En el caso particular de los limericks de Lear la presencia de las ilustraciones obliga al traductor a conservar lo mejor posible personajes y acontecimientos.

Para escribir un limerick, en palabras de César Aira el poeta busca las palabras junto al argumento y cualquier cosa puede salir de esa búsqueda.

“Una vez que ha salido, algo, un solo elemento, todos los demás quedan más o menos determinados, estableciendo un continuo de necesidad entre forma y contenido (…)

Esta escritura ‘por las palabras’ se diría propia de la poesía: el sonido se adelanta al sentido. El sentido de todos modos no se hace esperar, pero se presenta, aun en la simultaneidad, como un resultado, a veces sorprendente.” (3)

Si bien el nombre de Edward Lear está indiscutiblemente asociado al limerick, y es él quien parece haberle dado su forma definitiva, no fue Lear quien inventó este género. Edward Lear escribió sus primeros limericks por 1830. Existen libros de limericks publicados con anterioridad, como por ejemplo un librito de 1820: The History of Sixteen Wonderful Old Women (La historia de dieciséis ancianas maravillosas), cuyo autor fue posiblemente de R. S. Sharpe y otro librito publicado poco tiempo después, en 1822: Anecdotes and adventures of Fifteen Gentlemen (Anécdotas y aventuras de quince caballeros), también anónimo y posiblemente del mismo autor. Ambos libros llevan las ilustraciones del célebre caricaturista Robert Cruikshank.

There was an Old woman of Bath,
And she was as thin as a Lath,
She was brown as a berry,
With a Nose like a Cherry;
This skinny Old Woman of Bath.

(Había una vieja de Bath, / tan delgada como un listón, / era morena como una baya, / con una nariz como una cereza; / esta vieja flaca de Bath.)



Ilustración de Robert Cruikshank para el libro The History of Sixteen Wonderful Old Women (1820).

Aunque los orígenes del limerick, como se señaló, parecen mucho más remotos, probablemente medievales; el formato que adoptará Lear responde a estos dos libritos antes nombrados: un personaje identificado por un lugar geográfico y la compañía de dibujos que ilustran el excéntrico acontecimiento narrado en los cinco versos. Los estudiosos no descartan la posibilidad de otras publicaciones anónimas de limericks anteriores a Lear.

Los dibujos de Lear

Ilustrador de profesión, Lear dibujó todos sus limericks. En algunos casos la ilustración parece repetir lo dicho por el texto; en otros, el sentido del texto se completa gracias a la información brindada por la imagen.

Así por ejemplo en:

There was al Old Man with a nose
Who said: If you choose to suppose
That my nose is too long,
Your are certainly wrong,
That remarkable Man with a nose.

(Había un hombre con una nariz, / que decía: “Si suponen / que mi nariz es demasiado larga, / están ciertamente errados”, / ese notable hombre con una nariz.)



Ilustración de Edward Lear.

El texto tan sólo designa a “un hombre con una nariz”, es la imagen la que nos permite saber de qué clase de nariz se trata. Incluso las palabras del personaje contradicen lo observable en el dibujo. Si el hombre es “notable” sin duda es por las dimensiones de su nariz, y sus palabras tan sólo parecen afirmar por la negación un hecho comprobable en la imagen. De todas formas el vocablo “demasiado” es lo suficientemente relativo como para depender del punto de vista de quien lo utilice. Ahora bien, el dibujo permite sacar al lector sus propias conclusiones y dejar grabada la imagen de una nariz serpentina que impide el paso a los transeúntes o bien se ofrece como soga para saltar. La hipérbole y la extrañeza se construyen en la confluencia de la imagen y las palabras.

Lejos del cuidado documental, los dibujos de Lear para sus limericks parecen hechos “a las apuradas”.

