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	<title>Imaginaria &#187; Ficciones</title>
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	<description>Revista sobre literatura infantil y juvenil</description>
	<lastBuildDate>Wed, 08 Sep 2010 10:51:20 +0000</lastBuildDate>
	<language>en</language>
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		<title>El Mago de Oz. Capítulos 13 y 14</title>
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		<pubDate>Tue, 07 Sep 2010 21:35:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ficciones]]></category>
		<category><![CDATA[Nº 278]]></category>

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		<description><![CDATA[&#8220;Los hojalateros examinaron al Leñador con mucha atención, y luego respondieron que creían que podrían arreglarlo y que quedaría tan bien como antes. Luego se pusieron a trabajar en uno de los grandes cuartos amarillos del castillo, y allí estuvieron tres días y cuatro noches, martillando y doblando y torciendo y soldando y puliendo las [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;"><img class="alignright size-medium wp-image-7302" title="02-Arreglo" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/09/02-Arreglo1-222x300.jpg" alt="" width="222" height="300" />&#8220;Los hojalateros examinaron al Leñador con mucha atención, y luego respondieron que creían que podrían arreglarlo y que quedaría tan bien como antes. Luego se pusieron a trabajar en uno de los grandes cuartos amarillos del castillo, y allí estuvieron tres días y cuatro noches, martillando y doblando y torciendo y soldando y puliendo las piernas y el cuerpo y la cabeza del Leñador de Hojalata, hasta que adquirió su vieja forma y las articulaciones funcionaron como siempre.&#8221; Continuamos con la publicación de <em>El Mago de Oz,</em> de <strong>L. Frank Baum,</strong> con las ilustraciones de su primera edición, por <strong>William Wallace  Denslow, </strong> y traducción de <strong>Marcial Souto.</strong><br />
<span id="more-7292"></span></p>
<p style="text-align: right;"><strong> </strong>Por <a href="http://www.imaginaria.com.ar/?p=6124"><strong>L. Frank Baum</strong></a><br />
Ilustraciones de <a href="http://www.imaginaria.com.ar/?p=6124"><strong>William Wallace  Denslow<br />
</strong></a>Título original: <em>The Wonderful Wizard of Oz<br />
</em>Traducción  de <a href="http://www.imaginaria.com.ar/?page_id=6224"><strong>Marcial Souto</strong></a><br />
© Marcial Souto, 2002, 2010<strong><span style="color: #ff0000;"><br />
</span></strong></p>
<h2 style="text-align: center;"><strong>Capítulo 13<br />
El rescate<br />
</strong></h2>
<p>El León Cobarde se alegró mucho de que un balde de agua hubiera derretido a la Bruja Mala, y Dorothy abrió enseguida la puerta de la prisión y lo puso en libertad. Entraron juntos al castillo, donde la primera acción de Dorothy consistió en reunir a todos los winkies y decirles que habían dejado de ser esclavos.</p>
<p>Hubo una gran explosión de felicidad entre los amarillos winkies. Durante muchos años se habían visto obligados a trabajar con esfuerzo para la Bruja Mala, que siempre los había tratado con crueldad. Declararon festivo ese día, en esa ocasión y en todos los años siguientes, y dedicaron el tiempo a divertirse y a bailar.</p>
<p>—Si nuestros amigos, el Espantapájaros y el Leñador de Hojalata, estuvieran con nosotros —dijo el León—, yo sería muy feliz.</p>
<p>—¿No crees que los podríamos rescatar? —preguntó la niña, ansiosa.</p>
<p>—Podemos intentarlo —respondió el León.</p>
<p>Llamaron entonces a los amarillos winkies y les preguntaron si les podrían ayudar a rescatar a sus amigos, y los winkies dijeron que para ellos sería un placer ayudar en todo lo posible a Dorothy, que los había liberado. La niña escogió entonces a unos cuantos winkies, los que parecían saber más, y se pusieron en marcha. Viajaron ese día y parte del siguiente, hasta que llegaron a la rocosa planicie donde yacía el Leñador de Hojalata, abollado y retorcido. El hacha estaba a su lado, pero tenía la hoja oxidada y el mango partido.</p>
<p>Los winkies lo alzaron cuidadosamente en brazos y lo llevaron al castillo amarillo; en el camino Dorothy derramó algunas lágrimas, apenada por el estado de su viejo amigo, y el León parecía apesadumbrado. Cuando llegaron al castillo Dorothy dijo a los winkies:</p>
<p>—¿Hay entre vosotros algún hojalatero?</p>
<p>—Claro que sí; algunos somos buenos hojalateros —le contestaron.</p>
<p>—Entonces que vengan aquí los que lo sean —dijo la niña. Y cuando llegaron los hojalateros trayendo todas las herramientas en canastas, Dorothy preguntó:</p>
<p>—¿Podéis enderezar todas esas abolladuras en el Leñador de Hojalata y volver a darle forma y soldarle las partes rotas?</p>
<p style="text-align: center;"><strong><span style="color: #ff0000;"><img class="aligncenter size-full wp-image-7293" title="01-Abollado" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/09/01-Abollado.jpg" alt="" width="500" height="343" /></span></strong></p>
<p>Los hojalateros examinaron al Leñador con mucha atención, y luego respondieron que creían que podrían arreglarlo y que quedaría tan bien como antes. Luego se pusieron a trabajar en uno de los grandes cuartos amarillos del castillo, y allí estuvieron tres días y cuatro noches, martillando y doblando y torciendo y soldando y puliendo las piernas y el cuerpo y la cabeza del Leñador de Hojalata, hasta que adquirió su vieja forma y las articulaciones funcionaron como siempre. La verdad es que ahora tenía algunos remiendos, pero los hojalateros hicieron en general un buen trabajo, y como el Leñador no era un hombre presumido no dio a esos remiendos ninguna importancia.</p>
<p style="text-align: center;"><strong><span style="color: #ff0000;"><img class="aligncenter size-full wp-image-7294" title="02-Arreglo" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/09/02-Arreglo.jpg" alt="" width="445" height="600" /></span></strong></p>
<p>Cuando entró por fin en la habitación de Dorothy para agradecerle el rescate, se emocionó tanto que se le escaparon lágrimas de alegría, y Dorothy se las tuvo que secar cuidadosamente con el delantal para que no le herrumbraran las articulaciones. Al mismo tiempo caían grandes y abundantes lágrimas de los ojos de la niña, debido a la alegría que sentía al volver a ver a su viejo amigo, pero esas lágrimas no había que secarlas. En cuanto al León, se enjugó tantas veces los ojos que la punta de la cola se le empapó y se vio obligado a salir al patio y ponerla a secar al sol.</p>
<p>—Si tuviéramos otra vez al Espantapájaros con nosotros —dijo el Leñador de Hojalata cuando Dorothy terminó de contarle todo lo que había pasado—, yo sería muy feliz.</p>
<p>—Debemos tratar de encontrarlo —dijo la niña.</p>
<p>Llamó a los winkies y caminaron todo ese día y parte del siguiente hasta que llegaron al árbol alto en cuyas ramas los Monos Alados habían arrojado las ropas del Espantapájaros.</p>
<p>Era un árbol muy alto, y el tronco tan liso que nadie podía trepar a él; pero el Leñador dijo enseguida:</p>
<p>—Yo lo cortaré, y después sacaremos las ropas del Espantapájaros.</p>
<p>Mientras los hojalateros estaban ocupados arreglando al Leñador, otro de los winkies, que era orfebre, había fabricado un mango de oro macizo y se lo había puesto al hacha del Leñador, en lugar del viejo mango roto. Otros habían pulido la hoja, hasta que desapareció el óxido y brilló como plata bruñida.</p>
<p>En cuanto terminó de hablar, el Leñador de Hojalata comenzó a dar hachazos al árbol, que pronto cayó con un estampido, y las ropas del Espantapájaros cayeron de las ramas y rodaron por el suelo.</p>
<p>Dorothy las recogió e hizo que los winkies las llevasen al castillo, donde fueron rellenadas con paja limpia y nueva; y allí estaba el Espantapájaros, tan bien como siempre, agradeciéndoles una y otra vez que lo hubieran salvado.</p>
<p style="text-align: center;"><strong><span style="color: #ff0000;"><img class="aligncenter size-full wp-image-7295" title="03-Espantapajaros" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/09/03-Espantapajaros.jpg" alt="" width="500" height="351" /></span></strong></p>
<p>Ahora que se habían vuelto a reunir, Dorothy y sus amigos pasaron unos cuantos días muy felices en el Castillo Amarillo, donde encontraron todo lo necesario para sentirse cómodos. Pero un día la niña pensó en la tía Em y dijo:</p>
<p>—Debemos volver junto a Oz y reclamarle el cumplimiento de la promesa.</p>
<p>—Sí —dijo el Leñador—, y yo tendré por fin corazón.</p>
<p>—Y yo tendré cerebro —agregó el Espantapájaros, muy contento.</p>
<p>—Y yo tendré coraje —dijo el León, pensativo.</p>
<p>—Y yo volveré a Kansas —gritó Dorothy, batiendo las palmas—. ¡Ah, salgamos mañana para la Ciudad Esmeralda!</p>
<p>Ésa fue la decisión. Al día siguiente reunieron a todos los winkies y se despidieron de ellos. Los winkies estaban tan apenados y se habían encariñado tanto con el Leñador de Hojalata que le suplicaron que se quedase a gobernarlos a ellos y el País Amarillo del Oeste. Al saber que estaban decididos a marchase, los winkies dieron a <em>Totó</em> y al León sendos collares de oro; a Dorothy le regalaron un hermoso brazalete con incrustaciones de diamantes; al Espantapájaros le dieron un bastón con empuñadura de oro, para que no tropezase; y al Leñador de Hojalata una aceitera de plata, repujada y con incrustaciones de piedras preciosas.</p>
<p>Cada uno de los viajeros respondió a los winkies con un bonito discurso, y todos les estrecharon la mano hasta que les dolieron los brazos.</p>
<p>Dorothy fue al armario de la Bruja para llenar la cesta, y allí vio el Bonete de Oro. Lo probó en su propia cabeza y vio que le quedaba como hecho a la medida. No sabía nada acerca de sus poderes mágicos, pero vio que era bonito y decidió usarlo y llevar su sombrero en la cesta.</p>
<p>Luego, ya preparados para el viaje, echaron a andar hacia la Ciudad Esmeralda; y los winkies los despidieron con tres vivas y les desearon mucha suerte.</p>
<div style="text-align: center;">&#8212;000&#8212;</div>
<h2 style="text-align: center;"><strong>Capítulo 14</strong><br />
<strong>Los Monos Alados</strong></h2>
<p>Recordaréis que no había un camino, ni siquiera un sendero, entre el castillo de la Bruja Mala y la Ciudad Esmeralda. Cuando los cuatro viajeros trataban de encontrar a la Bruja, ella los había visto venir, y había enviado a los Monos Alados a buscarlos. Era mucho más difícil regresar entre los grandes campos de botones de oro y margaritas amarillas que ser llevado por los Monos Alados. Sabían, por supuesto, que debían ir directamente hacia el este, hacia el sol naciente, y salieron en la dirección correcta. Pero al mediodía, cuando el sol estuvo sobre sus cabezas, dejaron de saber cuál era el este y cuál el oeste, y así se perdieron en los grandes campos. No obstante, siguieron caminando, y por la noche salió la luna, una luna brillante. Se acostaron entonces entre el dulce aroma de las flores amarillas y durmieron profundamente hasta la mañana, todos menos el Espantapájaros y el Leñador de Hojalata.</p>
<p>Al día siguiente el sol estaba detrás de una nube, pero reanudaron la marcha como si no dudaran de cuál era la dirección correcta.</p>
<p>—Si andamos lo suficiente —dijo Dorothy—, estoy segura de que llegaremos a algún sitio.</p>
<p>Pero pasaban los días y todavía no veían por delante más que campos amarillos. El Espantapájaros empezó a refunfuñar un poco.</p>
<p>—Sin duda nos hemos perdido —dijo—, y a menos que volvamos a encontrar el camino a tiempo para llegar a la Ciudad Esmeralda, perderé la oportunidad de tener cerebro.</p>
<p>—Y yo corazón —declaró el Leñador de Hojalata—. Me parece que no puedo esperar más el momento de llegar junto a Oz, y debéis admitir que es éste un largo viaje.</p>
<p>—A mí me falta el coraje —dijo el León Cobarde— para seguir caminando eternamente, sin llegar a ninguna parte.</p>
<p style="text-align: center;"><strong><span style="color: #ff0000;"><img class="aligncenter size-full wp-image-7296" title="04-Perdidos" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/09/04-Perdidos.jpg" alt="" width="477" height="498" /></span></strong></p>
<p>Entonces Dorothy se desanimó. Se sentó en la hierba y miró a sus compañeros, que se sentaron y la miraron a ella, y <em>Totó</em> descubrió que por primera vez en su vida estaba demasiado cansado para perseguir a una mariposa que pasaba junto a su cabeza; sacó la lengua, se puso a jadear y miró a Dorothy como preguntándole qué iban a hacer.</p>
<p>—¿Qué os parece si llamamos a los Ratones del Campo? —sugirió la niña—. Quizá nos puedan indicar el camino a la Ciudad Esmeralda.</p>
<p>—Seguramente —dijo el Espantapájaros—. ¿Por qué no se nos ocurrió antes?</p>
<p>Dorothy hizo sonar el silbato que llevaba colgando del cuello desde que se lo había dado la Reina de los Ratones. A los pocos minutos oyeron un susurro de pies muy pequeños, y aparecieron corriendo muchos ratoncitos grises. Entre ellos estaba la mismísima Reina, quien preguntó con voz chillona:</p>
<p>—¿Qué puedo hacer por mis amigos?</p>
<p>—Nos hemos perdido —dijo Dorothy—. ¿Nos puedes decir dónde queda la Ciudad Esmeralda?</p>
<p>—Claro que sí —contestó la Reina—; pero está muy lejos, pues habéis caminado todo el tiempo en la dirección contraria.</p>
<p>Entonces vio el Bonete de Oro que llevaba Dorothy y dijo:</p>
<p>—¿Por qué no usáis los poderes mágicos del Bonete y llamáis a los Monos Alados? Os llevarán a la Ciudad de Oz en menos de una hora.</p>
<p>—No sabía que poseía esos poderes mágicos —respondió Dorothy, sorprendida—. ¿En qué consisten?</p>
<p>—Está escrito dentro del Bonete de Oro —respondió la Reina de los Ratones—; pero si vais a llamar a los Monos Alados, debemos escapar, pues son muy traviesos y piensan que es muy divertido importunarnos.</p>
<p>—¿A mí no me harán daño? —preguntó la niña, preocupada.</p>
<p>—Oh, no; tienen que obedecer a quien lleva el Bonete. ¡Adiós!</p>
<p>Y la Reina se escabulló entre las hierbas, seguida por todos los ratones.</p>
<p>Dorothy miró dentro del Bonete de Oro y vio algunas palabras escritas en el forro. Seguramente eran las palabras mágicas, pensó, así que leyó con atención las instrucciones y se puso el Bonete en la cabeza.</p>
<p>—¡Ep-pe, pep-pe, kak-ke! —dijo, apoyándose en el pie izquierdo.</p>
<p>—¿Qué has dicho? —preguntó el Espantapájaros, que no sabía lo que la niña estaba haciendo.</p>
<p>—¡Hil-lo, hol-lo, hol-la! —prosiguió Dorothy, apoyándose esta vez en el pie derecho.</p>
<p>—¡Hola! —le respondió el Leñador de Hojalata.</p>
<p><img class="alignright size-full wp-image-7297" title="05-MonoJefe" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/09/05-MonoJefe.jpg" alt="" width="250" height="138" />—¡Ziz-zy, zuz-zy, zik! —dijo Dorothy, apoyada ahora en ambos pies. Ésas eran las últimas palabras mágicas, y enseguida oyeron un parloteo y un ruido de alas y apareció la banda de los Monos Alados. El jefe le hizo una profunda reverencia a Dorothy y preguntó:</p>
<p>—¿Cuál es tu orden?</p>
<p>—Deseamos ir a la Ciudad Esmeralda —dijo la niña—, y nos hemos perdido.</p>
<p>—Nosotros os llevaremos —respondió el jefe, y apenas había acabado de pronunciar esas palabras cuando dos de los monos levantaron a Dorothy en brazos y echaron a volar. Otros se encargaron del Espantapájaros, del Leñador y del León, y un mono pequeño recogió a <em>Totó</em> y voló siguiendo a la banda, aunque el perro se esforzaba por morderlo.</p>
<p>El Espantapájaros y el Leñador de Hojalata se asustaron un poco al principio, pues recordaban el mal trato que habían recibido antes de los Monos Alados; pero vieron que no existía la intención de dañarlos, así que tomaron el viaje por el aire con mucha alegría, y se divirtieron mirando los bonitos jardines y bosques que pasaban allá abajo.</p>
<p style="text-align: center;"><strong><span style="color: #ff0000;"><img class="aligncenter size-full wp-image-7298" title="06-Volando" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/09/06-Volando.jpg" alt="" width="437" height="600" /></span></strong></p>
<p>Dorothy se sentía muy cómoda entre dos de los monos más grandes, uno de ellos el propio jefe. Habían preparado una silla con las manos, y se cuidaban de no hacerle daño.</p>
<p>—¿Por qué tenéis que obedecer el hechizo del Bonete de Oro? —preguntó la niña.</p>
<p>—Es una larga historia —contestó el jefe, con una carcajada—; pero como tenemos por delante un largo viaje me entretendré contándotela, si lo deseas.</p>
<p>—Me encantará oírla —dijo Dorothy.</p>
<p>—Fuimos una vez un pueblo libre —comenzó a contar el jefe— que vivía feliz en el gran bosque, volando de árbol en árbol, comiendo nueces y frutos y haciendo lo que nos daba la gana sin tener que llamar amo a nadie. Quizá algunos de nosotros éramos demasiado traviesos, y descendíamos para tirar de la cola a los animales que no tenían alas, y perseguíamos pájaros, y tirábamos nueces a la gente que caminaba por el bosque. Pero éramos descuidados, felices y muy alegres, y disfrutábamos de cada minuto del día. Eso fue hace muchos años, antes de que Oz viniera de las nubes a gobernar este país.</p>
<p>”En esa época vivía en el norte, muy lejos, una hermosa princesa, que era también una poderosa hechicera. Usaba toda su magia para ayudar a la gente, y nunca se supo que hiciera daño a una persona buena. Se llamaba Gayelette, y vivía en un elegante palacio construido con grandes bloques de rubí. Todos la amaban, pero la mayor pena consistía en que ella, a su vez, no encontraba a nadie a quien amar, pues todos los hombres eran demasiado estúpidos y feos para desposar a una mujer tan bella y tan sabia. No obstante encontró, por fin, un muchacho que era guapo y varonil y más sabio de lo que se podría esperar de sus pocos años. Gayelette decidió que cuando él creciera y se hiciera hombre sería su marido, así que lo llevó a su palacio de rubí y usó todos sus poderes mágicos para volverlo tan fuerte, bueno y hermoso que colmaría los sueños de cualquier mujer. Cuando se hizo hombre, Quelala —tal era su nombre— fue llamado el hombre mejor y más sabio de todo el país, y su belleza viril era tal que Gayelette se enamoró profundamente de él y se apresuró a hacer los preparativos para la boda.</p>
<p>”Mi abuelo era entonces Jefe de los Monos Alados que vivían en el bosque cerca del palacio de Gayelette, y al viejo le gustaba más hacer un chiste que comer una buena cena. Un día, poco antes de la boda, mi abuelo volaba con su banda cuando vio a Quelala caminando por la orilla del río. Quelala llevaba un vistoso traje de seda rosa y terciopelo rojo, y a mi abuelo se le ocurrió algo. Dio la orden y la banda descendió, lo agarró y lo llevó en brazos hasta el medio del río y lo dejó caer al agua.</p>
<p>”‘Nada, muchacho —gritó mi abuelo—, a ver si el agua te mancha las ropas.’ Quelala no era tan tonto como para dejar de nadar, y lo acompañó la buena suerte. Lanzó una carcajada cuando llegó a la superficie del agua, y nadó hasta la orilla. Pero cuando Gayelette apareció corriendo descubrió que el río había estropeado las sedas y los terciopelos de su prometido.</p>
<p>”La princesa se enojó mucho, y sabía, naturalmente, quiénes eran los culpables. Hizo llamar a todos los Monos Alados, y al principio dijo que los tratarían como ellos habían tratado a Quelala: les atarían las alas y los arrojarían al río. Pero mi abuelo le suplicó mucho que no lo hiciese, pues sabía que los monos con las alas atadas se ahogarían en el río, y Quelala también intercedió por ellos; Gayelette, entonces, los perdonó, con la condición de que los Monos Alados cumplieran para siempre tres órdenes del propietario del Bonete de Oro. Ese Bonete había sido hecho para ser entregado a Quelala como regalo de bodas, y se dice que a la princesa le costó medio reino. Naturalmente, mi abuelo y todos los demás Monos Alados aceptaron enseguida la condición, y ésa es la razón por la cual somos tres veces esclavos del propietario del Bonete de Oro, sea quien sea.</p>
<p style="text-align: center;"><strong><span style="color: #ff0000;"><img class="aligncenter size-full wp-image-7299" title="07-Boda" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/09/07-Boda.jpg" alt="" width="500" height="548" /></span></strong></p>
<p>—¿Y qué fue de la princesa y de Quelala? —preguntó Dorothy, que se había interesado mucho en la historia.</p>
<p>—Quelala, por ser el primer propietario del Bonete de Oro —respondió el mono—, fue el primero en formular sus deseos. Como su novia no soportaba vernos, Quelala, después de casarse, nos convocó a todos en el bosque, y nos ordenó que permaneciéramos siempre en sitios donde ella no pudiera ver jamás un mono alado, lo que nos alegró, pues todos le teníamos miedo.</p>
<p>”Eso fue todo lo que tuvimos que hacer hasta que el Bonete de Oro cayó en manos de la Bruja Mala del Oeste, que nos obligó a esclavizar a los winkies y luego a echar al propio Oz del País del Oeste. Ahora el Bonete de Oro es tuyo, y tienes tres veces el derecho de pedirnos el cumplimiento de tus deseos.</p>
<p>Cuando el Jefe de los Monos terminó de contar su historia, Dorothy miró hacia abajo y vio que allá adelante se erguían las verdes y brillantes murallas de la Ciudad Esmeralda. Le sorprendió la brevedad del viaje, pero se alegraba de que hubiera concluido. Las extrañas criaturas depositaron con cuidado a los viajeros delante de la puerta de la Ciudad, el Jefe hizo una profunda reverencia a Dorothy y luego levantó vuelo, seguido por toda su banda.</p>
<p><img class="alignright size-full wp-image-7304" title="08-Bonete" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/09/08-Bonete2.jpg" alt="" width="225" height="239" />—Ha sido un buen viaje —dijo la niña.</p>
<p>—Sí, y una manera rápida de salir de nuestros problemas —respondió el León—. ¡Qué suerte que hayas traído ese maravilloso Bonete!</p>
<hr size="2" /><strong>Artículos relacionados:</strong></p>
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<p>&nbsp;</p>
<div>Ficciones: <em>El Mago de Oz</em> en Imaginaria; traducción de Marcial Souto:</p>
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<li><a title="Capítulos 3 y 4." href="../?p=6339">Capítulos 3 y 4.</a></li>
<li><a title="Capítulos 5 y 6." href="../?p=6468">Capítulos 5 y 6.</a></li>
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</ul>
<p><a title="Autores: L. Frank Baum." href="../?p=6124">Autores: L. Frank Baum.</a></p>
</div>
</div>
<p><a title="Reseñas de libros: El Mago de Oz, de L. Frank Baum." href="../09/0/oz2.htm">Reseñas de libros: El Mago de Oz, de L. Frank Baum.</a></p>
]]></content:encoded>
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		</item>
		<item>
		<title>“Soy necesaria al ponerse el sol / porque ¿quién vigilaría las estrellas?” Antología poética de Edith Vera</title>
		<link>http://www.imaginaria.com.ar/?p=7070</link>
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		<pubDate>Tue, 24 Aug 2010 21:41:02 +0000</pubDate>
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				<category><![CDATA[Ficciones]]></category>
		<category><![CDATA[Nº 277]]></category>

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		<description><![CDATA[&#8220;Estamos aquí acurrucados, para dejar espacio al vuelo de los pájaros.&#8221; Amplia selección de obras de la poeta cordobesa, preparada por Marcela Carranza. Selección y notas por Marcela Carranza. Con esta selección de poesías completamos el informe sobre la poeta cordobesa Edith Vera que comenzamos a publicar en nuestra edición Nº 267. En esa oportunidad, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;"><img class="alignright size-full wp-image-7101" title="00-EdithVera" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/08/00-EdithVera1.jpg" alt="" width="166" height="247" />&#8220;Estamos<br />
aquí<br />
acurrucados,<br />
para dejar<br />
espacio<br />
al vuelo<br />
de los pájaros.&#8221;</p>
<p style="text-align: left;">Amplia selección de obras de la poeta cordobesa, preparada por <strong>Marcela Carranza.</strong><br />
<span id="more-7070"></span></p>
<p style="text-align: right;">Selección y notas por <strong><a title="Marcela Carranza" href="../?page_id=333">Marcela Carranza</a></strong>.</p>
<p><img class="size-full wp-image-7071 alignright" title="00-EdithVera" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/08/00-EdithVera.jpg" alt="" width="243" height="361" /></p>
<p><em>Con esta selección de poesías completamos el informe sobre la poeta cordobesa </em><a href="http://www.imaginaria.com.ar/?p=5142"><em>Edith Vera</em></a><em> que comenzamos a publicar en nuestra edición Nº 267. En esa oportunidad, </em><a href="http://www.imaginaria.com.ar/?p=5142"><em>ofrecimos un amplio artículo biográfico y el listado bibliográfico completo de sus obras</em></a><em>, tanto de sus libros publicados como aquellos que permanecen inéditos. El extenso trabajo de recopilación también incluyó sus obras musicales y las antologías que rescataron sus poesías, además de varios artículos que hablan de su trayectoria profesional y literaria.</em></p>
<p><em>Y como complemento de esta antología, en la sección “Miscelánea” ofrecemos <a href="http://www.imaginaria.com.ar/?p=7107">“La Retahíla”, un poema de Edith Vera musicalizado por el grupo cordobés La Chicharra</a>.</em></p>
<p><em>(Foto: Edith Vera en el Encuentro de Trabajadores de la LIJ, organizado por <a title="CEDILIJ" href="../00/4/cedilij.htm">CEDILIJ</a> en Vaquerías, provincia de Córdoba (1985). Fotografía del archivo de CEDILIJ; gentileza de <a title="Mariano Medina" href="../08/8/medina.htm">Mariano Medina</a>.)</em></p>
<hr size="2" />
<h2><strong><img class="alignright size-full wp-image-7104" title="01-LasDosNaranjas-Tapa" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/08/01-LasDosNaranjas-Tapa1.jpg" alt="" width="100" height="144" />Las dos naranjas</strong><span style="color: #ff0000;"> </span></h2>
<h2><strong> </strong></h2>
<p><em>Ilustraciones de la autora (una serie de ejemplares incluían los dibujos de la autora coloreados a mano por ella misma). Prólogo de María Luisa Cresta de Leguizamón. Buenos Aires, Ediciones Boletín Publicitario, 1969. Reeditado por Editorial Magisterio Río de la Plata (Buenos Aires, 1990).<br />
</em><br />
<strong> </strong></p>
<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter size-full wp-image-7073" title="02-LasDosNaranjas-IlusTapa" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/08/02-LasDosNaranjas-IlusTapa.jpg" alt="" width="400" height="232" /></p>
<p style="text-align: center;">Ilustración para la tapa de <em>Las dos naranjas</em>.</p>
<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter size-full wp-image-7074" title="03-LasDosNaranjas-IlusContratapa" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/08/03-LasDosNaranjas-IlusContratapa.jpg" alt="" width="291" height="400" /></p>
<p style="text-align: center;">Ilustración para la contratapa de <em>Las dos naranjas</em>.</p>
<div style="text-align: center;">&#8212;000&#8212;</div>
<p style="text-align: left;"><img class="alignright size-full wp-image-7105" title="04-LaNaranjaDorada" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/08/04-LaNaranjaDorada1.jpg" alt="" width="100" height="148" />He visto una jaula<br />
de cinco barrotes,<br />
con siete avecillas<br />
que escriben canciones<br />
Do, re, mi.<br />
El cielo no tiene fin.<br />
Fa, sol.<br />
¿Quién conoce al ruiseñor?<br />
La, si.<br />
¡Está aquí, está aquí!</p>
<div style="text-align: center;">&#8212;000&#8212;</div>
<p style="text-align: left;">La bruja Polifona<br />
se ha quedado dormida<br />
¿Qué le robaremos<br />
por verla enojar?<br />
¿Su escoba viajera,<br />
su bonete negro<br />
o esa carcajada<br />
que hace temblar?</p>
<div style="text-align: center;">&#8212;000&#8212;</div>
<p style="text-align: center;"><strong> </strong><img class="aligncenter size-full wp-image-7156" title="05-MariposaTortuga" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/08/05-MariposaTortuga2.jpg" alt="" width="387" height="606" /></p>
<div style="text-align: center;">&#8212;000&#8212;</div>
<p style="text-align: left;">Mi abuelo nació en un mapa<br />
de tierras color de miel,<br />
con un mar inquieto y bravo<br />
y barquitos de papel<br />
Un día salió en un barco<br />
diciendo: Adiós, adiós!.<br />
Le despidieron dos gatos<br />
un grillo y un ruiseñor.</p>
<p style="text-align: center;"><strong><span style="color: #ff0000;"><img class="aligncenter size-full wp-image-7079" title="06-AbueloMapa" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/08/06-AbueloMapa.jpg" alt="" width="281" height="383" /></span></strong></p>
<div style="text-align: center;">&#8212;000&#8212;</div>
<p style="text-align: left;">Quisiera tener un bolsillo<br />
muy grande,<br />
para guardar bolitas,<br />
piedras, semillas, lápices,<br />
papeles de todos los colores.<br />
Se lo prestaría un rato a la paloma<br />
para que hiciera un nido en él.</p>
<div style="text-align: center;">&#8212;000&#8212;</div>
<p style="text-align: left;">Mi abuela me ha puesto<br />
un vestido blanco.<br />
De día, parezco<br />
manzana pelada<br />
y de noche un barco<br />
que busca su mar.</p>
<div style="text-align: center;">&#8212;000&#8212;</div>
<p style="text-align: center;"><strong><span style="color: #ff0000;"><img class="aligncenter size-full wp-image-7157" title="07-YoQuisieraSerMarinero" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/08/07-YoQuisieraSerMarinero1.jpg" alt="" width="431" height="534" /></span></strong></p>
<div style="text-align: center;">&#8212;000&#8212;</div>
<p style="text-align: left;"><strong><span style="color: #ff0000;"> </span></strong><img class="alignright size-full wp-image-7167" title="08-LaNaranjaAzul" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/08/08-LaNaranjaAzul2.jpg" alt="" width="158" height="224" />La tinta negra se hace<br />
con brujas y dragones.</p>
<p style="text-align: left;">La roja, con la cresta<br />
y saludo de los gallos.</p>
<p style="text-align: left;">La tinta azul, con agua<br />
y sombra de palomas.</p>
<div style="text-align: center;">&#8212;000&#8212;</div>
<p>La cucharita de plata<br />
—sirena de la sopa de fideos—<br />
se enamoró de un cucharón.<br />
Oh!               Oh!<br />
Y lloran en la cocina,<br />
cuchillo y tenedor.<br />
Oh!               Oh!</p>
<div style="text-align: center;">&#8212;000&#8212;</div>
<p>Por el pueblo ha pasado<br />
el vendedor de números.<br />
Vendió un 5 pequeño, azulado,<br />
y un 2 tan grande,<br />
que parecía un 3.</p>
<div style="text-align: center;">&#8212;000&#8212;</div>
<p style="text-align: center;"><strong><span style="color: #ff0000;"><br />
</span></strong></p>
<p><img class="alignright size-full wp-image-7168" title="09-CaballitoBlanco" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/08/09-CaballitoBlanco2.jpg" alt="" width="243" height="192" />Al caballito blanco<br />
no le gusta el agua verde<br />
¿Y la de oro?<br />
No.<br />
Esa es para el viejo<br />
caballito moro.<br />
¿Y cuál entonces es la de él?<br />
La que hace con espirales<br />
rosas de espuma y papel.<br />
¡Cuidado puede enfermar!</p>
<div style="text-align: center;">&#8212;000&#8212;</div>
<p style="text-align: center;"><strong><span style="color: #ff0000;"><img class="aligncenter size-full wp-image-7160" title="10-Hierbas" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/08/10-Hierbas1.jpg" alt="" width="500" height="688" /></span></strong></p>
<div style="text-align: center;">&#8212;000&#8212;</div>
<p>Índice de mediodía:<br />
Cielo color melón.<br />
Una gallina<br />
que exagera el milagro cotidiano.<br />
Pájaros que retornan al olvido.<br />
Mesa tendida alrededor del pan que cruje<br />
porque en su cuerpo el sol ha hecho nido.<br />
Un limón maduro,<br />
el barro muy seco,<br />
un niño que ríe<br />
y un libro en silencio.<br />
Cal.<br />
Cristal.<br />
La risa.<br />
La yema del huevo.<br />
¡Eso es mediodía!</p>
<div style="text-align: center;">&#8212;000&#8212;</div>
<p style="text-align: center;"><img class="size-full wp-image-7161  aligncenter" title="11-Sombrero" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/08/11-Sombrero1.jpg" alt="" width="433" height="410" /></p>
<div style="text-align: center;">&#8212;000&#8212;</div>
<p>Hablaban hace mucho, mucho tiempo,<br />
los mágicos colores.<br />
—Yo quiero ser la sombra del cabello<br />
de una niña morena,<br />
dijo el azul.<br />
—y yo quisiera ser,<br />
dijo el violeta,<br />
la sombra del cordero que olfatea<br />
la perfumada alfalfa.</p>
<div style="text-align: center;">&#8212;000&#8212;</div>
<p style="text-align: center;"><strong><span style="color: #ff0000;"><img class="aligncenter size-full wp-image-7162" title="12-MiSombra" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/08/12-MiSombra1.jpg" alt="" width="500" height="215" /></span></strong></p>
<p>Mi sombra sólo bebe<br />
agua de río.<br />
Sueña sobre la hierba,<br />
duerme en los nidos.<br />
La he visto de día<br />
trenzar su pelo<br />
con los azules linos<br />
y con el trébol.<br />
Y en las noches de frío<br />
buscar el ala<br />
de una blanca paloma<br />
que fiel la llama.</p>
<div style="text-align: center;">&#8212;000&#8212;</div>
<p style="text-align: center;"><strong><span style="color: #ff0000;"><img class="aligncenter size-full wp-image-7163" title="13-QueCosaMasSencilla" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/08/13-QueCosaMasSencilla1.jpg" alt="" width="442" height="545" /></span></strong></p>
<hr size="2" />
<h2><strong>Del agua, de los pájaros, de los cielos y de los quehaceres terrestres</strong></h2>
<p><strong> </strong><em>Parcialmente editado en Premio Argos de Poesía 1991-1992. Córdoba, Ediciones Argos, 1993.<br />
</em><br />
Una vez que se ha pronunciado<br />
la palabra amapola<br />
hay que dejar pasar algo de tiempo<br />
para que se recompongan<br />
el aire<br />
y nuestro corazón.</p>
<div style="text-align: center;">&#8212;000&#8212;</div>
<p>Desde hace largo rato<br />
Miro pastar a una oveja.<br />
Olfatea, elige<br />
Y muerde la hierba<br />
Suave, suavemente.<br />
De tanto en tanto<br />
Se detiene<br />
Y bala.<br />
Rosa amarilla en su garganta.<br />
Color deshecho en el aire.</p>
<hr size="2" />
<h2><strong><img class="alignright size-full wp-image-7087" title="14-PajaritoDeAgua" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/08/14-PajaritoDeAgua1.jpg" alt="" width="175" height="251" />Pajarito de agua</strong></h2>
<p><em>Villa María, Ediciones Radamanto, 1997.<br />
</em><br />
Pajarito de agua<br />
en qué rama cantas?</p>
<p>pajarito de fuego<br />
en qué rama ardes?</p>
<div style="text-align: center;">&#8212;000&#8212;</div>
<p>Pajarito gris,<br />
¿te pierdes en la niebla?<br />
Pajarito blanco,<br />
¿te pierdes en la nieve?<br />
El pajarito azul,<br />
se pregunta:<br />
—¿Puedo ir al cielo?</p>
<div style="text-align: center;">&#8212;000&#8212;</div>
<p>Un hombre<br />
con un caracol al hombro,<br />
sabe que lleva<br />
por un breve momento,<br />
una espiral<br />
envolviendo la lentitud.<br />
—¡Aligeren el paso!<br />
—chilla, desde el trigal,<br />
la urraca.</p>
<div style="text-align: center;">&#8212;000&#8212;</div>
<p>Estamos<br />
aquí<br />
acurrucados,<br />
para dejar<br />
espacio<br />
al vuelo<br />
de los pájaros.</p>
<hr size="2" />
<h2><strong><img class="alignright size-full wp-image-7088" title="15-ElLibroDosVersiones" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/08/15-ElLibroDosVersiones.jpg" alt="" width="199" height="284" />El Libro de las Dos Versiones</strong></h2>
<p><em>Villa María,  Ediciones Radamanto, 1998.</em></p>
<p><strong><em>Versión Primera</em></strong></p>
<p>Ríe esta niña<br />
y su corazón<br />
es todo una fruta de seda colorada.</p>
<p><em><strong>Versión Segunda</strong></em></p>
<p>Salvaje fruta,<br />
esa sonrisa que viene desde la tierra<br />
y se calza en el pecho<br />
de la niña.</p>
<div style="text-align: center;">&#8212;000&#8212;</div>
<p><em><strong>Versión Primera</strong></em></p>
<p>El sol viaja en el cielo<br />
y es puro oro.<br />
Nacen bajo su luz<br />
enormes girasoles, retamas<br />
y el corazón de las manzanillas.</p>
<p><em><strong>Versión Segunda</strong></em></p>
<p>¿A qué penumbra hay que acudir<br />
para leer<br />
a Xul Solar, sus enigmas,<br />
los mensajes de otros soles?<br />
¿Entrecerrado los ojos,<br />
guardando los asombros?</p>
<div style="text-align: center;">&#8212;000&#8212;</div>
<p><em><strong>Versión Primera</strong></em></p>
<p><em><strong> </strong></em>A mis pies<br />
deteniendo el paso,<br />
la mariposa muerta.<br />
¡El viaje interrumpido<br />
entre la flor y el aire,<br />
cerrando<br />
una vida tan breve!</p>
<p><em><strong>Versión Segunda</strong></em></p>
<p><em><strong> </strong></em>Desde la mariposa muerta<br />
parten alas y alas.</p>
<hr size="2" />
<h2><strong><img class="alignright size-full wp-image-7089" title="16-LaCasaAzul" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/08/16-LaCasaAzul.jpg" alt="" width="225" height="312" />La Casa Azul</strong></h2>
<p><em>Córdoba. Ediciones Garabato, 2001.<br />
</em><br />
¿No sabes que la sopa es divertida?<br />
Tiene olas,<br />
peces, sal,<br />
y el puerto con una grúa<br />
que saca barcos del mar.</p>
<div style="text-align: center;">&#8212;000&#8212;</div>
<p>Debajo de mi almohada<br />
duerme el sueño.<br />
Cuando me acuesto,<br />
despacito,<br />
se acurruca como un perro entre mis ojos.</p>
<div style="text-align: center;">&#8212;000&#8212;</div>
<p>Conocí una cuna<br />
que le cantaba al niño.<br />
El niño tenía sueño<br />
y ella le cantaba.<br />
Cuando el niño soñaba<br />
ella callaba.<br />
Conocí a un niño<br />
que le cantaba a la cuna.<br />
La cuna tenía sueño,<br />
el niño le cantaba.<br />
Cuando la cuna soñaba,<br />
el niño se callaba.</p>
<div style="text-align: center;">&#8212;000&#8212;</div>
<p>Donde se baña<br />
la tarde,<br />
el jabón tiene la espuma<br />
azul<br />
y lejano el olor.</p>
<div style="text-align: center;">&#8212;000&#8212;</div>
<p>El Pato Canela<br />
pescaba en la noche<br />
hundiendo su pico<br />
de rojo coral.<br />
Sacaba del agua<br />
pedazos de luna<br />
que él mismo quebraba<br />
a orillas del mar.</p>
<div style="text-align: center;">&#8212;000&#8212;</div>
<p>Vamos,<br />
viejo viento.<br />
Vamos,<br />
removedor de arenas,<br />
de tierras y de cielos.<br />
No me arrebates<br />
Los colores de mi barrilete.</p>
<div style="text-align: center;">&#8212;000&#8212;</div>
<p>La calabaza sueña<br />
desde pequeña,<br />
que un hada la vuelve<br />
carroza de oro.<br />
Y siempre pregunta:<br />
—¿Cenicienta no llora<br />
o el hada no puede?<br />
Porque nada sucede</p>
<hr size="2" />
<h2><strong><img class="alignright size-full wp-image-7090" title="17-CuandoTresGallinas" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/08/17-CuandoTresGallinas.jpg" alt="" width="200" height="322" />Cuando tres gallinas van al campo</strong></h2>
