El juego de Pululeer y juegos para releer

Por Emma Bosch. Existe un tipo de libros de observación [donde] suelen aparecer muchísimos personajes que protagonizan un sinnúmero de microrelatos simultáneos. Uno de los propósitos de los autores de este tipo de libros es que el lector identifique entre las páginas abigarradas a uno o varios personajes protagonistas. En cada doble página, el lector pasea libremente la mirada por las imágenes repletas de signos. Para definir este tipo de libros, los alemanes usan el término Wimmelbuch, que traducido al castellano sería algo así como “libro hormigueo” o “libro pulular”. Si se pudiera conjugar el verbo pulular usando el vocablo pululeo, sería un término muy adecuado para designar estos libros, puesto que contendría el verbo leer en primera persona —leo—. El lector leería pululando, “pululeyendo”, ya que se trataría de “pululeer”. Aquí »




Por Fabiana Margolis. “Para aprender a leer necesitas libros, pero también precisas que alguien te muestre cómo conectarlos con tu vida. Una cosa es la disponibilidad de material: tú tienes que tener libros para poder aprender a leerlos. Otro aspecto es el acceso y esto tiene que ver con que alguien te muestre cómo se utilizan, porque a lo mejor, alguien que no sabe los pone debajo de la silla para estar más alto o los utiliza como objetos decorativos. Implica también darte cuenta del beneficio que tienen para ti y cuando esto ocurre es cuando tú empiezas a generar motivación para aprender a hacerlo y lo personalizas.” 
De Jeremy Holmes. Reseña por Marcela Carranza. Esta obra es un buen ejemplo para observar que en los libros para niños no sólo las palabras juegan hasta llegar a enloquecer; la totalidad del objeto- libro en todos sus elementos puede participar de ese juego. ¿Libro o juguete? La diferencia parece mínima e intrascendente.