“En estos dibujos, efectivamente, hay, junto a una habilidad casi diabólica, algo de ‘dibujar sin saber dibujar’, algo que hoy podemos ver como una exaltación artística de primer orden: una acción pura, que crea sus paradigmas de valor y sentido en lugar de adaptarse a los que están en vigencia. La infancia justifica como excusa o metáfora (pero metáfora llevada a la realidad a cumplir una promesa utópica) de la humanidad artista. El secreto último del limerick bien podría estar ahí, en tanto artefacto mecánico que ‘se hace solo’ o que ‘puede hacer cualquiera’, o, en términos más realistas, que ‘hace la lengua’ en su juego propio, usando la intención del artista apenas como vehículo.” (4)

Los limericks de María Elena Walsh

Desde pequeña María Elena Walsh (Buenos Aires, 1930), la célebre escritora argentina, escuchó en voz de su padre las Nursery Rhymes. De este modo esas “curiosas historietas en verso que se llaman limericks” (5) formaron parte de su infancia. Podemos definir la obra de María Elena Walsh y en particular su libro Zoo Loco (1964) en intenso diálogo con los textos Edward Lear y Lewis Carroll; los dos grandes escritores del nonsense en la literatura para niños.

En su prólogo a Zoo Loco, María Elena Walsh describe al limerick y señala:

“En general cuentan soberanas tonterías, cosas requetesabidas o descomunales mentiras. Algo parecido a lo que sucede con muchas coplas populares de Hispanoamérica como ésa que dice:

Todas las mañanitas
del mes de enero
me amanecen las uñas
sobre los dedos
.

Los chicos y la gente sencilla se divierten mucho con estos juguetes hechos de palabras, por eso se me ocurrió intentar hacer algunos limericks en castellano. Mentiras: no se me ocurrió nada. Los limericks se aparecen de pronto, como un bicho en la punta del lápiz, y se ponen a correr por su cuenta sobre el papel.” (6)

El Zoo Loco

Los limericks de María Elena Walsh reunidos en su libro Zoo Loco, con ilustraciones de Ruth Varsavsky, salieron publicados por primera vez en 1964. Desde entonces el libro ha sido continuamente reeditado. (7)


Portada de la primera edición de Zoo Loco.

Se trata de cuarenta y dos poesías, la última de las cuales: “Un Nogüipín, un Greti, un Lodricoco”, tiene la particularidad de haber sido escrita al “vesre”:

“(Un Nogüipín, un Greti, un Lodricoco.
Un toquimos, un Mapu, una Rratoco.
Una Faraji, un Toga,
un Rrope, una Tavioga,
un Llobaca, un Norrizo y un Teyoco.)”

“Hay gente que opina que es feísimo hablar al Vesre, por eso la puse al final y escondida entre dos paréntesis, para que nadie la vea” (8), señala María Elena Walsh en un gesto de complicidad y juego trasgresor con el niño lector.

A diferencia de los limericks de Lear, los de María Elena Walsh tienen por protagonistas a los animales y éstos no necesariamente son situados en un punto geográfico en el primer verso. También a diferencia de Lear el último verso del poema no repite al primero. De este modo la brevísima anécdota logra extenderse y concluir recién en el punto final.

Un canario que ladra si está triste; una pava con fama de letrada; un elefante con la trompa por detrás; una trucha que nada en agua no mojada… Una galería, un zoológico mejor dicho, de animales excéntricos, imposibles, surrealistas, delirantes.

La infancia como interlocutor y como excusa para jugar con las palabras, imaginar locuras y darse permiso para decir tonterías. Poemas que se desligan de la tiranía del sentido, juguetes hechos con palabras. Los limericks de Zoo Loco fueron y continúan siendo revolucionarios en el campo de la poesía infantil argentina.


Notas

(1) Aira, Cesar. “Capítulo VI”. En: Edward Lear. Buenos Aires, Beatriz Viterbo Editora, 2004. Pág. 48-52. Aira remite su esquema acerca de los orígenes del limerick al libro The Limerick, de Gershon Legman, y a las investigaciones de Bibby y Marco Graziosi.