<p><em>Villa María. Ediciones Radamanto, 1997. Plaquetas del Herrero.<br />
</em><br />
Lenta,<br />
escarbando la tierra,<br />
escribe la gallina azul que mora en el patio de atrás,<br />
cómo es que llegó a ser lo que dicen que es,<br />
un ave sin vuelo.<br />
Se detiene al trazar la palabra vuelo<br />
porque una piedra<br />
siente en lugar de corazón.<br />
La distrae<br />
el primer puñado de maíz<br />
que arroja su dueña,<br />
una loca que silba como los sauces.</p>
<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter size-full wp-image-7091" title="18-Lenta-Manuscrita" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/08/18-Lenta-Manuscrita.jpg" alt="" width="305" height="278" /></p>
<p style="text-align: center;"><em>Manuscrito del poema.</em></p>
<hr size="2" />
<h2><strong>La palabra verde y los caracoles</strong></h2>
<p><em>1978-1979. Inédito.</em><a href="#1"> (1)</a></p>
<p>Retorna de la tierra<br />
la violeta.<br />
Un secreto de agua y de raíces<br />
del oscuro y muy claro origen de las cosas<br />
se presiente en su aroma.</p>
<div style="text-align: center;">&#8212;000&#8212;</div>
<p>Si la glicina en flores<br />
volara por el aire<br />
y a su paso los cielos<br />
dijeran: ¡Canta!<br />
no sería glicina<br />
sería el agua.</p>
<div style="text-align: center;">&#8212;000&#8212;</div>
<p>Cayó el azul,<br />
corrió<br />
y se hizo el río.<br />
Se elevó el verde,<br />
lloró<br />
y se hizo el sauce.</p>
<div style="text-align: center;">&#8212;000&#8212;</div>
<p>Sombra del paraíso.<br />
Luz de la acacia;<br />
—¿dónde muere la vida<br />
de las palabras?</p>
<div style="text-align: center;">&#8212;000&#8212;</div>
<p>Despierta el campo<br />
porque en su simple corazón de niño<br />
ha florecido el trébol.<br />
Desde su pecho verde<br />
transparente aleluya se eleva como los pájaros.</p>
<hr size="2" />
<h2><strong>Palabra</strong></h2>
<p>1993. Inédito.<a href="#1">(2)</a></p>
<p>A cambio de un pescado,<br />
di una palabra.<br />
Al pescado lo despojé de sus escamas<br />
y tapé sus ojos implacables<br />
para poder cocerlo.</p>
<p>A la palabra le mojé las alas<br />
para que no se fuera<br />
y la envolví en un papel blanco<br />
de modo que no la tiñera<br />
el más leve color extraño a su significado.</p>
<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter size-full wp-image-7093" title="19-ACambio" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/08/19-ACambio1.jpg" alt="" width="305" height="263" /></p>
<p style="text-align: center;"><em>Manuscrito del poema.</em></p>
<div style="text-align: center;">&#8212;000&#8212;</div>
<p>Sorteando unos papeles<br />
un vaso y los cuadros del mantel,<br />
se eleva una palabra desde las mandarinas.<br />
Paul Klee la toma,<br />
le agrega unos pájaros<br />
y la tierra y un mar hecho de cintas.<br />
Y los pájaros ven el mar sobre sus cabezas,<br />
y otros ven el cielo a sus pies.<br />
La palabra no es pronunciada.<br />
No tiene voz.<br />
Aún no hay voz para describir tal maravilla.</p>
<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter size-full wp-image-7095" title="20-Sorteando" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/08/20-Sorteando.jpg" alt="" width="363" height="317" /></p>
<p style="text-align: center;">Manuscrito del poema.</p>
<hr size="2" />
<h2><strong>Láricas</strong></h2>
<p>1994. Inédito.<a href="#1">(3)</a></p>
<p>Todo jardín<br />
tiene caminos secretos<br />
por donde solo andan<br />
los niños.<br />
Porque son ellos los que saben<br />
exactamente<br />
cuándo es posible escuchar<br />
la palabra margarita<br />
o el silencio del caracol.<br />
Del aire sacaron cintas<br />
y ataron los caballos<br />
a la frágil carroza de los sueños<br />
para ir allí,<br />
hasta la orilla de la vida,<br />
a las arenas del llanto,<br />
dormido polvo.</p>
<hr size="2" />
<h2><strong>Otros poemas inéditos</strong></h2>
<p><strong> </strong>La mañana ha aprendido<br />
ornada con las cien abejas de la paciencia<br />
a atar y desatar con un hilo azul,<br />
el alborozo de los pájaros,<br />
las albricias de la flor recién nacida,<br />
la luz primera sobre los techos,<br />
el olor de los diarios nuevos,<br />
el humo de los hornos de las panaderías</p>
<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter size-full wp-image-7096" title="21-LaManiana" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/08/21-LaManiana1.jpg" alt="" width="300" height="228" /></p>
<p style="text-align: center;"><em>Manuscrito del poema.</em></p>
<p>La palabra,<br />
ese dibujo,<br />
esa piedra lanzada al tiempo,<br />
esa gran emoción<br />
que pasa de cuerpo a cuerpo.<br />
La palabra,<br />
ese mar<br />
donde los caracoles unen sus espirales.<br />
La palabra,<br />
palabra esperando otra palabra.<br />
La palabra<br />
pájaro de plata posado siempre en el<br />
&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;anca del aire.</p>
<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter size-full wp-image-7097" title="22-LaPalabra" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/08/22-LaPalabra.jpg" alt="" width="315" height="325" /></p>
<p style="text-align: center;"><em>Manuscrito del poema.</em></p>
<div style="text-align: center;">&#8212;000&#8212;</div>
<h2><strong>Canción para despertar a un niño</strong></h2>
<p>Se han abierto todas las flores,<br />
mi niño,<br />
y tú sigues durmiendo<br />
¿Quieres que te muestre<br />
al gorrión que anida en la acacia?</p>
<p>¿Sabes que ya nadan<br />
en la laguna la pata y los patitos?</p>
<p>¿Acaso no quieres beber la leche<br />
que en la taza humea?</p>
<p>¿Por qué no abres un ojito<br />
Y miras al trompo azul que ayer te deslumbró?</p>
<p>¿Quién calmará el aguallanto<br />
De los lápices de color guardados, quietos?</p>
<p>¿No te enojas<br />
si me voy a jugar con el gato y el ovillo? <a href="#1">(4)</a></p>
<div style="text-align: center;">&#8212;000&#8212;</div>
<p>Soy necesaria al ponerse el sol<br />
porque ¿quién vigilaría las estrellas?<br />
¿quién miraría si cada trébol plegó sus hojas?<br />
¿quién apagaría los fuegos encendidos?<br />
¿acaso te preocuparía el ladrido lejano<br />
&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;de algún perro solitario?<br />
Ya ves, ése es el momento<br />
&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;de mis preocupaciones.<br />
Y camino como si llevara atadas a mi cintura<br />
las llaves de la noche.</p>
<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter size-full wp-image-7098" title="23-SoyNecesaria" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/08/23-SoyNecesaria.jpg" alt="" width="314" height="287" /></p>
<p style="text-align: center;"><em>Manuscrito del poema.</em></p>
<div style="text-align: center;">&#8212;000&#8212;</div>
<p>En la aventura<br />
de atravesar los pueblos, en trenes<br />
que cantan alabanzas<br />
desde el bastión de magnolias en flor,<br />
la de pétalos oxidados<br />
hasta los cristales estáticos de los horizontes,<br />
va mi padre, aunque no está.<br />
Los hinojos que crecen a las orillas de las vías,<br />
deshacen los saludos reverenciales<br />
del alocado humo.</p>
<div style="text-align: center;">&#8212;000&#8212;</div>
<p>A instancias de la tarde debo decir<br />
que nunca escribiré una palabra contra los vuelos,<br />
contra el amor, el animal, el minúsculo liquen florecido.</p>
<p>A instancias de la mañana debo decir<br />
que amo las lechugas, los berros,<br />
las recetas de cocina contagiadas de Proust,<br />
los desayunos tardíos con el pan de cereales<br />
y atiendo desde que nace cada día el coro de Marechal, Conti, Gelman y Azofeifa.</p>
<p>A instancias de la noche digo<br />
que con papel y pluma acompaño<br />
al melancólico Chagall<br />
planeando con su mujer y un ramo de flores<br />
sobre los techos de su casa.</p>
<p>Cuando planeo sobre los techos de mi casa,<br />
Bach, Ginastera y otros, me piden<br />
que con hojas pentagramadas<br />
les haga tricornios ornados con plumas de benteveo.</p>
<div style="text-align: center;">&#8212;000&#8212;</div>
<p>Y las flores<br />
recortan en el aire las formas de los frutos<br />
y atesoran colores para que luzcan bellos.<br />
Les inventan aromas entre hierbas y tierra.<br />
¿Quién dice que están listos?<br />
Un ángel,<br />
que con la voz primera de la vida,<br />
adelantando un dedo,<br />
dice cada mañana:<br />
—Están bien las manzanas.<br />
Las uvas, adelante.<br />
Que nunca se les quite el color a esas fresas.<br />
Y que para siempre<br />
los damascos<br />
tengan el caracol del ombligo de los niños.</p>
<div style="text-align: center;">&#8212;000&#8212;</div>
<p>Cuando los pájaros se bañan<br />
son pájaros de agua.<br />
Transparentes las plumas,<br />
el canto transparente<br />
y las patas azules dibujando<br />
un transparente nombre en la mañana.</p>
<div style="text-align: center;">&#8212;000&#8212;</div>
<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter size-full wp-image-7099" title="24-QueTengaElOido" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/08/24-QueTengaElOido.jpg" alt="" width="300" height="300" /></p>
<p style="text-align: center;">Poema manuscrito.</p>
<p><a name="1"></a></p>
<hr size="2" /><strong>Notas<br />
</strong><br />
<img class="alignright size-full wp-image-7100" title="25-ConTrebolEnLosOjos" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/08/25-ConTrebolEnLosOjos.jpg" alt="" width="150" height="212" />(1) Poema extraído de “Antología”. En: Parodi, Marta. <em>Con trébol en los ojos. Vida y obra de Edith Vera</em>. Buenos Aires, Editorial Plus Ultra, 1996.<strong><span style="color: #ff0000;"> </span></strong><br />
(2) Idem nota Nº 1.<br />
(3) Idem nota Nº 1.<br />
(4) Poema extraído de “Gente necesaria: Edith Vera”. En: Revista <em>Piedra Libre</em>. Publicación de CEDILIJ dedicada a la literatura infantil y juvenil. Año VII, Nº 17. Córdoba, segundo semestre de 1996. (Incluye también una antología de poesías de Edith Vera y el cuento “Circo campesino”.)</p>
<hr size="2" /><strong>Agradecimientos</strong><br />
Queremos agradecer especialmente a <a title="María Teresa  Andruetto" href="../?p=1375">María Teresa Andruetto</a> y a Cecilia Reyna por todo el material facilitado (manuscritos, libros, fotos e información), por su apoyo y entusiasmo para la elaboración de este informe. Ambas tuvieron oportunidad de conocer a Edith Vera. La primera como especialista en libros infantiles y poeta, la segunda como alumna del jardín de infantes donde Edith fue su directora. También a <a title="Mariano  Medina" href="../08/8/medina.htm">Mariano Medina</a> del <a title="CEDILIJ" href="../00/4/cedilij.htm">CEDILIJ</a> por enviarnos fotos de Edith encontradas en el archivo del Centro, así como <a href="http://www.imaginaria.com.ar/?p=7107">la retahíla en versión del grupo La Chicharra que publicamos en la sección “Miscelánea”</a><span style="color: #ff0000;"> </span>, entre otros materiales valiosísimos de la autora. Al grupo La Chicharra por permitirnos la reproducción de “La Retahíla” y también a Anabella Gill, directora de la Medioteca Popular y Municipal “Mariano Moreno” de Villa María por toda su generosa colaboración.</p>
<hr size="2" /><strong>Artículos relacionados:</strong><br />
<a id="gijs" title="Autores: Edith Vera." href="../?p=5142">Autores: Edith Vera.</a><br />
<a href="http://www.imaginaria.com.ar/?p=7107">Miscelánea: “La Retahíla”, poema de Edith Vera musicalizado por La Chicharra.</a><span style="color: #ff0000;"> </span><br />
<a title="Destacados: Poesías." href="../12/1/destacados.htm">Destacados: Poesías.</a><br />
<a title="Destacados: Algunas poesías más." href="../17/0/destacados.htm">Destacados: Algunas poesías más.</a><br />
<a title="Destacados: Leer poesía." href="../19/7/destacados.htm">Destacados: Leer poesía.</a></p>
]]></content:encoded>
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		<title>El Mago de Oz. Capítulos 11 y 12</title>
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		<pubDate>Tue, 24 Aug 2010 21:38:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ficciones]]></category>
		<category><![CDATA[Nº 277]]></category>

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		<description><![CDATA[&#8220;Pero lo que más le interesó a Dorothy fue el enorme trono de mármol verde que había en medio del cuarto. Tenía forma de sillón y destellaba, cubierto de gemas como todo lo demás. En el centro de la silla había una enorme cabeza, sin cuerpo que la sostuviera ni brazos ni piernas. Esa cabeza [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;"><img class="alignright size-full wp-image-7056" title="04-Cabeza" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/08/04-Cabeza1.jpg" alt="" width="217" height="288" />&#8220;Pero lo que más le interesó a Dorothy fue el enorme trono de mármol verde que había en medio del cuarto. Tenía forma de sillón y destellaba, cubierto de gemas como todo lo demás. En el centro de la silla había una enorme cabeza, sin cuerpo que la sostuviera ni brazos ni piernas. Esa cabeza carecía de pelo, pero tenía ojos, nariz y boca, y era más grande que la cabeza del mayor gigante.&#8221; Continuamos con la publicación de <em>El Mago de Oz,</em> de <strong>L. Frank Baum,</strong> con las ilustraciones de su primera edición, por <strong>William Wallace  Denslow, </strong> y traducción de <strong>Marcial Souto.</strong><br />
<span id="more-7028"></span></p>
<p style="text-align: right;"><strong> </strong>Por <a href="http://www.imaginaria.com.ar/?p=6124"><strong>L. Frank Baum</strong></a><br />
Ilustraciones de <a href="http://www.imaginaria.com.ar/?p=6124"><strong>William Wallace  Denslow<br />
</strong></a>Título original: <em>The Wonderful Wizard of Oz<br />
</em>Traducción  de <a href="http://www.imaginaria.com.ar/?page_id=6224"><strong>Marcial Souto</strong></a><br />
© Marcial Souto, 2002, 2010<strong><span style="color: #ff0000;"><br />
</span></strong></p>
<h2 style="text-align: center;"><strong>Capítulo 11<br />
La maravillosa Ciudad Esmeralda de Oz<br />
</strong></h2>
<p>A pesar de la protección de las gafas verdes, el brillo de la maravillosa ciudad deslumbró en los primeros momentos a Dorothy y a sus amigos. Las calles estaban bordeadas por casas hermosas, todas de mármol verde y tachonadas por todas partes de rutilantes esmeraldas. Caminaron por un pavimento del mismo mármol verde, y en las uniones entre las piedras había apretadas hileras de esmeraldas que centelleaban al sol. Los vidrios de las ventanas eran verdes: hasta el cielo sobre la ciudad tenía un tinte verdoso, y los rayos del sol eran verdes.</p>
<p><img class="alignright size-full wp-image-7030" title="01-DorothyTotoGafas" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/08/01-DorothyTotoGafas1.jpg" alt="" width="261" height="265" />Había mucha gente caminando por allí, hombres, mujeres y niños, todos de piel verdosa y vestidos de verde. Miraban a Dorothy y a su extraño grupo con curiosidad, y los niños corrían a esconderse detrás de las madres cuando veían al León; pero nadie les hablaba. Había muchas tiendas en la calle, y Dorothy vio que todo lo que se exhibía era verde. Vendían caramelos verdes y palomitas de maíz verdes y zapatos verdes y sombreros verdes y ropas verdes de todo tipo. En un sitio un hombre vendía limonada verde, y cuando los niños compraban, Dorothy veía que pagaban con monedas verdes.</p>
<p>No parecía que hubiera caballos ni animales de ningún tipo. Los hombres llevaban cosas en pequeños carros que ellos mismos empujaban. Todo el mundo parecía feliz, satisfecho y próspero.</p>
<p>El Guardián de las Puertas los llevó por las calles hasta que llegaron a un edificio grande, exactamente en el centro de la ciudad, que era el Palacio de Oz, el Gran Mago. Había un soldado delante de la puerta, vestido de uniforme verde y con una larga barba verde.</p>
<p><img class="alignleft size-full wp-image-7031" title="02-SoldadoVerde" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/08/02-SoldadoVerde.jpg" alt="" width="155" height="562" />—Hay aquí unos forasteros —le dijo el Guardián de las Puertas— que quieren ver al Gran Oz.</p>
<p>—Entrad —respondió el soldado—, y yo le llevaré el mensaje.</p>
<p>Entraron entonces por las puertas del palacio y fueron llevados a una gran sala con alfombras verdes y maravillosos muebles verdes con incrustaciones de esmeraldas. El soldado les hizo limpiarse los pies en un felpudo verde antes de entrar en aquella sala.</p>
<p>—Por favor poneos cómodos —les dijo, con mucha amabilidad, cuando estuvieron sentados—, mientras voy a la puerta de la Sala del Trono a decirle a Oz que estáis aquí.</p>
<p>Tuvieron que esperar mucho hasta que regresó el soldado.</p>
<p>—¿Has visto a Oz? —le preguntó Dorothy, cuando el soldado estuvo otra vez con ellos.</p>
<p>—Oh, no —respondió el soldado—, nunca lo he visto. Pero le he hablado y él me ha escuchado desde su trono, detrás del biombo, y le di el mensaje. Dice que os concederá una audiencia, si así lo deseáis, pero cada uno tendrá que comparecer ante su presencia solo, y no admitirá más que uno por día. Por lo tanto, como deberéis permanecer en el palacio varios días, os instalaré en habitaciones donde podréis descansar con comodidad después del viaje.</p>
<p>—Gracias —dijo la niña—; Oz es muy bondadoso.</p>
<p>El soldado hizo sonar un silbato verde e inmediatamente entró en la sala una niña con un bonito vestido de seda verde. Tenía el pelo y los ojos de un maravilloso color verde. Se inclinó hacia Dorothy y dijo:</p>
<p>—Ven conmigo. Te mostraré tu habitación.</p>
<p><img class="alignright size-full wp-image-7032" title="03-NiniaVerde" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/08/03-NiniaVerde.jpg" alt="" width="270" height="218" />Dorothy se despidió de todos sus amigos, menos de <em>Totó</em>, y alzando al perro en brazos siguió a la niña verde por siete corredores y por tres tramos de escaleras hasta que llegaron a una habitación enfrente del palacio. Era el cuarto más dulce del mundo, con una cama suave y cómoda que tenía sábanas de seda verde y una cortina de terciopelo verde. Había una pequeña fuente en el centro de la habitación, que lanzaba al aire una espuma verde y perfumada que caía sobre un pilón de mármol verde, maravillosamente tallado. Había hermosas flores verdes en las ventanas, y había un estante con una hilera de pequeños libros verdes. Cuando Dorothy tuvo tiempo de abrir esos libros los encontró repletos de extraños dibujos verdes, tan divertidos que la hicieron reír.</p>
<p>En un guardarropa había muchos vestidos verdes de seda y raso y terciopelo, todos hechos exactamente a la medida de Dorothy.</p>
<p>—Ponte cómoda —le dijo la niña verde—, y si quieres algo toca el timbre. Oz te mandará a buscar mañana por la mañana.</p>
<p>Dejó sola a Dorothy y volvió junto a los otros. Los llevó a diferentes habitaciones, y todos se sintieron muy cómodos, alojados en sitios muy agradables del palacio. Naturalmente, ese grado de amabilidad no tenía ningún sentido en el caso del Espantapájaros, que al verse solo en su cuarto fue a un rincón, detrás de la puerta, y allí se quedó a esperar estúpidamente el amanecer. Acostarse no era para él un descanso, y no podía cerrar los ojos, así que pasó toda la noche mirando una arañita que tejía una telaraña en un rincón, como si no estuviera en una de las habitaciones más maravillosas del mundo. El Leñador de Hojalata se acostó en la cama, por la fuerza de la costumbre, pues recordaba eso de cuando había sido un hombre de carne; pero como no podía dormir, pasó la noche moviendo los goznes hacia arriba y hacia abajo para asegurarse de que estaban en buen estado. El León habría preferido una cama de hojas secas en el bosque, y no le gustaba estar encerrado en un cuarto, pero era demasiado sensato para permitir que eso le preocupase, así que saltó a la cama, se enroscó como un gato y se quedó dormido en un instante.</p>
<p>A la mañana siguiente, después del desayuno, la niña verde fue a buscar a Dorothy, y le puso un vestido de raso bordado, uno de los más bonitos. Dorothy le puso a <em>Totó</em> un delantal de seda verde y le ató una cinta verde alrededor del pescuezo, y así fueron a la Sala del Trono del Gran Oz.</p>
<p>Primero llegaron a un gran vestíbulo, donde había muchas damas y caballeros de la corte, todos vestidos con lujosas ropas. Esas personas no tenían otra cosa que hacer que hablar unas con otras, pero iban a esperar junto a la Sala del Trono todas las mañanas, aunque nunca se les permitía ver a Oz.</p>
<p>—¿De veras vas a ver a Oz el Terrible? —suspiró uno de ellos, cuando entraba Dorothy.</p>
<p>—Naturalmente —respondió la niña—, si es que él me quiere ver a mí.</p>
<p>—Ah, te verá —dijo el soldado que había llevado el mensaje al Mago—, aunque no le gusta que la gente pida verlo. La verdad es que al principio se puso furioso y dijo que os llevase de vuelta al sitio de donde habíais venido. Luego me preguntó qué aspecto teníais, y cuando le mencioné tus zapatos de plata se interesó mucho. Al fin le hablé de la marca que llevas en la frente, y decidió recibirte.</p>
<p>En ese momento sonó una campana, y la niña verde le dijo a Dorothy:</p>
<p>—Ésa es la señal. Debes entrar sola en la Sala del Trono.</p>
<p>La niña verde abrió una pequeña puerta, y Dorothy entró por ella muy resuelta y se encontró en un sitio maravilloso. Era un cuarto grande y redondo, con un techo alto y abovedado, y las paredes y el suelo estaban cubiertos por inmensas y apretadas esmeraldas. En el centro del cielo raso había una gran luz, brillante como el sol, que hacía centellear las esmeraldas.</p>
<p>Pero lo que más le interesó a Dorothy fue el enorme trono de mármol verde que había en medio del cuarto. Tenía forma de sillón y destellaba, cubierto de gemas como todo lo demás. En el centro de la silla había una enorme cabeza, sin cuerpo que la sostuviera ni brazos ni piernas. Esa cabeza carecía de pelo, pero tenía ojos, nariz y boca, y era más grande que la cabeza del mayor gigante.</p>
<p style="text-align: center;"><strong><span style="color: #ff0000;"><img class="aligncenter size-full wp-image-7033" title="04-Cabeza" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/08/04-Cabeza.jpg" alt="" width="452" height="600" /></span></strong></p>
<p>Mientras Dorothy miraba maravillada y temerosa, los ojos se volvieron despacio y se fijaron en ella, muy intensamente. Entonces la boca se movió, y Dorothy oyó una voz que decía:</p>
<p>—Soy Oz, el Grande y Terrible. ¿Quién eres tú, y por qué me buscas?</p>
<p>No era una voz tan terrible. Ella había esperado algo peor de esa gran cabeza. Armándose de valor, respondió:</p>
<p>—Soy Dorothy, la Pequeña y Dócil. He venido a buscar tu ayuda.</p>
<p>Los ojos la miraron pensativos durante un minuto entero.</p>
<p>Luego la voz dijo:</p>
<p>—¿Dónde conseguiste los zapatos de plata?</p>
<p>—Los conseguí de la Bruja Mala del Este, cuando mi casa le cayó encima y la mató —respondió la niña.</p>
<p>—¿De dónde sacaste esa marca que llevas en la frente? —continuó la voz.</p>
<p>—Es el sitio donde me besó la Bruja Buena del Norte cuando se despidió de mí y me mandó a verte —dijo la niña.</p>
<p>Los ojos la volvieron a mirar con mucha atención; vieron que la niña decía la verdad.</p>
<p>Oz preguntó:</p>
<p>—¿Qué quieres que haga?</p>
<p>—Que me mandes de vuelta a Kansas, donde están tía Em y tío Henry —dijo Dorothy, con fervor—. A pesar de ser tan hermoso, tu país no me gusta. Y estoy segura de que tía Em estará muy preocupada por mi tardanza.</p>
<p>Los ojos parpadearon tres veces y luego se volvieron hacia el techo y hacia el suelo, y giraron de un modo tan raro que parecían ver cada rincón del cuarto. Y al fin miraron de nuevo a Dorothy.</p>
<p>—¿Por qué he de hacer esto por ti? —preguntó Oz.</p>
<p>—Porque tú eres fuerte y yo soy débil; porque tú eres un gran mago y yo soy sólo una niña desvalida —respondió Dorothy.</p>
<p>—Pero tuviste fuerzas suficientes para matar a la Bruja Mala del Este —dijo Oz.</p>
<p>—Fue un accidente —respondió la niña—. No lo pude evitar.</p>
<p>—Bueno —dijo la Cabeza—, te daré mi respuesta. No tienes derecho a pretender que te mande de vuelta a Kansas a menos que tú hagas algo por mí a cambio. En este país todos deben pagar por los favores que reciben. Si quieres que yo use mis poderes mágicos para enviarte de vuelta a tu casa, deberás primero hacer algo por mí. Ayúdame y te ayudaré.</p>
<p>—¿Qué debo hacer?</p>
<p>—Mata a la Bruja Mala del Oeste —respondió Oz.</p>
<p>—¡Pero no puedo! —exclamó Dorothy, muy sorprendida.</p>
<p>—Mataste a la Bruja del Este y llevas los zapatos de plata que poseen un poderoso encanto. Ahora sólo queda una Bruja Mala en este país, y cuando puedas decirme que está muerta te enviaré de vuelta a Kansas&#8230; pero no antes.</p>
<p>La niña comenzó a llorar de frustración. Los ojos parpadearon de nuevo y la miraron inquietos, como si el Gran Oz supiera que la niña lo podría ayudar si quisiera.</p>
<p>—Nunca maté ni una mosca intencionadamente —sollozó—; y aunque quisiera ¿cómo podría matar a la Bruja Mala? Si tú, que eres Grande y Terrible, no la puedes matar, ¿cómo esperas que lo haga yo?</p>
<p>—No lo sé —dijo la Cabeza—; pero ésa es mi respuesta, y hasta que muera la Bruja Mala no verás a tu tía ni a tu tío. Recuerda que la Bruja es mala, muy mala, y debe morir. Ahora vete, y no trates de volver a verme hasta que hayas cumplido con tu tarea.</p>
<p>Apenada, Dorothy dejó la Sala del Trono y volvió adonde esperaban el León, el Espantapájaros y el Leñador de Hojalata para saber qué le había dicho Oz.</p>
<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter size-full wp-image-7036" title="05-Apenada" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/08/05-Apenada2.jpg" alt="" width="500" height="480" /></p>
<p>—No hay esperanzas para mí —dijo, triste—, pues Oz no me enviará a casa mientras yo no mate a la Bruja Mala del Oeste, y eso no lo podré hacer nunca.</p>
<p>Sus amigos estaban apenados, pero nada podían hacer por ella, así que Dorothy volvió a su habitación, se acostó en la cama y lloró hasta quedarse dormida.</p>
<p>Al día siguiente el soldado de la barba verde se presentó al Espantapájaros y dijo:</p>
<p>—Acompáñame. Oz te ha mandado llamar.</p>
<p>El Espantapájaros siguió al soldado y fue conducido a la Sala del Trono, donde vio, sentada en el trono esmeralda, una dama muy hermosa. Vestía un traje de gasa verde de seda, y sobre los bucles verdes tenía puesta una corona de piedras preciosas. De los hombros le salían unas alas de vistosos colores, tan frágiles y livianas que se estremecían ante el menor soplo de aire.</p>
<p>Después de que el Espantapájaros se hubo inclinado ante esa hermosa criatura hasta donde se lo permitió el relleno de paja, la dama lo miró con dulzura y dijo:</p>
<p>—Soy Oz, el Grande y Terrible. ¿Quién eres tú y por qué me buscas?</p>
<p><img class="alignleft size-full wp-image-7038" title="06-Dama" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/08/06-Dama1.jpg" alt="" width="237" height="367" />El Espantapájaros, que esperaba ver la Cabeza de la que Dorothy le había hablado, se asombró mucho, pero le respondió con valentía:</p>
<p>—Soy el Espantapájaros, un hombre relleno de paja. Por lo tanto no tengo cerebro, y vengo a ti a rogarte que me pongas un cerebro en la cabeza, en vez de paja, para luego ser tan hombre como los demás.</p>
<p>—¿Por qué habría de hacer eso por ti? —preguntó la Dama.</p>
<p>—Porque tú eres sabio y poderoso, y nadie más me puede ayudar —le respondió el Espantapájaros.</p>
<p>—Nunca concedo favores sin algo a cambio —dijo Oz—; pero te prometo que si matas a la Bruja Mala del Oeste te concederé un gran cerebro, tan grande que serás el hombre más sabio del País de Oz.</p>
<p>—Pensé que le habías pedido a Dorothy que matase a la Bruja —dijo el Espantapájaros, sorprendido.</p>
<p>—Eso hice. No me importa quién la mate. Pero mientras no esté muerta no te concederé el deseo. Ahora vete, y no vuelvas a buscarme mientras no te hayas ganado el cerebro que tanto deseas.</p>
<p>El Espantapájaros volvió apesadumbrado junto a sus amigos y les contó lo que Oz había dicho; y Dorothy se sorprendió al enterarse de que el Gran Mago no era una cabeza, como ella había visto, sino una hermosa dama.</p>
<p>—En cualquier caso —dijo el Espantapájaros—, esa dama necesita tanto un corazón como el Leñador de Hojalata.</p>
<p>A la mañana siguiente el soldado de barba verde se presentó al Leñador de Hojalata y dijo:</p>
<p>—Oz te ha mandado llamar. Sígueme.</p>
<p>Y el Leñador de Hojalata lo siguió y llegó a la gran Sala del Trono. No sabía si iba a ver a Oz como una dama hermosa o como una cabeza, pero esperó que fuera la Dama hermosa. “Porque —se dijo—, si es la Cabeza estoy seguro de que no me dará un corazón, puesto que una cabeza no tiene corazón propio y por lo tanto carecerá de sentimientos hacia mí. Pero si es una dama hermosa le rogaré con todas mis fuerzas que me dé un corazón, pues se dice que todas las damas son de corazón bondadoso.”</p>
<p><img class="alignright size-full wp-image-7039" title="07-Leniador" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/08/07-Leniador.jpg" alt="" width="200" height="338" />Pero cuando el Leñador entró en la gran Sala del Trono no vio ni la Cabeza ni la Dama, pues Oz había adoptado la forma de un animal verdaderamente terrible. Era casi tan grande como un elefante, y el trono parecía que iba a desmoronarse bajo su peso. El Animal tenía cabeza de rinoceronte, con la diferencia de que en su cara había cinco ojos. Del cuerpo le brotaban cinco largos brazos, y también tenía cinco piernas largas y delgadas. Lo cubría por todas partes un pelo lanudo, y era imposible imaginar un monstruo más horrible. Era una suerte que el Leñador de Hojalata no tuviera corazón en ese momento; el terror se lo habría hecho latir con fuerza. Pero como era sólo de lata, el Leñador no se asustó, aunque sintió una gran desilusión.</p>
<p>—Soy Oz, el Grande y Terrible —dijo el Animal, con una voz que era más bien un rugido—. ¿Tú quién eres y por qué me buscas?</p>
<p>—Soy un leñador, hecho de hojalata. Por lo tanto no tengo corazón y no puedo amar. Te ruego que me des un corazón para poder ser como los demás hombres.</p>
<p>—¿Por qué tendría que hacerlo? —exigió el Animal.</p>
<p>—Porque yo lo pido, y porque sólo tú me lo puedes conceder —respondió el Leñador.</p>
<p>Al oír eso Oz lanzó un gruñido, pero dijo con aspereza:</p>
<p>—Si de veras deseas un corazón, deberás ganártelo.</p>
<p>—¿Cómo? —preguntó el Leñador.</p>
<p>—Ayudando a Dorothy a matar a la Bruja Mala del Oeste —respondió el Animal—. Cuando la Bruja esté muerta, ven a mí y te daré el corazón más grande, más bondadoso y más amante de todo el País de Oz.</p>
<p>Y el Leñador de Hojalata fue dolorosamente obligado a volver junto a sus amigos, a hablarles del Animal terrible que había visto. Todos estaban intrigados por las muchas formas que podía adoptar el Gran Mago, y el León dijo:</p>
<p>—Si es un animal cuando yo vaya a verlo, lanzaré mi más fuerte rugido, y tanto se asustará que me concederá lo que le pido. Y si es la hermosa Dama, simularé abalanzarme sobre ella, y así conseguiré lo que busco. Y si es la gran Cabeza, estará a mi merced, pues la haré rodar por la Sala hasta que prometa darnos lo que deseamos. Alegraos, amigos, pues todo saldrá bien.</p>
<p>A la mañana siguiente, el soldado de la barba verde llevó al León a la Sala del Trono y lo invitó a presentarse ante Oz. El León entró enseguida, y al mirar alrededor descubrió, sorprendido, que delante del Trono había una Bola de Fuego, tan feroz y resplandeciente que apenas la podía mirar. Lo primero que pensó fue que Oz estaba en llamas, que accidentalmente se había incendiado; pero cuando trató de acercarse más el calor fue tan intenso que le chamuscó los bigotes, y retrocedió tembloroso hasta cerca de la puerta.</p>
<p><img class="alignright size-full wp-image-7040" title="08-LeonLuz" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/08/08-LeonLuz.jpg" alt="" width="300" height="281" />Luego, de la Bola de Fuego, salió una voz, y esto fue lo que dijo:</p>
<p>—Soy Oz, el Grande y Terrible. ¿Quién eres tú y por qué me buscas?</p>
<p>Y el León contestó:</p>
<p>—Soy un león cobarde, que se asusta de todo. Vengo a ti a suplicarte que me des coraje, para que de veras pueda convertirme en el Rey de los Animales, como me llaman los hombres.</p>
<p>—¿Por qué habría de darte coraje?</p>
<p>—Porque de todos los magos tú eres el más grande, y tus poderes bastan para conceder mi deseo —respondió el León.</p>
<p>La Bola de Fuego ardió con ferocidad durante un rato, y la voz dijo:</p>
<p>—Tráeme pruebas de que la Bruja Mala está muerta, y en ese momento te daré coraje. Pero mientras la Bruja viva tendrás que seguir siendo cobarde.</p>
<p>El León estaba furioso por esas palabras, pero no pudo responder nada, y mientras la miraba en silencio, la Bola de Fuego ardió con tal furia que se vio obligado a dar media vuelta y salir corriendo de la Sala. Se alegró de encontrar a sus amigos esperándolo, y les contó la terrible entrevista con el Mago.</p>
<p>—Y ahora ¿qué haremos? —preguntó Dorothy, triste.</p>
<p>—Sólo podemos hacer una cosa —le contestó el León—. Ir al país de los winkies, buscar a la Bruja Mala y matarla.</p>
<p>—Pero ¿y si no podemos? —dijo la niña.</p>
<p>—Entonces yo nunca tendré coraje —declaró el León.</p>
<p>—Y yo nunca tendré cerebro —agregó el Espantapájaros.</p>
<p>—Y yo nunca tendré corazón —dijo el Leñador de Hojalata.</p>
<p>—Y yo nunca veré a tía Em y tío Henry —dijo Dorothy, rompiendo a llorar.</p>
<p>—¡Cuidado! —gritó la niña verde—; las lágrimas te caerán en el vestido de seda verde y lo mancharán.</p>
<p>Dorothy entonces se secó las lágrimas y dijo:</p>
<p>—Creo que debemos intentarlo; pero estoy segura de que yo no quiero matar a nadie, aunque sea para volver a ver a tía Em.</p>
<p>—Yo iré contigo, pero soy demasiado cobarde para matar a la Bruja —dijo el León.</p>
<p>—Yo también iré —declaró el Espantapájaros—, pero no seré una gran ayuda; soy muy tonto.</p>
<p>—Yo no tengo corazón, ni siquiera para dañar a una Bruja —señaló el Leñador de Hojalata—; pero si vosotros vais yo, por supuesto, os acompañaré.</p>
<p>Decidieron entonces iniciar el viaje a la mañana siguiente, y el Leñador afiló el hacha en una piedra de afilar verde y se hizo aceitar bien todas las articulaciones. El Espantapájaros se rellenó con paja fresca y Dorothy le puso pintura nueva en los ojos para que viera mejor. La niña verde, que era con ellos muy bondadosa, llenó la cesta de Dorothy de cosas muy buenas para comer y ató una campanilla al pescuezo de <em>Totó</em> con una cinta verde.</p>
<p>Se acostaron muy temprano y durmieron profundamente hasta el amanecer, cuando fueron despertados por el canto de un gallo verde que vivía en el patio trasero del palacio y por el cacareo de una gallina que había puesto un huevo verde.</p>
<div style="text-align: center;">&#8212;000&#8212;</div>
<h2 style="text-align: center;"><strong>Capítulo 12</strong><br />
<strong>En busca de la Bruja Mala</strong></h2>
<p>El soldado de la barba verde los llevó por las calles de la Ciudad Esmeralda hasta que llegaron al sitio donde vivía el Guardián de las Puertas. Ese funcionario les abrió los candados de las gafas y las guardó en la gran caja verde, y luego, con amabilidad, abrió la puerta a nuestros amigos.</p>
<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter size-full wp-image-7041" title="09-Marcha" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/08/09-Marcha.jpg" alt="" width="446" height="595" /></p>
<p>—¿Qué camino lleva a la Bruja Mala del Oeste? —preguntó Dorothy.</p>
<p>—No hay tal camino —respondió el Guardián de las Puertas—; nadie desea ir en esa dirección.</p>
<p>—Entonces, ¿cómo la encontraremos? —quiso saber la niña.</p>
<p>—Eso será fácil —respondió el hombre—, pues en cuanto sepa que estáis en el País de los Winkies os buscará y os hará sus esclavos.</p>
<p>—Tal vez no —dijo el Espantapájaros—, pues pensamos matarla.</p>
<p>—Ah, así es diferente —dijo el Guardián de las Puertas—. Nadie ha podido acabar con ella nunca, por eso pensé que os haría esclavos como a todos los demás. Pero tened mucho cuidado, porque es feroz y malvada, y quizá no se deje matar. Caminad siempre hacia el oeste, donde se pone el sol, y sin duda la encontraréis.</p>
<p>Dieron las gracias al Guardián y se despidieron y echaron a andar hacia el oeste, por campos de hierba suave, salpicada aquí y allá por margaritas y botones de oro. Dorothy todavía llevaba el bonito vestido de seda que se había puesto en el palacio, pero ahora, sorprendida, descubrió que ya no era verde sino de un blanco puro. La cinta que <em>Totó</em> llevaba al pescuezo también había perdido el color verde, y era blanca como el vestido de Dorothy.</p>
<p>La Ciudad Esmeralda pronto quedó muy atrás. A medida que avanzaban el terreno se iba volviendo más salvaje y montañoso, pues en esa comarca del Oeste no había granjas ni casas, y la tierra no estaba trabajada.</p>
<p>Por la tarde el sol les alumbró con fuerza en la cara, pues no había árboles que ofrecieran sombra; antes de que anocheciera Dorothy, <em>Totó</em> y el León se sintieron cansados, se acostaron en la hierba y se quedaron dormidos, mientras el Leñador y el Espantapájaros montaban guardia.</p>
<p>La Bruja Mala del Oeste no tenía más que un ojo, pero ese ojo era tan poderoso como un telescopio, y podía ver todos los sitios. Sentada en la puerta del castillo, miró alrededor y vio a Dorothy dormida, rodeada por sus amigos. Estaban muy lejos, pero la Bruja Mala, furiosa al encontrarlos en su territorio, hizo sonar un silbato de plata que llevaba colgado del cuello.</p>
<p><img class="alignleft size-full wp-image-7042" title="10-BrujaMalaOeste" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/08/10-BrujaMalaOeste.jpg" alt="" width="186" height="420" />Inmediatamente, de todas direcciones, llegó corriendo una manada de enormes lobos. Tenían patas largas, ojos feroces y dientes afilados.</p>
<p>—Atacad a esas personas —dijo la Bruja—, ¡y despedazadlas!</p>
<p>—¿No las vas a hacer tus esclavas? —preguntó el Jefe de los Lobos.</p>
<p>—No —respondió la Bruja—; una es de lata, y una es de paja; una es una niña y otra un león. Ninguna sirve para trabajar, así que deberéis descuartizarlas en pedazos bien pequeños.</p>
<p>—Muy bien —dijo el lobo, y salió a toda prisa, seguido por los demás.</p>
<p>Por fortuna el Espantapájaros y el Leñador estaban bien despiertos, y oyeron a los lobos.</p>
<p>—Esta batalla es para mí —dijo el Leñador—; tú ponte detrás y yo me enfrentaré a ellos.</p>
<p>Empuñó el hacha, que había hecho afilar bien, y cuando el Jefe de los Lobos atacó el Leñador de Hojalata balanceó el brazo y decapitó al lobo, que murió al instante. Cuando apenas había alzado el hacha, llegó otro lobo, que también cayó destrozado por la afilada arma del Leñador. Había cuarenta lobos y cuarenta lobos murieron, y al final de la lucha quedaron allí tendidos, en una pila, delante del Leñador.</p>
<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter size-full wp-image-7044" title="11-LoboMuerto" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/08/11-LoboMuerto1.jpg" alt="" width="500" height="387" /></p>
<p>El Leñador soltó el hacha y se sentó junto al Espantapájaros, que dijo:</p>
<p>—Fue un buen combate, amigo.</p>
<p>Esperaron hasta que Dorothy despertó, a la mañana siguiente. La niña se asustó mucho cuando vio la enorme pila de lobos hirsutos, pero el Leñador de Hojalata le explicó todo. Dorothy le dio las gracias por haberlos salvado, y después de desayunar, reiniciaron el viaje. Esa mañana la Bruja Mala salió a la puerta del castillo y miró hacia afuera con su único ojo, que tan lejos podía ver. Vio a todos los lobos muertos, y a los viajeros todavía avanzando por su territorio. Eso la enfureció más todavía, e hizo sonar el silbato dos veces.</p>
<p>Enseguida apareció una bandada de feroces cuervos volando hacia ella; eran tantos que oscurecían el cielo. Y la Bruja Mala dijo al Rey de los Cuervos:</p>
<p>—¡Volad inmediatamente hasta donde están esos forasteros; sacadles los ojos y despedazadlos!</p>
<p>Los feroces cuervos volaron en una gran bandada hacia Dorothy y sus compañeros. Cuando vio que se acercaban, la niña se asustó. Pero el Espantapájaros dijo:</p>
<p>—Esta batalla es para mí; acostaos a mi lado y no sufriréis ningún daño.</p>
<p><img class="alignleft size-full wp-image-7045" title="12-Espantacuervos" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/08/12-Espantacuervos.jpg" alt="" width="210" height="411" />Todos se acostaron en el suelo, menos el Espantapájaros, que extendió los brazos. Y cuando los cuervos lo vieron se asustaron, como ocurre cada vez que ven un espantapájaros, <a href="#1">(*)</a> y no se atrevieron a acercarse más. Pero el Rey de los Cuervos dijo:</p>
<p>—Es sólo un hombre de paja. Yo le sacaré los ojos.</p>
<p>El Rey de los Cuervos voló hasta el Espantapájaros, que lo agarró de la cabeza y le retorció el pescuezo hasta matarlo. Y luego llegó otro cuervo y el Espantapájaros le hizo lo mismo. Había cuarenta cuervos, y el Espantapájaros retorció cuarenta pescuezos, hasta que todos los pájaros quedaron allí muertos. Entonces pidió a los compañeros que se levantasen y continuaron viaje.</p>
<p>Cuando la Bruja Mala volvió a mirar y vio a todos sus cuervos en una pila, se enfureció de un modo terrible, e hizo sonar tres veces el silbato de plata.</p>
<p>De repente se oyó un gran zumbido en el aire, y hacia ella descendió un enjambre de abejas negras.</p>
<p>—¡Atacad a esos desconocidos y clavadles aguijones hasta que mueran! —ordenó la Bruja, y las abejas dieron media vuelta y volaron rápidamente hacia donde andaban Dorothy y sus amigos. Pero el Leñador las había visto, y el Espantapájaros ya había decidido qué hacer.</p>
<p>—Sácame la paja y échala sobre la niña, el perro y el León —le dijo al Leñador—, y las abejas no los podrán picar.</p>
<p>El Leñador obedeció, y mientras Dorothy sostenía a <em>Totó</em> en brazos, apoyada contra el León, la paja los cubrió por completo.</p>
<p><strong> </strong><img class="alignright size-full wp-image-7046" title="13-Abejas" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/08/13-Abejas.jpg" alt="" width="300" height="109" />Las abejas llegaron y no encontraron a nadie más que el Leñador para picar, y volaron hacia él y se rompieron todos los aguijones contra la lata, sin dañar al Leñador. Y como las abejas no pueden vivir con los aguijones rotos, ése fue el fin de las abejas negras, que quedaron esparcidas por el suelo, alrededor del Leñador, en una gruesa capa, formando pequeñas pilas que parecían de carbón.</p>
<p>Luego Dorothy y el León se levantaron, y la niña ayudó al Leñador de Hojalata a poner de nuevo la paja dentro del Espantapájaros, hasta que lo dejaron en las mismas condiciones que antes. Y una vez más se pusieron en marcha.</p>
<p>La Bruja Mala se enfureció tanto cuando vio a sus abejas negras esparcidas como carbón que golpeó el suelo con el pie y se tiró del pelo e hizo rechinar los dientes. Y luego llamó a una docena de sus esclavos, los winkies, les dio lanzas afiladas y les dijo que fueran a matar a los desconocidos.</p>
<p>Los winkies no eran gente valiente, pero tenían que hacer lo que les mandaban, así que avanzaron hasta que estuvieron cerca de Dorothy. En ese momento el León lanzó un potente rugido y saltó hacia ellos, y los pobres winkies se asustaron tanto que dieron media vuelta y echaron a correr lo más rápido posible.</p>
<p style="text-align: center;"><strong><span style="color: #ff0000;"> </span><img class="aligncenter size-full wp-image-7047" title="14-15" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/08/14-15.jpg" alt="" width="500" height="188" /><span style="color: #ff0000;"> </span></strong></p>
<p>Cuando llegaron al castillo la Bruja Mala les pegó fuerte con una correa y los envió de nuevo a trabajar, y luego se sentó a pensar qué debería hacer ahora. No entendía cómo habían fracasado todos sus planes para destruir a esos desconocidos, pero era una bruja poderosa, y además malvada, y pronto decidió cuál sería su próxima acción.</p>
<p>Había en su armario un Bonete de Oro rodeado por un círculo de diamantes y rubíes. Ese Bonete de Oro tenía un poder mágico. Quien lo poseía podía llamar tres veces a los Monos Alados, que obedecerían cualquier orden que se les diese. Pero ninguna persona podía dar órdenes a esas extrañas criaturas más de tres veces. Dos veces había usado ya el hechizo del Bonete la Bruja Mala. Una cuando esclavizó a los winkies y se apoderó del país. La segunda cuando luchó contra el propio Gran Oz y lo echó del territorio del Oeste. Los Monos Alados también la habían ayudado en esa ocasión. Sólo podría usar una vez más el Bonete de Oro, y por esa razón prefería esperar hasta que se le agotasen todos los otros poderes. Pero ahora que ya no estaban los feroces lobos ni los cuervos salvajes ni las abejas negras, y los esclavos se habían aterrorizado ante el León Cobarde, vio que sólo quedaba un modo de acabar con Dorothy y sus amigos.</p>
<p><img class="alignleft size-full wp-image-7048" title="16-MonoAlado" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/08/16-MonoAlado.jpg" alt="" width="136" height="253" />La Bruja Mala sacó entonces el Bonete de Oro del armario y se lo puso sobre la cabeza. Luego se apoyó solamente en el pie izquierdo y dijo, despacio:</p>
<p>—¡Ep-pe, pep-pe, kak-ke!</p>
<p>A continuación se apoyó en el pie derecho y dijo:</p>
<p>—¡Hil-lo, hol-lo, hol-la!</p>
<p>Después se apoyó en ambos pies y gritó con fuerza: —¡Ziz-zy, zuz-zy, zik!</p>
<p><img class="alignright size-full wp-image-7062" title="17-BrujaSalto" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/08/17-BrujaSalto2.jpg" alt="" width="231" height="193" />Y el poder mágico comenzó a obrar. El cielo se oscureció, y se oyó en el aire el estruendo apagado de un trueno. Hubo un ensordecedor aleteo, voces que parloteaban y reían; y el sol asomó en el cielo y mostró a la Bruja Mala rodeada por una multitud de monos, cada uno con un par de poderosas alas en la espalda.</p>
<p>Uno, mucho más grande que los demás, parecía ser el jefe. Volando se acercó a la Bruja y dijo:</p>
<p>—Nos has convocado por tercera y última vez. ¿Cuáles son tus órdenes?</p>
<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter size-full wp-image-7067" title="18-Volando" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/08/18-Volando2.jpg" alt="" width="304" height="185" /></p>
<p>—Atacad a los desconocidos que andan por mis tierras y matadlos a todos menos al León —dijo la Bruja Mala—. Y traedme a ese animal; quiero enjaezarlo como a un caballo y ponerlo a trabajar.</p>
<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter size-full wp-image-7052" title="19-OrdenMono" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/08/19-OrdenMono1.jpg" alt="" width="500" height="285" /></p>
<p>—Tus órdenes serán obedecidas —dijo el jefe, y con mucho ruido y parloteo los Monos Alados alzaron vuelo hacia donde estaban Dorothy y sus amigos.</p>
<p>Algunos de los monos agarraron al Leñador de Hojalata y lo llevaron por el aire hasta que estuvieron encima de un lugar cubierto de rocas afiladas. Allí lo soltaron, y el pobre Leñador, que cayó desde muy alto, se abolló y golpeó tanto que no pudo moverse ni gemir.</p>
<p>Otros monos buscaron al Espantapájaros y con los largos dedos le sacaron toda la paja de las ropas y de la cabeza. Con el sombrero, los zapatos y las ropas hicieron un pequeño fardo y lo tiraron sobre las ramas más altas de un árbol grande.</p>
<p style="text-align: center;"><strong><span style="color: #ff0000;"><img class="aligncenter size-full wp-image-7053" title="20-LeonAtado" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/08/20-LeonAtado.jpg" alt="" width="300" height="396" /></span></strong></p>
<p>Los monos restantes echaron cuerdas muy fuertes alrededor del León, dieron muchas vueltas aprisionándole el cuerpo, la cabeza y las piernas, hasta que no pudo morder ni arañar ni moverse. Luego lo alzaron y se alejaron volando con él hacia el castillo de la Bruja; allí lo pusieron en un pequeño patio rodeado por una alta valla de hierro para que no pudiera escapar.</p>
<p>Pero a Dorothy no le hicieron ningún daño. Con <em>Totó</em> en brazos, la niña observó el triste destino de sus compañeros, pensando que pronto le tocaría a ella. El jefe de los Monos Alados voló hacia Dorothy extendiendo los largos y velludos brazos, con una terrible sonrisa; pero le vio en la frente la marca del beso de la Bruja Buena y se detuvo instantáneamente, e hizo señas a los demás, ordenándoles que no la tocasen.</p>
<p>—No nos atreveremos a dañar a esta niña —les dijo—, porque está protegida por la Fuerza del Bien, que es superior a la Fuerza del Mal. Todo lo que podemos hacer es llevarla al castillo de la Bruja Mala y dejarla allí.</p>
<p>Con suavidad y cuidado, alzaron a Dorothy en brazos y la llevaron velozmente por el aire hasta el castillo. Allí la depositaron en el escalón de la puerta delantera. Luego el Jefe de los Monos le dijo a la Bruja:</p>
<p>—Te hemos obedecido hasta donde hemos podido. El Leñador de Hojalata y el Espantapájaros fueron destruidos, y el León está encerrado en tu patio. A la niña, y al perro que lleva en brazos, no nos atrevemos a hacerles daño. Tu poder sobre nuestra banda ha cesado, y no volverás a vernos.</p>
<p>Y los Monos Alados, con mucho parloteo y risas, echaron a volar y pronto se perdieron de vista.</p>
<p>La Bruja Mala se sorprendió y comenzó a preocuparse cuando vio la marca en la frente de Dorothy, pues sabía muy bien que ni los Monos Alados ni ella se atreverían a hacerle el menor daño. Miró los pies de Dorothy y, al ver los zapatos de plata, comenzó a temblar de terror, pues sabía que eran portadores de un poderoso hechizo. Al principio la Bruja se sintió tentada de echar a correr y escapar de Dorothy; pero por casualidad miró los ojos de la niña, y vio cuán simple era el alma que había allí detrás, y tuvo la seguridad de que la niña desconocía el maravilloso poder que le daban los zapatos de plata. La Bruja, entonces, rió para sus adentros y pensó: “Todavía la puedo hacer mi esclava, porque no sabe usar su poder”. Con voz dura y severa dijo:</p>
<p>—Acompáñame, y trata de obedecer todo lo que te ordene; de lo contrario acabaré contigo, como ya hice con el Leñador de Hojalata y el Espantapájaros.<br />
Dorothy la siguió por muchas de las hermosas habitaciones del castillo hasta que llegaron a la cocina, donde la Bruja le mandó que limpiase las ollas y las jarras, barriera el piso y echase leña en el fuego.</p>
<p>Dorothy se puso a trabajar con docilidad, decidida a hacer los mayores sacrificios, pues estaba agradecida de que la Bruja Mala hubiera decidido no matarla.</p>
<p>Con Dorothy trabajando mansamente, la Bruja pensó en ir al patio y enjaezar al León Cobarde como si fuera un caballo. Estaba segura de que sería muy divertido hacerlo tirar del carruaje cuando ella desease dar un paseo. Pero en cuanto abrió la puerta el León lanzó un rugido y saltó hacia ella con tanta ferocidad que la Bruja se asustó, salió corriendo y volvió a cerrar la puerta.</p>
<p>—Si no te puedo enjaezar —dijo la Bruja al León, hablando entre los barrotes de la puerta—, por lo menos te puedo matar de hambre. No te daré nada más de comer hasta que hagas lo que yo quiero.</p>
<p>Desde entonces no llevó más comida al León prisionero; pero todos los días iba hasta la puerta, al mediodía, y preguntaba:</p>
<p>—¿Estás preparado para que te ponga jaeces como a un caballo?</p>
<p>Y el León contestaba:</p>
<p>—No. Y si entras en este patio te morderé.</p>
<p>La razón por la cual el León no tenía que obedecer los deseos de la Bruja era que Dorothy, todas las noches, mientras la mujer dormía, le llevaba comida de la despensa. Cuando el León terminaba de comer, se acostaba en su cama de paja. Dorothy apoyaba la cabeza en la suave y abundante melena, hablaban de sus problemas y trataban de inventar algún modo de huir. Pero no encontraban la manera de salir del castillo, que estaba constantemente custodiado por los amarillos winkies, que eran esclavos de la Bruja Mala y temían demasiado la idea de desobedecer sus órdenes.</p>
<p>La niña tenía que trabajar mucho durante el día, y a menudo la Bruja la amenazaba con el viejo paraguas que siempre llevaba en la mano. Pero la verdad era que no se atrevía a golpear a Dorothy a causa de la marca que tenía en la frente. La niña no sabía eso, y tenía mucho miedo de lo que podía pasarles a ella y a <em>Totó</em>. Una vez la Bruja golpeó a <em>Totó</em> con el paraguas, y el valiente perrito, en respuesta, le saltó a una pierna y se la mordió. La Bruja no sangró por la herida, pues era tan malvada que la sangre se le había secado hacía muchos años.</p>
<p><img class="alignright size-full wp-image-7054" title="21-BrujaToto" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/08/21-BrujaToto.jpg" alt="" width="270" height="328" />La vida de Dorothy se volvió muy triste cuando llegó a la conclusión de que le sería más difícil que nunca volver a Kansas, junto a tía Em. A veces lloraba de amargura durante horas, con <em>Totó</em> sentado a los pies, mirándola a la cara y gimiendo para demostrar cuánta pena sentía por su pequeña ama. A <em>Totó</em> en realidad le daba lo mismo vivir en Kansas que en el País de Oz, siempre que Dorothy estuviera con él; pero sabía que la niña no era feliz, y por ese motivo tampoco lo era él.</p>
<p>Ahora bien, la Bruja tenía grandes deseos de poseer los zapatos de plata que la niña siempre usaba. Sus abejas, sus cuervos y sus lobos estaban apilados, secándose al sol, y había usado todos los poderes del Bonete de Oro; pero si lograba apoderarse de los zapatos de plata tendría más poder que el que había perdido con todas las demás cosas. Observó a Dorothy cuidadosamente, tratando de ver si se los sacaba, con la intención de robárselos. Pero la niña estaba tan orgullosa de ellos que nunca se los quitaba, excepto por la noche y cuando se bañaba. La Bruja tenía demasiado miedo a la oscuridad para atreverse a entrar en la habitación de Dorothy por la noche y robarle los zapatos, y su aversión al agua era todavía mayor que su miedo a la oscuridad, así que nunca se acercaba cuando Dorothy se estaba bañando. La verdad era que la vieja Bruja nunca tocaba el agua, ni dejaba que el agua la tocase de ninguna manera.</p>
<p>Pero la malvada criatura era muy astuta, y finalmente encontró la manera de conseguir lo que quería. Puso una barra de hierro en medio del suelo de la cocina y luego, con sus artes mágicas, la hizo invisible para los ojos humanos. Y Dorothy, al pasar por ese sitio y no ver la barra, tropezó en ella y cayó boca abajo. No se lastimó mucho, pero en la caída perdió uno de los zapatos de plata, y antes de que pudiera recogerlo la Bruja se lo arrebató y se lo puso en su propio pie.</p>
<p>La malvada mujer se sintió muy complacida por el éxito de la trampa, pues mientras tuviera uno de los zapatos poseería la mitad del poder que les confería el hechizo, y Dorothy no usaría su parte contra ella, aunque supiera cómo hacerlo.</p>
<p>La niña, al ver que había perdido uno de sus bonitos zapatos, se puso furiosa, y dijo a la Bruja:</p>
<p>—¡Devuélveme mi zapato!</p>
<p>—No —le respondió la Bruja—, pues ahora es mío, no tuyo.</p>
<p>—¡Eres una criatura malvada! —gritó Dorothy—. No tienes derecho a quitarme el zapato.</p>
<p>—De todas maneras me quedaré con él —dijo la Bruja, riéndose—, y algún día también te quitaré el otro.</p>
<p>Eso enfureció tanto a Dorothy que levantó el balde de agua que tenía cerca y lo volcó sobre la Bruja, mojándola de pies a cabeza.</p>
<p style="text-align: center;"><strong><span style="color: #ff0000;"><img class="aligncenter size-full wp-image-7055" title="22-BrujaMojada" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/08/22-BrujaMojada.jpg" alt="" width="500" height="290" /></span></strong></p>
<p>Instantáneamente, la malvada mujer lanzó un fuerte grito de terror, y mientras Dorothy miraba maravillada, la Bruja comenzó a encogerse y a marchitarse.</p>
<p>—¡Mira lo que has hecho! —gritó la Bruja—. En un minuto me derretiré.</p>
<p>—De veras lo siento mucho —dijo Dorothy, que estaba muy asustada de ver a la Bruja derritiéndose como un terrón de azúcar.</p>
<p>—¿No sabías que el agua sería mi fin? —preguntó la Bruja, con voz quejumbrosa, desesperada.</p>
<p>—Claro que no —respondió Dorothy—. ¿Cómo lo iba a saber?</p>
<p>—Bueno, en unos pocos minutos me habré derretido, y el castillo será tuyo. He sido malvada durante mi vida, pero nunca pensé que una niña como tú llegaría a derretirme y acabar con mis maldades. ¡Cuidado&#8230; ahí voy!</p>
<p>Con esas palabras la Bruja cayó formando una masa parda, derretida, informe, que comenzó a desparramarse sobre las maderas limpias del suelo de la cocina. Al ver que de veras se había derretido, Dorothy sacó otro balde de agua y lo tiró sobre el revoltijo. Luego barrió todo y lo echó por la puerta. Después de recoger el zapato de plata, que era lo único que quedaba de la vieja, lo limpió y lo secó con un trapo, y se lo volvió a poner en el pie. Entonces, libre al fin, corrió al patio a decirle al León que la Bruja Mala del Oeste había dejado de existir y que ellos ya no eran prisioneros en un país extraño.<br />
<a name="1"></a></p>
<hr size="2" /><strong>Nota<br />
</strong><br />
(*) Espantapájaros es en inglés <em>scarecrow</em>, literalmente “espantacuervo”. (N. del Traductor.)</p>
<hr size="2" /><strong>Artículos relacionados:<br />
</strong></p>
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<p>&nbsp;<br />
Ficciones: <em>El Mago de Oz</em> en Imaginaria; traducción de Marcial Souto:</p>
<ul>
<li><a title="Presentación de Marcela Carranza. Introducción de L. Frank Baum. Capítulos 1 y 2." href="../?p=6104">Presentación de Marcela Carranza. Introducción de L. Frank Baum. Capítulos 1 y 2.</a></li>
<li><a title="Capítulos 3 y 4." href="../?p=6339">Capítulos 3 y 4.</a></li>
<li><a title="Capítulos 5 y 6." href="../?p=6468">Capítulos 5 y 6.</a></li>
<li><a title="Capítulos 7 y 8." href="../?p=6606">Capítulos 7 y 8.</a></li>
<li><a id="yaa4" title="Capítulos 9 y 10." href="../?p=6834">Capítulos 9 y 10.</a></li>
</ul>
<p><a title="Autores: L. Frank Baum." href="../?p=6124">Autores: L. Frank Baum.</a></p>
</div>
</div>
<p><a title="Reseñas de libros: El Mago de Oz, de L. Frank Baum." href="../09/0/oz2.htm">Reseñas de libros: El Mago de Oz, de L. Frank Baum.</a></p>
]]></content:encoded>
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		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>El Mago de Oz. Capítulos 9 y 10</title>
		<link>http://www.imaginaria.com.ar/?p=6834</link>
		<comments>http://www.imaginaria.com.ar/?p=6834#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 10 Aug 2010 20:35:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ficciones]]></category>
		<category><![CDATA[Nº 276]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.imaginaria.com.ar/?p=6834</guid>
		<description><![CDATA[&#8220;El Leñador de Hojalata iba a decir algo cuando oyó un gruñido y, al volver la cabeza (que giraba muy bien sobre goznes) vio un extraño animal que se acercaba saltando por el césped. Era nada menos que un enorme y amarillo gato montés...&#8221; Continuamos con la publicación de El Mago de Oz, de L. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;"><img class="alignright size-full wp-image-6847" title="08-Cena" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/08/08-Cena1.jpg" alt="" width="235" height="317" />&#8220;El Leñador de Hojalata iba a decir algo cuando oyó un gruñido y, al volver la cabeza (que giraba muy bien sobre goznes) vio un extraño animal que se acercaba saltando por el césped. Era nada menos que un enorme y amarillo gato montés..<em></em>.&#8221; Continuamos con la publicación de <em>El Mago de Oz,</em> de <strong>L. Frank Baum,</strong> con las ilustraciones de su primera edición, por <strong>William Wallace  Denslow, </strong> y traducción de <strong>Marcial Souto.</strong><br />
<span id="more-6834"></span></p>
<p style="text-align: right;"><strong> </strong>Por <a href="http://www.imaginaria.com.ar/?p=6124"><strong>L. Frank Baum</strong></a><br />
Ilustraciones de <a href="http://www.imaginaria.com.ar/?p=6124"><strong>William Wallace  Denslow<br />
</strong></a>Título original: <em>The Wonderful Wizard of Oz<br />
</em>Traducción  de <a href="http://www.imaginaria.com.ar/?page_id=6224"><strong>Marcial Souto</strong></a><br />
© Marcial Souto, 2002, 2010<strong><span style="color: #ff0000;"><br />
</span></strong></p>
<h2 style="text-align: center;"><strong>Capítulo 9<br />
La Reina de los Ratones del Campo<br />
</strong></h2>
<p>—Ahora no podemos estar lejos del camino de ladrillos amarillos —señaló el Espantapájaros, mientras esperaba junto a la niña—, pues hemos andado casi tanta distancia como la que nos llevó el río.</p>
<p>El Leñador de Hojalata iba a decir algo cuando oyó un gruñido y, al volver la cabeza (que giraba muy bien sobre goznes) vio un extraño animal que se acercaba saltando por el césped. Era nada menos que un enorme y amarillo gato montés, y el Leñador pensó que debía de estar cazando algo, pues tenía las orejas pegadas a la cabeza y la boca abierta, en la que se veían dos hileras de horribles dientes, mientras que los ojos —de un vivo color rojo— le brillaban como bolas de fuego. Cuando se acercó más, el Leñador de Hojalata vio que delante de la bestia corría un pequeño ratón gris de campo, y aunque no tenía corazón supo que no estaba bien que el gato salvaje tratase de matar a una criatura tan bonita e inofensiva.<strong> </strong></p>
<p><img class="alignright size-full wp-image-6835" title="01-GatoSalvaje" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/08/01-GatoSalvaje.jpg" alt="" width="300" height="184" />Así que el Leñador levantó el hacha y cuando el gato pasaba por delante le descargó un fuerte golpe que lo partió en dos, separándole la cabeza del cuerpo, el cual rodó en dos pedazos hasta detenerse a sus pies.</p>
<p>El ratón campestre, ahora que había sido liberado del enemigo, se detuvo, y acercándose despacio al Leñador dijo con una vocecita chillona:</p>
<p>—¡Muchas gracias! Muchas gracias por haberme salvado la vida.</p>
<p>—No es nada —respondió el Leñador—. No tengo corazón, sabes, y entonces trato de ayudar a los que necesitan un amigo, aunque sólo sea un ratón.</p>
<p>—¡Sólo un ratón! —gritó el animalito, indignado—. ¡Si yo soy una reina&#8230; la Reina de todos los Ratones del Campo!</p>
<p>—Ah, ¿de veras? —dijo el Leñador, haciéndole una reverencia.</p>
<p>—Por lo tanto has realizado una gran hazaña, y has sido muy valiente al salvar mi vida —agregó la Reina. En ese momento aparecieron varios ratones corriendo a toda la velocidad que les permitían las patitas, y cuando vieron a la Reina exclamaron:</p>
<p>—¡Ah, majestad, pensamos que estaríais muerta! ¿Cómo lograsteis escapar del enorme gato salvaje? —Y se inclinaron tanto hacia la pequeña Reina que casi se le apoyaron en la cabeza.</p>
<p>—Este curioso hombre de hojalata —respondió ella— mató al Gato Salvaje y me salvó la vida. Por lo tanto, desde este momento deberéis servirlo todos, y obedecer hasta sus más mínimos deseos.</p>
<p>—¡Lo haremos! —chillaron los ratones, a coro. Y de pronto se esparcieron en todas direcciones, porque <em>Totó</em> acababa de despertar y, al ver todos esos ratones alrededor, había lanzado un ladrido de deleite y saltado al centro del grupo. A <em>Totó</em> siempre le había gustado cazar ratones cuando vivía en Kansas, y no veía en eso nada malo.</p>
<p>Pero el Leñador de Hojalata levantó al perro en brazos y lo sostuvo con fuerza mientras llamaba a los ratones.</p>
<p>—¡Volved! ¡Volved! <em>Totó</em> no os hará daño.</p>
<p>La Reina de los Ratones asomó la cabeza entre las hierbas y preguntó, con voz tímida:</p>
<p>—¿Estás seguro de que no nos morderá?</p>
<p>—Yo no lo dejaré —dijo el Leñador—, así que no tengáis miedo.</p>
<p style="text-align: center;"><strong><span style="color: #ff0000;"><img class="aligncenter size-full wp-image-6836" title="02-HojalataToto" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/08/02-HojalataToto.jpg" alt="" width="428" height="557" /></span></strong></p>
<p>Uno por uno, cautelosamente, los ratones empezaron a volver, pero <em>Totó</em> no ladró más, aunque trataba de saltar de los brazos del Leñador y le habría mordido si no supiera muy bien que era de hojalata. Finalmente habló uno de los ratones más grandes:</p>
<p>—¿Hay algo que nosotros podamos hacer para recompensarte por haber salvado la vida de nuestra reina? —preguntó.</p>
<p>—Nada, que yo sepa —respondió el Leñador; pero el Espantapájaros, que en vano había estado tratando de pensar, porque en la cabeza no tenía más que paja, dijo rápidamente:</p>
<p>—Ah, sí; podéis salvar a nuestro amigo el León Cobarde, que está dormido entre las amapolas.</p>
<p>—¡Un león! —gritó la pequeña Reina—. Pero si nos comería a todos.</p>
<p>—Oh, no —declaró el Espantapájaros—. Ese león es cobarde.</p>
<p>—¿De veras?</p>
<p>—Él mismo lo dice —respondió el Espantapájaros—, y nunca haría daño a nadie que fuera amigo nuestro. Si nos ayudáis a salvarlo, os prometo que os tratará con bondad.</p>
<p>—Muy bien —dijo la Reina—, confiaremos en ti. Pero ¿qué debemos hacer?</p>
<p>—¿Hay muchos de estos ratones que te llaman reina y que están dispuestos a obedecerte?</p>
<p>—Ah, sí; hay miles —respondió la Reina.</p>
<p>—Entonces pídeles a todos que vengan lo antes posible, y que cada uno traiga un trozo largo de hilo.</p>
<p>La Reina se volvió hacia los ratones que la acompañaban y les pidió que fueran inmediatamente a buscar a todos los demás. En cuanto oyeron la orden, los ratones echaron a correr a la mayor velocidad posible en todas direcciones.</p>
<p>—Ahora —dijo el Espantapájaros al Leñador de Hojalata— tú tendrás que ir hasta esos árboles de la orilla y hacer un carro para transportar el León.</p>
<p style="text-align: center;"><strong><span style="color: #ff0000;"><img class="aligncenter size-full wp-image-6837" title="03-Reina" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/08/03-Reina.jpg" alt="" width="500" height="324" /></span></strong></p>
<p>Y el Leñador fue enseguida al sitio de los árboles y se puso a trabajar y pronto hizo un carro con los troncos, a los que sacó las ramas y el follaje. Unió todo con piezas de madera y fabricó las ruedas con rebanadas de un tronco grande. Tan rápido y tan bien hizo el trabajo que cuando los ratones empezaron a llegar el carro estaba listo.</p>
<p>Venían de todas partes, y había miles: ratones grandes, ratones pequeños y ratones medianos; y cada uno llevaba un trozo de hilo en la boca. Fue en ese momento cuando Dorothy despertó del sueño y abrió los ojos. Se asombró mucho de encontrarse tendida en el césped, rodeada por miles de ratones que la miraban con timidez. Pero el Espantapájaros le contó todo, y volviéndose hacia la augusta y pequeña soberana, dijo:</p>
<p>—Permíteme que te presente a su majestad, la Reina.</p>
<p style="text-align: center;"><strong><span style="color: #ff0000;"><img class="aligncenter size-full wp-image-6838" title="04-Presentacion" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/08/04-Presentacion.jpg" alt="" width="421" height="593" /></span></strong></p>
<p>Dorothy asintió con solemnidad y la Reina le hizo una reverencia, y desde ese momento se hizo muy amiga de la niña.</p>
<p>El Espantapájaros y el Leñador comenzaron a atar los ratones al carro, usando los hilos que habían traído. Sujetaban un extremo al pescuezo de cada ratón y el otro al carro. Naturalmente, el carro era mil veces más grande que cualquiera de los ratones que lo iban a arrastrar; pero cuando todos los ratones estuvieron enjaezados lo pudieron mover con facilidad. Hasta el Espantapájaros y el Leñador de Hojalata se pudieron sentar encima, y fueron rápidamente llevados por esos extraños caballitos al sitio donde dormía el León.</p>
<p>Después de mucho trabajo, porque el León era pesado, consiguieron ponerlo sobre el carro. Entonces la reina ordenó enseguida a su pueblo que iniciase la marcha, pues temía que si los ratones se quedaban demasiado tiempo entre las amapolas también se durmieran.</p>
<p style="text-align: center;"><strong><span style="color: #ff0000;"><img class="aligncenter size-full wp-image-6839" title="05-Arrastre" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/08/05-Arrastre.jpg" alt="" width="500" height="618" /></span></strong></p>
<p>Al principio las pequeñas criaturas, a pesar de su elevado número, apenas pudieron mover el pesado carro; pero el Leñador y el Espantapájaros empujaron por detrás, y así fue más fácil. Pronto sacaron al León a los verdes campos, donde podría respirar otra vez el fresco y dulce aire y no el venenoso aroma de las flores.</p>
<p style="text-align: center;"><strong><span style="color: #ff0000;"><img class="aligncenter size-full wp-image-6840" title="06-Empuje" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/08/06-Empuje.jpg" alt="" width="500" height="279" /></span></strong></p>
<p>Dorothy fue a esperarlos y agradeció calurosamente a los pequeños ratones por haber salvado de la muerte a su compañero. Se había encariñado tanto con el enorme León que se alegraba de haberlo rescatado.</p>
<p>Luego sacaron los hilos a los ratones, que se escabulleron por el césped hacia sus casas. La Reina de los Ratones fue la última en irse.</p>
<p>—Si alguna vez nos volvéis a necesitar —dijo—, salid al campo y gritad. Nosotros os oiremos y acudiremos en vuestra ayuda. ¡Adiós!</p>
<p>—¡Adiós! —gritaron todos, y allá se fue la reina, corriendo, mientras Dorothy sostenía con firmeza a <em>Totó</em> para que no la persiguiera y la asustara.</p>
<p>Después se sentaron junto al León, dispuestos a esperar hasta que despertase, y el Espantapájaros llevó a Dorothy unos frutos de un árbol cercano con los que la niña cenó.</p>
<div style="text-align: center;">&#8212;000&#8212;</div>
<h2 style="text-align: center;"><strong>Capítulo 10<br />
El Guardián de las Puertas<br />
</strong></h2>
<p>El León Cobarde tardó en despertar, porque había estado mucho tiempo entre las amapolas respirando la mortífera fragancia; pero cuando abrió los ojos y rodó fuera del carro se sintió muy contento de estar vivo.</p>
<p>—Corrí lo más rápido que pude —dijo, sentándose y bostezando—, pero las flores eran demasiado fuertes para mí. ¿Cómo me sacasteis?</p>
<p>Entonces le contaron lo de los ratones campestres, y cómo generosamente lo habían salvado de la muerte; y el León Cobarde lanzó una carcajada y dijo:</p>
<p>—Siempre pensé que yo era muy grande y terrible; sin embargo, cosas pequeñas como las flores casi me mataron, y animales tan pequeños como los ratones me han salvado la vida. ¡Qué extraño! Pero, compañeros, ¿qué haremos ahora?</p>
<p>—Debemos viajar hasta volver a encontrar el camino de ladrillos amarillos —dijo Dorothy—; luego podremos continuar hacia la Ciudad Esmeralda.</p>
<p>Y con el León completamente repuesto, todos prosiguieron viaje, disfrutando de la hierba fresca y suave.</p>
<p>No tardaron mucho en llegar al camino de ladrillos amarillos, y por él echaron otra vez a andar hacia la Ciudad Esmeralda, donde vivía el gran Oz.</p>
<p>El camino ahora estaba bien pavimentado. El paisaje alrededor era muy hermoso y los viajeros se alegraron de que el bosque sombrío quedase ya tan atrás, con todos sus peligros. Volvieron a ver cercas a los lados del camino, pero ahora estaban pintadas de verde, y cuando encontraron una casita (habitada, sin duda, por un granjero), también era verde. Pasaron por delante de varias de esas casas durante la tarde, y a veces la gente salía a las puertas y los miraba, como si quisiera preguntarles algo; pero nadie se acercó ni les habló, muy asustados por la presencia del gran León. Esas gentes vestían ropas de un bello color esmeralda, y llevaban en la cabeza sombreros cónicos como los de los munchkins.</p>
<p>—Éste debe de ser el País de Oz —dijo Dorothy—, y sin duda nos estamos acercando a la Ciudad Esmeralda.</p>
<p>—Sí —respondió el Espantapájaros—, aquí todo es verde, mientras que en el país de los munchkins el color favorito era el azul. Pero la gente no parece tan amistosa como los munchkins, y no sé si podremos encontrar un sitio para pasar la noche.</p>
<p>—Me gustaría comer algo que no fuera fruta —dijo la niña—, y sé que <em>Totó</em> debe de estar medio muerto de hambre. Detengámonos en la próxima casa y hablemos con ellos.</p>
<p style="text-align: center;"><strong><span style="color: #ff0000;"><img class="aligncenter size-full wp-image-6841" title="07-Mirando" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/08/07-Mirando.jpg" alt="" width="332" height="268" /></span></strong></p>
<p>Cuando llegaron a una gran casa de campo, Dorothy caminó resueltamente hasta la puerta y llamó. Abrió una mujer, sólo lo suficiente para ver quién estaba afuera, y dijo:</p>
<p>—¿Qué quieres, niña, y por qué está contigo ese enorme León?</p>
<p>—Quisiéramos pasar aquí la noche, si nos lo permites —respondió Dorothy—; el León es mi amigo y compañero, y no te haría daño por nada del mundo.</p>
<p>—¿Es manso? —preguntó la mujer, abriendo un poco más la puerta.</p>
<p>—Claro que sí —dijo la niña—, y además es muy cobarde. Te tendrá más miedo él a ti que tú a él.</p>
<p>—Bueno —dijo la mujer, después de pensarlo detenidamente y de lanzarle otra mirada al León—, si es así podéis entrar, y os prepararé una cena y un sitio para dormir.</p>
<p>Entonces entraron todos en la casa, donde, además de la mujer, había dos niños y un hombre. El hombre se había lastimado una pierna y estaba acostado en un sofá, en un rincón. Parecían muy sorprendidos de ver a tan extraño grupo, y mientras la mujer ponía la mesa el hombre preguntó:</p>
<p>—¿Adónde vais?</p>
<p>—A la Ciudad Esmeralda —dijo Dorothy— a ver al Gran Oz.</p>
<p>—¿De veras? —exclamó el hombre—. ¿Y estáis seguros de que Oz os recibirá?</p>
<p>—¿Por qué no? —preguntó Dorothy.</p>
<p>—Porque se dice que nunca permite que nadie se le acerque. Yo he estado muchas veces en la Ciudad Esmeralda, un sitio hermoso y maravilloso, pero nunca se me ha permitido ver al Gran Oz. Tampoco conozco a ninguna persona que lo haya visto.</p>
<p>—¿No sale nunca? —preguntó el Espantapájaros.</p>
<p>—Nunca. Está todo el día sentado en la gran sala del trono, en el palacio, y ni siquiera las personas que recibe lo ven cara a cara.</p>
<p>—¿Cómo es? —preguntó la niña.</p>
<p>—No es fácil decirlo —respondió el hombre, pensativo—. Oz, como sabes, es un gran mago, y puede adoptar todas las formas que desee. Así, algunos dicen que parece un elefante y otros que parece un gato. A otros se les aparece como una hermosa hada o un gnomo, o cualquier otra forma. Pero qué es el verdadero Oz, cuando adopta su propia forma, ningún ser vivo lo sabe.</p>
<p>—Eso es muy extraño —dijo Dorothy—; pero de algún modo debemos tratar de verlo; de lo contrario habrá sido inútil todo este viaje.</p>
<p>—¿Por qué queréis ver al terrible Oz? —preguntó el hombre.</p>
<p>—Yo quiero que me dé un cerebro —dijo el Espantapájaros, ansioso.</p>
<p>—Ah, eso a Oz le resultará fácil —declaró el hombre—. Cerebro es lo que le sobra.</p>
<p>—Y yo quiero que me dé un corazón —dijo el Leñador de Hojalata.</p>
<p>—Eso no será problema —continuó el hombre—, porque Oz tiene una gran colección de corazones, de todos los tamaños y formas.</p>
<p>—Y yo quiero que me dé coraje —dijo el León Cobarde.</p>
<p>—Oz guarda un gran pote de coraje en la sala del trono —dijo el hombre—, que ha tapado con un plato de oro para que no se le derrame. Te lo dará encantado.</p>
<p>—Y yo quiero que me mande de vuelta a Kansas —dijo Dorothy.</p>
<p>—¿Dónde está Kansas? —preguntó el hombre, sorprendido.</p>
<p>—No lo sé —respondió Dorothy, apenada—; pero es donde vivo, y tiene que estar en algún sitio.</p>
<p>—Es muy probable. Bueno, Oz puede hacer cualquier cosa, así que sabrá dónde queda Kansas, supongo. Pero primero tendréis que llegar a él, lo cual no es tarea fácil, pues el Gran Mago no quiere ver a nadie, y por lo general lo consigue. Y tú, ¿qué quieres? —continuó, dirigiéndose a <em>Totó</em>. <em>Totó</em> se limitó a mover la cola, pues, por extraño que parezca, no hablaba.</p>
<p>La mujer los llamó diciendo que la cena estaba lista; se reunieron alrededor de la mesa, y Dorothy comió un delicioso potaje y un plato de huevos revueltos, acompañados por pan blanco; una cena deliciosa. El León comió un poco del potaje, pero no le gustó, y lo dejó diciendo que estaba hecho con avena y que la avena la comían los caballos y no los leones. El Espantapájaros y el Leñador de Hojalata no comieron nada. <em>Totó</em> comió un poco de todo, muy contento de volver a probar una buena cena.</p>
<p style="text-align: center;"><strong><span style="color: #ff0000;"><img class="aligncenter size-full wp-image-6842" title="08-Cena" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/08/08-Cena.jpg" alt="" width="435" height="587" /></span></strong></p>
<p>La mujer le preparó a Dorothy una cama para dormir, y <em>Totó</em> se acostó a su lado, mientras el León montaba guardia en la puerta del dormitorio para que nadie fuera a molestarla. El Espantapájaros y el Leñador de Hojalata se quedaron quietos en un rincón toda la noche aunque, naturalmente, no durmieron.</p>
<p>A la mañana siguiente, al salir el sol, reiniciaron el viaje, y pronto vieron allá adelante, en el cielo, un hermoso resplandor verde.</p>
<p>—Eso debe de ser la Ciudad Esmeralda —dijo Dorothy.</p>