(2) Aira, César. Op. cit.; pág. 50.

(3) Aira, César. Op. cit.; pág. 9.

(4) Aira, César. Op. cit.; pág. 154.

(5) Walsh, María Elena. Nota introductoria de Zoo Loco. Buenos Aires, Editorial Alfaguara, 2000. Pág. 7.

(6) Walsh, María Elena. Op. cit.; págs. 7-8.

(7) Nota de Imaginaria: Zoo Loco fue editado por primera vez por Luis Fariña Editor (Buenos Aires, 1964), con ilustraciones de Ruth Varsavsky. Y tuvo varias reediciones: Editorial Sudamericana (Buenos Aires, 1970), la más difundida, con ilustraciones de Vilar; Espasa Calpe (Buenos Aires, 1996), con ilustraciones de Eduardo y Ricardo Fuhrmann; y la que circula actualmente, de Editorial Alfaguara (Buenos Aires, 2000), con ilustraciones de Perica (Silvia Jacoboni).

(8) Walsh, María Elena. Op. cit.; pág. 9.


Artículos relacionados:

Autores: María Elena Walsh.
Miscelánea: Toda la obra infantil de María Elena Walsh reunida en una colección.
Destacados: Poesías.
Destacados: Algunas poesías más.
Destacados: Leer poesía.

11 comentarios sobre “Edward Lear, los limericks, y el Zoo Loco de María Elena Walsh”

  1. haydee norma MOURE dice:

    EXCELENTE DIBUJANTE ESWARD LEAR Y ACOMPAÑA MUY BIEN LOS ESCRITOS DE MARIA ELENA WALSH.HAYDEE NORMA MOURE


  2. SARA RAMIREZ dice:

    Muy interesante la nota y hermosos los limericks. Entusiasma leerlos


  3. Martín Blasco dice:

    Muy bueno! Ahora quiero leer el de Aira.


  4. Roxana dice:

    Perfecto.


  5. ANDREA dice:

    muy interesante, aunque las ilustraciones de lear me dan un poco de miedito, si embargo, me seducen. limericks, un género que ha medida que descubro me sigue deslumbrando.


  6. María del Carmen Cárdenas dice:

    Muchas gracias! Me han proporcionado momentos increíbles por ser nuevo para mí, a pesar de mis 60 y tantos. El artículo está excelente: completísimo y siendo culto, no incurre en erudiciones vanas.
    Me deleitó al máximo con ese sabor que solo deja la buena lectura.
    Saludos cordiales a la autores


  7. Rosana E. Viviano dice:

    Muchas Gracias! En cada edición de Imaginaria siempre hay una puerta nueva abierta para adentrarse al mundo maravilloso de la Literatura, en este caso Infantil y Juvenil que tiene que considerársela con Mayúsculas porque nos fue y va adentrando a los niños y adolescentes que fuimos y a los de estos tiempos a la posibilidad de ficcionar el Mundo y reflejarnos y reflejarse en él.
    Un placer leer este artículo sobre Lear y María Elena Walsh. Claro y atrapantes. Impulsa a leer y releer a ambos y a recomendarlos entre los amigos.
    Saludos para todo el equipo de Imaginaria


  8. María Elena Aramburú dice:

    Excelente artículo sobre Eward Lear. Tuve muchos años un libro de poesía inglesa con ilustraciones maravillosas, muchas de ellas del propio Edward Lear, además de sus poesías. Agradezco la publicación de un artículo tan esclarecedor, especialmente el referido a los limericks y al empleo de ellos por María Elena Walsh.


  9. Gabriela dice:

    Me encantó el artículo, pero quién lo escribió? Me interesaría saberlo.


  10. admin dice:

    La autora es Marcela Carranza. Su nombre está indicado al comienzo del artículo.


  11. myriam dice:

    Excelente artículo, gracias!


Comentarios cerrados