<p>A medida que avanzaban crecía el resplandor&#8230; y todo indicaba que se acercaba el fin del viaje. Sin embargo, no llegaron a la gran muralla que rodeaba la ciudad hasta el atardecer. La muralla era alta y ancha, de un resplandeciente color verde.</p>
<p>Delante de ellos, y al final del camino de ladrillos amarillos, había una puerta grande, tachonada de esmeraldas que brillaban tanto al sol que cegaron hasta los ojos pintados del Espantapájaros.</p>
<p>Había un timbre junto a la puerta, y Dorothy apretó el botón y oyó que del otro lado resonaba un tintineo de plata. Entonces, muy despacio, la enorme puerta se empezó a abrir; pasaron todos y se encontraron en una sala alta y abovedada, de paredes en las que resplandecían incontables esmeraldas.</p>
<p>Delante de ellos había un hombrecito más o menos del tamaño de los munchkins. Estaba todo vestido de verde, de la cabeza a los pies, y hasta en la piel tenía un tinte verdoso. A su lado había una enorme caja verde.</p>
<p>Al ver a Dorothy y sus compañeros, el hombre preguntó:</p>
<p>—¿Qué buscáis en la Ciudad Esmeralda?</p>
<p>—Venimos a ver al Gran Oz —dijo Dorothy.</p>
<p>Esa respuesta sorprendió tanto al hombre que se sentó a pensar.</p>
<p>—Hace muchos años que nadie me pide ver a Oz —dijo, meneando la cabeza, perplejo—. Es poderoso y terrible, y si venís por diversión o por alguna tontería a molestar las sabias reflexiones del Gran Mago, se enfurecerá y os destruirá a todos en un instante.</p>
<p>—Pero no es diversión, ni una tontería —replicó el Espantapájaros—; es algo importante. Y nos han dicho que Oz es un buen Mago.</p>
<p>—Lo es —dijo el hombre verde—, y gobierna bien y con sabiduría la Ciudad Esmeralda. Pero para los que no son sinceros, o se acercan a él por curiosidad, es sumamente terrible, y pocos se han atrevido a querer verle la cara. Yo soy el Guardián de las Puertas, y como me pedís ver al Gran Oz, deberé llevaros al palacio. Pero antes tendréis que poneros estas gafas.</p>
<p>—¿Por qué? —preguntó Dorothy.</p>
<p>—Porque sin gafas el brillo y la gloria de la Ciudad Esmeralda te cegarían. Hasta los que viven en la ciudad deben usar gafas día y noche. Todas están guardadas bajo llave, pues así lo ordenó Oz cuando fue construida la ciudad, y yo tengo la única llave que permite llegar a ellas.</p>
<p>El hombre levantó la tapa de una caja grande, y Dorothy vio que estaba colmada de gafas de todas las formas y tamaños. Todas tenían cristales verdes. El Guardián de las Puertas encontró unas apropiadas para Dorothy y se las puso sobre los ojos. Tenían unas bandas doradas que el Guardián pasó por detrás de la cabeza de Dorothy, donde las sujetó y las cerró con una llavecita que le colgaba de una cadena que llevaba al pescuezo. Después que las tuvo puestas, Dorothy no se las habría podido sacar aunque quisiera pero, por supuesto, no quería que el resplandor de la Ciudad Esmeralda la cegase, así que no dijo nada.</p>
<p style="text-align: center;"><strong><span style="color: #ff0000;"><img class="aligncenter size-full wp-image-6844" title="09-Gafas" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/08/09-Gafas1.jpg" alt="" width="389" height="421" /></span></strong></p>
<p><img class="alignright size-full wp-image-6845" title="10-Toto" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/08/10-Toto.jpg" alt="" width="137" height="190" />Después el hombre verde puso gafas al Espantapájaros y al Leñador de Hojalata y al León, y hasta al pequeño <em>Totó</em>; todas las aseguró con la llave.</p>
<p>A continuación el Guardián de las Puertas se puso sus propias gafas y dijo a los viajeros que estaba preparado para llevarlos al palacio. Sacó una enorme llave de oro de un gancho en la pared y abrió otra puerta, y todos lo siguieron hacia las calles de la Ciudad Esmeralda.</p>
<p style="text-align: center;"><strong><span style="color: #ff0000;"><img class="aligncenter size-full wp-image-6846" title="11-Guardian" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/08/11-Guardian.jpg" alt="" width="500" height="390" /></span></strong></p>
<hr size="2" /><strong>Artículos relacionados:<br />
</strong></p>
<div>
<div>Ficciones: <em>El Mago de Oz</em> en Imaginaria; traducción de Marcial Souto:</p>
<ul>
<li><a title="Presentación de Marcela Carranza. Introducción de L. Frank Baum. Capítulos 1 y 2." href="../?p=6104">Presentación de Marcela Carranza. Introducción de L. Frank Baum. Capítulos 1 y 2.</a></li>
<li><a title="Capítulos 3 y 4." href="../?p=6339">Capítulos 3 y 4.</a></li>
<li><a title="Capítulos 5 y 6." href="../?p=6468">Capítulos 5 y 6.</a></li>
<li><a id="uoiz" title="Capítulos 7 y 8." href="../?p=6606">Capítulos 7 y 8.</a></li>
</ul>
<p><a title="Autores: L. Frank Baum." href="../?p=6124">Autores: L. Frank Baum.</a></p>
</div>
</div>
<p><a title="Reseñas de libros: El Mago de Oz, de L. Frank Baum." href="../09/0/oz2.htm">Reseñas de libros: El Mago de Oz, de L. Frank Baum.</a></p>
]]></content:encoded>
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		</item>
		<item>
		<title>El Mago de Oz. Capítulos 7 y 8</title>
		<link>http://www.imaginaria.com.ar/?p=6606</link>
		<comments>http://www.imaginaria.com.ar/?p=6606#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 27 Jul 2010 21:33:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ficciones]]></category>
		<category><![CDATA[Nº 275]]></category>

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		<description><![CDATA[&#8220;Y el enorme pájaro echó a volar por encima del agua hasta que llegó al sitio donde estaba el Espantapájaros subido a la pértiga. Entonces, con las enormes garras, tomó al Espantapájaros de un brazo y lo llevó por los aires hasta la orilla, donde esperaban Dorothy, el León, el Leñador de Hojalata y Totó.&#8221; [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;"><img class="alignright size-medium wp-image-6624" title="11-Ciguenia" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/07/11-Ciguenia1-220x300.jpg" alt="" width="220" height="300" />&#8220;Y el enorme pájaro echó a volar por encima del agua hasta que llegó al sitio donde estaba el Espantapájaros subido a la pértiga. Entonces, con las enormes garras, tomó al Espantapájaros de un brazo y lo llevó por los aires hasta la orilla, donde esperaban Dorothy, el León, el Leñador de Hojalata y <em>Totó</em>.&#8221; Continuamos con la publicación de <em>El Mago de Oz,</em> de <strong>L. Frank Baum,</strong> con las ilustraciones de su primera edición, por <strong>William Wallace  Denslow, </strong> y traducción de <strong>Marcial Souto.</strong><br />
<span id="more-6606"></span></p>
<p style="text-align: right;"><strong> </strong>Por <a href="http://www.imaginaria.com.ar/?p=6124"><strong>L. Frank Baum</strong></a><br />
Ilustraciones de <a href="http://www.imaginaria.com.ar/?p=6124"><strong>William Wallace  Denslow<br />
</strong></a>Título original: <em>The Wonderful Wizard of Oz<br />
</em>Traducción  de <a href="http://www.imaginaria.com.ar/?page_id=6224"><strong>Marcial Souto</strong></a><br />
© Marcial Souto, 2002, 2010<strong><span style="color: #ff0000;"><br />
</span></strong></p>
<h2 style="text-align: center;"><strong>Capítulo 7<br />
El viaje al Gran Oz<br />
</strong></h2>
<p>Esa noche se vieron obligados a acampar afuera, en el bosque, bajo un árbol grande, pues no había casas cerca. El árbol tenía un follaje denso que los protegía del rocío, y el Leñador de Hojalata cortó un montón de leña con el hacha y Dorothy hizo un fuego espléndido que la calentó y le hizo sentirse menos sola. Ella y <em>Totó</em> comieron el pan que quedaba, y ahora no sabía cómo se las arreglarían para el desayuno.</p>
<p>—Puedo ir al bosque —dijo el León—, y mataros un ciervo. Lo podríais asar en el fuego, ya que vuestros gustos son tan peculiares que preferís alimentos cocidos, y con eso tendríais un muy buen desayuno.</p>
<p>—¡No! ¡No, por favor! —suplicó el Leñador de Hojalata—. Si mataras a un pobre ciervo yo lloraría sin ninguna duda, y las mandíbulas se me volverían a oxidar.</p>
<p>Pero el León se internó en el bosque y se procuró una cena, aunque nadie pudo saber en qué había consistido, porque no lo mencionó. Y el Espantapájaros encontró un árbol cargado de nueces y le llenó la cesta a Dorothy para que no pasase hambre durante mucho tiempo. La niña pensó que el Espantapájaros era muy amable y muy bondadoso, pero se rió de buena gana al ver con cuánta torpeza recogía las nueces la pobre criatura. Las manos rellenas de paja eran tan poco hábiles y las nueces tan pequeñas que casi se le caían tantas como las que ponía en la cesta. Pero al Espantapájaros no le importaba el tiempo dedicado a llenar la cesta, pues eso le permitía evitar el fuego: una chispa bastaría para incendiarlo. Así que se mantuvo a buena distancia de las llamas, y sólo se acercó para tapar a Dorothy con hojas cuando ella se acostó. Esas hojas le dieron calor y protección, y durmió profundamente hasta la mañana.</p>
<p><img class="alignright size-full wp-image-6607" title="01-Nueces" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/07/01-Nueces.jpg" alt="" width="223" height="203" />Al salir el sol la niña se lavó la cara en un pequeño arroyo y enseguida echaron todos a andar hacia la Ciudad Esmeralda.</p>
<p>Ése iba a ser un día repleto de acontecimientos para los viajeros. Apenas habían caminado por espacio de una hora cuando se encontraron con una enorme zanja que atravesaba el camino y dividía el bosque hacia ambos lados hasta donde alcanzaba la vista. Era una zanja muy ancha. Se asomaron al borde y vieron que también era muy profunda y que había muchas piedras grandes y ásperas en el fondo. Los lados eran tan abruptos que ninguno de ellos podría descender, y por un momento les pareció que allí debía terminar el viaje.</p>
<p>—¿Qué hacemos? —preguntó Dorothy, desesperada.</p>
<p>—No tengo la menor idea —dijo el Leñador; y el León meneó la abundante melena, pensativo. Pero el Espantapájaros dijo:</p>
<p>—No volamos, eso es verdad; tampoco podemos descender a esta zanja. Por lo tanto, si no podemos saltar por encima deberemos detenernos aquí.</p>
<p>—Yo pienso que podría saltar —dijo el León Cobarde, después de medir mentalmente la distancia.</p>
<p>—Entonces no hay ningún problema —respondió el Espantapájaros—, porque nos podrás llevar a caballo, uno cada vez.</p>
<p>—Bueno, lo intentaré —dijo el León—. ¿Quién será el primero?</p>
<p>—Yo —declaró el Espantapájaros—, porque si se descubriera que no puedes llegar al otro lado de la zanja, Dorothy se mataría, y el Leñador de abollaría mucho en las piedras del fondo. Pero si el que va en tu lomo soy yo, no importará tanto, porque a mí la caída no me haría ningún daño.</p>
<p><img class="alignleft size-full wp-image-6608" title="02-Valiente" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/07/02-Valiente.jpg" alt="" width="174" height="262" />—Yo mismo tengo un miedo terrible de caer —dijo el León Cobarde—, pero supongo que no hay otra solución. Monta en mi lomo y haremos la prueba.</p>
<p>El Espantapájaros montó en el lomo del León, y la enorme bestia caminó hasta el borde del abismo y se agachó.</p>
<p>—¿Por qué no corres y saltas? —preguntó el Espantapájaros.</p>
<p>—Porque los leones lo hacen de otro modo —respondió. Luego, de un gran salto, se elevó en el aire y aterrizó sin ningún peligro del otro lado. Todos quedaron muy contentos de la facilidad con que lo había hecho, y una vez el Espantapájaros hubo bajado del lomo el León volvió a cruzar la zanja.</p>
<p>Dorothy sería la siguiente: agarró a <em>Totó</em> en brazos y subió al lomo del León, sosteniéndose de la melena con una mano. Enseguida sintió como si estuviera volando por el aire, y antes de tener tiempo para pensarlo estaba del otro lado, sana y salva. El León saltó una vez más la zanja, para recoger al Leñador de Hojalata, y después todos se sentaron un momento para que la bestia pudiera descansar, pues aquellos enormes saltos le habían quitado el aliento, y ahora jadeaba como un perro grande que ha corrido demasiado.</p>
<p><img class="alignright size-full wp-image-6609" title="03-Salto" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/07/03-Salto.jpg" alt="" width="295" height="204" />Descubrieron que de ese lado el bosque era muy denso, misterioso y sombrío. Después que el León hubo descansado, siguieron viaje por el camino de ladrillos amarillos, cada uno con la secreta duda de si llegarían alguna vez al final del bosque y verían de nuevo la brillante luz del sol. Para mayor preocupación, pronto oyeron extraños ruidos en las profundidades del bosque, y el León les susurró que era en esa parte del país donde vivían los kalidahs.</p>
<p>—¿Qué son los kalidahs? —preguntó la niña.</p>
<p>—Son animales monstruosos con cuerpo de oso y cabeza de tigre —respondió el León—, y con garras tan largas y afiladas que me podrían cortar en dos con la misma facilidad que yo a <em>Totó</em>. Tengo mucho miedo a los kalidahs.</p>
<p style="text-align: center;"><strong><span style="color: #ff0000;"><img class="aligncenter size-full wp-image-6610" title="04-Kalidahs" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/07/04-Kalidahs.jpg" alt="" width="500" height="484" /></span></strong></p>
<p>—No me extraña —dijo Dorothy—. Deben de ser animales horribles.</p>
<p>El León iba a responder cuando llegaron a otra zanja en el camino; pero ésta era tan ancha y tan profunda que el León supo inmediatamente que no podría atravesarla de un salto. Se sentaron a pensar en el problema, y tras profundas reflexiones el Espantapájaros dijo:</p>
<p>—Hay ahí un árbol grande, junto a la zanja. Si el Leñador de Hojalata lo puede cortar y hacerlo caer por encima del hueco, llegaremos con facilidad al otro lado caminando.</p>
<p>—Muy buena idea —dijo el León—. Uno casi se atrevería a pensar que tienes un cerebro en la cabeza, en vez de paja.</p>
<p>El Leñador se puso a trabajar de inmediato, y tan afilada estaba el hacha que pronto llegó casi al otro lado del tronco. Entonces el León apoyó las poderosas patas delanteras en el árbol y empujó con todas sus fuerzas. Poco a poco el árbol empezó a ceder y cayó pesadamente sobre la zanja, apoyando las ramas más altas del otro lado.</p>
<p>Apenas habían empezado a atravesar ese extraño puente cuando un penetrante chillido les hizo alzar la mirada, y horrorizados vieron cómo dos grandes bestias con cuerpo de oso y cabeza de tigre se acercaban corriendo.</p>
<p>—Son los kalidahs —dijo el León cobarde, empezando a temblar.</p>
<p style="text-align: center;"><strong><span style="color: #ff0000;"><img class="aligncenter size-full wp-image-6611" title="05-Temblar" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/07/05-Temblar.jpg" alt="" width="500" height="419" /></span></strong></p>
<p>—¡Rápido! —gritó el Espantapájaros—, crucemos el puente.</p>
<p>Dorothy fue la primera, sosteniendo a <em>Totó</em> en brazos; la siguió el Leñador de Hojalata, y luego el Espantapájaros. El León, aunque asustado, sin duda, se volvió para enfrentar a los kalidahs y lanzó un rugido tan fuerte y tan terrible que Dorothy gritó y el Espantapájaros se cayó de espaldas; hasta las feroces bestias se detuvieron y lo miraron, sorprendidas.</p>
<p>Pero al ver que eran más grandes que el León, y recordar que ellos eran dos y el León uno, los kalidahs volvieron a arremeter, y el León corrió por el árbol y giró para ver qué hacían. Sin detenerse un instante, las feroces bestias también comenzaron a atravesar el puente. El León le dijo a Dorothy:</p>
<p>—Estamos perdidos, porque seguramente nos destrozarán con esas garras. Pero quédate aquí atrás. Yo me enfrentaré a ellos mientras viva.</p>
<p>—¡Un minuto! —gritó el Espantapájaros. Había estado pensando en la solución más conveniente, y le pidió al Leñador que cortase la punta del árbol que se apoyaba en ese lado de la zanja. El Leñador de Hojalata empezó a usar el hacha enseguida, y cuando ya casi estaban llegando los kalidahs el árbol cayó con un crujido al abismo, arrastrando las feas y gruñentes bestias, que se despedazaron contra las afiladas piedras del fondo.</p>
<p style="text-align: center;"><strong><span style="color: #ff0000;"><img class="aligncenter size-full wp-image-6612" title="06-Abismo" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/07/06-Abismo.jpg" alt="" width="428" height="580" /></span></strong></p>
<p>—Bueno —dijo el León Cobarde, con un suspiro de alivio—, veo que vamos a seguir viviendo un poco más, y me alegro, porque debe de ser muy incómodo no estar vivo. Esas criaturas me asustaron tanto que todavía me late el corazón.</p>
<p>—Ah —dijo con tristeza el Leñador de Hojalata—. Ojalá yo tuviera un corazón que me latiese.</p>
<p>Esa aventura hizo que los viajeros deseasen más que nunca salir del bosque, y caminaban tan rápido que Dorothy se cansó y tuvo que ir montada en el León. Con alegría vieron que los árboles estaban cada vez más separados y por la tarde fueron repentinamente detenidos por un ancho río de aguas rápidas. Del otro lado de la corriente vieron el camino de ladrillos amarillos atravesando un hermoso paisaje de prados verdes salpicados de flores brillantes, bordeado por árboles colmados de deliciosos frutos. Se alegraron mucho de tener ante ellos ese maravilloso paisaje.</p>
<p style="text-align: center;"><strong><span style="color: #ff0000;"><img class="aligncenter size-full wp-image-6613" title="07-Montada" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/07/07-Montada.jpg" alt="" width="467" height="515" /></span></strong></p>
<p>—¿Cómo haremos para atravesar el río? —preguntó Dorothy.</p>
<p>—Eso es fácil —respondió el Espantapájaros—. El Leñador de Hojalata deberá fabricar una balsa, en la que iremos flotando hasta el otro lado.</p>
<p>El Leñador tomó entonces el hacha y se puso a cortar pequeños árboles para construir una balsa, y mientras hacía eso el Espantapájaros encontró en la orilla un árbol cargado de apetitosos frutos. Eso le agradó mucho a Dorothy, que no había probado más que nueces todo el día, y comió una buena cantidad de fruta madura.</p>
<p>Pero lleva tiempo hacer una balsa, incluso a una persona diligente e incansable como el Leñador de Hojalata, y cuando llegó la noche el trabajo no estaba concluido. Buscaron un sitio adecuado bajo los árboles y allí durmieron hasta bien entrada la mañana; y Dorothy soñó con la Ciudad Esmeralda, y con el buen Mago de Oz, que pronto la enviaría de vuelta a su casa.</p>
<p style="text-align: center;"><strong><span style="color: #ff0000;"><img class="aligncenter size-full wp-image-6614" title="08-Hachando" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/07/08-Hachando.jpg" alt="" width="500" height="465" /></span></strong></p>
<div style="text-align: center;">&#8212;000&#8212;</div>
<h2 style="text-align: center;"><strong>Capítulo 8</strong><br />
<strong>El mortífero campo de amapolas</strong></h2>
<p>Nuestro pequeño grupo de viajeros despertó a la mañana siguiente refrescado y colmado de esperanzas, y Dorothy desayunó como una princesa con melocotones y ciruelas que recogió de los árboles a orillas del río. Atrás quedaba el oscuro bosque que habían logrado atravesar sanos y salvos, aunque sufriendo muchas desilusiones; pero allí delante se extendía una hermosa y soleada comarca que parecía invitarlos a la Ciudad Esmeralda.</p>
<p>El río, naturalmente, los separaba de ese bello país; pero la balsa estaba casi lista, y después de cortar unos pocos troncos más y asegurarlos unos a otros con clavijas de madera, estuvieron en condiciones de iniciar la travesía. Dorothy se sentó en el centro de la balsa y tomó a <em>Totó</em> en brazos. Cuando saltó encima el León Cobarde, la balsa se inclinó peligrosamente, porque era un animal muy grande y pesado; pero el Espantapájaros y el Leñador de Hojalata se pusieron en el otro extremo para equilibrar el peso, y llevaban en la mano largas pértigas para empujar la balsa sobre el agua.</p>
<p style="text-align: center;"><strong><span style="color: #ff0000;"><img class="aligncenter size-full wp-image-6615" title="09-Empujando" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/07/09-Empujando.jpg" alt="" width="500" height="259" /></span></strong></p>
<p>Al principio les fue bastante bien, pero cuando llegaron al medio del río la rápida corriente empezó a arrastrar la balsa y a alejarla del camino de ladrillos amarillos; y el agua era ahora tan profunda que las largas pértigas no lograban tocar el fondo.</p>
<p>—Esto es malo —dijo el Leñador—, porque si no podemos llegar a tierra el río nos llevará al país de la Bruja Mala del Oeste, que nos encantará y nos hará sus esclavos.</p>
<p>—Y yo entonces no conseguiría un cerebro —dijo el Espantapájaros.</p>
<p>—Ni yo coraje —dijo el León Cobarde.</p>
<p>—Ni yo un corazón —dijo el Leñador de Hojalata.</p>
<p>—Y yo no podría volver nunca a Kansas —dijo Dorothy.</p>
<p>—Debemos tratar de llegar a la Ciudad Esmeralda —prosiguió el Espantapájaros, y empujó tan fuerte con la pértiga que se le clavó en el barro del fondo del río, y antes de que pudiera sacarla o soltarla las aguas se llevaron la balsa y el pobre Espantapájaros quedó aferrado a la pértiga en el medio del río.</p>
<p style="text-align: center;"><strong><span style="color: #ff0000;"> </span></strong></p>
<p><img class="alignright size-full wp-image-6617" title="10-Aferrado" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/07/10-Aferrado1.jpg" alt="" width="162" height="230" />—¡Adiós! —les gritó, y todos se entristecieron. El Leñador de Hojalata empezó incluso a llorar, pero por fortuna recordó que se podía oxidar, y se enjugó las lágrimas en el delantal de Dorothy.</p>
<p>Naturalmente, el Espantapájaros se encontraba en muy mala situación.</p>
<p>—Ahora estoy peor que cuando conocí a Dorothy —pensó—. Entonces estaba clavado en un palo en un maizal, donde podía convencerme al menos de que espantaba los pájaros; pero seguramente no existe ninguna función para un Espantapájaros encaramado en una pértiga en el medio de un río. Me temo que, después de todo, no llegaré nunca a tener cerebro. La balsa flotaba río abajo, y el pobre Espantapájaros iba quedando allá atrás. Habló el León:</p>
<p>—Algo tenemos que hacer para salvarnos. Pienso que puedo nadar hasta la orilla y arrastrar la balsa si me aferráis con fuerza la punta de la cola.</p>
<p>Y saltó al agua. El Leñador de Hojalata le agarró con fuerza la cola y el León empezó a nadar con todas sus fuerzas hacia la orilla. Le resultaba difícil, a pesar de su tamaño; pero poco a poco fueron saliendo de la corriente, y entonces Dorothy tomó la pértiga del Leñador y ayudó a empujar la balsa hacia tierra.</p>
<p>Estaban todos cansados cuando llegaron por fin a la orilla y saltaron al hermoso césped verde, y también sabían que la corriente los había alejado mucho del camino de ladrillos amarillos que llevaba a la Ciudad Esmeralda.</p>
<p>—Y ahora ¿qué haremos? —preguntó el Leñador de Hojalata mientras el León se tendía en el césped a secarse al sol.</p>
<p>—Debemos volver de algún modo al camino —dijo Dorothy.</p>
<p>—El mejor plan será ir por la orilla del río hasta que lleguemos otra vez al camino —señaló el León.</p>
<p>Así, después de descansar todos, Dorothy recogió la cesta y echaron a andar por la herbosa orilla hacia el camino del que los había apartado el río. Era un lugar alegre y maravilloso, cubierto de flores, árboles frutales y sol, y si no sintieran tanta lástima por el pobre Espantapájaros seguramente serían muy felices.</p>
<p>Caminaban con la mayor rapidez posible, y Dorothy sólo se detenía de vez en cuando a recoger una flor bonita; al cabo de un rato el Leñador de Hojalata gritó:</p>
<p>—¡Mirad!</p>
<p>Todos miraron hacia el río, y vieron al Espantapájaros subido a la pértiga en el medio de las aguas; parecía muy triste y muy solo.</p>
<p>—¿Qué podemos hacer para salvarlo? —preguntó Dorothy.</p>
<p>El León y el Leñador menearon la cabeza, pues no se les ocurría nada. Entonces se sentaron en la orilla y miraron pensativos al Espantapájaros hasta que pasó por allí volando una cigüeña que, al verlos, se detuvo a descansar en el borde del agua.</p>
<p>—¿Quiénes sois y adónde vais? —preguntó la Cigüeña.</p>
<p>—Yo soy Dorothy —respondió la niña—, y éstos son mis amigos, el Leñador de Hojalata y el León Corbarde; y vamos a la Ciudad Esmeralda.</p>
<p>—No es éste el camino —dijo la Cigüeña, torciendo el largo pescuezo para mirar al extraño grupo.</p>
<p>—Lo sé —respondió Dorothy—, pero hemos perdido al Espantapájaros, y estamos pensando cómo rescatarlo.</p>
<p>—¿Dónde está? —preguntó la Cigüeña.</p>
<p>—Allá en el río —dijo la niña.</p>
<p>—Si no fuera tan grande y tan pesado, iría a buscarlo —señaló la Cigüeña.</p>
<p>—No es nada pesado —dijo Dorothy, entusiasmada—, porque está relleno de paja, y si nos lo traes te estaremos para siempre agradecidos.</p>
<p>—Bueno, probaré —dijo la Cigüeña—; pero si descubro que es demasiado pesado tendré que volver a dejarlo caer en el río.</p>
<p>Y el enorme pájaro echó a volar por encima del agua hasta que llegó al sitio donde estaba el Espantapájaros subido a la pértiga. Entonces, con las enormes garras, tomó al Espantapájaros de un brazo y lo llevó por los aires hasta la orilla, donde esperaban Dorothy, el León, el Leñador de Hojalata y <em>Totó</em>.</p>
<p style="text-align: center;"><strong><span style="color: #ff0000;"><img class="aligncenter size-full wp-image-6618" title="11-Ciguenia" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/07/11-Ciguenia.jpg" alt="" width="438" height="596" /></span></strong></p>
<p>Cuando el Espantapájaros se vio otra vez entre sus amigos se sintió tan feliz que los abrazó a todos, incluso al León y a <em>Totó</em>; y mientras caminaban iba cantando, tan contento se sentía.</p>
<p>—Tuve miedo de quedarme para siempre en el río —dijo—, pero la bondadosa Cigüeña me salvó, y si alguna vez tengo cerebro la iré a buscar y le pagaré con alguna otra buena acción.</p>
<p>—Está bien —dijo la Cigüeña, que volaba acompañando al grupo—. Siempre me gusta ayudar a los que están en dificultades. Pero ahora debo irme, pues me esperan los bebés en el nido. Ojalá encontréis la Ciudad Esmeralda y ojalá Oz os ayude.</p>
<p>—Gracias —dijo Dorothy, y entonces la Cigüeña bondadosa levantó el vuelo y se perdió enseguida de vista.</p>
<p>Caminaban escuchando el canto de los pájaros multicolores y mirando las bonitas flores que ahora parecían una alfombra, tan apretadas estaban. Había grandes pétalos amarillos, blancos, azules y púrpura, además de largas extensiones de amapolas escarlata, tan brillantes que casi cegaban a Dorothy.</p>
<p>—¿No son hermosas? —preguntó la niña, mientras aspiraba el potente aroma de las flores.</p>
<p>—Supongo que sí —respondió el Espantapájaros—. Cuando tenga cerebro quizá me gusten más.</p>
<p>—Si yo tuviera corazón, las amaría —agregó el Leñador de Hojalata.</p>
<p>—A mí siempre me gustaron las flores —dijo el León—; parecen frágiles y desvalidas. Pero en el bosque no hay ninguna tan brillante como éstas.</p>
<p>Ahora había más y más amapolas escarlata y menos y menos de las otras flores; y pronto se encontraron en medio de un enorme campo de amapolas. Y es bien sabido que cuando hay muchas de esas flores juntas su olor es tan poderoso que quien lo huele se duerme, y si no llevan al durmiente fuera del alcance del olor, continúa durmiendo para siempre. Pero Dorothy no sabía eso, ni podía salir del campo de brillantes flores que la rodeaba por todas partes, y pronto le empezaron a pesar los párpados y sintió que debía sentarse a descansar y a dormir.</p>
<p style="text-align: center;"><strong><span style="color: #ff0000;"> </span></strong></p>
<p><img class="alignleft size-full wp-image-6620" title="12-Perdidos" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/07/12-Perdidos1.jpg" alt="" width="230" height="214" />Pero el Leñador de Hojalata no quería que hiciera eso.</p>
<p>—Debemos darnos prisa y llegar al camino de ladrillos amarillos antes de que oscurezca —dijo, y el Espantapájaros estuvo de acuerdo.</p>
<p>Siguieron entonces caminando hasta que Dorothy no pudo resistir más. Los ojos se le cerraron a pesar de todos sus esfuerzos, se olvidó de dónde estaba y cayó entre las amapolas, profundamente dormida.</p>
<p>—¿Qué hacemos? —preguntó el Leñador de Hojalata.</p>
<p>—Si la dejamos aquí, morirá —dijo el León—. El aroma de las flores nos está matando a todos. Yo apenas consigo mantener abiertos los ojos, y el perro ya se ha dormido.</p>
<p><img class="alignright size-full wp-image-6621" title="13-Dormida" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/07/13-Dormida.jpg" alt="" width="229" height="276" />Era cierto. <em>Totó</em> había caído junto a su ama. Pero al Espantapájaros y al Leñador de Hojalata, que no eran de carne, no los afectaba el aroma de las flores.</p>
<p>—Corre rápido —le dijo el Espantapájaros al León—, y sal de este mortífero jardín lo antes posible. Nosotros llevaremos a la niña pero tú eres demasiado grande y si te durmieras no podríamos moverte.</p>
<p>El León hizo entonces un esfuerzo y echó a correr a la mayor velocidad posible. En un instante se perdió de vista.</p>
<p>—Hagamos una silla con las manos para transportarla —dijo el Espantapájaros. Recogieron a <em>Totó</em> y lo pusieron en la falda de la niña, y con las manos hicieron la silla y empezaron a llevarlos entre las flores.</p>
<p style="text-align: center;"><strong><span style="color: #ff0000;"><img class="aligncenter size-full wp-image-6623" title="14-Amapola" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/07/14-Amapola1.jpg" alt="" width="487" height="556" /></span></strong></p>
<p>Caminaron y caminaron, parecía que la alfombra de flores que los rodeaba no iba a terminar nunca. Siguieron la curva del río y al fin encontraron a su amigo el León profundamente dormido entre las amapolas. Las flores habían sido demasiado fuertes para la enorme bestia, que al fin se había rendido a corta distancia de donde concluían las amapolas y comenzaban los hermosos y verdes campos de césped.</p>
<p>—No podemos hacer nada por él —dijo el Leñador de Hojalata, triste—, porque es demasiado pesado. Tendremos que dejarlo aquí durmiendo para siempre. Tal vez sueñe que por fin ha encontrado el coraje.</p>
<p>—Lo siento mucho —dijo el Espantapájaros—; a pesar de ser tan cobarde, el León era un buen compañero. Pero sigamos.</p>
<p>Llevaron a la niña dormida hasta un sitio muy bonito junto al río, a suficiente distancia del campo de amapolas para que no respirase el veneno de las flores, la depositaron con suavidad en el césped y esperaron a que la brisa fresca la despertase.</p>
<hr size="2" /><strong>Artículos relacionados:<br />
</strong></p>
<div>
<div>Ficciones: <em>El Mago de Oz</em> en Imaginaria; traducción de Marcial Souto:</p>
<ul>
<li><a title="Presentación de Marcela Carranza. Introducción de L. Frank Baum. Capítulos 1 y 2." href="../?p=6104">Presentación de Marcela Carranza. Introducción de L. Frank Baum. Capítulos 1 y 2.</a></li>
<li><a title="Capítulos 3 y 4." href="../?p=6339">Capítulos 3 y 4.</a></li>
<li><a id="b3cy" title="Capítulos 5 y 6." href="../?p=6468">Capítulos 5 y 6.</a></li>
</ul>
<p><a title="Autores: L. Frank Baum." href="../?p=6124">Autores: L. Frank Baum.</a></p>
</div>
</div>
<p><a title="Reseñas de libros: El Mago de Oz, de L. Frank Baum." href="../09/0/oz2.htm">Reseñas de libros: El Mago de Oz, de L. Frank Baum.</a></p>
]]></content:encoded>
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		<title>El Mago de Oz. Capítulos 5 y 6</title>
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		<pubDate>Tue, 13 Jul 2010 18:56:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ficciones]]></category>
		<category><![CDATA[Nº 274]]></category>

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		<description><![CDATA[&#8220;El pequeño Totó, ahora que tenía un enemigo al que enfrentarse, corrió ladrando hacia el león. La enorme bestia abrió la boca para morder al perro&#8230;&#8221; Continuamos con la publicación de El Mago de Oz, de L. Frank Baum, con las ilustraciones de su primera edición, por William Wallace Denslow, y traducción de Marcial Souto. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;"><img class="size-full wp-image-6477 alignright" title="08-Reto" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/07/08-Reto.jpg" alt="" width="268" height="355" />&#8220;El pequeño <em>Totó</em>, ahora que tenía un enemigo al que enfrentarse,  corrió ladrando hacia el león. La enorme bestia abrió la boca para  morder al perro&#8230;&#8221; Continuamos con la publicación de <em>El Mago de Oz,</em> de <strong>L. Frank Baum,</strong> con las ilustraciones de su primera edición, por <strong>William Wallace  Denslow, </strong> y traducción de <strong>Marcial Souto.</strong><br />
<span id="more-6468"></span></p>
<p style="text-align: right;"><strong> </strong>Por <a href="http://www.imaginaria.com.ar/?p=6124"><strong>L. Frank Baum</strong></a><br />
Ilustraciones de <a href="http://www.imaginaria.com.ar/?p=6124"><strong>William Wallace  Denslow<br />
</strong></a>Título original: <em>The Wonderful Wizard of Oz<br />
</em>Traducción  de <a href="http://www.imaginaria.com.ar/?page_id=6224"><strong>Marcial Souto</strong></a><br />
© Marcial Souto, 2002, 2010<strong><span style="color: #ff0000;"><br />
</span></strong></p>
<h2><strong>Capítulo 5<br />
El rescate del Leñador de Hojalata<br />
</strong></h2>
<p>Cuando Dorothy despertó el sol brillaba entre los árboles y <em>Totó</em> hacía rato que había salido a perseguir pájaros y ardillas. Dorothy se levantó y miró a su alrededor. Allí estaba el Espantapájaros, esperando todavía pacientemente en el rincón.</p>
<p>—Tenemos que ir a buscar agua —dijo la niña.</p>
<p>—¿Para qué quieres el agua? —preguntó el Espantapájaros.</p>
<p>—Para lavarme la cara después de haber andado entre el polvo del camino, y para beber, así el pan no se me pega a la garganta.</p>
<p>—Debe de ser incómodo estar hecho de carne y hueso —dijo el Espantapájaros, pensativo—, porque entonces uno tiene que dormir y comer. Sin embargo, vosotros tenéis cerebro, y poco importan las incomodidades si uno puede pensar adecuadamente.</p>
<p>Salieron de la casita y caminaron entre los árboles hasta que encontraron una pequeña fuente de agua transparente, donde Dorothy bebió y se lavó y desayunó. Vio que no quedaba mucho pan en la cesta, y se alegró de que el Espantapájaros no tuviera que comer, pues lo que había apenas les alcanzaría a ella y a <em>Totó</em> para el resto del día.</p>
<p>Al terminar de comer, y cuando iba a regresar al camino de ladrillos amarillos, se sobresaltó al oír un gemido ronco.</p>
<p>—¿Qué ha sido eso? —preguntó con timidez.</p>
<p>—No tengo la menor idea —respondió el Espantapájaros—, pero podemos ir a ver.</p>
<p>En ese momento oyeron otro gemido; aparentemente venía de atrás. Dieron media vuelta y caminaron por el bosque unos pocos pasos, hasta que Dorothy descubrió algo que brillaba, reflejando un rayo de sol que caía entre los árboles. Corrió hacia ese sitio, y de pronto se detuvo, lanzando un grito de sorpresa.</p>
<p>El tronco de uno de aquellos grandes árboles había sido parcialmente cortado, y a su lado, de pie, blandiendo un hacha, había un hombre hecho totalmente de hojalata. Tenía la cabeza, los brazos y las piernas unidos al cuerpo, pero parecía completamente inmóvil, como si no pudiera hacer el menor movimiento.</p>
<p><strong><span style="color: #ff0000;"><img class="size-full wp-image-6469 alignleft" title="01-Inmovil" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/07/01-Inmovil.jpg" alt="" width="167" height="310" /></span></strong></p>
<p>Dorothy lo miró asombrada, lo mismo que el Espantapájaros, mientras <em>Totó</em> ladraba furioso y le mordía una pierna de hojalata, lastimándose los dientes.</p>
<p>—¿Has gemido? —preguntó Dorothy.</p>
<p>—Sí —respondió el hombre de lata—, he gemido. Hace más de un año que gimo, y hasta ahora nadie me había oído ni acudido a socorrerme.</p>
<p>—¿En qué puedo ayudarte? —preguntó la niña, con dulzura, muy conmovida por la voz triste del hombre.</p>
<p>—Trae una aceitera y acéitame las articulaciones —respondió el hombre—. Están tan oxidadas que no puedo hacer el menor movimiento; si estuviera bien engrasado pronto me podría mover como antes. Encontrarás una aceitera en un estante de mi casa.</p>
<p>Dorothy corrió enseguida a la casa, encontró la aceitera y volvió. Preocupada, preguntó:</p>
<p>—¿Dónde tienes las articulaciones?</p>
<p>—Acéitame primero el cuello —respondió el Leñador de Hojalata.</p>
<p>Dorothy obedeció, y como estaba tan oxidada, el Espantapájaros sostuvo la cabeza de lata y la movió con suavidad de un lado a otro hasta que funcionó con total soltura y el hombre la pudo mover sin ayuda.</p>
<p>—Ahora acéitame las articulaciones de los brazos —dijo. Y Dorothy se las aceitó y el Espantapájaros se los dobló con cuidado hasta que se libraron del óxido y quedaron como nuevos.</p>
<p>El Leñador de Hojalata lanzó un suspiro de satisfacción, bajó el hacha y la apoyó contra el árbol.</p>
<p>—Es un gran alivio —dijo—. He estado sosteniendo esa hacha en el aire desde que me oxidé, y me alegro de poder apoyarla al fin. Ahora, si me aceitas las articulaciones de las piernas, volveré a ser el de antes.</p>
<p style="text-align: center;"><strong><span style="color: #ff0000;"><img class="aligncenter size-full wp-image-6470" title="02-Alivio" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/07/02-Alivio.jpg" alt="" width="450" height="600" /></span></strong></p>
<p>Le aceitaron las piernas hasta que las pudo mover con libertad; el Leñador de Hojalata les agradeció varias veces que lo hubieran liberado. Parecía una criatura muy amable.</p>
<p>—Podría haberme quedado aquí para siempre si vosotros no hubierais pasado por este sitio —dijo—, así que sin duda me habéis salvado la vida. ¿Cómo llegasteis aquí?</p>
<p>—Vamos hacia la Ciudad Esmeralda, a ver al gran Oz —respondió la niña—, y nos detuvimos en tu casita a pasar la noche.</p>
<p>—¿Para qué queréis ver a Oz? —preguntó.</p>
<p>—Yo quiero que me envíe de vuelta a Kansas; y el Espantapájaros quiere que le ponga un cerebro dentro de la cabeza —respondió Dorothy.</p>
<p>Durante un momento el Leñador de Hojalata pareció muy pensativo. Luego dijo:</p>
<p>—¿Creéis que Oz me daría un corazón?</p>
<p>—Sí, supongo que sí —respondió Dorothy—; sería tan fácil como dar un cerebro al Espantapájaros.</p>
<p>—Es cierto —dijo el Leñador de Hojalata—. Entonces, si puedo acompañaros, iré también a la Ciudad Esmeralda a pedir ayuda a Oz.</p>
<p>—Adelante —dijo el Espantapájaros, con la mayor cordialidad; y Dorothy agregó que le agradaría contar con su compañía. Entonces el Leñador de Hojalata se puso el hacha al hombro y atravesaron el bosque hasta llegar al camino pavimentado con ladrillos amarillos.</p>
<p style="text-align: center;"><strong><span style="color: #ff0000;"><img class="aligncenter size-full wp-image-6471" title="03-EnCamino" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/07/03-EnCamino.jpg" alt="" width="500" height="319" /></span></strong></p>
<p>El Leñador de Hojalata había pedido a Dorothy que pusiera la aceitera en la cesta.</p>
<p>—Porque —explicó— si me sorprendiera la lluvia y volviera a oxidarme la necesitaría.</p>
<p>La aparición de ese nuevo compañero significó para ellos una gran suerte, pues al reanudar el viaje llegaron a un sitio donde los árboles y las ramas eran tan densos sobre el camino que los viajeros no podían pasar. Pero el Leñador de Hojalata se puso a trabajar con el hacha y cortó tan bien todo que pronto abrió paso al grupo.</p>
<p>Dorothy iba tan pensativa mientras caminaban que no se dio cuenta cuando el Espantapájaros tropezó en un agujero y rodó hacia el borde del camino. La verdad es que se vio obligado a llamarla para que lo ayudase a levantarse.</p>
<p style="text-align: center;"><strong><span style="color: #ff0000;"><img class="aligncenter size-full wp-image-6472" title="04-Caida" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/07/04-Caida.jpg" alt="" width="329" height="155" /></span></strong></p>
<p>—¿Por qué no bordeaste el agujero? —preguntó el Leñador de Hojalata.</p>
<p>—No sé todas las cosas que hay que saber —respondió contento el Espantapájaros—. Tengo la cabeza rellena de paja, sabes, y por eso voy a pedir a Oz que me dé un cerebro.</p>
<p>—Ah, ya entiendo —dijo el Leñador de Hojalata—. Pero, después de todo, el cerebro no es la mejor cosa del mundo.</p>
<p>—¿Tú tienes? —quiso saber el Espantapájaros.</p>
<p>—No, mi cabeza es hueca —respondió el Leñador—, pero tuve una vez cerebro, y también corazón. Después de haber probado las dos cosas, desearía mucho más tener corazón.</p>
<p>—¿Y por qué? —le preguntó el Espantapájaros.</p>
<p>—Te contaré mi historia, y entonces comprenderás.</p>
<p>Y mientras caminaban por el bosque el Leñador de Hojalata contó esta historia:</p>
<p>—Soy hijo de un leñador que cortaba árboles en el bosque y que vivía de la venta de madera. Cuando crecí también yo me hice leñador, y después de la muerte de mi padre me hice cargo de mi anciana madre mientras vivió. Entonces decidí que en vez de vivir solo me casaría, para no sufrir la soledad.</p>
<p>”Había una muchacha munchkin tan bonita que pronto me enamoré perdidamente de ella. La muchacha, por su parte, prometió que se casaría conmigo cuando yo ganara dinero suficiente para construir una casa mejor, así que me puse a trabajar más que nunca. Pero la muchacha vivía con una vieja que no quería que ella se casara con nadie; era tan perezosa que quería que la muchacha se quedara con ella para cocinarle y hacer todas las tareas de la casa. La vieja, entonces, acudió a la Bruja Mala del Este y le prometió dos ovejas y una vaca si impedía el casamiento. La Bruja Mala, por ese motivo, me encantó el hacha, y un día, mientras cortaba árboles con el mayor entusiasmo, ansioso por tener casa nueva y esposa lo antes posible, el hacha me resbaló de las manos y me cortó la pierna izquierda.</p>
<p><strong><span style="color: #ff0000;"><img class="size-full wp-image-6473 alignright" title="05-BrujaMala" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/07/05-BrujaMala.jpg" alt="" width="287" height="325" /></span></strong></p>
<p>”Al principio vi eso como una gran desgracia, porque sabía que para un hombre con una sola pierna no era nada fácil cortar árboles. Fui entonces a un hojalatero y le pedí que me hiciera una pierna de lata. La pierna funcionó muy bien después que me acostumbré a ella, pero ese hecho enfureció a la Bruja Mala del Este, que había prometido a la vieja que yo no me casaría con la hermosa muchacha munchkin. Mientras estaba otra vez trabajando, el hacha se me resbaló y me cortó la pierna derecha. Volví de nuevo al hojalatero, y de nuevo me hizo una pierna de lata. Después el hacha encantada me cortó un brazo y luego el otro; pero, sin desanimarme, los reemplacé por brazos de lata. La Bruja Mala hizo entonces que el hacha resbalara y me cortara la cabeza, y al principio pensé que eso era el fin. Pero en ese momento pasaba por allí el hojalatero y me hizo una nueva cabeza de lata.</p>
<p>”Pensé entonces que había vencido a la Bruja Mala, y trabajé con más ahínco que nunca; pero no sabía hasta qué grado de crueldad podía llegar mi enemiga. La Bruja ideó una nueva manera de matar mi amor por la hermosa dama munchkin e hizo que el hacha se me volviera a escapar de las manos y me cortase el cuerpo en dos. Acudió otra vez en mi ayuda el hojalatero, que me hizo un cuerpo de lata y le unió los brazos y las piernas mediante articulaciones para que pudiera moverme como siempre. Pero como no tenía corazón perdí todo el amor que sentía por la muchacha munchkin, y dejó de importarme la idea de casarme con ella. Supongo que todavía estará viviendo con la vieja, esperando que yo la vaya a buscar.</p>
<p><strong><span style="color: #ff0000;"><img class="size-full wp-image-6474 alignleft" title="06-Reluciente" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/07/06-Reluciente.jpg" alt="" width="186" height="280" /></span></strong></p>
<p>”Mi cuerpo brillaba tanto al sol que me sentía muy orgulloso de él, y ahora no me importaba que el hacha me resbalase, porque no me podía cortar. Existía un solo peligro: que se me oxidaran las articulaciones. Pero tenía una aceitera en la casita y me aceitaba cuando lo necesitaba. Sin embargo, llegó un día en que me olvidé de hacerlo, sin pensar en el peligro que eso representaba y, sorprendido por una fuerte tormenta en el bosque, me oxidé, y allí quedé, inmóvil, hasta que llegasteis vosotros a socorrerme. Fue una experiencia terrible, pero durante el año que pasé allí tuve tiempo para pensar que la pérdida que más sentía era la del corazón. Mientras estuve enamorado fui el hombre más feliz de la tierra; pero como es imposible amar sin corazón, estoy decidido a pedirle a Oz que me dé uno. Si me lo da, volveré junto a la dama munchkin y me casaré.</p>
<p><strong><span style="color: #ff0000;"><img class="size-full wp-image-6476 alignright" title="07-Corazon" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/07/07-Corazon1.jpg" alt="" width="233" height="413" /></span></strong></p>
<p>Dorothy y el Espantapájaros habían escuchado con gran interés la historia del Leñador de Hojalata, y ahora sabían por qué deseaba tanto conseguir un nuevo corazón.</p>
<p>—Yo, de todos modos —dijo el Espantapájaros—, pediré un cerebro y no un corazón, pues un tonto no sabría qué hacer con un corazón, si lo tuviera.</p>
<p>—Yo me quedo con el corazón —respondió el Leñador de Hojalata, pues el cerebro no da felicidad, y la felicidad es la mejor cosa del mundo.</p>
<p>Dorothy no dijo nada; le intrigaba saber cuál de los dos amigos tenía razón, y decidió que, si podía volver a Kansas junto a tía Em, le daría lo mismo que el Espantapájaros no tuviera cerebro y el Leñador no tuviera corazón, o que cada cual tuviera lo que quisiera.</p>
<p>Lo que más le preocupaba era que el pan casi se había acabado, y que con otra comida ella y <em>Totó</em> vaciarían la cesta. Claro que ni el Leñador ni el Espantapájaros comían, pero ella no estaba hecha de lata ni de paja, y no podía vivir sin alimentarse.</p>
<div style="text-align: center;">&#8212;000&#8212;</div>
<h2><strong>Capítulo 6<br />
El León Cobarde<br />
</strong></h2>
<p>Todo ese tiempo Dorothy y sus compañeros habían caminado por el espeso bosque. El camino seguía estando pavimentado con ladrillos amarillos, pero ahora sobre esos ladrillos había muchas ramas secas y hojas muertas, y no resultaba nada fácil caminar.</p>
<p>Había pocos pájaros en esa parte del bosque, porque los pájaros prefieren sitios abiertos, donde hay mucho sol; pero de vez en cuando les llegaba el gruñido de algún animal oculto entre los árboles. Esos sonidos sobresaltaban el corazón de Dorothy, que no sabía qué era lo que los producía; <em>Totó</em> sí lo sabía, y caminaba pegado a Dorothy, y ni siquiera les respondía con un ladrido.</p>
<p>—¿Cuánto tardaremos en salir del bosque? —preguntó la niña al Leñador de Hojalata.</p>
<p>—No te lo puedo decir —explicó el Leñador—, porque nunca he estado en la Ciudad Esmeralda. Pero mi padre fue allá una vez, cuando yo era niño, y dijo que se trataba de un viaje largo a través de lugares peligrosos, aunque cerca de la ciudad donde vive Oz el sitio es hermoso. Pero yo no tengo miedo mientras ande con la aceitera, y nada puede dañar al Espantapájaros, y tú llevas en la frente la marca del beso de la Bruja Buena, que te protegerá.</p>
<p>—¡Pero <em>Totó</em>! —dijo la niña, preocupada—. ¿Qué protegerá a <em>Totó</em>?</p>
<p>—Lo deberemos proteger nosotros mismos, si aparece algún peligro —respondió el Leñador de Hojalata.</p>
<p>Mientras hablaba el Leñador, un rugido terrible retumbó en el bosque, y un enorme león saltó al camino. De un zarpazo lanzó a un lado al Espantapájaros, que cayó rodando, y luego golpeó al Leñador con las afiladas garras. Pero, para sorpresa del león, no consiguió hacer ninguna marca en la lata, aunque el Leñador cayó al suelo y quedó inmóvil.</p>
<p>El pequeño <em>Totó</em>, ahora que tenía un enemigo al que enfrentarse, corrió ladrando hacia el león. La enorme bestia abrió la boca para morder al perro, y entonces Dorothy, temiendo que muriera <em>Totó</em>, y sin pensar en el peligro, saltó hacia delante y abofeteó al león en la nariz con todas sus fuerzas, mientras gritaba:</p>
<p>—¡No te atrevas a morder a <em>Totó</em>! ¡Deberías avergonzarte, una bestia tan grande y tratando de morder a un perrito!</p>
<p style="text-align: center;"><strong><span style="color: #ff0000;"><img class="aligncenter size-full wp-image-6477" title="08-Reto" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/07/08-Reto.jpg" alt="" width="446" height="591" /></span></strong></p>
<p>—¡No lo he mordido! —dijo el León, mientras se frotaba la nariz con la garra, en el sitio donde le había pegado Dorothy.</p>
<p>—No, pero lo intentaste —respondió la niña—. No eres más que un gran cobarde.</p>
<p>—Lo sé —dijo el León, agachando la cabeza, avergonzado—. Siempre lo he sabido. Pero ¿qué puedo hacer?</p>
<p>—No lo sé, no estoy segura. ¡Pensar que golpeaste a un hombre de paja, como el pobre Espantapájaros!</p>
<p>—¿Es de paja? —preguntó el León, sorprendido, mientras miraba cómo Dorothty levantaba al Espantapájaros, lo ponía de pie y lo palmeaba dándole la forma perdida.</p>
<p>—Claro que es de paja —dijo la niña, que todavía estaba enojada.</p>
<p>—Por eso cayó tan fácilmente —comentó el León—. Me asombró verlo girar de esa manera. ¿El otro también es de paja?</p>
<p>—No —dijo Dorothy—, es de hojalata.</p>
<p>Y ayudó a levantarse al Leñador de Hojalata.</p>
<p>—Por eso casi me desafiló las garras —dijo el León—. Cuando arañaron la hojalata sentí que un temblor me bajaba por la espalda. ¿Qué es ese animal por el que sientes tanta ternura?</p>
<p>—Es mi perro, <em>Totó</em> —dijo Dorothy.</p>
<p>—¿Es de paja o de hojalata? —preguntó el León.</p>
<p>—De ninguna de las dos cosas. Es de carne —dijo la niña.</p>
<p>—Ah. Es un animal curioso, y ahora que lo veo bien, parece muy pequeño. Sólo a un cobarde como yo se le ocurriría morder una cosa tan pequeña —prosiguió el León, con voz triste.</p>
<p>—¿Por qué eres cobarde? —preguntó Dorothy, mirando con curiosidad a la enorme bestia, que era casi tan grande como un caballo.</p>
<p>—Es un misterio —respondió el León—. Supongo que nací así. Todos los otros animales del bosque piensan, por supuesto, que soy valiente, porque el león es considerado en todas partes el Rey de los Animales. Aprendí que, si rugía muy fuerte, todo ser viviente se asustaba y se apartaba de mi camino. Cada vez que me encontraba con un hombre, me asustaba mucho; pero le rugía y el hombre echaba a correr a la mayor velocidad posible. Si los elefantes, los tigres y los osos hubieran tratado de atacarme, yo habría huido. Así soy de cobarde. Pero en cuanto oyen mi rugido tratan de alejarse y yo, naturalmente, los dejo ir.</p>
<p>—Pero eso no es correcto. El Rey de los Animales no debería ser un cobarde —dijo el Espantapájaros.</p>
<p>—Ya lo sé —le respondió el León, enjugándose una lágrima con la punta de la cola—; es mi mayor aflicción y me hace muy desdichado. Pero en cuanto aparece el peligro, el corazón me empieza a latir con mayor rapidez.</p>
<p><strong><span style="color: #ff0000;"><img class="size-full wp-image-6478 alignright" title="09-Llanto" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/07/09-Llanto.jpg" alt="" width="189" height="327" /></span></strong></p>
<p>—Tal vez estés enfermo del corazón —dijo el Leñador de Hojalata.</p>
<p>—Tal vez —dijo el León.</p>
<p>—Si lo estás —prosiguió el Leñador de Hojalata—, deberías alegrarte, porque eso prueba que tienes corazón. Yo no lo tengo, así que no puedo sufrir esa clase de enfermedad.</p>
<p>—Quizá —dijo el León, pensativo— si no tuviera corazón no sería cobarde.</p>
<p>—¿Tienes cerebro? —preguntó el Espantapájaros.</p>
<p>—Supongo que sí. Nunca me he fijado si lo tenía —respondió el León.</p>
<p>—Yo voy al gran Oz a pedirle que me dé uno —comenzó el Espantapájaros—, porque tengo la cabeza rellena de paja.</p>
<p>—Y yo voy a pedirle que me ponga un corazón —dijo el Leñador.</p>
<p>—Y yo voy a pedirle que nos mande a <em>Totó</em> y a mí de vuelta a Kansas —agregó Dorothy.</p>
<p>—¿Creen que Oz me podría dar coraje? —preguntó el León Cobarde.</p>
<p>—Sería lo mismo que darme a mí un cerebro —dijo el Espantapájaros.</p>
<p>—O a mí un corazón —dijo el Leñador de Hojalata.</p>
<p>—O mandarme a mí de vuelta a Kansas —dijo Dorothy.</p>
<p>—Entonces, si no os importa, iré con vosotros —dijo el León—, porque mi vida es insoportable sin un poco de coraje.</p>
<p>—Serás muy bienvenido —le contestó Dorothy—, porque nos ayudarás a espantar los otros animales salvajes. Me parece que deben de ser más cobardes que tú si se dejan asustar por ti tan fácilmente.</p>
<p>—Lo son, de veras —dijo el León—; pero eso no me hace más valiente, y mientras sepa que soy cobarde, seré desdichado.</p>
<p>Otra vez se puso en marcha el pequeño grupo, el León caminando con paso majestuoso al lado de Dorothy. Al principio, <em>Totó</em> no aprobó ese nuevo compañero, pues no lograba olvidar lo poco que había faltado para ser aplastado entre las enormes fauces del León; pero después de un tiempo se tranquilizó, y él y el León Cobarde terminaron siendo buenos amigos.</p>
<p>Durante el resto del día no hubo más aventuras que alteraran la paz del viaje. Sí, en un momento el Leñador de Hojalata pisó un escarabajo que andaba por el camino y lo mató, pobrecito. Eso entristeció mucho al Leñador, que siempre se cuidaba de no lastimar a ninguna criatura viva, y mientras caminaban se le escaparon unas pocas lágrimas de pena. Esas lágrimas le bajaron despacio por la cara y se le metieron en las articulaciones de la mandíbula, que se oxidó. Dorothy en un momento le hizo una pregunta, y el Leñador de Hojalata no le pudo responder porque tenía las mandíbulas firmemente pegadas. El Leñador se asustó mucho, y le hizo señas a Dorothy para que lo socorriese, pero Dorothy no le entendía. El León también estaba interesado en saber qué era lo que andaba mal. Pero el Espantapájaros sacó la aceitera de la cesta de Dorothy y aceitó las mandíbulas del Leñador, que en unos instantes recuperó el habla.</p>
<p>—Esto me servirá de lección —dijo—, para mirar dónde pongo el pie. Porque si matara otro escarabajo o cualquier insecto, seguramente volvería a llorar, y el llanto me oxida la mandíbula y me impide hablar.</p>
<p>Después de eso caminaba con mucho cuidado, sin apartar los ojos del camino, y cuando veía una pequeña hormiga levantaba más el pie para no herirla. El Leñador sabía muy bien que no tenía corazón, y entonces se preocupaba mucho de no ser cruel ni despiadado con nada.</p>
<p>—Vosotros, los que tenéis corazón —dijo—, contáis con algo que os guía y nunca necesitáis hacer daño; pero yo no tengo corazón, y entonces debo ser muy cuidadoso. Por supuesto, cuando Oz me dé un corazón no necesitaré preocuparme tanto.</p>
<p style="text-align: center;"><strong><span style="color: #ff0000;"><img class="aligncenter size-full wp-image-6479" title="10-LeonDorothy" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/07/10-LeonDorothy.jpg" alt="" width="360" height="243" /></span></strong></p>
<hr size="2" /><strong>Artículos relacionados:</strong></p>
<div>
<div>
<p>Ficciones: <em>El Mago de Oz</em> en Imaginaria; traducción de Marcial Souto:</p>
<ul>
<li><a title="Presentación de Marcela Carranza. Introducción de L. Frank Baum. Capítulos I y II." href="../?p=6104">Presentación de Marcela Carranza. Introducción de L. Frank Baum. Capítulos I y II.</a></li>
<li><a id="l-of" title="Capítulos III y IV." href="../?p=6339">Capítulos III y IV.</a></li>
</ul>
<p><a title="Autores: L. Frank Baum." href="../?p=6124">Autores: L. Frank Baum.</a></p>
</div>
</div>
<p><a title="Reseñas de libros: El Mago de Oz, de L. Frank Baum." href="../09/0/oz2.htm">Reseñas de libros: El Mago de Oz, de L. Frank Baum.</a></p>
]]></content:encoded>
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		</item>
		<item>
		<title>Torni Yo, historieta de Carlos Trillo-Eduardo Maicas (guión) y Gustavo Sala (dibujos)</title>
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		<pubDate>Tue, 29 Jun 2010 19:37:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ficciones]]></category>
		<category><![CDATA[Nº273]]></category>

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		<description><![CDATA[Anunciamos el lanzamiento de Torni Yo, el primer título de la colección “¡Toing!”, un proyecto editorial independiente de libros de historietas de autores argentinos para niños y jóvenes. Las historias de Torni Yo fueron publicadas originalmente en la revista infantil Genios entre 2006 y 2007. Anunciamos el lanzamiento de Torni Yo, el primer título de la colección [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignright size-full wp-image-6373" title="TorniYo-Tapa" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/06/TorniYo-Tapa1.jpg" alt="" width="168" height="228" />Anunciamos el lanzamiento de <em>Torni Yo</em>, el primer título de la colección “¡Toing!”, un proyecto editorial independiente de libros de historietas de autores argentinos para niños y jóvenes. Las historias de <em>Torni Yo</em> fueron publicadas originalmente en la revista infantil <em>Genios</em> entre 2006 y 2007.<strong> </strong></p>
<p><span id="more-6351"></span><strong><img class="aligncenter size-full wp-image-6352" title="TorniYo-Tapa" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/06/TorniYo-Tapa.jpg" alt="" width="500" height="678" /><br />
</strong></p>
<p>Anunciamos el lanzamiento de <em>Torni Yo</em>, el primer título de la colección “¡Toing!”, un proyecto editorial independiente de libros de historietas de autores argentinos para niños y jóvenes.</p>
<p>La colección “¡Toing!” está editada por Comiks Debris (<a id="kqdm" title="www.comiksdebris.com.ar" href="http://www.comiksdebris.com.ar/">www.comiksdebris.com.ar</a>). La Dirección Editorial es de Marcelo Danza y la Coordinación de la colección es de <a id="vguz" title="César Da Col" href="../08/5/dacol.htm">César Da Col</a> y <a id="y49j" title="Roberto Sotelo" href="../?page_id=631">Roberto Sotelo</a>. Los libros de “¡Toing!” son álbumes de 24 x 17 cm y 48 páginas a color; el segundo título de la serie es <em>Niko &amp; Miko</em>, una historia de ciencia ficción, humor y aventuras de <a id="qvmm" title="J.J. Rovella" href="http://www.educared.org.ar/enfoco/imaginaria/biblioteca/?p=249">J.J. Rovella</a>.</p>
<p>Esta nueva serie de historietas adhiere a los conceptos expresados en el Manifiesto de <a id="zzt3" title="Banda Dibujada" href="../15/0/banda-dibujada.htm">Banda Dibujada</a>, movimiento cultural para la difusión de la Historieta Infantil y Juvenil. <a id="ih63" title="El texto completo del manifiesto" href="https://sites.google.com/site/bandadibujada/manifiesto">El texto completo del manifiesto</a> se encuentra en el blog de Banda Dibujada (<a id="p-xw" title="http://www.bandadibujada.blogspot.com" href="http://www.bandadibujada.blogspot.com/">http://www.bandadibujada.blogspot.com</a>).</p>
<p>En el blog de la colección “¡Toing!” (<a id="jlcs" title="http://colecciontoing.blogspot.com/" href="http://colecciontoing.blogspot.com/">http://colecciontoing.blogspot.com/</a>) se incluirán novedades de todo tipo: comentarios y artículos en los medios, novedades de la colección, eventos y actividades, dibujos que manden los chicos, etc. Y para contactarse directamente con editores y autores, hay que escribir a <a id="n.jk" title="coleccion.toing@gmail.com" href="mailto:coleccion.toing@gmail.com">coleccion.toing@gmail.com</a>.</p>
<p style="text-align: center;"><strong><img class="aligncenter size-full wp-image-6353" title="LogoToing" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/06/LogoToing.jpg" alt="" width="240" height="135" /></strong></p>
<hr size="2" />
<h2><strong>Torni Yo</strong></h2>
<p><strong> </strong><strong>Carlos Trillo-Eduardo Maicas (guión) y Gustavo Sala (dibujos). Con la colaboración de Humberto Miranda en el coloreado.<br />
</strong><br />
Las historias de <em>Torni Yo</em> fueron publicadas originalmente en la revista infantil <em>Genios</em> entre 2006 y 2007, y actualmente es el único trabajo grupal realizado por este “seleccionado” de historietistas de gran nivel.</p>
<p style="text-align: center;"><strong><img class="aligncenter size-full wp-image-6354" title="TorniYo-Robot" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/06/TorniYo-Robot.jpg" alt="" width="288" height="247" /></strong></p>
<p><em>“El robot Torni fue creado por un inventor loco con la intención de dominar el mundo. Tras escapar de las garras de su creador, Torni buscó refugio en un negocio haciéndose pasar por un juguete. Y allí lo encontró Lucio. ¡Así nació esta gran amistad, llena de emoción, aventura y humor!”</em></p>
<p>A continuación, presentamos a todos los personajes de esta historieta y ofrecemos las tres primeras aventuras de Torni y Lucio <em>(Click en cada imagen para verla más grande.)</em><strong> </strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/06/TorniYo-Personajes1.jpg"><strong><img class="aligncenter size-full wp-image-6417" title="personajes_torni_imaginaria_web" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/06/personajes_torni_imaginaria_web.jpg" alt="" width="400" height="546" /></strong></a></p>
<p style="text-align: center;"><strong> </strong><strong><a href="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/06/TorniYo-Historieta-01.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-6356" title="TorniYo-Historieta 01CH" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/06/TorniYo-Historieta-01CH.jpg" alt="" width="500" height="613" /></a><br />
</strong><a href="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/06/TorniYo-Historieta-02.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-6358" title="TorniYo-Historieta 02CH" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/06/TorniYo-Historieta-02CH.jpg" alt="" width="500" height="610" /></a><strong><br />
</strong><br />
<a href="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/06/TorniYo-Historieta-03.jpg"><strong><img class="aligncenter size-full wp-image-6360" title="TorniYo-Historieta 03CH" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/06/TorniYo-Historieta-03CH.jpg" alt="" width="500" height="620" /></strong></a></p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/06/TorniYo-Historieta-04.jpg"><strong><img class="aligncenter size-full wp-image-6363" title="TorniYo-Historieta 04CH" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/06/TorniYo-Historieta-04CH.jpg" alt="" width="500" height="627" /></strong></a></p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/06/TorniYo-Historieta-05.jpg"><strong><img class="aligncenter size-full wp-image-6365" title="TorniYo-Historieta 05CH" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/06/TorniYo-Historieta-05CH1.jpg" alt="" width="500" height="622" /></strong></a></p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/06/TorniYo-Historieta-06.jpg"><strong><img class="aligncenter size-full wp-image-6367" title="TorniYo-Historieta 06CH" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/06/TorniYo-Historieta-06CH.jpg" alt="" width="500" height="627" /></strong></a></p>
<hr size="2" />
<h2><strong>Los autores</strong></h2>
<p><img class="alignright size-full wp-image-6370" title="Trillo, Carlos" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/06/Trillo-Carlos.jpg" alt="" width="173" height="253" /><strong>Carlos Trillo</strong> (1943, Buenos Aires, Argentina), es uno de los autores más destacados de la historieta argentina de los últimos 30 años. Sus guiones dieron vida a personajes míticos (El Loco Chávez, Las Puertitas del Señor López, Cybersix, Alvar Mayor, entre otros), todos trabajos orientados al público adulto. También es autor de una inmensa obra para niños publicada en revistas nacionales y extranjeras, y en libros como <em><a id="pe9v" title="Martin Holmes" href="../21/5/martin-holmes-ficciones.htm">Martin Holmes</a></em>, <em><a id="b2df" title="El Cuerno Escarlata" href="../?p=568">El Cuerno Escarlata</a></em>, y <em>Los Misterios de Luna Roja</em>. Por su trayectoria recibió numerosas distinciones: el Yellow Kid (Italia) y el Premio <a id="hdph" title="Museo de la Caricatura “Severo Vaccaro”" href="../11/4/vaccaro.htm">Museo de la Caricatura “Severo Vaccaro”</a> (Argentina).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;<br />
<img class="alignright size-full wp-image-6371" title="Maicas, Eduardo" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/06/Maicas-Eduardo.jpg" alt="" width="200" height="238" /><strong>Eduardo Maicas</strong> (1951, Buenos Aires, Argentina), es un humorista de gran trayectoria en medios gráficos y radiales (fue nominado al Martín Fierro). Publicó en las revistas <em>Humor</em> y <em>El Gráfico</em>, entre otras; y también desarrolló una importante obra para chicos: la tira <em>El Rope y el Gusa Nito</em> en <em>Billiken</em>, colaboraciones en <em>Humi</em>, y guiones de historietas —en dupla con Carlos Trillo— para <em>Genios</em>. En la actualidad, colabora en el diario <em>La Prensa</em> y en las revistas <em>Comic.ar</em> y <em>Fierro</em>. Junto con Carlos Trillo y el dibujante Jordi Bernet realiza la historieta para adultos <em>Clara de noche</em> en la revista española <em>El Jueves</em> y en el suplemento <em>No</em> del diario <em>Página/12</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;<br />
<img class="alignright size-full wp-image-6372" title="Sala, Gustavo" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/06/Sala-Gustavo.jpg" alt="" width="250" height="176" /><strong>Gustavo Sala</strong> (1973, Mar del Plata, Argentina), publicó historietas y humor gráfico en las revistas argentinas <em>La Mano</em>, <em>Genios</em>, <em>Barcelona</em>, <em>Comiqueando</em> y la española <em>Monográfico</em>. Realiza la tira <em>Bife Angosto</em> (compilada en libro por Ediciones de la Flor) en el suplemento <em>No</em> del diario <em>Página/12</em> y en la revista española <em>El Jueves</em>; y las series <em>El Baño</em> y <em>Violeta Macho</em> para la revista <em>Fierro</em>. Hace humor en la FM Rock &amp; Pop Beach. Sus últimos libros de humor gráfico para adultos son <em>Bola Triste</em> (Moebius Editora) y <em>Amasala</em> (+Info Editorial).</p>
<hr size="2" /><strong>Artículos relacionados:</strong></p>
<p><strong> </strong><a id="lz58" title="Destacados: Historietas para adolescentes y jóvenes." href="../15/2/destacados.htm">Destacados: Historietas para adolescentes y jóvenes.</a></p>
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<p><a id="fw9i" title="Biblioteca Imaginaria: El fascinante mundo de la historieta." href="http://www.educared.org.ar/enfoco/imaginaria/biblioteca/?p=732">La Biblio de los Chicos: El fascinante mundo de la historieta.</a></p>
<p><a id="o5ae" title="Humor: El Jardinero Mágico, de Douglas Wright." href="../?page_id=56">Humor: El Jardinero Mágico, de Douglas Wright.</a></p>
<p><a id="w-7r" title="Miscelánea: Banda Dibujada. Nace en Argentina un movimiento cultural que apoya la creación, edición y difusión de la Historieta para niños." href="../15/0/banda-dibujada.htm">Miscelánea: Banda Dibujada. Nace en Argentina un movimiento cultural que apoya la creación, edición y difusión de la Historieta para niños.</a></p>
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]]></content:encoded>
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		<title>El Mago de Oz. Capítulos 3 y 4</title>
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		<pubDate>Tue, 29 Jun 2010 19:36:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ficciones]]></category>
		<category><![CDATA[Nº 273]]></category>

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		<description><![CDATA[Continuamos con la publicación de El Mago de Oz, de L. Frank Baum, que iniciamos en el número anterior de Imaginaria, con las ilustraciones de su primera edición, por William Wallace Denslow, y traducción de Marcial Souto. La entrega será de dos capítulos por edición de Imaginaria. Esperamos que todos disfruten de este clásico tanto [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;"><em><a href="http://www.imaginaria.com.ar/wp/wp-content/uploads/2010/01/LaChunaZorro-Tapa1.jpg"><img class="alignright size-full wp-image-6118" title="04-Portada" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/06/04-Portada1.jpg" alt="" width="168" height="234" /></a></em>Continuamos con la publicación de <em>El Mago de Oz,</em> de <strong>L. Frank Baum,</strong> que iniciamos en el número anterior de Imaginaria, con las ilustraciones de su primera edición, por <strong>William Wallace  Denslow, </strong> y traducción de <strong>Marcial Souto.</strong> La entrega será de dos capítulos por edición de Imaginaria. Esperamos que todos disfruten de este clásico tanto como  los niños.<br />
<span id="more-6339"></span></p>
<p style="text-align: right;"><strong> </strong>Por <a href="http://www.imaginaria.com.ar/?p=6124"><strong>L. Frank Baum</strong></a><br />
Ilustraciones de <a href="http://www.imaginaria.com.ar/?p=6124"><strong>William Wallace  Denslow<br />
</strong></a>Título original: <em>The Wonderful Wizard of Oz<br />
</em>Traducción  de <a href="http://www.imaginaria.com.ar/?page_id=6224"><strong>Marcial Souto</strong></a><br />
© Marcial Souto, 2002, 2010<br />
<a href="../?p=6124"><strong> </strong></a><br />
<strong><span style="color: #ff0000;"><br />
</span></strong></p>
<h2><strong>Capítulo 3<br />
Dorothy salva al Espantapájaros<br />
</strong></h2>
<p>Al quedar sola, Dorothy comenzó a sentir hambre. Fue a la despensa y cortó un trozo de pan que luego untó con manteca. Le dio una parte a <em>Totó</em>. Sacó un balde de un estante, lo llevó hasta el pequeño arroyo y lo llenó de agua transparente y cristalina. <em>Totó</em> corrió hasta los árboles y comenzó a ladrar a los pájaros. Dorothy lo fue a buscar y vio frutos tan deliciosos colgando de las ramas que recogió algunos, segura de que era precisamente eso lo que quería para completar el desayuno.</p>
<p>Luego regresó a la casa, y después de tomar ella y <em>Totó</em> unos buenos tragos de agua fresca y transparente se empezó a preparar para el viaje a la Ciudad Esmeralda.</p>
<p>Dorothy sólo tenía otro vestido, pero estaba limpio y colgado de una percha junto a la cama. Era de algodón a cuadros blancos y azules; y aunque el azul estaba un poco desvaído de tantos lavados, todavía era una buena prenda. La niña se lavó cuidadosamente, se puso el vestido limpio y se ató la cofia rosa a la cabeza. Buscó una pequeña cesta, la llenó de pan que sacó de la alacena y la cubrió con un mantel blanco. Luego se miró los pies y vio lo viejos y gastados que tenía los zapatos.</p>
<p>—Seguramente no resistirán un largo viaje, <em>Totó</em> —dijo. Y <em>Totó</em> la miró a la cara con aquellos ojitos negros y movió la cola para demostrarle que entendía.</p>
<p>En ese momento Dorothy vio, sobre la mesa, los zapatos de plata que habían pertenecido a la Bruja Mala del Este.</p>
<p>—No sé si me servirán —le dijo a <em>Totó</em>—. Sin duda serían los zapatos más adecuados para un largo viaje, pues no podrían gastarse.</p>
<p>Se quitó los viejos zapatos de cuero y se probó los de plata, que le quedaron tan bien como si hubieran sido hechos especialmente para ella.</p>
<p>Por último, recogió la cesta.</p>
<p>—Vamos, <em>Totó</em> —dijo—; viajaremos hasta la Ciudad Esmeralda y preguntaremos al gran Oz cómo podemos volver a Kansas.</p>
<p>Cerró la puerta con llave y guardó la llave en el bolsillo del vestido. Y con <em>Totó</em> trotándole a los talones, inició el viaje.</p>
<p>Había por allí cerca varios caminos, pero no tardó mucho en encontrar el que estaba pavimentado con ladrillos amarillos. Echó a andar enseguida hacia la Ciudad Esmeralda; los zapatos de plata tintineaban alegremente en el suelo duro. El sol brillaba y los pájaros cantaban y Dorothy no se sentía todo lo mal que uno puede suponer en una niña que ha sido repentinamente arrancada de su casa y depositada en el medio de un país extraño.</p>
<p>Mientras caminaba se sorprendió de lo bello que era ese país. A los lados del camino había unas cercas muy cuidadas, pintadas de un exquisito color azul, y detrás se extendían campos de trigo y hortalizas en asombrosa abundancia. Sin duda los munchkins eran buenos granjeros, capaces de producir grandes cosechas. De vez en cuando pasaban por delante de una casa, y la gente salía a mirarla y a inclinarse ante su paso, pues todos sabían que ella había matado a la Bruja Mala y los había liberado. Las casas de los munchkins eran muy raras: tenían forma redonda y terminaban en una enorme cúpula. Todas estaban pintadas de azul, pues en ese país del Este el azul era el color favorito.</p>
<p>Hacia el atardecer, cuando Dorothy se sentía ya cansada de la larga caminata y empezaba a preguntarse dónde pasaría la noche, llegó a una casa más grande que las demás. Delante de ella, en el césped verde, había muchos hombres y mujeres bailando. Cinco pequeños violinistas tocaban lo más fuerte posible y la gente reía y cantaba; a un lado había una mesa grande colmada de deliciosos frutos y pasteles y muchas otras cosas buenas para comer.</p>
<p>Saludaron cariñosamente a Dorothy y la invitaron a cenar y a pasar la noche con ellos, pues era la casa de uno de los munchkins más ricos del país y sus amigos se habían reunido con él para festejar su liberación de los poderes de la Bruja Mala.</p>
<p>Dorothy comió una abundante cena, en la que fue acompañada por el propio munchkin rico, que se llamaba Boq. Luego se sentó en un sofá y miró cómo bailaban los demás.</p>
<p style="text-align: center;"><strong><span style="color: #ff0000;"><img class="aligncenter size-full wp-image-6340" title="01-EnLoDeBoq" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/06/01-EnLoDeBoq.jpg" alt="" width="396" height="582" /></span></strong></p>
<p>Cuando Boq le vio los zapatos de plata, dijo: —Debes de ser una gran hechicera. —¿Por qué? —preguntó la niña.</p>
<p>—Porque llevas zapatos de plata y has matado a la Bruja Mala. Además tienes color blanco en el vestido, y sólo las brujas y las hechiceras usan el color blanco.</p>
<p>—Mi vestido tiene cuadros blancos y azules —dijo Dorothy, alisándose las arrugas.</p>
<p>—Eres muy amable al usar esos colores —dijo Boq—. El azul es el color de los munchkins y el blanco es el color de las brujas; así sabemos que eres una bruja amistosa.</p>
<p>Dorothy no sabía qué decir, pues todos parecían creer que era una bruja, y ella sabía muy bien que sólo era una niña común que por obra de un ciclón había llegado a un país extraño.</p>
<p>Cuando se cansó de mirar la danza, Boq la llevó dentro de la casa, donde le ofreció una habitación con una cama muy bonita. Las sábanas eran de tela azul, y Dorothy durmió profundamente en ellas hasta la mañana, con <em>Totó</em> acurrucado en la alfombra azul, a su lado.</p>
<p>Tomó un abundante desayuno y miró cómo un bebé munchkin jugaba con <em>Totó</em> y le tiraba de la cola y cacareaba y reía de un modo muy divertido. <em>Totó</em> era una verdadera curiosidad para todos, ya que nunca habían visto un perro.</p>
<p style="text-align: center;"><strong><span style="color: #ff0000;"><img class="size-full wp-image-6341  aligncenter" title="02-BebeToto" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/06/02-BebeToto.jpg" alt="" width="239" height="125" /></span></strong></p>
<p>—¿Cuánto falta para la Ciudad Esmeralda? —preguntó la niña.</p>
<p>—No lo sé —respondió Boq, con voz grave—, porque nunca he estado allí. No es conveniente acercarse a Oz si no es por cuestión de negocios. Pero hay una gran distancia hasta la Ciudad Esmeralda, y tardarás muchos días en recorrerla. Esta zona es rica y agradable, pero tendrás que atravesar sitios difíciles y peligrosos antes de finalizar el viaje.</p>
<p>Eso preocupó un poco a Dorothy, pero como sabía que sólo el gran Oz la podía ayudar a regresar a Kansas, decidió valientemente seguir adelante.</p>
<p>Dijo adiós a sus amigos y echó otra vez a andar por el camino de ladrillos amarillos. Después de caminar varios kilómetros pensó que debía descansar; trepó a la cerca que bordeaba el camino y se sentó. Detrás de la cerca había un inmenso maizal, y a poca distancia vio un Espantapájaros colocado en lo alto de una vara para que los pájaros no se comieran el maíz maduro.</p>
<p style="text-align: center;"><strong><span style="color: #ff0000;"><img class="size-full wp-image-6342  aligncenter" title="03-Maizal" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/06/03-Maizal.jpg" alt="" width="439" height="600" /></span></strong></p>
<p>Dorothy apoyó la barbilla en la mano y, pensativa, miró al Espantapájaros. La cabeza del Espantapájaros era una bolsa rellena de paja, sobre la que habían pintado ojos, nariz y boca para representar una cara. En esa cabeza habían puesto un viejo sombrero puntiagudo que había pertenecido a algún munchkin y el resto de la figura era un traje azul, gastado y desteñido, también relleno de paja. En los pies tenía botas viejas con punta azul, como las que usaban todos los hombres de ese país, y la figura asomaba por encima de los tallos del maíz, sostenida por la vara que tenía clavada en la espalda.</p>
<p>Mientras Dorothy miraba con atención la extraña cara pintada, se sorprendió al ver que el Espantapájaros le guiñaba lentamente un ojo. Al principio pensó que tenía que estar equivocada, pues en Kansas los espantapájaros nunca guiñan los ojos; pero luego la figura la saludó inclinando amistosamente la cabeza. Dorothy bajó de la cerca y caminó hacia él, mientras <em>Totó</em> corría alrededor de la vara y ladraba.</p>
<p>—Buenos días —dijo el Espantapájaros, con voz un poco ronca.</p>
<p>—¿Has dicho algo? —preguntó la niña, sorprendida. —Claro que sí —respondió el Espantapájaros—. ¿Cómo estás?</p>
<p>—Yo muy bien, gracias —respondió Dorothy, amablemente—. ¿Cómo estás tú?</p>
<p>—Yo no me siento bien —dijo el Espantapájaros, con una sonrisa—, porque es muy aburrido estar clavado aquí arriba día y noche para espantar los pájaros.</p>
<p>—¿No puedes bajar? —preguntó Dorothy.</p>
<p>—No, porque tengo este palo clavado en la espalda. Si por favor me lo sacas, te estaré inmensamente agradecido.</p>
<p>Dorothy levantó los dos brazos y alzó la figura sacándola del palo, pues como estaba rellena con paja era muy liviana.</p>
<p>—Muchas gracias —dijo el Espantapájaros cuando tocó el suelo con los pies—. Me siento un hombre nuevo.</p>
<p>Dorothy estaba intrigada. Era muy extraño oír y ver a un hombre relleno de paja inclinando la cabeza y caminando a su lado.</p>
<p>—¿Quién eres? —preguntó el Espantapájaros, después de bostezar y desperezarse—, ¿y adónde vas?</p>
<p>—Me llamo Dorothy —dijo la niña—, y voy a la Ciudad Esmeralda, a pedir al gran Oz que me mande de vuelta a Kansas.</p>
<p>—¿Dónde está la Ciudad Esmeralda? —preguntó el Espantapájaros—; y ¿quién es Oz?</p>
<p>—¡Cómo! ¿No lo sabes? —dijo Dorothy, sorprendida.</p>
<p>—No, de veras no lo sé; no sé nada. Como ves, estoy relleno de paja, así que no tengo cerebro —respondió con tristeza el Espantapájaros.</p>
<p>—Ah —dijo Dorothy—. Lo siento mucho.</p>
<p>—¿Crees —preguntó el Espantapájaros— que si yo fuera contigo a la Ciudad Esmeralda el gran Oz me daría un cerebro?</p>
<p>—No te lo puedo asegurar —dijo la niña—, pero me puedes acompañar si quieres. Aunque Oz no te dé un cerebro, no estarás peor que ahora.</p>
<p>—Es verdad —dijo el Espantapájaros—. Sabes —prosiguió en tono confidencial—, no me importa tener las piernas y los brazos y el cuerpo rellenos, porque así no me lastimo. Si alguien me pisa los dedos de un pie o me clava un alfiler, no importa, porque no lo siento. Pero no quiero que la gente me llame tonto, y si en mi cabeza sigue habiendo paja en vez de cerebro, ¿cómo voy a poder aprender cosas?</p>
<p>—Sé muy bien cómo te sientes —dijo la niña, que estaba de veras apenada—. Si vienes conmigo le pediré a Oz que haga todo lo posible por ti.</p>
<p>—Gracias —respondió el Espantapájaros.</p>
<p>Volvieron hacia el camino, y Dorothy lo ayudó a pasar por encima de la cerca, y echaron a andar por los ladrillos amarillos hacia la Ciudad Esmeralda.</p>
<p>Al principio a <em>Totó</em> no le gustó el nuevo miembro de la expedición. Olfateaba alrededor del hombre de paja como si sospechara que podía albergar un nido de ratas, y a menudo le gruñía de un modo nada amistoso.</p>
<p>—No te preocupes por <em>Totó</em> —le dijo Dorothy al nuevo amigo—. Nunca muerde.</p>
<p>—Ah, no tengo miedo —respondió el Espantapájaros—; no me puede hacer daño en la paja. Déjame llevar la cesta porque no me canso. Te diré un secreto —prosiguió, mientras caminaban—. Sólo hay una cosa en el mundo que yo temo.</p>
<p>—¿Qué es? —preguntó Dorothy—. ¿El granjero munchkin que te hizo?</p>
<p>—No —respondió el Espantapájaros—, un fósforo encendido.</p>
<p style="text-align: center;"><strong><span style="color: #ff0000;"><img class="aligncenter size-full wp-image-6343" title="04-Caminando" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/06/04-Caminando.jpg" alt="" width="406" height="324" /></span></strong></p>
<div style="text-align: center;">&#8212;000&#8212;</div>
<h2><strong>Capítulo 4<br />
El camino en el bosque<br />
</strong></h2>
<p>Después de unas pocas horas el sendero se empezó a volver escabroso, y resultaba tan difícil caminar que el Espantapájaros tropezaba a menudo en los ladrillos amarillos, que estaban puestos de modo muy irregular. A veces simplemente faltaban o estaban rotos, y en su sitio había agujeros sobre los que <em>Totó</em> saltaba y que Dorothy esquivaba. En cuanto al Espantapájaros, como no tenía cerebro caminaba en línea recta y pisaba los agujeros y caía cuan largo era sobre los duros ladrillos. Sin embargo, nunca se lastimaba, y Dorothy lo ayudaba a levantarse mientras el Espantapájaros se reía alegremente de su propia torpeza.</p>
<p>Las granjas no estaban tan cuidadas como las que quedaban atrás. Había menos casas y menos árboles frutales, y cuanto más avanzaban más triste y solitario se volvía el paisaje.</p>
<p>Al mediodía se sentaron en el borde del camino, cerca de un pequeño arroyo, y Dorothy abrió la cesta y sacó un poco de pan. Ofreció un pedazo al Espantapájaros, que no lo aceptó.</p>
<p style="text-align: center;"><strong><span style="color: #ff0000;"><img class="size-full wp-image-6344  aligncenter" title="05-Sentados" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/06/05-Sentados.jpg" alt="" width="443" height="600" /></span></strong></p>
<p>—Nunca tengo hambre —dijo—, lo cual es una gran ventaja, porque mi boca sólo está pintada. Si tuviera que hacerle un agujero para comer, por ahí saldría la paja con la cual estoy relleno, y eso arruinaría la forma de mi cabeza.</p>
<p>Dorothy entendió instantáneamente que eso era cierto. Asintió y siguió comiendo el pan.</p>
<p>—Cuéntame algo de ti, y del país de donde vienes —dijo el Espantapájaros, cuando ella terminó de comer. Dorothy entonces le habló de Kansas, y de lo gris que era allí todo, y cómo el ciclón la había llevado a ese extraño País de Oz.</p>
<p>El Espantapájaros la escuchó con atención y después dijo:</p>
<p>—No entiendo por qué quieres irte de este hermoso país y volver al sitio seco y gris que llamas Kansas.</p>
<p>—No lo entiendes porque no tienes cerebro —respondió la niña—. Por muy tristes y grises que sean nuestras casas, nosotros, las personas de carne y hueso, preferimos vivir allí antes que en otro país, por muy hermoso que sea. No hay ningún sitio como el hogar de uno.</p>
<p>El Espantapájaros suspiró.</p>
<p>—Claro que no lo puedo entender —dijo—. Si vuestras cabezas estuvieran llenas de paja, como la mía, tal vez viviríais en sitios hermosos, y no quedaría nadie en Kansas. Para Kansas es una suerte que tengáis cerebro.</p>
<p>—¿Por qué no me cuentas una historia mientras descansamos? —le pidió la niña.</p>
<p>El Espantapájaros la miró arrugando el entrecejo y respondió:</p>
<p>—Mi vida ha sido tan corta que en realidad no sé nada. Me fabricaron hace sólo dos días. Lo que sucedió en el mundo hasta ese momento lo desconozco. Por fortuna, cuando el granjero me hizo la cabeza, una de las primeras cosas de las que se ocupó fue de pintarme las orejas, así que oí todo lo que pasaba. Estaba con él otro munchkin, y lo primero que oí fue la voz del granjero diciendo:</p>
<p>”—¿Qué te parecen estas orejas?</p>
<p>”—No son rectas —respondió el otro.</p>
<p>”—No importa —dijo el granjero—. Igualmente son orejas. —Lo cual era verdad.</p>
<p>”—Ahora le haré los ojos —dijo el granjero. Y me pintó el ojo derecho, y en cuanto estuvo terminado descubrí que yo miraba al granjero y todo lo que había alrededor con gran curiosidad, porque ésa era mi primera imagen del mundo.</p>
<p>”—Un ojo bastante bonito —comentó el munchkin que miraba al granjero—. La pintura azul es la más adecuada para los ojos.</p>
<p>”—Me parece que el otro lo voy a hacer un poco más grande —dijo el granjero; y cuando estuvo terminado el segundo ojo vi mucho mejor que antes. Luego me hizo la nariz y la boca.</p>
<p>”Pero no hablé porque en ese momento no sabía para qué servía la boca. Me divertí viendo cómo me hacían el cuerpo y los brazos y las piernas y, cuando al fin me colocaron la cabeza, me sentí muy orgulloso, porque pensé que era un hombre tan bueno como cualquiera.</p>
<p>”—Este sujeto espantará muy rápido a los pájaros —dijo el granjero—. Parece un hombre.</p>
<p>”—Pero si es un hombre —dijo el otro, y yo estuve totalmente de acuerdo. El granjero me llevó bajo el brazo hasta el maizal y me clavó en la punta de un palo alto, donde me encontraste. El granjero y su amigo pronto se fueron, dejándome solo.</p>
<p>”No me gustó que me abandonasen de esa manera, y traté de seguirlos, pero no podía tocar el suelo con los pies y me vi forzado a quedarme en el palo. Era una vida solitaria, porque no tenía nada en qué pensar, al haber sido creado hacía tan poco tiempo. Muchos cuervos y otros pájaros iban a posarse al maizal, pero en cuanto me veían se volvían a ir, pensando que yo era un munchkin; eso me agradaba, y me hacía sentir una persona importante. Un cuervo voló durante un rato a mi alrededor y, después de examinarme con atención, se me posó en un hombro y dijo:</p>
<p>”—No sé si ese granjero habrá pensado que me iba a engañar de una manera tan burda. Cualquier cuervo con un poco de sentido común se daría cuenta de que sólo estás rellenado con paja.</p>
<p>”Luego saltó a mis pies y comió todo el maíz que quiso. Los otros pájaros, al ver que yo no le hacía daño, vinieron también a comer maíz, y en un instante me vi rodeado por una gran bandada.</p>
<p style="text-align: center;"><strong><span style="color: #ff0000;"><img class="aligncenter size-full wp-image-6345" title="06-Cuervos" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/06/06-Cuervos.jpg" alt="" width="380" height="103" /></span></strong></p>
<p>”Eso me entristeció, porque me demostraba que, después de todo, yo no era tan buen espantapájaros; pero el viejo cuervo me consoló diciendo: &#8220;Si tuvieras cerebro en la cabeza, serías tan buen hombre como cualquiera, y mejor que algunos. El cerebro es la única cosa que vale la pena tener en este mundo, sea uno cuervo u hombre&#8221;.</p>
<p>”Cuando se fueron los cuervos pensé detenidamente en el asunto, y decidí hacer todos los esfuerzos necesarios para conseguir un cerebro. Por fortuna apareciste tú y me sacaste de la estaca, y por lo que dices estoy seguro de que el gran Oz me dará un cerebro en cuanto lleguemos a la Ciudad Esmeralda.</p>
<p>—Eso espero —dijo Dorothy con fervor—. Pareces tan ansioso.</p>
<p>—Sí, estoy ansioso —respondió el Espantapájaros—. Es tan incómoda la sensación de saber que uno es tonto. —Bueno —dijo la niña—, en marcha. Y entregó la cesta al Espantapájaros.</p>
<p>Ahora no había cercas a los lados del camino, y la tierra estaba totalmente descuidada. Hacia el anochecer llegaron a un gran bosque, donde los árboles eran tan altos y apretados que las ramas se tocaban por encima del camino de ladrillos amarillos. Bajo esos árboles apenas había luz, pues las ramas casi ocultaban el sol; pero los viajeros no se detuvieron y se internaron en el bosque.</p>
<p>—Si este camino entra en el bosque, en algún momento debe salir —dijo el Espantapájaros—, y como la Ciudad Esmeralda está en el otro extremo, debemos seguirlo.</p>
<p>—Eso lo sabe cualquiera —dijo Dorothy.</p>
<p>—Sí, claro; por algo lo sé yo —respondió el Espantapájaros—. Si para darme cuenta necesitara un cerebro, nunca lo habría mencionado.</p>
<p>Al cabo de una hora se fue la luz, y se encontraron tropezando en la oscuridad. Dorothy no veía nada, pero <em>Totó</em> sí, porque algunos perros ven bien en la oscuridad; y el Espantapájaros declaró que veía tan bien como de día. Dorothy, entonces, lo tomó del brazo y pudo caminar bastante bien.</p>
<p>—Si ves una casa o cualquier sitio donde podamos pasar la noche —dijo—, debes anunciármelo, pues es muy incómodo caminar en la oscuridad.</p>
<p>Un momento más tarde el Espantapájaros se detuvo.</p>
<p>—Veo una casita a nuestra derecha —dijo—, hecha con troncos y ramas. ¿Entramos en ella?</p>
<p>—Sí, por supuesto —respondió la niña—. Estoy muy cansada.</p>
<p style="text-align: center;"><strong><span style="color: #ff0000;"><img class="aligncenter size-full wp-image-6346" title="07-Cabaña" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/06/07-Cabaña.jpg" alt="" width="302" height="239" /></span></strong></p>
<p>El Espantapájaros la guió entre los árboles hasta que llegaron a la casita, y Dorothy entró y encontró una cama de hojas secas en un rincón. Se acostó enseguida, y con <em>Totó</em> a su lado pronto se quedó profundamente dormida. El Espantapájaros, que nunca se cansaba, se quedó en otro rincón y esperó pacientemente a que llegara la mañana.</p>
<hr size="2" />
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</strong></p>
<div>
<div>Ficciones: <em>El Mago de Oz</em> en Imaginaria; traducción de Marcial Souto:</p>
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<li><a id="rx-h" title="Presentación de Marcela Carranza. Introducción de L. Frank Baum. Capítulos I y II." href="../?p=6104">Presentación de Marcela Carranza. Introducción de L. Frank Baum. Capítulos I y II.</a></li>
</ul>
<p><a id="oolp" title="Autores: L. Frank Baum." href="../?p=6124">Autores: L. Frank Baum.</a></p>
</div>
</div>
<p><a id="ke4j" title="Reseñas de libros: El Mago de Oz, de L. Frank Baum." href="../09/0/oz2.htm">Reseñas de libros: El Mago de Oz, de L. Frank Baum.</a></p>
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		<title>El Mago de Oz</title>
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		<pubDate>Tue, 15 Jun 2010 21:38:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ficciones]]></category>
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		<description><![CDATA[Iniciamos la publicación de El Mago de Oz, de L. Frank Baum, con las ilustraciones de su primera edición, por William Wallace Denslow, y traducción de Marcial Souto. La entrega será de dos capítulos por edición de Imaginaria. Esperamos que todos disfruten de este clásico tanto como  los niños. Incluimos una presentación por Marcela Carranza. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;"><em><a href="http://www.imaginaria.com.ar/wp/wp-content/uploads/2010/01/LaChunaZorro-Tapa1.jpg"><img class="alignright size-full wp-image-6118" title="04-Portada" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/06/04-Portada1.jpg" alt="" width="168" height="234" /></a></em>Iniciamos la publicación de <em>El Mago de Oz,</em> de <strong>L. Frank Baum,</strong> con las ilustraciones de su primera edición, por <strong>William Wallace  Denslow, </strong> y traducción de <strong>Marcial Souto.</strong> La entrega será de dos capítulos por edición de Imaginaria. Esperamos que todos disfruten de este clásico tanto como  los niños. Incluimos una presentación por <strong>Marcela Carranza.</strong><br />
<span id="more-6104"></span></p>
<p style="text-align: left;">Iniciamos la publicación de <em>El Mago de Oz,</em> de <strong><a href="http://www.imaginaria.com.ar/?p=6124">L. Frank  Baum</a>,</strong> con las ilustraciones de su primera edición, de <strong><a href="http://www.imaginaria.com.ar/?p=6124">William  Wallace  Denslow</a>, </strong> y traducción de <strong><a href="http://www.imaginaria.com.ar/?page_id=6224">Marcial Souto</a>.</strong> La entrega  será de dos capítulos por edición de Imaginaria. Esperamos que todos  disfruten de este clásico tanto como  los niños. Incluimos una  presentación por <strong><a href="http://www.imaginaria.com.ar/?page_id=333">Marcela Carranza</a>.<br />
</strong></p>
<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter size-full wp-image-6105" title="01-CartelPublicitario" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/06/01-CartelPublicitario.jpg" alt="" width="500" height="350" /><br />
<em>Cartel publicitario de El maravilloso Mago de Oz dibujado por William Wallace Denslow</em></p>
<h2><strong>Presentación<br />
</strong></h2>
<div style="text-align: right;">por <strong><a title="Marcela Carranza" href="http://www.imaginaria.com.ar/?page_id=333">Marcela Carranza</a></strong></div>
<p>Publicado por primera vez en 1900, <em>El Mago de Oz</em> cumplió 110 años de existencia. Como sucede con muchos clásicos, lo que una gran mayoría de la gente conoce no es el texto escrito por su autor sino sus adaptaciones, especialmente las cinematográficas. Y no se trata aquí de rechazar este tipo de adaptaciones, el mismo <a href="http://www.imaginaria.com.ar/?p=6124">Frank Baum</a> se ocupó de fomentarlas y llevarlas a cabo, sino de dar cuenta de una situación. Si decimos “Pinocho” o “La Sirenita”, una amplia mayoría de adultos y de niños piensa en el simpático niño regordete o en la jovencita de rojiza cabellera de Walt Disney, o en el libro de poco texto y dibujos al estilo de los estudios ya mencionados. Es como si hubiera un vacío, algo que nos falta en una realidad donde los libros se producen y se descatalogan en forma masiva y vertiginosa. Cuando hablamos de los clásicos, entonces, no está nada mal el tomar relativa conciencia de que, en reglas generales, de ellos sabemos muy poco, y quizás nos perdemos lo mejor.</p>
<p>En el caso de <em>El Mago de Oz</em>, personalmente, conocí primero la bellísima película de la Metro-Goldwyn-Mayer protagonizada por Judy Garland (todo un clásico también) y debo reconocer que desconocía totalmente que Frank Baum llegó a escribir una serie de catorce libros del país de Oz. De los cuales tuve la fortuna de conseguir sólo cuatro.</p>
<p style="text-align: center;"><img class="size-full wp-image-6106  aligncenter" title="02-Personajes" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/06/02-Personajes.jpg" alt="" width="447" height="600" /></p>
<p style="text-align: center;"><em>Ilustración de W.W. Denslow para </em><em>El Mago de Oz</em></p>
<p>El Espantapájaros que ambiciona un cerebro, el Leñador de Hojalata en busca de un corazón y el León Cobarde junto a la valerosa Dorothy son personajes sumamente ingeniosos, divertidos y poéticos. Paradojas, contradicciones, aventuras y humor inteligente recorren las páginas vividas por estos entrañables personajes. <em>El Mago de Oz</em> rompe con cualquier prejuicio acerca de la posible vejez de un texto escrito hace 110 años. Los niños del siglo XXI pueden leerlo y disfrutarlo plenamente. Y si no me creen, hagan la prueba.</p>
<p>Pero claro, para hacer la prueba primero hay que tener el texto a disposición, y es por esta razón que en <em>Imaginaria</em> decidimos, como ya lo hicimos con <a id="gpj2" title="Las aventuras de Pinocho de Collodi" href="../?p=1223"><em>Las aventuras de Pinocho</em> de Carlo Collodi</a>, publicar la traducción de <em>El Mago de Oz</em> realizada por Marcial Souto; quien generosamente nos autorizó a hacerlo.</p>
<p>Nuestro deseo es que docentes, padres, y otros mediadores, puedan a través de <em>Imaginaria</em> acceder a <em>El Mago de Oz</em> de L. Frank Baum con las ilustraciones de su primera edición, las de William Wallace Denslow. La entrega será de dos capítulos por número de la revista y esperamos que disfruten de este clásico tanto como  los niños.</p>
<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter size-full wp-image-6107" title="03-Leon" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/06/03-Leon.jpg" alt="" width="371" height="249" /></p>
<p style="text-align: center;">Ilustración de W.W. Denslow para <em>El Mago de Oz</em></p>
<hr size="2" />
<h2><strong>El Mago de Oz</strong></h2>
<p style="text-align: right;"><strong> </strong>Por <a href="http://www.imaginaria.com.ar/?p=6124"><strong>L. Frank Baum</strong></a><br />
Ilustraciones de <a href="http://www.imaginaria.com.ar/?p=6124"><strong>William Wallace  Denslow<br />
</strong></a>Título original: <em>The Wonderful Wizard of Oz<br />
</em>Traducción  de <a href="http://www.imaginaria.com.ar/?page_id=6224"><strong>Marcial Souto</strong></a><br />
© Marcial Souto, 2002, 2010<br />
<a href="../?p=6124"><strong> </strong></a><br />
<strong><span style="color: #ff0000;"><img class="size-full wp-image-6108  aligncenter" title="04-Portada" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/06/04-Portada.jpg" alt="" width="500" height="697" /></span></strong></p>
<div style="text-align: center;">
<p><strong><span style="color: #ff0000;"><img class="size-full wp-image-6109 alignnone" title="05-Copyright" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/06/05-Copyright.jpg" alt="" width="489" height="600" /></span></strong></p>
</div>
<p style="text-align: right;"><em><span style="color: #000000;"> </span></em><em>A mi buena amiga y camarada, mi mujer.</em></p>
<h2 style="text-align: left;"><strong>Introducción</strong></h2>
<p style="text-align: left;"><strong> </strong>El folclore, las leyendas, los mitos y los cuentos de hadas han acompañado la infancia a lo largo de los siglos, pues todo niño sano siente una edificante e instintiva atracción por las historias fantásticas, maravillosas y manifiestamente irreales. Las hadas aladas de Grimm y de Andersen han llevado más felicidad a los corazones infantiles que todas las demás creaciones humanas.</p>
<p style="text-align: left;">Sin embargo, el viejo cuento de hadas, que ha servido durante generaciones, podría ahora ser clasificado de “histórico” dentro de la biblioteca infantil, pues ha llegado la hora de una nueva serie de “cuentos de maravillas” donde ya no aparezcan los estereotipados genios, enanos y hadas, con todas las horripilantes peripecias inventadas por los autores para transformar cada relato en una espantosa moraleja. La educación moderna incluye la moral; por lo tanto, el niño moderno sólo busca entretenimiento en sus cuentos de maravillas y renuncia de buena gana a todos los detalles desagradables.</p>
<p style="text-align: left;">Con esa idea en mente, la historia del “maravilloso Mago de Oz” ha sido escrita sólo para dar placer a los niños de hoy. Aspira a ser un cuento de hadas modernizado, que conserva las maravillas y la alegría y prescinde de las angustias y las pesadillas.</p>
<div style="text-align: right;">L. Frank Baum</div>
<div style="text-align: right;">Chicago, abril de 1900</div>
<div style="text-align: center;">&#8212;000&#8212;</div>
<div style="text-align: center;"><strong>Capítulo 1<br />
El ciclón<br />
</strong></div>
<p style="text-align: center;"><strong><span style="color: #ff0000;"><img class="size-full wp-image-6110  aligncenter" title="06-Dorothy" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/06/06-Dorothy.jpg" alt="" width="300" height="307" /></span></strong></p>
<p style="text-align: left;">Dorothy vivía en medio de las grandes praderas de Kansas con tío Henry, que era granjero, y con tía Em, que era la mujer del granjero. Su casa era pequeña porque para construirla habían tenido que transportar la madera en una carreta desde una distancia de muchos kilómetros. Había cuatro paredes, un piso y un techo, que completaban una habitación; y en esa habitación había una oxidada cocina de hierro, una alacena para los platos, una mesa, tres o cuatro sillas y las camas. Tío Henry y tía Em tenían una grande en un rincón, y Dorothy tenía una pequeña en otro rincón. No había buhardilla ni sótano, sólo un agujero cavado en el suelo, llamado “el sótano de los ciclones”, donde podría refugiarse la familia si se levantara uno de esos potentes remolinos que se llevan las casas a su paso. Se entraba al agujero &#8211;un agujero pequeño y oscuro&#8211; por una trampa situada en el centro del piso, de la que descendía una escalera.</p>
<p style="text-align: left;">Cuando Dorothy salía a la puerta y miraba alrededor no veía otra cosa que la inmensa pradera gris. No había un solo árbol o casa que alterase la ancha llanura que se extendía hasta el borde del cielo en cualquier dirección. El sol había calcinado la tierra arada, que era ahora una masa gris surcada por pequeñas grietas. Ni siquiera la hierba era verde, pues el sol había quemado las puntas de las largas briznas hasta dejarlas del mismo color que todo lo demás. En otra época la casa había estado pintada, pero el sol y la lluvia se habían llevado esa pintura y ahora era tan deslucida y gris como el resto de la llanura.</p>
<p style="text-align: left;">Cuando tía Em fue a vivir a ese sitio era una mujer joven y bonita. A ella también la habían cambiado el viento y el sol. Le habían arrebatado el brillo de los ojos, que ahora eran de un gris apagado; le habían arrebatado el color de las mejillas y los labios, que también eran grises. Ahora era una mujer delgada que no sonreía nunca. Cuando Dorothy, que era huérfana, fue a vivir con ellos, tía Em se sobresaltaba tanto cada vez que llegaba a sus oídos la risa alegre de la niña que lanzaba un grito y se llevaba una mano al corazón; y todavía se maravillaba de que la niña encontrase cosas de que reírse.</p>
<p style="text-align: left;">Tío Henry no se reía nunca. Trabajaba duro de sol a sol y no conocía la alegría. Él también era gris, desde la larga barba hasta las toscas botas; tenía expresión severa y solemne y casi nunca hablaba.</p>
<p style="text-align: center;"><strong><span style="color: #ff0000;"><img class="aligncenter size-full wp-image-6111" title="07-Toto" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/06/07-Toto.jpg" alt="" width="142" height="176" /></span></strong></p>
<p style="text-align: left;">Quien hacía reír a Dorothy y la salvaba de volverse tan gris como todos los que la rodeaban era <em>Totó</em>. <em>Totó</em> no era gris; era un perrito negro, de pelo largo y sedoso y pequeños ojos negros que centelleaban con alegría a ambos lados de la divertida y diminuta nariz. <em>Totó</em> jugaba todo el tiempo, y Dorothy jugaba con él y lo quería con pasión.</p>
<p style="text-align: left;">Pero ese día no jugaban. Tío Henry estaba sentado en el escalón de la puerta y miraba preocupado hacia el cielo, que era aún más gris que de costumbre. En la puerta, con <em>Totó</em> en brazos, Dorothy también miraba el cielo. Tía Em lavaba los platos.</p>
<p style="text-align: left;">Desde el lejano norte llegaba el gemido sordo del viento, y tío Henry y Dorothy veían cómo las largas hierbas se inclinaban en oleadas anunciando la llegada de la tormenta. De pronto el aire trajo un silbido agudo desde el sur y, al volverse, vieron que la hierba también se rizaba por ese lado.</p>
<p style="text-align: center;"><strong><span style="color: #ff0000;"><img class="aligncenter size-full wp-image-6112" title="08-Tios" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/06/08-Tios.jpg" alt="" width="374" height="544" /></span></strong></p>
<p style="text-align: left;">Tío Henry se levantó.</p>
<p style="text-align: left;">—Em, viene un ciclón —dijo a su mujer—; voy a ocuparme del ganado.</p>
<p style="text-align: left;">Después corrió hacia los cobertizos donde tenían las vacas y los caballos.</p>
<p style="text-align: left;">Tía Em dejó lo que estaba haciendo y fue hasta la puerta. Le bastó con mirar una sola vez el cielo para darse cuenta del peligro que se acercaba.</p>
<p style="text-align: left;">—¡Rápido, Dorothy! —gritó—. ¡Corre al sótano!</p>
<p style="text-align: left;"><em>Totó</em> saltó de los brazos de Dorothy y se escondió debajo de la cama, y la niña corrió detrás de él. Tía Em, muy asustada, abrió la trampa del suelo y bajó por la escalera al agujero pequeño y oscuro. Dorothy logró por fin atrapar a <em>Totó</em>, y empezó a caminar hacia donde había ido su tía. Al llegar al centro del cuarto hubo un fuerte ruido y la casa se sacudió con tanta fuerza que Dorothy perdió el equilibrio y cayó sentada en el suelo.</p>
<p style="text-align: left;">Entonces ocurrió algo extraño.</p>
<p style="text-align: left;">La casa giró dos o tres veces sobre sí misma y se elevó lentamente en el aire. Dorothy se sintió como si anduviera en globo.</p>
<p style="text-align: left;">Los vientos del norte y del sur chocaban en el sitio donde estaba la casa, haciendo de ella el centro exacto del ciclón. En el centro de un ciclón el aire está por lo general en calma, pero la inmensa presión del viento sobre cada una de las paredes de la casa la fue alzando cada vez más hasta llevarla a la misma cima del ciclón; y allí siguió mientras era arrastrada kilómetros y kilómetros, como quien lleva una pluma.</p>
<p style="text-align: left;">Estaba muy oscuro, y el viento lanzaba unos aullidos horribles, pero Dorothy se sentía bastante cómoda. Después de los primeros remolinos, y del momento en que la casa se inclinó peligrosamente hacia un lado, sintió que la mecían con suavidad, como a un bebé en la cuna.</p>
<p style="text-align: left;">A <em>Totó</em> no le gustaba. Corría de un lado a otro en el cuarto, ladrando con fuerza; pero Dorothy estaba sentada en el suelo, muy quieta, esperando a ver qué pasaba.</p>
<p style="text-align: left;">En un momento <em>Totó</em> se acercó demasiado a la trampa abierta y cayó por ella. Al principio la niña pensó que lo había perdido, pero pronto vio que una de las orejas asomaba por el agujero, pues la presión del aire era tan fuerte que no lo dejaba caer. Dorothy gateó hasta el agujero, sujetó a <em>Totó</em> por la oreja y lo arrastró de vuelta a la habitación; luego cerró la trampa para que no hubiera más accidentes.</p>
<p style="text-align: center;"><strong><span style="color: #ff0000;"><img class="aligncenter size-full wp-image-6113" title="09-Rescate" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/06/09-Rescate.jpg" alt="" width="442" height="600" /></span></strong></p>
<p style="text-align: left;">Pasaron las horas y poco a poco Dorothy fue perdiendo el miedo. Pero se sentía muy sola, y el viento aullaba a su alrededor con tanta fuerza que casi la ensordecía. Al principio había pensado que, cuando cayera la casa, ella se haría pedazos, pero como pasaban las horas y no sucedía nada terrible, dejó de preocuparse y decidió esperar con calma a ver qué le deparaba el futuro. Por fin se arrastró sobre el suelo movedizo, subió a la cama y se tendió en ella; y <em>Totó</em> la siguió y se tendió a su lado.</p>
<p style="text-align: left;">A pesar de que la casa se movía y de que el viento rugía, Dorothy cerró los ojos y se quedó profundamente dormida.</p>
<p style="text-align: center;"><strong><span style="color: #ff0000;"><img class="aligncenter size-full wp-image-6114" title="10-Dormida" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/06/10-Dormida.jpg" alt="" width="300" height="243" /></span></strong></p>
<div style="text-align: center;">&#8212;000&#8212;</div>
<div style="text-align: center;"><strong>Capítulo 2</strong><br />
<strong>La reunión con los munchkins</strong></div>
<p style="text-align: left;">La despertó un golpe tan fuerte que, si no hubiera estado acostada en la cama blanda, se podría haber lastimado. Dorothy contuvo la respiración y se preguntó qué había pasado. <em>Totó</em> le apoyó en la cara la pequeña y fría nariz y gimió, asustado. Dorothy se incorporó y notó que la casa no se movía; tampoco estaba oscuro, pues el sol entraba por la ventana, inundando la pequeña habitación. Se levantó de un salto y, con <em>Totó</em> pegado a los talones, corrió a abrir la puerta.</p>
<p style="text-align: left;">La niña lanzó un grito de asombro y miró alrededor. Los ojos se le agrandaron al ver aquellas maravillosas imágenes.</p>
<p style="text-align: left;">El ciclón había depositado la casa con mucha suavidad —para un ciclón— en el centro de un país de asombrosa belleza. Por todas partes había exquisitos retazos de césped verde, con majestuosos árboles cargados de apetitosos frutos. Había magníficos canteros de flores y pájaros de extraño y vistoso plumaje que cantaban y aleteaban en los árboles y en los matorrales. Un poco más lejos corría un arroyo entre el verde, murmurando con una voz muy agradable para una niña que había vivido tanto tiempo entre secas y grises praderas.</p>
<p style="text-align: left;">Mientras miraba asombrada el sorprendente y hermoso paisaje, notó que se le acercaba un grupo de personas, las personas más extrañas que había visto en su vida. No eran tan grandes como las personas mayores que estaba acostumbrada a tratar, pero tampoco eran muy pequeñas. En realidad aparentaban el tamaño de Dorothy, que era una niña crecida para su edad, aunque por su aspecto tenían muchos más años que ella.</p>
<p style="text-align: left;">Eran tres hombres y una mujer, y todos iban vestidos de un modo raro. Llevaban sombreros redondos que terminaban en una punta afilada, treinta centímetros por encima de la cabeza, y de los bordes de esos sombreros colgaban unos cascabeles pequeños que, con cada movimiento, producían un dulce tintineo. Los sombreros de los hombres eran azules; el sombrero de la mujercita era blanco. Ella llevaba, además, un vestido blanco que le caía en pliegues desde los hombros; ese vestido estaba salpicado de pequeñas estrellas que centelleaban al sol como diamantes. Los hombres estaban vestidos de azul en el mismo tono de los sombreros, y llevaban botas muy bien lustradas con rayas azules en las puntas. Los hombres, pensó Dorothy, debían de ser de la edad de tío Henry, pues dos de ellos lucían barba. Pero la mujercita era sin duda mucho más vieja: tenía el rostro cubierto de arrugas, y su pelo era casi blanco y caminaba con cierta rigidez.</p>
<p style="text-align: left;">Al llegar cerca de la casa en cuya puerta esperaba Dorothy, esas personas se detuvieron e intercambiaron unos susurros, como si temieran seguir avanzando. Pero la viejecita caminó hasta donde estaba Dorothy y se inclinó con una profunda reverencia.</p>
<p style="text-align: center;"><strong><span style="color: #ff0000;"><img class="aligncenter size-full wp-image-6115" title="11-Encuentro" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/06/11-Encuentro.jpg" alt="" width="367" height="500" /></span></strong></p>
<p style="text-align: left;">—Bienvenida, noble Hechicera —dijo con voz dulce—, al País de los Munchkins. Te agradecemos mucho que hayas matado a la Bruja Mala del Este, y que hayas liberado a nuestro pueblo.</p>
<p style="text-align: left;">Dorothy escuchó esas palabras con sorpresa. ¿A qué se referiría esa mujercita al llamarla hechicera y decirle que había matado a la Bruja Mala del Este? Dorothy era una niña inocente e inofensiva, a quien un ciclón había llevado muy lejos; y nunca, en toda su vida, había matado una mosca.</p>
<p style="text-align: left;">Pero era evidente que la mujercita esperaba una respuesta.</p>
<p style="text-align: left;">—Eres muy amable —dijo Dorothy con voz vacilante—, pero debe de haber algún error. Yo no he matado nada.</p>
<p style="text-align: left;">—Bueno, lo hizo tu casa —respondió la viejecita con una carcajada—, y en el fondo es lo mismo. ¡Mira! —dijo, señalando la esquina de la casa—; allí están los dos pies, asomando todavía por debajo del tronco.</p>
<p style="text-align: left;">Dorothy miró y lanzó un pequeño grito de terror. Efectivamente, por debajo de la madera que sostenía el peso de la casa, asomaban dos pies enfundados en zapatos de plata terminados en punta.</p>
<p style="text-align: center;"><strong><span style="color: #ff0000;"><img class="aligncenter size-full wp-image-6116" title="12-Aplastada" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/06/12-Aplastada.jpg" alt="" width="300" height="253" /></span></strong></p>
<p style="text-align: left;">—¡Dios mío! ¡Dios mío! —gritó Dorothy, apretándose las manos, aterrada—, la casa debe de haberle caído encima. ¿Qué podemos hacer?</p>
<p style="text-align: left;">—Nada podemos hacer —dijo la mujercita con voz calma.</p>
<p style="text-align: left;">—Pero ¿quién era? —preguntó Dorothy.</p>
<p style="text-align: left;">—Era la Bruja Mala del Este, como ya dije —respondió la viejecita—. Ha tenido a todos los munchkins en cautiverio durante muchos años, haciendo que la sirvieran como esclavos día y noche. Ahora todos son libres y te están agradecidos por el favor.</p>
<p style="text-align: left;">—¿Quiénes son los munchkins? —inquirió Dorothy.</p>
<p style="text-align: left;">—Es la gente que vive en esta tierra del Este, donde reinaba la Bruja Mala.</p>
<p style="text-align: left;">—¿Tú eres una munchkin? —preguntó Dorothy.</p>
<p style="text-align: left;">—No, pero soy amiga de ellos, aunque vivo en la tierra del Norte. Cuando vieron que la Bruja del Este estaba muerta, los munchkins me enviaron un veloz mensajero, y yo acudí enseguida. Soy la Bruja del Norte.</p>
<p style="text-align: left;">—¿De veras? —exclamó Dorothy—. ¿Eres una bruja de verdad?</p>
<p style="text-align: left;">—Claro que sí —le respondió la mujercita—. Pero soy una bruja buena, y la gente me quiere. No soy tan poderosa como la Bruja Mala que reinaba aquí; de lo contrario, yo misma habría liberado a este pueblo.</p>
<p style="text-align: left;">—Pero yo pensaba que todas las brujas eran malas —dijo la niña, que se sentía un poco asustada ante una bruja de verdad.</p>
<p style="text-align: left;">—Ah, no; eso es un gran error. Hay sólo cuatro brujas en todo el País de Oz, y dos de ellas, las que viven en el Norte y en el Sur, son brujas buenas. Sé que es verdad, porque yo soy una de ellas y no me puedo equivocar. Las que vivían en el Este y el Oeste eran verdaderamente malas, pero ahora que has matado a una, sólo queda una Bruja Mala en todo el País de Oz: la que vive en el Oeste.</p>
<p style="text-align: left;">—Pero —dijo Dorothy, después de pensarlo un momento—, tía Em me ha dicho que todas las brujas murieron&#8230; hace muchos, muchos años.</p>
<p style="text-align: left;">—¿Quién es tía Em? —quiso saber la viejecita.</p>
<p style="text-align: left;">—Es mi tía, que vive en Kansas, el sitio de donde he venido.</p>
<p style="text-align: left;">La Bruja del Norte hizo como si pensara un momento, la cabeza ladeada y mirando el suelo. Luego alzó la mirada y dijo:</p>
<p style="text-align: left;">—No sé dónde está Kansas, porque nunca he oído hablar de ese país. Dime, ¿es un país civilizado?</p>
<p style="text-align: left;">—Claro que sí —respondió Dorothy.</p>
<p style="text-align: left;">—Eso lo explica todo. Tengo entendido que no quedan brujas en los países civilizados; ni magos ni hechiceros. Pero el País de Oz nunca ha sido civilizado, pues estamos aislados del resto del mundo. Por lo tanto hay todavía entre nosotros brujas y magos.</p>
<p style="text-align: left;">—¿Quiénes son los magos? —preguntó Dorothy.</p>
<p style="text-align: left;">—El propio Oz es el Gran Mago —respondió la Bruja en un susurro—. Es más poderoso que todos los demás juntos. Vive en la Ciudad Esmeralda.</p>
<p style="text-align: left;">Dorothy iba a hacer otra pregunta, pero en ese instante los munchkins, que habían permanecido callados, lanzaron un potente grito y señalaron la esquina de la casa que había aplastado a la Bruja Mala.</p>
<p style="text-align: left;">—¿Qué pasa? —preguntó la viejecita. Miró hacia la casa y se echó a reír. Los pies de la Bruja muerta habían desaparecido por completo, y sólo quedaban los zapatos de plata.</p>
<p style="text-align: left;">—Era tan vieja —explicó la Bruja del Norte— que se secó rápidamente al sol. Ya no queda nada. Pero los zapatos son tuyos y podrás usarlos.</p>
<p style="text-align: left;">Se inclinó y recogió los zapatos, y después de sacudirlos para sacarles el polvo se los entregó a Dorothy.</p>
<p style="text-align: left;">—La Bruja del Este estaba orgullosa de esos zapatos de plata —dijo uno de los munchkins—, y hay en ellos un cierto poder mágico, aunque nunca supimos en qué consistía.</p>
<p style="text-align: center;"><strong><span style="color: #ff0000;"><img class="aligncenter size-full wp-image-6117" title="13-Zapatos" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/06/13-Zapatos.jpg" alt="" width="250" height="331" /></span></strong></p>
<p style="text-align: left;">Dorothy llevó los zapatos dentro de la casa y los puso sobre la mesa. Luego volvió afuera, junto a los munchkins, y dijo:</p>
<p style="text-align: left;">—Estoy ansiosa por regresar junto a mi tía y a mi tío, porque seguramente se estarán preocupando. ¿Me podéis ayudar a encontrar el camino a Kansas?</p>
<p style="text-align: left;">Los munchkins y la Bruja se miraron primero unos a otros, y después a Dorothy y finalmente sacudieron la cabeza.</p>
<p style="text-align: left;">—Al este, no lejos de aquí —dijo uno—, hay un gran desierto, y nadie alcanzaría a cruzarlo.</p>
<p style="text-align: left;">—Lo mismo ocurre al sur —dijo otro—, pues yo he estado allí y lo he visto. El sur es el País de los Quadlings.</p>
<p style="text-align: left;">—Me han dicho —intervino el tercer hombre— que lo mismo pasa en el oeste. Y ese país, donde viven los winkies, está gobernado por la Bruja Mala del Oeste, que te convertiría en su esclava si pasaras por su tierra.</p>
<p style="text-align: left;">—El norte es mi hogar —dijo la vieja—, y en su extremo aparece el mismo gran desierto que rodea este País de Oz. Mucho me temo, querida, que tendrás que vivir con nosotros.</p>
<p style="text-align: left;">Dorothy comenzó a sollozar; se sentía muy sola entre todas esas personas extrañas. Sus lágrimas parecieron ablandar también a los bonachones munchkins, que enseguida sacaron los pañuelos y rompieron a llorar. La viejecita, en cambio, se quitó el gorro y apoyó el pico en la punta de la nariz, haciendo equilibrio, mientras cantaba “uno, dos, tres” con voz solemne. De pronto el gorro se transformó en una pizarra, en la que se leía, escrito con tiza en grandes caracteres:</p>
<div style="text-align: center;"><strong>“QUE DOROTHY VAYA A LA CIUDAD ESMERALDA”</strong></div>
<p style="text-align: left;">La viejecita sacó la pizarra de la nariz y, después de leer las palabras escritas, preguntó:</p>
<p style="text-align: left;">—¿Te llamas Dorothy, querida?</p>
<p style="text-align: left;">—Sí —respondió la niña, alzando la mirada y secándose las lágrimas.</p>
<p style="text-align: left;">—Entonces debes ir a la Ciudad Esmeralda. Oz quizá pueda ayudarte.</p>
<p style="text-align: left;">—¿Dónde queda esa ciudad? —preguntó Dorothy.</p>
<p style="text-align: left;">—Está exactamente en el centro del país, y la gobierna Oz, el Gran Mago del que te he hablado.</p>
<p style="text-align: left;">—¿Es un hombre bueno? —quiso saber la niña, angustiada.</p>
<p style="text-align: left;">—Es un buen mago. No puedo decirte si es o no un hombre, pues nunca lo he visto.</p>
<p style="text-align: left;">—¿Cómo puedo llegar a ese sitio? —preguntó Dorothy.</p>
<p style="text-align: left;">—Debes caminar. Es un largo viaje, por un país a veces agradable y a veces oscuro y terrible. Sin embargo, yo usaré todas las artes mágicas que conozco para que nada te haga daño.</p>
<p style="text-align: left;">—¿No irás conmigo? —suplicó la niña, que había empezado a ver en la Bruja su única amiga.</p>
<p style="text-align: left;">—No, no lo puedo hacer —respondió la vieja—; pero te daré mi beso, y nadie lastimará a una persona que ha sido besada por la Bruja del Norte.</p>
<p style="text-align: left;">Se acercó a Dorothy y la besó con suavidad en la frente. Donde la tocaron los labios —Dorothy lo descubrió más tarde— quedó una marca redonda y brillante.</p>
<p style="text-align: left;">—El camino a la Ciudad Esmeralda está pavimentado con ladrillos amarillos —dijo la Bruja—, así que no podrás confundirte. Cuando llegues ante Oz, no temas, cuéntale tu historia y pídele ayuda. Adiós, querida.</p>
<p style="text-align: left;">Los tres munchkins le hicieron una profunda reverencia y le desearon un agradable viaje; luego se alejaron entre los árboles. La Bruja se despidió de Dorothy con una amistosa inclinación de cabeza, giró tres veces sobre el tacón izquierdo e instantáneamente desapareció, ante la sorpresa del pequeño <em>Totó</em>, que al no verla más se puso a ladrar con fuerza; en su presencia ni siquiera se había atrevido a gruñir.</p>
<p style="text-align: left;">Pero Dorothy, al saber que era una bruja, había esperado que desapareciera de ese modo, y no se sorprendió.</p>
<hr style="text-align: left;" size="2" />
<p style="text-align: left;"><strong>Artículos relacionados:<br />
</strong><br />
<a title="Reseñas de libros: El Mago de Oz, de L. Frank Baum." href="../09/0/oz2.htm">Reseñas de libros: El Mago de Oz, de L. Frank Baum.</a><br />
<a href="http://www.imaginaria.com.ar/?p=6124">Autores: L. Frank Baum.</a><br />
<a id="qix9" title="Ficciones: Las aventuras de Pinocho en Imaginaria." href="../?p=1223">Ficciones: Las aventuras de Pinocho en Imaginaria.</a></p>
<p style="text-align: left;">
]]></content:encoded>
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		<title>Páginas y fotos de como agua</title>
		<link>http://www.imaginaria.com.ar/?p=5815</link>
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		<pubDate>Tue, 11 May 2010 21:37:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ficciones]]></category>
		<category><![CDATA[Nº 270]]></category>

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		<description><![CDATA[Ofrecemos algunas páginas del libro de Eduardo Abel Gimenez y Cecilia Afonso Esteves. que acaba de ser destacado por Alija en la categoría &#8220;diseño&#8221;. Además, fotos del libro y de originales, más un texto al respecto, por Cecilia Afonso Esteves. Ver también la sección &#8220;Reseñas de libros&#8221;. Ofrecemos algunas páginas del libro de Eduardo Abel [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignright size-full wp-image-5831" title="comoaguainicio" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/05/comoaguainicio.jpg" alt="" width="300" height="225" />Ofrecemos algunas páginas del libro de <strong>Eduardo Abel Gimenez</strong> y <strong>Cecilia Afonso Esteves. </strong>que acaba de ser <a href="http://www.imaginaria.com.ar/?p=5480">destacado por Alija </a>en la categoría &#8220;diseño&#8221;. Además, fotos del libro y de originales, más un texto al respecto, por Cecilia Afonso Esteves. Ver también la sección &#8220;Reseñas de libros&#8221;.<span id="more-5815"></span><br />
<img class="alignright size-full wp-image-5764" title="ComoAgua" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/05/ComoAgua1.jpg" alt="" width="150" height="140" /><em>Ofrecemos algunas páginas del libro de <strong>Eduardo Abel Gimenez</strong> y <strong>Cecilia  Afonso Esteves. </strong>que acaba de ser <a href="../?p=5480">destacado por Alija </a>en la categoría &#8220;diseño&#8221;<strong>. </strong>Además, fotos del libro y de originales, más  un texto al respecto, por Cecilia Afonso Esteves. Ver también la sección  &#8220;Reseñas de libros&#8221;, donde <a href="http://www.imaginaria.com.ar/?p=5762">publicamos un comentario</a> por <a href="http://imaginaria.com.ar/?p=1375">María Teresa Andruetto</a>.</em></p>
<p><em><strong>como agua.</strong></em> Buenos Aires, Ediciones del Eclipse, 2009. Colección Libros-álbum del Eclipse.</p>
<hr />
<h2>como agua</h2>
<p style="text-align: right;">por <strong>Eduardo Abel Gimenez</strong> y <strong>Cecilia Afonso Esteves</strong></p>
<p>(Click en cada imagen para verla más grande.)</p>
<p><a href="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/05/comoagua1.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-5817" title="comoagua1p" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/05/comoagua1p.jpg" alt="" width="500" height="232" /></a><br />
Como los deseos,<br />
que no pueden estar quietos,<br />
se apuran, escapan, crecen, se achican,<br />
no saben esperar,<br />
tienen forma de otros deseos,<br />
se mezclan para hacer deseos nuevos,<br />
y después ya no se sabe.<br />
(Nubes)</p>
<p><a href="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/05/comoagua2.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-5819" title="comoagua2p" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/05/comoagua2p.jpg" alt="" width="500" height="232" /></a><br />
Como disimular la risa<br />
en un lugar lleno de gente.</p>
<p>Como el alivio de llegar.<br />
(Charco)</p>
<p><a href="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/05/comoagua3.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-5821" title="comoagua3p" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/05/comoagua3p.jpg" alt="" width="500" height="232" /></a><br />
Como irte y volver.<br />
Como quedarte.<br />
Como moverte en todas las direcciones. *</p>
<p>* Como llegar al lugar de descanso<br />
y perderlo<br />
y encontrarlo otra vez<br />
y volver a perderlo.<br />
(Olas)</p>
<p><a href="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/05/comoagua4.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-5823" title="comoagua4p" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/05/comoagua4p.jpg" alt="" width="500" height="232" /></a><br />
Como el frío de la mañana,*<br />
con el viento, el pasto, el sol de la mañana,**<br />
con los olores de la mañana,***<br />
con el último bostezo<br />
y el primer suspiro<br />
de la mañana.****</p>
<p>* Como el frío de la noche.<br />
** Con el viento, el pasto, la luna de la noche.<br />
*** Con los olores de la noche.<br />
**** De la noche.<br />
(Arroyo)</p>
<hr />
<h2>Fotos del libro, &#8220;Lo que el libro guarda&#8221;, fotos de originales</h2>
<p style="text-align: right;">por <strong>Cecilia Afonso Esteves</strong></p>
<p><img class="aligncenter size-full wp-image-5825" title="comoaguafoto1" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/05/comoaguafoto1.jpg" alt="" width="500" height="375" /></p>
<p><img class="aligncenter size-full wp-image-5826" title="comoaguafoto2" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/05/comoaguafoto2.jpg" alt="" width="500" height="375" /></p>
<p><img class="aligncenter size-full wp-image-5827" title="comoaguafoto3" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/05/comoaguafoto3.jpg" alt="" width="500" height="375" /></p>
<p><img class="aligncenter size-full wp-image-5828" title="comoaguafoto4" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/05/comoaguafoto4.jpg" alt="" width="500" height="375" /></p>
<p><!-- 		@page { margin: 2cm } 		P { margin-bottom: 0.21cm } --><strong>Lo que el libro guarda</strong></p>
<p>Este libro de guardas translúcidas, acopia una serie de metáforas sobre las formas que adopta el agua, que aluden a diferentes emociones humanas.</p>
<p>El ser humano, en las ilustraciones, está representado/simbolizado por camas, sillas, mesas, barcas… (¿Quien más que él las construye y las usa para su trajinada vida?)</p>
<p>En cada página, encontrarás un animalito (o más), no como mascota, sino como guía.</p>
<p>En la sexta ilustración, dejé una cita manuscrita: el nombre de un libro que considero profundo y precioso: Tarde de invierno.</p>
<p>Tanto los poemas como las ilustraciones tienen, a veces, notas al pie.*</p>
<p>La imagen final (La lloroncita) tiene un tratamiento conceptual diferente al resto.</p>
<p>El libro incluye un apéndice con citas de texto y de imagen. Gracias a los editores por publicar este libro-experimento.</p>
<p>*Que expanden poéticamente las metáforas.</p>
<p><em><img class="aligncenter size-full wp-image-5829" title="comoaguafoto5" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/05/comoaguafoto5.jpg" alt="" width="500" height="375" /></em></p>
<p><em><img class="aligncenter size-full wp-image-5830" title="comoaguafoto6" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/05/comoaguafoto6.jpg" alt="" width="500" height="375" /></em></p>
<p><em><img class="aligncenter size-full wp-image-5824" title="comoaguafoto7" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp-content/uploads/2010/05/comoaguafoto7.jpg" alt="" width="500" height="375" /><br />
</em></p>
<hr /><strong>Artículos relacionados:</strong></p>
<p><a href="http://www.imaginaria.com.ar/?p=5762">Reseñas de libros: como agua, de Eduardo Abel Gimenez y Cecilia Afonso Esteves.</a></p>
<p><a id="m4-v" title="Links: Ximenez, blog de Eduardo Abel Gimenez." href="http://ximenez2.blogspot.com/2008/12/eduardo-abel-gimenez.html">Links:  <em>Ximenez</em>, blog de Eduardo Abel Gimenez.</a></p>
<p><a id="l-go" title="Galería: Cecilia Afonso Esteves." href="../?p=4152">Galería:  Cecilia Afonso Esteves.</a></p>
<p><a id="n_ik" title="Ficciones: “Joanne hechizada” (cuento), por  Eduardo Abel Gimenez." href="../09/3/joanne.htm">Ficciones: “Joanne hechizada” (cuento),  por Eduardo Abel Gimenez.</a></p>
<p><a id="ubpd" title="Eventos: Ganadores de los Premios “Destacados de  ALIJA 2009” (Argentina)." href="../?p=5480">Eventos: Ganadores de los Premios “Destacados de  ALIJA 2009” (Argentina).</a></p>
<p><a title="Destacados: Poesías." href="../12/1/destacados.htm">Destacados: Poesías.</a></p>
<p><a title="Destacados: Algunas poesías más." href="../17/0/destacados.htm">Destacados: Algunas poesías más.</a></p>
<p><a title="Destacados: Leer poesía." href="../19/7/destacados.htm">Destacados: Leer poesía.</a></p>
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		<item>
		<title>Dos relatos tradicionales del norte argentino contados por Laura Roldán</title>
		<link>http://www.imaginaria.com.ar/?p=4727</link>
		<comments>http://www.imaginaria.com.ar/?p=4727#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 26 Jan 2010 21:34:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ficciones]]></category>
		<category><![CDATA[Nº 264]]></category>

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		<description><![CDATA[Presentamos aquí dos de los cuentos populares del norte argentino recopilados de la tradición oral y literalizados por Laura Roldán. Los relatos están acompañados por las ilustraciones de Horacio Gatto. En nuestra sección &#8220;Autores&#8221;, los lectores encontrarán un informe biográfico y el listado de los libros publicados por la autora. Por gentileza y autorización de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><a href="http://www.imaginaria.com.ar/wp/wp-content/uploads/2010/01/LaChunaZorro-Tapa1.jpg"><img class="alignright size-full wp-image-4729" title="lachuna000" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp/wp-content/uploads/2010/01/LaChunaZorro-Tapa1.jpg" alt="" width="150" height="214" /></a></em>Presentamos aquí dos de los cuentos populares del norte argentino recopilados de la tradición oral y literalizados por <strong>Laura Roldán</strong>. Los relatos están acompañados por las ilustraciones de <strong>Horacio Gatto</strong>. <em> </em>En nuestra sección &#8220;Autores&#8221;, los lectores encontrarán un informe biográfico y el listado de los libros publicados por la autora.<br />
<span id="more-4727"></span></p>
<p style="text-align: left;"><em><a href="http://www.imaginaria.com.ar/wp/wp-content/uploads/2010/01/LaChunaZorro-Tapa.jpg"><img class="alignright size-full wp-image-4728" title="lachuna000" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp/wp-content/uploads/2010/01/LaChunaZorro-Tapa.jpg" alt="" width="150" height="214" /></a></em><strong> </strong><em>Por gentileza y autorización de la editorial Longseller presentamos dos cuentos del libro </em><strong>La chuña y el zorro y otros cuentos</strong><em> de <strong><a href="#1">Laura Roldán</a></strong>. El libro reúne un conjunto de cuentos populares del norte argentino recopilados de la tradición oral y literalizados por la autora. Los relatos están acompañados por las ilustraciones que <strong><a href="#2">Horacio Gatto</a> </strong>realizó para la edición de esta obra.</em></p>
<p><em>En nuestra sección &#8220;Autores&#8221;, los lectores encontrarán actualizado el <a href="http://www.imaginaria.com.ar/?p=4705">informe biográfico y el listado de los libros publicados</a> de Laura Roldán.</em></p>
<p><em>Agradecemos a Beatriz Grinberg, de Editorial Longseller, las facilidades proporcionadas para la reproducción de estos textos e ilustraciones.<br />
</em></p>
<hr size="2" />
<h2><strong>La tortuga y el cuervo</strong></h2>
<h2><strong> </strong></h2>
<p>Dicen que una vez, hace mucho tiempo, los pájaros estaban organizando una fiesta en el cielo.</p>
<p>Se los escuchaba hablar y comentar, contentos,  lo lindo que iba a ser encontrarse todos a cantar juntos.</p>
<p style="text-align: center;">
<p style="text-align: center;"><strong><span style="color: #ff0000;"> </span><a href="http://www.imaginaria.com.ar/wp/wp-content/uploads/2010/01/01-TortugaCuervo.jpg"><img class="size-full wp-image-4730  aligncenter" title="01-TortugaCuervo" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp/wp-content/uploads/2010/01/01-TortugaCuervo.jpg" alt="" width="376" height="570" /></a></strong></p>
<p style="text-align: left;">Pasaban los días, corría el rumor de los preparativos.</p>
<p>La tortuga quería ir, pero no sabía volar. No sabía cómo hacer. Pensó y pensó hasta que se le ocurrió una idea, averiguó quiénes irían, qué instrumentos llevarían y decidió que viajaría con el cuervo escondida adentro del bombo.</p>
<p>Y llegó el día. Al atardecer la tortuga se metió adentro del bombo, aseguró la tapa y esperó hasta que el cuervo estuviera listo. El pájaro peinó sus plumas, sacudió las alas, cargó el bombo y emprendió el vuelo. Voló, voló bien alto. Anduvo un rato y le pareció que el instrumento estaba un poco más pesado que de costumbre, pero estaba tan entusiasmado y con tantas ganas de llegar a la fiesta que no prestó atención.</p>
<p>Cuando llegó al cielo ya se oían las risas y la música. Buscó un lugar para dejar el bombo mientras saludaba a los amigos, y la tortuga aprovechó para salir y mezclarse por ahí con los invitados.</p>
<p>Algunas aves, al verla, le preguntaron cómo había llegado, porque les pareció raro ver una tortuga en el cielo. Les dijo que la había llevado un amigo.</p>
<p><strong><span style="color: #ff0000;"> </span><a href="http://www.imaginaria.com.ar/wp/wp-content/uploads/2010/01/02-TortugaCuervo.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-4731" title="02-TortugaCuervo" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp/wp-content/uploads/2010/01/02-TortugaCuervo.jpg" alt="" width="500" height="222" /></a><br />
</strong><br />
La cosa es que bailaron y cantaron toda la noche. Los pájaros músicos acompañaron a los pájaros cantores y lo pasaron tan bien que quedaron en volver a encontrarse pronto.</p>
<p>Al terminar la fiesta, mientras se despedían, la tortuga volvió a esconderse dentro del bombo.</p>
<p><strong><span style="color: #ff0000;"> </span><a href="http://www.imaginaria.com.ar/wp/wp-content/uploads/2010/01/03-TortugaCuervo.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-4732" title="03-TortugaCuervo" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp/wp-content/uploads/2010/01/03-TortugaCuervo.jpg" alt="" width="500" height="278" /></a><br />
</strong><br />
El cuervo saludó a sus amigos, cargó el instrumento y empezó a bajar.</p>
<p>“¡Cómo pesa este bombo! —pensó—. Debo de estar muy cansado.”</p>
<p>Y siguió volando y bajando. En una de esas, la tortuga se acomodó un poco y el cuervo sintió que el instrumento se sacudió.</p>
<p style="text-align: left;">“Qué raro, me pareció que se movía”, pensó.</p>
<p style="text-align: center;">
<p style="text-align: center;"><strong><span style="color: #ff0000;"> </span><a href="http://www.imaginaria.com.ar/wp/wp-content/uploads/2010/01/04-TortugaCuervo.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-4733" title="04-TortugaCuervo" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp/wp-content/uploads/2010/01/04-TortugaCuervo.jpg" alt="" width="289" height="280" /></a></strong></p>
<p><strong><br />
</strong>Se quedó intrigado y decidió investigar qué pasaba. Destapó el instrumento y, al abrirlo, encontró a la tortuga ahí sentada lo más tranquila.</p>
<p>Le dio mucha bronca encontrarla; tanta bronca que dio vuelta el bombo y la intrusa cayó volando, pesada como una piedra.</p>
<p>La tortuga se salvó, pero desde entonces el caparazón le quedó con remiendos por los golpes que se dio al caer.</p>
<hr size="2" />
<h2><strong>La chuña y el zorro</strong></h2>
<p>Era la hora de la siesta y el zorro andaba por el monte dando vueltas, hablando solo, buscando qué comer. Tenía tanta hambre que le sonaba la panza.</p>
<p style="text-align: center;">
<p style="text-align: center;"><strong><a href="http://www.imaginaria.com.ar/wp/wp-content/uploads/2010/01/05-ChunaZorro.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-4734" title="05-ChunaZorro" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp/wp-content/uploads/2010/01/05-ChunaZorro.jpg" alt="" width="381" height="566" /></a></strong></p>
<p>Desde que la chuña había hecho su nido en el patio de la casa del hombre, él no se podía acercar al gallinero.</p>
<p>El ave era muy buena guardiana, se pasaba todo el día vigilando los movimientos de la casa. Cada vez que él aparecía gritaba fuerte y lo sacaba corriendo.</p>
<p style="text-align: center;">
<p style="text-align: center;"><strong><a href="http://www.imaginaria.com.ar/wp/wp-content/uploads/2010/01/06-ChunaZorro.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-4735" title="06-ChunaZorro" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp/wp-content/uploads/2010/01/06-ChunaZorro.jpg" alt="" width="385" height="266" /></a></strong></p>
<p>El zorro llevaba días pensando cómo podía hacerse amigo de la chuña.</p>
<p>“Si la invito a comer, nos haremos amigos y voy a poder acercarme al gallinero a saborear unos tiernos pollitos.”</p>
<p>Y así fue. Después de ensayar un tono amable, se acercó y la invitó a almorzar.</p>
<p>La chuña, primero, lo escuchó medio desconfiada, pero, ante la insistencia y la promesa de la rica comida, aceptó.</p>
<p>Cuando llegó el día, fue a su cueva.</p>
<p style="text-align: left;">El zorro le ofreció una deliciosa miel de abejas que había juntado en el monte; sirvió un montón de miel dorada y sabrosa sobre una piedra muy chata. Angurriento como él solo, lamió la piedra hasta dejarla limpita y se relamió los bigotes satisfecho.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.imaginaria.com.ar/wp/wp-content/uploads/2010/01/07-ChunaZorro.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-4736" title="07-ChunaZorro" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp/wp-content/uploads/2010/01/07-ChunaZorro.jpg" alt="" width="366" height="304" /></a></p>
<p style="text-align: left;">La chuña, con su pico, apenas si pudo tomar unas gotas. Se sintió engañada. “Zorro de porquería, ya me las vas a pagar”, pensó. Y decidió invitarlo a comer, para vengarse.</p>
<p>El zorro aceptó contento, pensando que todo iba bien.</p>
<p>“Qué bien, nos estamos haciendo amigos. Ya estoy más cerca del gallinero.”</p>
<p>Algunos días después, se encontraron bajo el nido de la chuña.</p>
<p>Ahí vio que la cena estaba servida en una vasija de cuello fino.</p>
<p>La chuña metía su pico en el recipiente y tomaba deliciosos tragos de miel.</p>
<p>El zorro intentaba meter el hocico, estiraba la lengua y no había caso, imposible tomar ni una gota.</p>
<p><strong><a href="http://www.imaginaria.com.ar/wp/wp-content/uploads/2010/01/08-ChunaZorro1.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-4738" title="08-ChunaZorro" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp/wp-content/uploads/2010/01/08-ChunaZorro1.jpg" alt="" width="500" height="439" /></a><br />
</strong>Al final, se dio por vencido y se fue.</p>
<p>Pasó el tiempo, y dicen que todavía sigue rondando el gallinero y pensando cómo hacerse amigo de la chuña para acercarse a comer unos tiernos pollitos.</p>
<p><strong><a href="http://www.imaginaria.com.ar/wp/wp-content/uploads/2010/01/09-ChunaZorro.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-4739" title="09-ChunaZorro" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp/wp-content/uploads/2010/01/09-ChunaZorro.jpg" alt="" width="500" height="378" /></a><br />
</strong></p>
<hr size="2" /><em>La chuña y el zorro y otros cuentos</em> © Laura Roldán (textos), Horacio Gatto (ilustraciones); Editorial Longseller, Buenos Aires, 2009.<br />
<a name="1"></a></p>
<hr size="2" /><strong><a href="http://www.imaginaria.com.ar/wp/wp-content/uploads/2010/01/Roldan-Laura2.jpg"><img class="alignright size-full wp-image-4740" title="Roldan, Laura" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp/wp-content/uploads/2010/01/Roldan-Laura2.jpg" alt="" width="150" height="154" /></a>Laura Roldán</strong> nació en la ciudad de Córdoba, Argentina, y actualmente reside en el barrio de Caballito, de la Ciudad de Buenos Aires. Es escritora, investigadora en el género de la literatura infantil y, desde hace tiempo, se especializó en la recopilación de coplas, dichos, adivinanzas, cuentos populares y tradicionales. En la sección &#8220;Autores&#8221; de <em>Imaginaria</em> publicamos un amplio informe biográfico y bibliográfico de la autora, <a href="http://www.imaginaria.com.ar/?p=4705">aquí</a>.<br />
<a name="2"></a><br />
<strong><br />
<a href="http://www.imaginaria.com.ar/wp/wp-content/uploads/2010/01/Gatto-Horacio1.jpg"><img class="alignright size-full wp-image-4744" title="Gatto, Horacio" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp/wp-content/uploads/2010/01/Gatto-Horacio1.jpg" alt="" width="150" height="164" /></a>Horacio Gatto</strong> nació en Buenos Aires, Argentina, en 1959. Es ilustrador y diseñador gráfico. Realizó trabajos para diversas revistas infantiles y editoriales. En la sección &#8220;Galería&#8221; de Imaginaria, los lectores encontrarán más información y otros trabajos de este ilustrador, <a id="wnpo" title="aquí" href="http://www.imaginaria.com.ar/11/4/gatto.htm">aquí</a>.</p>
<hr size="2" /><strong>Artículos relacionados:<br />
</strong></p>
<p>&nbsp;<br />
<a id="cih3" title="Galería: Horacio Gatto." href="http://www.imaginaria.com.ar/?p=4705">Autores: Laura Roldán.</a></p>
<p><a id="cih3" title="Galería: Horacio Gatto." href="http://www.imaginaria.com.ar/11/4/gatto.htm">Galería: Horacio Gatto.</a></p>
<p><a id="y-mf" title="Ficciones: &quot;Un lugar en el bosque&quot;, cuento popular judío en versión de Laura Roldán." href="http://www.imaginaria.com.ar/04/8/roldan2.htm">Ficciones: &#8220;Un lugar en el bosque&#8221;, cuento popular judío en versión de Laura Roldán.</a></p>
<p><a id="qc1v" title="Ficciones: &quot;El Zorro y el Tigre&quot;, cuento popular en versión de Laura Roldán." href="http://www.imaginaria.com.ar/04/8/roldan3.htm">Ficciones: &#8220;El Zorro y el Tigre&#8221;, cuento popular en versión de Laura Roldán.</a></p>
<p><a id="j:vt" title="Destacados: Leyendas, mitos y cuentos folklóricos latinoamericanos (I)." href="http://www.imaginaria.com.ar/11/9/destacados.htm">Destacados: Leyendas, mitos y cuentos folklóricos latinoamericanos (I).</a></p>
<p><a id="f8oo" title="Destacados: Leyendas, mitos y cuentos folklóricos latinoamericanos (II)" href="http://www.imaginaria.com.ar/12/0/destacados.htm">Destacados: Leyendas, mitos y cuentos folklóricos latinoamericanos (II)</a></p>
<p><a id="i4kq" title="Destacados: Leyendas, mitos y cuentos folklóricos latinoamericanos (III)" href="http://www.imaginaria.com.ar/19/1/destacados.htm">Destacados: Leyendas, mitos y cuentos folklóricos latinoamericanos (III)</a></p>
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		<title>Poesías del libro Palabras manzanas de Jorge Luján</title>
		<link>http://www.imaginaria.com.ar/?p=3933</link>
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		<pubDate>Tue, 24 Nov 2009 21:34:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ficciones]]></category>
		<category><![CDATA[Nº 260]]></category>

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		<description><![CDATA[&#8220;No es contra el mundo/ que embiste el rinoceronte/ sino contra esos cuernos/ que por nada se quitan/ de en medio de sus ojos.&#8221; Presentamos aquí algunas poesías del libro Palabras manzana de Jorge Luján . Los poemas están acompañados por las ilustraciones que Manuel Marín realizó para la edición de esta obra. En nuestra [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><img class="size-full wp-image-3946 alignright" title="02-Tarde" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp/wp-content/uploads/2009/11/02-Tarde.jpg" alt="02-Tarde" width="240" height="241" /></em>&#8220;No es contra el mundo/ que embiste el rinoceronte/ sino contra esos cuernos/ que por nada se quitan/ de en medio de sus ojos.&#8221; Presentamos aquí algunas poesías del libro <em><strong>Palabras manzana</strong></em> de <strong>Jorge Luján</strong><span style="color: #ff0000;"> </span>. Los poemas están acompañados por las ilustraciones que <strong>Manuel Marín </strong>realizó para la edición de esta obra. En nuestra sección &#8220;Reseñas de libros&#8221;, los lectores encontrarán un comentario sobre esta obra.<br />
<span id="more-3933"></span></p>
<p style="text-align: left;"><em><img class="alignright size-full wp-image-4088" title="PalabrasManzana100" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp/wp-content/uploads/2009/11/PalabrasManzana100.jpg" alt="PalabrasManzana100" width="100" height="158" />Por gentileza y autorización del Grupo Anaya presentamos algunas poesías del libro </em><strong>Palabras manzana</strong><em> de<span style="color: #000000;"> <strong><a href="#1">Jorge Luján</a></strong>.</span> Los poemas están acompañados por las ilustraciones que <strong><a href="#2">Manuel Marín</a> </strong>realizó para la edición de esta obra.</em></p>
<p style="text-align: left;"><em>En nuestra sección &#8220;Reseñas de libros&#8221;, los lectores encontrarán un <a href="http://www.imaginaria.com.ar/?p=3954">comentario sobre esta obra</a>, preparado por Raúl Tamargo; y en la sección &#8220;Autores&#8221;, <a href="http://www.imaginaria.com.ar/?p=3844">un informe biográfico y el listado de los libros publicados</a> por Jorge Luján.</em></p>
<p style="text-align: left;"><em>Agradecemos a Pablo Cruz, de Editorial Anaya, las facilidades proporcionadas para la reproducción de estos textos e ilustraciones.</em></p>
<hr style="text-align: center;" size="2" />
<p style="text-align: left;"><strong><br />
</strong><strong><img class="alignright size-full wp-image-4094" title="01-TumbaCH" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp/wp-content/uploads/2009/11/01-TumbaCH3.jpg" alt="01-TumbaCH" width="200" height="131" /></strong><strong>Tumba Tumba Retumba</strong></p>
<p style="text-align: left;">No es contra el mundo<br />
que embiste el rinoceronte<br />
sino contra esos cuernos<br />
que por nada se quitan<br />
de en medio de sus ojos.</p>
<hr />
<p style="text-align: left;"><img class="alignright size-full wp-image-4095" title="02-Tardech" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp/wp-content/uploads/2009/11/02-Tardech3.jpg" alt="02-Tardech" width="200" height="201" /><strong><br />
Tarde de invierno</strong></p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Juega mi dedo en el vidrio empañado y<br />
dibuja una luna y dentro de ella a mi madre que<br />
viene por la calle y cabe justo en el dibujo que voy<br />
agrandando a medida que se va acercando hasta<br />
darme este abrazo que cabe exactamente detrás<br />
del vidrio del portarretrato.</p>
<hr />
<p style="text-align: left;"><img class="alignright size-full wp-image-4102" title="03-LevanteCH" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp/wp-content/uploads/2009/11/03-LevanteCH3.jpg" alt="03-LevanteCH" width="200" height="114" />Levanté un tallo seco<br />
y en el aire<br />
&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;se hizo flor</p>
<p>Aspiré su aroma<br />
y la vi alejarse</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;mariposa</p>
<hr />
<p style="text-align: left;"><strong><br />
El encargo</strong></p>
<p><img class="alignright size-full wp-image-4097" title="04-EncargoCH" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp/wp-content/uploads/2009/11/04-EncargoCH2.jpg" alt="04-EncargoCH" width="200" height="101" />Una mañana al lavarme la cara<br />
me busqué en el espejo<br />
y lo encontré vacío.</p>
<p style="text-align: left;">Corrí entonces a verme en una fuente<br />
y sólo el cielo<br />
se reflejaba en ella,</p>
<p style="text-align: left;">enturbié el agua con mi brazo<br />
y la dejé venirse clara,<br />
mas yo seguía ausente.</p>
<p style="text-align: left;">Si acaso supieras adónde he ido<br />
déjame una señal,<br />
un mapa en el aromo de la plaza<br />
o una flecha pintada en la pared.</p>
<p style="text-align: left;">Pero si lo ignoras,<br />
te pido que vayas al río<br />
y me dibujes un contorno<br />
en el agua cristalina</p>
<p style="text-align: left;">y antes de que sea<br />
demasiado tarde,<br />
me des un nombre nuevo.<strong><br />
</strong></p>
<hr />
<p style="text-align: left;"><strong><strong><br />
</strong></strong><strong><img class="alignright size-full wp-image-4098" title="05-ViejoCH" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp/wp-content/uploads/2009/11/05-ViejoCH2.jpg" alt="05-ViejoCH" width="200" height="92" /></strong><strong><strong>El viejo poeta</strong></strong></p>
<p style="text-align: left;">Cuando tiembla de frío</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;pronuncia la palabra sol</p>
<p>Cuando tiembla de poesía</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;se interna en el ocaso.</p>
<hr style="text-align: center;" size="2" />
<p style="text-align: left;"><em>Palabras manzana</em> © Jorge Luján (textos), Manuel Marín (ilustraciones), Grupo Anaya, Madrid, 2003.)</p>
<p style="text-align: center;"><a name="1"></a></p>
<hr style="text-align: center;" size="2" /><strong><strong><strong><img class="alignright size-full wp-image-4001" title="Lujan" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp/wp-content/uploads/2009/11/Lujan1.jpg" alt="Lujan" width="144" height="151" /></strong></strong>Jorge Elías Luján</strong> nació en Córdoba, Argentina, y desde 1978 vive en México, D.F. con su esposa Rebeca y sus hijos Uriel y Nicole. Es arquitecto, licenciado en Lengua y Letras Hispánicas (Universidad Nacional Autónoma de México), músico, escritor y poeta. En la sección &#8220;Autores&#8221; de Imaginaria publicamos un amplio informe biográfico y bibliográfico del autor, <a href="http://www.imaginaria.com.ar/?p=3844">aquí</a>.<span style="color: #ff0000;"> </span></p>
<p><a name="2"></a><strong>Manuel Marín</strong> es pintor, escultor, dibujante, arte correísta, profesor y teórico. Nació en la ciudad de México, en 1951. En 1974 realizó su primera exposición individual y, hasta la fecha ha realizado más de 80, tanto en México como en el extranjero.</p>
<p style="text-align: left;">&#8220;Esta manera de ilustrar nace directamente de mis esculturas, esculturas que construyo a base de planos en metal recubiertos con dibujos y esgrafiados en grafito y lápiz de color. Se puede decir que cada uno de estos dibujos en esta ilustración son esculturas.&#8221;</p>
<p style="text-align: center;"><span style="color: #ff0000;"> </span><img class="aligncenter size-full wp-image-3942" title="Marin" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp/wp-content/uploads/2009/11/Marin.jpg" alt="Marin" width="480" height="480" /></p>
<p style="text-align: center;"><strong><strong><a name="1"></a></strong></strong></p>
<hr style="text-align: center;" size="2" />
<p style="text-align: left;"><strong><strong><strong>Artículos relacionados:<br />
</strong><br />
</strong></strong><a href="http://www.imaginaria.com.ar/?p=3844">Autores: Jorge Luján.</a></p>
<p style="text-align: left;"><a href="http://www.imaginaria.com.ar/?p=3954">Reseñas de libros: <em>Palabras manzana</em>, de Jorge Luján.</a> <span style="color: #ff0000;"> </span><span style="color: #ff0000;"> </span></p>
<p style="text-align: left;"><a id="v:ad" title="Destacados: Poesías." href="http://www.imaginaria.com.ar/12/1/destacados.htm">Destacados: Poesías.</a></p>
<p style="text-align: left;"><a id="mb4m" title="Destacados: Algunas poesías más." href="http://www.imaginaria.com.ar/17/0/destacados.htm">Destacados: Algunas poesías más.</a></p>
<p style="text-align: left;"><a id="e-fc" title="Destacados: Leer poesía." href="http://www.imaginaria.com.ar/19/7/destacados.htm">Destacados: Leer poesía.</a></p>
<p style="text-align: left;"><a id="v19r" title="Lecturas: La mirada poética en la biblioteca: una experiencia de Ateneo para bibliotecarios, por Cecilia Bajour." href="http://www.imaginaria.com.ar/13/8/mirada-poetica.htm">Lecturas: La mirada poética en la biblioteca: una experiencia de Ateneo para bibliotecarios, por Cecilia Bajour.</a></p>
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		<title>Las aventuras de Pinocho. Capítulos XXXV y XXXVI</title>
		<link>http://www.imaginaria.com.ar/?p=3750</link>
		<comments>http://www.imaginaria.com.ar/?p=3750#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 10 Nov 2009 21:34:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ficciones]]></category>
		<category><![CDATA[N° 259]]></category>

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		<description><![CDATA[Hoy completamos la publicación de Las aventuras de Pinocho, de Carlo Collodi, con traducción y notas de Guillermo Piro, acompañadas por imágenes de varios ilustradores de época. La imagen de arriba es de Charles Copeland (1904). Carlo Collodi Traducción y notas de Guillermo Piro (Para bajar el texto en un archivo PDF, mejor para imprimir, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignnone size-full wp-image-3756" title="06-Pinocho-Copeland" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp/wp-content/uploads/2009/11/06-Pinocho-Copeland.jpg" alt="06-Pinocho-Copeland" width="500" height="212" /><br />
Hoy completamos la publicación de <em>Las aventuras de Pinocho,</em> de <strong>Carlo Collodi,</strong> con traducción y notas de <strong>Guillermo Piro,</strong> acompañadas por imágenes de varios ilustradores de época. La imagen de arriba es de <strong>Charles Copeland</strong> (1904).</p>
<p><span id="more-3750"></span></p>
<p style="text-align: right;"><strong><a href="http://www.imaginaria.com.ar/02/9/pinocho.htm">Carlo Collodi</a></strong></p>
<p style="text-align: right;">Traducción y notas de <strong><a href="http://www.imaginaria.com.ar/?p=1223#piro">Guillermo Piro</a></strong></p>
<p style="text-align: left;">(Para bajar el texto en un archivo PDF, mejor para imprimir, <a href="http://www.imaginaria.com.ar/wp/wp-content/uploads/2009/11/Collodi-Pinocho-35-y-36.pdf"><strong>click aquí</strong></a>.)</p>
<div style="text-align: center;"><strong>XXXV</strong><br />
<strong>Pinocho encuentra dentro del Tiburón&#8230; ¿a quién encuentra?</strong><br />
<strong>Lean este capítulo y lo sabrán. </strong></div>
<p>Pinocho, apenas le dijo adiós a su buen amigo el Atún, se movió tambaleándose en medio de aquella oscuridad, y comenzó a caminar a tientas dentro del cuerpo del Tiburón, yendo paso a paso hacia aquella pequeña claridad que divisaba a lo lejos.</p>
<div style="text-align: center;"><em><img class="alignnone size-full wp-image-3751" title="01-Pinocho-Chiostri" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp/wp-content/uploads/2009/11/01-Pinocho-Chiostri.jpg" alt="01-Pinocho-Chiostri" width="295" height="518" /><br />
Ilustración de Carlo Chiostri (1901). </em></div>
<p>Y al caminar sintió que sus pies chapoteaban en un charco de agua grasienta y resbaladiza, y esa agua tenía un olor tan fuerte a pescado frito que le pareció estar en plena cuaresma.</p>
<p>Y cuánto más andaba, más reluciente y perceptible se hacía la claridad; hasta que, anda que te anda, al final llegó; y cuando llegó&#8230; ¿qué encontró? No lo adivinarían ni aunque lo intentaran mil veces: encontró puesta una pequeña mesa, que tenía encima una vela encendida en una botella de cristal verde, y sentado a la mesa un viejito todo blanco, como si fuese de nieve o de crema batida, que estaba mordisqueando unos pececitos vivos, pero tan vivos, que a veces, mientras intentaba comerlos, se le escapaban de la boca.<span style="color: #ff0000;"> </span></p>
<p style="text-align: center;"><em><img class="alignnone size-full wp-image-3752" title="02-Pinocho-Mussino" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp/wp-content/uploads/2009/11/02-Pinocho-Mussino.jpg" alt="02-Pinocho-Mussino" width="500" height="494" /><br />
Ilustración de Attilio Mussino (1911)</em></p>
<p>Al ver esto, el pobre Pinocho sintió una alegría tan grande y tan inesperada que poco faltó para que entrar en delirio. Quería reír, quería llorar, quería decir un montón de cosas; y en cambio mascullaba confusamente y balbuceaba palabras truncas y sin sentido. Finalmente consiguió lanzar un grito de alegría y abriendo los brazos y arrojándose al cuello del viejito, comenzó a gritar:</p>
<p>—¡Oh, papito mío! ¡Finalmente te he encontrado! ¡Ahora no te abandonaré nunca, nunca, nunca!</p>
<p>—¿No me engañan mis ojos? —replicó el viejito, restregándose los ojos—. ¿Entonces de verdad eres mi querido Pinocho?</p>
<p>—¡Sí, sí, soy yo, soy yo! Tú ya me has perdonado, ¿no es cierto? ¡Oh, papito mío, qué bueno eres!&#8230; y pensar que yo, en cambio&#8230; ¡Oh, si supieras cuántas desgracias han llovido sobre mi cabeza y cuántas cosas me salieron torcidas! Imagínate que el día que tú, pobre papito, cuando vendiste tu casaca, me compraste el Abecedario para ir a la escuela, yo me escapé para ver a los títeres, y el titiritero quería echarme al fuego para cocer un carnero asado, que fue quien después me dio cinco monedas de oro para que te las llevase a ti, pero yo encontré al Zorro y al Gato, que me llevaron a la Posada del Camarón Rojo, donde comieron como lobos, y cuando salí solo en la noche me encontré con los asesinos que se pusieron a perseguirme, y yo corría, y ellos detrás, y yo corría, y ellos siempre detrás, y yo corría, hasta que me colgaron de una rama de la Gran Encina, de donde la hermosa Niña de los cabellos azules me mandó a recoger con una carroza, y los médicos, cuando me examinaron, dijeron enseguida: “Si no está muerto, es signo de que está vivo”, y entonces se me escapó una mentira, y la nariz empezó a crecerme y no podía pasar por la puerta de la habitación, motivo por el cual fui con el Zorro y el Gato a enterrar las cuatro monedas de oro, pues una ya la había gastado en la Posada. Y el Papagayo se puso a reír, y en lugar de dos mil monedas no encontré nada, lo cual el Juez, cuando supo que yo había sido robado, hizo que me metieran enseguida en prisión para darles una satisfacción a los ladrones, de donde, al salir, vi un hermoso racimo de uvas en el campo, que quedé preso en la trampa, y el campesino, por las buenas o por las malas, me puso el collar de perro para que cuidara el gallinero, que reconoció mi inocencia y me dejó ir, y la serpiente con la cola que echaba humo comenzó a reír y se le reventó una vena del pecho, y así volví a casa de a Niña que estaba muerta, y la Paloma, al ver que lloraba, me dijo: “Vi a tu padre que se fabricaba una pequeña barca para ir a buscarte”, y yo le contesté: “¡Oh, si yo también tuviese alas!”, y ella me dijo: “¿Quieres ir con tu padre?”, y yo le dije: “¡Claro! ¿Pero quién me llevaría?”, y ella me dijo: “Monta sobre mi grupa”, y así volamos toda la noche, y después a la mañana todos los pescadores que miraban al mar me dijeron: “Hay un pobre hombre en una pequeña barca que está por hundirse”, y yo de lejos te reconocí enseguida, porque me lo decía el corazón, y te hice señas para que volvieses a la playa.</p>
<p>—Yo también te reconocí —dijo Geppetto—, y de buena gana hubiese vuelto a la playa, pero ¿cómo? El mar estaba furioso y una gran ola dio vuelta mi barca. Entonces un horrible Tiburón que andaba por allí, apenas me vio corrió enseguida hacia mí y, sacando la lengua, me atrapó y me tragó como si fuera un raviol.</p>
<p>—¿Y cuánto tiempo has estado aquí dentro? —preguntó Pinocho.</p>
<p>—Desde aquel día, ya habrán pasado dos años; ¡dos años, Pinocho mío, que me han parecido dos siglos!</p>
<p>—¿Y cómo has conseguido sobrevivir? ¿Dónde has encontrado la vela? Y los fósforos para encenderla, ¿quién te los ha dado?</p>
<p>—Ahora te contaré todo. Debes saber que aquella misma borrasca que dio vuelta mi barca hizo hundir también un barco mercante. Los marineros se salvaron todos, pero la nave se fue a pique y el mismo Tiburón, que ese día tenía un apetito excelente, después de haberme tragado a mí se tragó también la nave&#8230;</p>
<p>—¿Cómo? ¿Se la tragó toda de un bocado?&#8230; —preguntó Pinocho maravillado.<span style="color: #ff0000;"> </span></p>
<p style="text-align: center;"><em><img class="alignnone size-full wp-image-3753" title="03-Pinocho-Sarri" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp/wp-content/uploads/2009/11/03-Pinocho-Sarri.jpg" alt="03-Pinocho-Sarri" width="500" height="213" /><br />
Ilustración de Corrado Sarri (1929)</em></p>
<p>—Toda de un bocado; sólo escupió el palo mayor, porque se le había quedado entre los dientes como una espina. Para mi suerte, aquella nave estaba cargada de carne enlatada, galletas, o sea pan tostado, botellas de vino, pasas de uva, queso, café, azúcar, velas de estearina y cajas de fósforos de cera. Con toda esa gracia divina pude arreglármelas dos años: pero hoy estamos en las últimas: hoy, en la despensa, no queda nada, y esta vela que ves encendida es la última que me queda&#8230;</p>
<p>—¿Y después?&#8230;</p>
<p>—Y después, querido mío, nos quedaremos los dos a oscuras.</p>
<p>—Entonces, papito mío —dijo Pinocho—, no hay tiempo que perder. Hay que pensar en huir enseguida&#8230;</p>
<p>—¿En huir?&#8230; ¿Y cómo?</p>
<p>—Escapando por la boca del Tiburón y echándonos al mar, a nadar.</p>
<p>—Buena idea. Pero yo, querido Pinocho, no sé nadar.</p>
<p>—¿Y qué importa?&#8230; Tú te subirás a caballo sobre mis hombros y yo, que soy buen nadador, te llevaré sano y salvo hasta la playa.</p>
<p>—¡Ilusiones, hijo mío!—replicó Geppetto, moviendo la cabeza y sonriendo melancólicamente—. ¿Te parece posible que un muñeco como tú, que apenas mide un metro, pueda tener la fuerza de llevarme nadando sobre los hombros?</p>
<p>—¡Haz la prueba y verás! De cualquier modo, si está escrito en el cielo que debemos morir, al menos tendremos el consuelo de morir abrazados.<br />
Y sin decir más Pinocho tomó la vela y yendo adelante para iluminar bien, dijo a su padre:</p>
<p>—Ven detrás de mí y no tengas miedo.</p>
<p>Y así caminaron un buen rato, y atravesaron todo el cuerpo y todo el estómago del Tiburón. Pero cuando llegaron al punto donde comenzaba la gran garganta del monstruo decidieron detenerse para echar una mirada y elegir el momento oportuno para la fuga. Ahora hay que saber que el tiburón, siendo muy viejo y sufriendo de asma y de palpitaciones, se veía obligado a dormir con la boca abierta; por lo que Pinocho, asomándose al principio de la garganta y mirando hacia arriba, pudo ver, afuera de esa enorme boca, un bello trozo de cielo estrellado y la bellísima luz de la luna.</p>
<p>—Éste es el momento de escapar —susurró entonces dirigiéndose a su padre—. El Tiburón duerme como un lirón; el mar está tranquilo y se ve como si fuera de día. Ven entonces detrás de mí, papito, y dentro de poco estaremos a salvo.</p>
<p style="text-align: center;"><span style="color: #ff0000;"> </span><em><img class="alignnone size-full wp-image-3754" title="04-Pinocho-Copeland" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp/wp-content/uploads/2009/11/04-Pinocho-Copeland.jpg" alt="04-Pinocho-Copeland" width="429" height="600" /><br />
Ilustración de Charles Copeland (1904)</em></p>
<p>Dicho y hecho, subieron por la garganta del monstruo marino y, habiendo llegado a aquella inmensa boca, comenzaron a caminar en puntas de pie por la lengua; una lengua tan ancha y tan larga que parecía el sendero de un jardín. Y ya estaban por dar el gran salto para arrojarse al mar a nadar cuando, en lo mejor, el Tiburón estornudó, y al estornudar dio una sacudida tan violenta que Pinocho y Geppetto se encontraron siendo empujados hacia atrás y lanzados nuevamente al fondo del estómago del monstruo.</p>
<p>Con el golpe de la caída la vela se apagó, y padre e hijo quedaron a oscuras.</p>
<p>—¿Y ahora?&#8230; —preguntó Pinocho, poniéndose serio.</p>
<p>—Ahora, hijo mío, estamos totalmente perdidos.</p>
<p>—¿Por qué perdidos? ¡Dame una mano, papito, y trata de no tropezar!&#8230;</p>
<p>—¿A dónde me llevas?</p>
<p>—Debemos intentar huir de nuevo. Ven conmigo y no tengas miedo.</p>
<p>Dicho eso, Pinocho tomó a su padre de la mano; y caminando siempre en puntas de pie, volvieron a subir por la garganta del monstruo; después atravesaron toda la lengua y atravesaron las tres hileras de dientes. Pero antes de dar el gran salto, el muñeco le dijo a su padre:</p>
<p>—Móntate a caballo sobre mis hombros y abrázame bien fuerte. De lo demás me ocupo yo.</p>
<p>Apenas Geppetto se acomodó bien sobre los hombros de su hijo, Pinocho, seguro de lo que hacía, se lanzó al agua y comenzó a nadar. El mar estaba tranquilo como si fuera de aceite, la luna brillaba con todo su esplendor y el Tiburón seguía durmiendo tan profundamente que ni el estallido de un cañón lo habría despertado.</p>
<p style="text-align: center;"><em><img class="alignnone size-full wp-image-3755" title="05-Pinocho-Mazzanti" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp/wp-content/uploads/2009/11/05-Pinocho-Mazzanti.jpg" alt="05-Pinocho-Mazzanti" width="500" height="290" /><br />
Ilustración de Enrico Mazzanti (1883)</em></p>
<div style="text-align: center;"><strong>XXXVI</strong><br />
<strong>Finalmente, Pinocho deja de ser un muñeco</strong><br />
<strong>y se convierte en niño. </strong></div>
<p>Mientras Pinocho nadaba rápidamente para alcanzar la playa, se dio cuenta de que su padre, que estaba a caballo sobre sus hombros y tenía las piernas metidas en el agua, temblaba horriblemente, como si al pobre hombre lo hubiera atacado la fiebre terciana.</p>
<p>¿Temblaba de frío o de miedo? ¡Quién sabe!&#8230; A lo mejor un poco de las dos cosas.</p>
<p style="text-align: center;"><em><img class="alignnone size-full wp-image-3756" title="06-Pinocho-Copeland" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp/wp-content/uploads/2009/11/06-Pinocho-Copeland.jpg" alt="06-Pinocho-Copeland" width="500" height="212" /><br />
Ilustración de Charles Copeland (1904)</em></p>
<p>Pero Pinocho, creyendo que ese temblor se debía al miedo, para confortarlo le dijo:</p>
<p>—¡Ánimo, padre! Dentro de unos minutos tocaremos tierra y estaremos a salvo.</p>
<p>—¿Pero dónde está esa bendita playa? —preguntó el viejito, cada vez más inquieto y aguzando la vista, como hacen los sastres cuando enhebran una aguja—. Mire donde mire no veo más que cielo y mar.</p>
<p>—Pero yo veo también la playa —dijo el muñeco—. Para que sepa, yo soy como los gatos: veo mejor de noche que de día.</p>
<p>El pobre Pinocho fingía estar de buen humor; pero en vez de eso&#8230; En vez de eso comenzaba a perder las esperanzas: las fuerzas le faltaban, su respiración se hacía difícil y fatigosa&#8230;</p>
<p>Nadó mientras le quedó aliento; después se volvió hacia Geppetto y con palabras entrecortadas dijo:</p>
<p>—¡Padre mío, ayúdame&#8230; porque me muero!</p>
<p>Y padre e hijo ya estaban a punto de ahogarse cuando oyeron una voz de guitarra desafinada que dijo:</p>
<p>—¿Quién se muere?</p>
<p>—¡Soy yo y mi pobre padre!</p>
<p>—¡Esa voz la conozco! ¡Tú eres Pinocho!&#8230;</p>
<p>—Exacto. ¿Y tú?</p>
<p>—Yo soy el Atún, tu compañero de prisión en el cuerpo del Tiburón.</p>
<p>—¿Y cómo has hecho para escapar?</p>
<p>—He imitado tu ejemplo. Tú eres quien me ha enseñado el camino, y, después de ti, huí yo también.</p>
<p>—¡Atún mío, llegas justo a tiempo! Te ruego, por el amor que sientes por los Atuncitos, tus hijos: ayúdanos o estamos perdidos.</p>
<p>—Encantado y de todo corazón. Agárrense los dos a mi cola y dejen que yo los lleve. En cuatro minutos los llevaré a la orilla.</p>
<p>Geppetto y Pinocho, como pueden imaginárselo, aceptaron inmediatamente la invitación. Pero en vez de agarrarse de la cola juzgaron más cómodo sentarse en la grupa del Atún.</p>
<p>—¿Pesamos mucho? —le preguntó Pinocho.</p>
<p>—¿Si pesan? Ni por asomo: me parece estar llevando encima dos valvas de almeja —respondió el Atún, el cual era tan grande y robusto que parecía un ternero de dos años.</p>
<p style="text-align: center;"><em><img class="alignnone size-full wp-image-3757" title="07-Pinocho-Carsey" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp/wp-content/uploads/2009/11/07-Pinocho-Carsey.jpg" alt="07-Pinocho-Carsey" width="500" height="599" /><br />
Ilustración de Alice Carsey (1916)</em></p>
<p>Llegados a la orilla, Pinocho fue el primero en saltar a tierra, para ayudar a su padre a hacer lo mismo. Después se volvió al Atún y con voz conmovida le dijo:</p>
<p>—¡Amigo mío, tú has salvado a mi Padre! ¡Por lo tanto no tengo palabras para agradecértelo lo suficiente! ¡Permite al menos que te dé un beso en señal de reconocimiento eterno!&#8230;</p>
<p>El Atún sacó el hocico fuera del agua y Pinocho, poniéndose de rodillas, le dio un afectuosísimo beso en la boca. Ante este rasgo de espontánea y vivísima ternura, el pobre Atún, que no estaba acostumbrado, se sintió tan conmovido que, avergonzándose de que lo vieran llorar como un niño, volvió a meter la cabeza en el agua y desapareció.</p>
<p>Entretanto se había hecho de día.</p>
<p>Entonces Pinocho, ofreciendo su brazo a Geppetto, a quien apenas le quedaba aliento para mantenerse en pie, le dijo:</p>
<p>—Apóyate en mi brazo, querido papito, y vayamos. Caminaremos despacio, como las hormigas, y cuando estemos cansados, haremos un alto en el camino.</p>
<p>—¿Y dónde debemos ir? —preguntó Geppetto.</p>
<p>—En busca de una casa o de una cabaña donde por caridad nos den un pedazo de pan y un poco de paja que nos sirva de cama.</p>
<p>No habían recorrido aún cien pasos cuando vieron, sentados al borde del camino, a dos desgraciados, que estaban allí pidiendo limosna.</p>
<p>Eran el Gato y el Zorro, pero ya no había quién los reconociera. Imagínense que el Gato, a fuerza de fingir que era ciego, se había quedado ciego de verdad <a id="qm2j" title="(1)" href="#notas">(1)</a>; y el Zorro, avejentado, tiñoso y sin pelos en partes del cuerpo, había perdido hasta la cola. Así son las cosas. Aquel pobre ladronzuelo, caído en la más horrible de las miserias, un buen día se vio obligado a vender hasta su bellísima cola a un mercader ambulante, que la compró para hacerse un mosqueador.</p>
<p>—¡Oh, Pinocho! —gritó el Zorro con voz plañidera—. ¡Ten piedad de estos dos pobres enfermos!</p>
<p>—¡Enfermos! —repitió el Gato.</p>
<p>—¡Adiós, mascaritas! —respondió el muñeco—. Me engañaron una vez, ahora no me vuelven a agarrar.</p>
<p>—¡Créelo, Pinocho, que hoy somos pobres y desgraciados de verdad!</p>
<p>—¡De verdad! —repitió el Gato.</p>
<p>—Si son pobres, se lo merecen. ¿Recuerdan el proverbio que dice: “Dinero robado nunca da fruto?” ¡Adiós, mascaritas!</p>
<p>—¡Ten compasión de nosotros!&#8230;</p>
<p>—¡De nosotros!&#8230;</p>
<p>—¡Adiós, mascaritas! Recuerden el proverbio que dice: “Tanto va el cántaro a la fuente, que al fin se rompe”.</p>
<p>—¡No nos abandones!&#8230;</p>
<p>—¡&#8230;dones! –repitió el Gato.</p>
<p>—¡Adiós, mascaritas! Recuerden el proverbio que dice: “Quien roba el abrigo del prójimo, suele morir sin camisa”.</p>
<p style="text-align: center;"><em><img class="alignnone size-full wp-image-3758" title="08-Pinocho-Cavalieri" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp/wp-content/uploads/2009/11/08-Pinocho-Cavalieri.jpg" alt="08-Pinocho-Cavalieri" width="413" height="600" /><br />
Ilustración de Luigi E. Maria Augusta Cavalieri (1924)</em></p>
<p>Y así Pinocho y Geppetto siguieron tranquilamente su camino; hasta que, cuando habían hecho cien pasos, vieron al final de un sendero en medio del campo una bella cabaña toda de paja, con el techo cubierto de tejas y ladrillos.</p>
<p>—Esa cabaña debe de estar habitada por alguien —dijo Pinocho—. Vamos allá y llamemos.</p>
<p>En efecto, fueron y llamaron a la puerta.</p>
<p>—¿Quién es? —dijo una vocecita desde adentro.</p>
<p>—Somos un pobre padre y su pobre hijo, sin pan y sin techo —respondió el muñeco.</p>
<p>—Den vuelta la llave y la puerta se abrirá —dijo la misma vocecita.</p>
<p>Pinocho dio vuelta la llave y la puerta se abrió. Apenas entraron, miraron por aquí, miraron por allá, pero no vieron a nadie.</p>
<p>—¿Y el dueño de la cabaña dónde está? —dijo Pinocho, maravillado.</p>
<p>—¡Aquí arriba!</p>
<p>Padre e hijo se volvieron de inmediato hacia el techo, y vieron sobre una viga al Grillo parlante.</p>
<p>—¡Oh!, mi querido Grillito —dijo Pinocho saludándolo amablemente.</p>
<p>—Ahora me llamas “mi querido Grillito”, ¿no es cierto? Pero te acuerdas de cuando, para echarme de tu casa, me lanzaste un martillo de madera?&#8230;</p>
<p>—¡Tienes razón, Grillito! Aplástame a mí&#8230; tírame a mí un martillo de madera, pero ten piedad de mi pobre padre&#8230;</p>
<p>—Yo tendré piedad del padre y también del hijo, pero quería recordarte el mal trato recibido, para enseñarte que en este mundo, cuando se puede, hay que ser corteses con todos, si lo que queremos es que nos devuelvan la misma cortesía cuando tengamos necesidad.</p>
<p>—Tienes razón, Grillito, tienes razón de sobra y yo recordaré la lección que me has dado. ¿Pero me dices cómo has hecho para comprarte esta bella cabaña?</p>
<p>—Esta cabaña me ha sido regalada ayer por una graciosa cabra, que tenía la lana de un bellísimo color azul.</p>
<p>—¿Y la cabra a dónde fue? —preguntó Pinocho, con vivísima curiosidad.</p>
<p>—No lo sé.</p>
<p>—¿Y cuándo volverá?&#8230;</p>
<p>—No volverá nunca. Ayer partió, toda afligida, y, balando, parecía decir: “¡Pobre Pinocho&#8230; ya no lo volveré a ver&#8230; el Tiburón, a esta hora, se lo habrá devorado!&#8230;”</p>
<p>—¿Eso ha dicho?&#8230; ¡Entonces era ella!&#8230; ¡Era ella!&#8230; ¡Era mi querida Hadita!&#8230; —comenzó a gritar Pinocho, sollozando y llorando a lágrima viva.</p>
<p>Cuando hubo llorado bien, se secó los ojos, y, preparando una buena camita de paja, acostó sobre ella al viejo Geppetto. Después le preguntó al Grillo parlante:</p>
<p>—Dime, Grillito: ¿dónde podré encontrar un vaso de leche para mi pobre padre?</p>
<p>—A tres campos de distancia de aquí está el hortelano Giangio, que tiene vacas. Ve allí y encontrarás la leche que buscas.</p>
<p>Pinocho fue corriendo a la casa del hortelano Giangio, pero el hortelano le dijo:</p>
<p>—¿Cuánta leche quieres?</p>
<p>—Un vaso lleno.</p>
<p>—Un vaso de leche cuesta un centavo. Dame primero el dinero.</p>
<p>—No tengo un centavo —respondió Pinocho, mortificado y dolido.</p>
<p>—Lo siento, muñequito mío —replicó el hortelano—. Si no tienes ni un centavo, yo tampoco tengo ni un dedo de leche.</p>
<p>—¡Paciencia! —dijo Pinocho e hizo ademán de irse.</p>
<p>—Espera un poco —dijo Giangio—. Entre tú y yo podemos arreglarnos. ¿Puedes dar vuelta a la noria?</p>
<p>—¿Qué es la noria?</p>
<p>—Ese artefacto de madera que sirve para sacar agua de la cisterna, para regar las hortalizas.</p>
<p>—Lo intentare&#8230;</p>
<p>—Entonces, sácame cien baldes de agua y yo, en compensación, te regalaré un vaso de leche.</p>
<p>—Está bien.</p>
<p>Giangio condujo al muñeco al huerto y le enseñó el modo en que debía hacer girar la noria. Pinocho se puso a trabajar enseguida, pero antes de haber sacado los cien baldes de agua, estaba todo empapado de sudor de la cabeza a los pies. Nunca había trabajado tanto <a id="hb7p" title="(2)" href="#notas">(2)</a>.</p>
<p>—Hasta ahora este trabajo de dar vueltas a la noria —dijo el hortelano— lo hacía mi borrico; pero hoy el pobre animal se está muriendo.</p>
<p>—¿Me permite verlo? —preguntó Pinocho.</p>
<p>—Con mucho gusto.</p>
<p>Apenas Pinocho entró en el establo vio un lindo borrico tendido sobre la paja, agotado por el hambre y el trabajo excesivo. Después de mirarlo fijamente, dijo para sí, turbándose: “¡Pero yo a este borrico lo conozco! ¡No me resulta una cara nueva!”</p>
<p>E inclinándose sobre él, preguntó en dialecto asnal:</p>
<p>—¿Quién eres?</p>
<p>Al oír esta pregunta, el borrico moribundo abrió los ojos y respondió balbuceando en el mismo dialecto:</p>
<p>—Soy&#8230; Me&#8230; cha.</p>
<p>Y después cerró los ojos y expiró.</p>
<p style="text-align: center;"><em><img class="alignnone size-full wp-image-3759" title="09-Pinocho-Chiostri" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp/wp-content/uploads/2009/11/09-Pinocho-Chiostri.jpg" alt="09-Pinocho-Chiostri" width="446" height="440" /><br />
Ilustración de Carlo Chiostri (1901)</em></p>
<p>—¡Oh! ¡Pobre Mecha! —dijo Pinocho a media voz; y tomando un manojo de paja se enjugó una lágrima que le caía por la mejilla.</p>
<p>—¿Te conmueves tanto por un borrico que no te costó nada? —dijo el hortelano—. ¿Qué debería hacer yo entonces, que lo compré con dinero contante y sonante?</p>
<p>—Le diré&#8230; ¡era un amigo mío!&#8230;</p>
<p>—¿Tu amigo?</p>
<p>—¡Un compañero de clase!&#8230;</p>
<p>—¡¿Cómo!? —gritó Giangio soltando una carcajada—. ¡¿Cómo!? ¿Tuviste borricos por compañeros de escuela? ¡Me imagino lo mucho que habrás aprendido!&#8230;</p>
<p>El muñeco, sintiéndose mortificado por estas palabras, no respondió; tomó su vaso de leche caliente y volvió a la cabaña.</p>
<p>Y desde aquel día continuó durante más de cinco meses levantándose todas las mañanas, antes del alba, para ir a dar vueltas a la noria, ganando así ese vaso de leche que tan bien le hacía a la salud quebrantada de su padre. No contento con eso, en los ratos perdidos aprendió a hacer canastos y cestas de mimbre; y con el dinero que ganaba proveía con muchísimo juicio a todos los gastos diarios. Entre otras cosas, construyó con sus propias manos un elegante carrito para sacar a pasear a su padre los días que hacía buen tiempo, para que tomase un poco de aire.</p>
<p>Por la noche, se ejercitaba leyendo y escribiendo. Había comprado en el pueblo vecino, por pocos centavos, un grueso libro, al cual le faltaban la tapa y el índice, y eso leía. En cuanto a escribir, se servía de una brizna de paja suave a modo de pluma; y no teniendo ni tintero ni tinta, la mojaba en un frasquito lleno de jugo de moras y cerezas.</p>
<p>El caso es que con su buena voluntad para ingeniarse, trabajar y salir adelante, no sólo había conseguido mantener casi cómodamente a su padre siempre enfermo, sino también ahorrar cuarenta monedas para comprarse un trajecito nuevo.</p>
<p>Una mañana le dijo a su padre:</p>
<p>—Voy al mercado cercano a comprarme una chaqueta, un gorro y un par de zapatos. Cuando vuelva a casa —agregó riendo— estaré tan bien vestido que me confundirán con un gran señor.</p>
<p>Y apenas salió de casa comenzó a correr, alegre y contento. Cuando de pronto oyó que lo llamaban por su nombre; y volviéndose vio a un lindo Caracol que se asomaba por un matorral.</p>
<p>—¿No me reconoces? —dijo el Caracol.</p>
<p>—No estoy seguro&#8230;</p>
<p>—¿No te acuerdas de aquel Caracol que estaba al servicio del Hada de los cabellos azules? ¿No te acuerdas de aquella vez, cuando bajé a alumbrarte, y tú te quedaste con un pie metido en la puerta de casa?</p>
<p>—Me acuerdo de todo —gritó Pinocho—. Dime enseguida, lindo Caracol: ¿dónde has dejado a mi buena Hada? ¿Qué hace? ¿Me ha perdonado? ¿Se acuerda siempre de mí? ¿Me sigue queriendo? ¿Está muy lejos de aquí? ¿Podría ir a verla?</p>
<p>A todas estas preguntas, hechas precipitadamente y sin tomar aliento, el Caracol respondió con su habitual lentitud:</p>
<p>—¡Pinocho mío! ¡La pobre Hada yace en su lecho en el hospital!&#8230;</p>
<p>—¿En el hospital?</p>
<p>—¡Por desgracia! Abrumada por mil desgracias, se enfermó gravemente y no tiene ni para comprarse un pedazo de pan.</p>
<p>—¿De verdad?&#8230; ¡Oh! ¡Qué mala noticia me has dado! ¡Oh! ¡Pobre Hadita! ¡Pobre Hadita!&#8230; Si tuviese un millón, correría a llevárselo&#8230; Pero no tengo más que cuarenta monedas&#8230; aquí están; iba justo a comprarme un traje nuevo. Tómalas, Caracol, y llévaselas enseguida a mi buena Hada.</p>
<p style="text-align: center;"><em><img class="alignnone size-full wp-image-3760" title="10-Pinocho-Cavalieri" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp/wp-content/uploads/2009/11/10-Pinocho-Cavalieri.jpg" alt="10-Pinocho-Cavalieri" width="500" height="391" /><br />
Ilustración de Luigi E. Maria Augusta Cavalieri (1924)</em></p>
<p>—¿Y tu traje nuevo?&#8230;</p>
<p>—¡Qué me importa el traje nuevo! ¡Vendería incluso estos harapos que llevo encima para poder ayudarla! Vete, Caracol, y date prisa; y en dos días vuelve aquí, que espero poder darte alguna otra moneda. Hasta ahora he trabajado para mantener a mi padre, pero de hoy en adelante trabajaré cinco horas más para mantener también a mi buena madre. Adiós, Caracol, y dentro de dos días te espero.</p>
<p>El Caracol, contra su costumbre, comenzó a correr como una lagartija bajo los grandes soles de agosto.</p>
<p>Cuando Pinocho volvió a casa, su padre le preguntó.</p>
<p>—¿Y el traje nuevo?</p>
<p>—No encontré ninguno que me quedara bien. ¡Paciencia!&#8230; Me lo compraré en otra ocasión.</p>
<p>Aquella noche Pinocho, en lugar de estar despierto hasta las diez, estuvo despierto hasta medianoche; y en vez de hacer ocho canastos de mimbre, hizo dieciséis.</p>
<p>Después se fue a la cama y se durmió. Y durmiendo, le pareció ver en sueños <a id="lt3:" title="(3)" href="#notas">(3)</a> al Hada, bella y sonriente, que, después de haberle dado un beso, le decía así:</p>
<p>—¡Muy bien, Pinocho! En premio a tu buen corazón, yo te perdono todas las travesuras que has hecho hasta hoy. Los niños que asisten cariñosamente a sus padres en la miseria y en la enfermedad merecen siempre alabanza y afecto, aunque no puedan ser citados como modelos de obediencia y de buena conducta. De ahora en adelante sé juicioso y serás feliz.</p>
<p>En ese momento el sueño terminó, y Pinocho se despertó con los ojos fuera de las órbitas.</p>
<p>Ahora imagínense cuál fue su sorpresa cuando, al despertarse, se dio cuenta de que ya no era un muñeco de madera, sino que se había convertido en un niño como todos los demás. Echó una mirada en torno y en vez de las habituales paredes de paja de la cabaña, vio una bella habitación amueblada y adornada con una simplicidad casi elegante. Saltando de la cama encontró preparado un vestuario nuevo, un gorro nuevo y un par de botas de cuero que le quedaban como pintadas.</p>
<p>Apenas se vistió se le ocurrió meter las manos en los bolsillos, y sacó un pequeño monedero de marfil, en el que estaban escritas las siguientes palabras: “El Hada de los cabellos azules restituye a su querido Pinocho las cuarenta monedas y le agradece de todo corazón”. Abrió el monedero y en vez de cuarenta monedas de cobre encontró cuarenta cequíes de oro, brillantes y recién acuñados <a id="z-:8" title="(4)" href="#notas">(4)</a>.</p>
<p>Después fue a mirarse al espejo, y le pareció ser otro. Ya no vio reflejada la habitual imagen de un muñeco de madera, sino que vio la imagen vivaz e inteligente de un lindo niño con los cabellos castaños, los ojos celestes y un aire alegre y festivo como las pascuas.</p>
<p>En medio de todas esas maravillas, que se sucedían una después de otra, Pinocho ya ni siquiera sabía si de verdad estaba despierto o si seguía soñando con los ojos abiertos.</p>
<p>—¿Y mi padre, dónde está? —gritó de pronto: y entrando en la habitación de al lado encontró al viejo Geppetto sano, vigoroso y de buen humor, como antes, el cual, habiendo retomado enseguida su profesión de tallador de madera, estaba en ese momento diseñando un bellísimo marco lleno de hojas, flores y cabecitas de diversos animales.</p>
<p>—Sácame esta duda, papito: ¿cómo se explica todo este cambio repentino? —le preguntó Pinocho saltándole al cuello y cubriéndolo de besos.</p>
<p>—Este cambio repentino en nuestra casa es todo mérito tuyo —dijo Geppetto.</p>
<p>—¿Por qué mérito mío?&#8230;</p>
<p>—Porque cuando los niños malos se vuelven buenos, tienen la virtud de dar un aspecto nuevo y sonriente también en el interior de su familia <a id="yf0s" title="(5)" href="#notas">(5)</a>.</p>
<p>—¿Y dónde se habrá escondido el viejo Pinocho de madera?</p>
<p>—Allí está —respondió Geppetto; y le señaló un gran muñeco apoyado en una silla, con la cabeza vuelta para un lado, que parecía un milagro que se mantuviera de pie.</p>
<p>Pinocho se volvió para mirarlo; y después que lo hubo mirado un poco, dijo para sus adentros con gran satisfacción: “¡Qué cómico resultaba cuando era un muñeco! ¡Y qué contento estoy ahora que me he convertido en un niño como es debido!&#8230;” <a id="tqex" title="(6)" href="#notas">(6)</a></p>
<p style="text-align: center;"><em><img class="alignnone size-full wp-image-3761" title="11-Pinocho-Mussino" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp/wp-content/uploads/2009/11/11-Pinocho-Mussino.jpg" alt="11-Pinocho-Mussino" width="497" height="600" /><br />
Ilustración de Attilio Mussino (1911)</em></p>
<h1 style="text-align: center;">FIN</h1>
<p><a name="notas"></a></p>
<hr /><strong>Notas del traductor </strong></p>
<p>(1) “Pérfido gato que (&#8230;) habrá recibido un castigo lamarckiano-lysenkoísta, pues a fuerza de fingirse ciego, ¡se quedó ciego!” (Deniz, <em>op.cit.</em>)</p>
<p>(2) “Así como el borrico Pinocho había sido llevado al circo para ‘saltar y bailar’, o sea, para llevar a cabo el antiguo proyecto del muñeco, ahora, muñeco otra vez, lleva a cabo un trabajo que lo coloca como ‘borrico’, como ya fue ‘perro’; y ésta, al igual que aquella otra degradación, forma parte de su reconocimiento de la realidad” (Manganelli, <em>op. cit.</em>)</p>
<p>(3) Pinocho sueña —por primera vez: preciso preludio a la transformación radical que está sobreviniendo, de a que el sueño es, probablemente, la manifestación más inmediata, como si esta última metamorfosis se llevara a cabo de adentro hacia fuera.</p>
<p>(4) Es necesario tener presente que ésta es la última intervención del Hada en el destino de Pinocho; ese “hijo falso y fatal”, como lo llama Manganelli, y su correspondiente madre no volverán a encontrarse nunca más.</p>
<p>(5) Declaración moralista, que concluye una larga serie en la que cautamente no nos hemos detenido ni una vez, pero que al lector no deben de haber pasado inadvertidas. La inserción de frases como ésta rompe completamente el espacio y el <em>tempo</em> narrativos, “como si de improviso el autor sacase la cabeza desgarrando el papel de la página para espetarnos, casi oralmente, tal admonición” (Sánchez Ferlosio, Rafael, Prólogo a <em>Las aventuras de Pinocho</em>, Alianza, Madrid, 1995)</p>
<p>(6) Como dice Rafael Sánchez Ferlosio: las metamorfosis son peligrosas. Absolutamente contrario a esta última metamorfosis del muñeco, escribe: “Collodi quiso hacer de la del muñeco de madera en niño de carne y hueso corona y premio de la redención de su criatura. Observemos que ese niño de carne y hueso que aparece al final no es más que <em>un</em> niño, un espécimen del Bambino Qualunque, nivelado en anónimos caracteres por el rodillo de la pedagogía”. La prueba de la “intencionalidad pedagógica” de esa metamorfosis se hace explícita, siempre según el español, “en el hecho de que el autor, en lugar de decir ‘un niño de carne y hueso’, diga siempre <em>‘un bambino per bene’</em>, esto es, ‘un niño como es debido’. (&#8230;) Pinocho nace muñeco de madera; ésa es su prístina y, por lo tanto, auténtica figura. De que la pierda, hermosa o fea —sea por cirugía estética o por cirugía pedagógica— jamás podrá hacerse un premio. (&#8230;) Contra los fueros del arte no sirve querer. En la magia, para lograr una metamorfosis no basta la voluntad de producirla: hay que saber el arte. En la literatura tres cuartos de lo mismo: no bastan los más voluntariosos empeños del autor. Hay que saber el arte. En vano el buen Collodi porfiará en decirnos que ese niño de carne y hueso que aparece al final sigue siendo Pinocho, porque replicamos: ‘Bueno, esto lo escribe usted porque le da la gana, pero no es así’. El autor miente: ese niño no es Pinocho, ¡qué va a serlo!, ese niño es un vil sustituto, un impostor. La musa no ha consentido que se logre y se cumpla el villano atropello pedagógico de semejante metamorfosis: nadie se la cree. No ha habido ninguna metamorfosis sino la más burda de las sustituciones, el más chapucero de los escamoteos. Si fuera de los dominios del arte la pedagogía logra a menudo el allanamiento, uniformación e integración del que no es según el mundo quiere, el arte se ha negado a hacerse cómplice de la discriminación, segregación, expulsión o destrucción del niño diferente, implícita en esa malograda metamorfosis; haciéndola fracasar del modo más estrepitoso, sus fueros se han rebelado a la imposición y a la impostura de la pedagogía, y Pinocho sigue siendo aceptado, acogido, celebrado y amado entre nosotros, en toda su diferencia y su singularidad en toda su auténtica identidad de verdadero niño de madera”. (Sánchez Ferlosio, <em>op. cit.</em>) Para Edoardo Sanguineti, cuando el héroe de madera se vuelve ese “semivergonzoso fantasma que todos conocen, y lo vemos alli, inerte”, entonces todo “niño como es debido” debe mostrarse “contento” de la metamorfosis sufrida, “debe mirarse al espejo y sentirse ‘otro’, y no esa ‘habitual imagen de un muñeco de madera’, sino una ‘imagen vivaz e inteligente de un lindo niño con los cabellos castaños’, si es posible, con ‘los ojos celestes y un aire alegre y festivo como las pascuas’ —cuando se vuelve bueno, cuando adquiere incluso esa virtud ‘de dar un aspecto nuevo y sonriente’ también en el ‘interior’ de su familia—, entonces está de verdad listo para acceder, que finalmente es tiempo, a la lectura de <em>Los novios</em> (<em>I promessi sposi</em>, de Alessandro Manzoni)” (Sanguinetti, Edoardo, <em>Esame di conscienza di un lettore del Manzoni</em>, en <em>Il Chierico organico</em>, Feltrinelli, Milán, 2000).</p>
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<p><a id="dxs3" title="Lecturas: “Qué cómico resultaba cuando era un muñeco”, por Guillermo Piro" href="http://www.imaginaria.com.ar/?p=1219">Lecturas: “Qué cómico resultaba cuando era un muñeco”, por Guillermo Piro</a>.</p>
<p><a id="p1el" title="Lecturas: Tres clásicos entre la obediencia y la desobediencia (Primera parte), por Marcela Carranza (contiene el artículo “Las aventuras de Pinocho y la sátira”)" href="http://www.imaginaria.com.ar/20/9/entre-la-obediencia-y-la-desobediencia.htm">Lecturas: Tres clásicos entre la obediencia y la desobediencia (Primera parte), por Marcela Carranza (contiene el artículo “Las aventuras de Pinocho y la sátira”)</a>.</p>
<p><a id="aeo-" title="Ficciones: Tres clásicos entre la obediencia y la desobediencia (Segunda parte); se incluye el capítulo XVII de Las aventuras de Pinocho (1881), con comentarios de Marcela Carranza" href="http://www.imaginaria.com.ar/21/0/tres-clasicos.htm#3">Ficciones: Tres clásicos entre la obediencia y la desobediencia (Segunda parte); se incluye el capítulo XVII de Las aventuras de Pinocho (1881), con comentarios de Marcela Carranza</a>.</p>
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		<title>Un anticipo del libro La muralla, de Sandra Siemens</title>
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		<pubDate>Tue, 10 Nov 2009 21:23:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ficciones]]></category>
		<category><![CDATA[Nº 259]]></category>

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		<description><![CDATA[&#8220;Una mañana Froilán, el rey llorón, se despertó aterrado porque había soñado con los otros.&#8221; Reproducimos el inicio del libro La muralla, de Sandra Siemens con ilustraciones de Claudia Legnazzi. Esta obra fue la ganadora del Premio de Literatura Infantil &#8220;El Barco de Vapor” 2009 de Argentina, publicada por Ediciones SM en la Serie Azul [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignright size-full wp-image-3741" title="3000077_BVA_11_Secretos en un dedal 2" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp/wp-content/uploads/2009/11/LaMuralla3.jpg" alt="3000077_BVA_11_Secretos en un dedal 2" width="150" height="239" />&#8220;Una mañana Froilán, el rey llorón, se despertó aterrado porque había soñado con <em>los otros</em>.&#8221; Reproducimos el inicio del libro <em><strong>La muralla</strong></em>, de <strong><a id="gh8t" title="Sandra Siemens" href="http://www.imaginaria.com.ar/?p=3205">Sandra Siemens</a></strong> con ilustraciones de <strong><a id="yjdx" title="Claudia Legnazzi" href="http://www.imaginaria.com.ar/22/1/recomendados.htm#1">Claudia Legnazzi</a></strong>. Esta obra fue la <a id="y1en" title="ganadora del Premio de Literatura Infantil &quot;El Barco de Vapor” 2009 de Argentina" href="http://www.imaginaria.com.ar/?p=3424">ganadora del Premio de Literatura Infantil &#8220;El Barco de Vapor” 2009 de Argentina</a>, publicada por Ediciones SM en la Serie Azul de su colección El Barco de Vapor.<em><br />
</em><span id="more-3666"></span></p>
<p><em><img class="alignright size-full wp-image-3673" title="3000077_BVA_11_Secretos en un dedal 2" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp/wp-content/uploads/2009/11/LaMuralla1.jpg" alt="3000077_BVA_11_Secretos en un dedal 2" width="150" height="239" /></em></p>
<p><em>Reproducimos el inicio del libro <strong>La muralla</strong>, de <strong><a id="gh8t" title="Sandra Siemens" href="http://www.imaginaria.com.ar/?p=3205">Sandra Siemens</a></strong> con ilustraciones de <strong><a id="yjdx" title="Claudia Legnazzi" href="http://www.imaginaria.com.ar/22/1/recomendados.htm#1">Claudia Legnazzi</a></strong>. Esta obra fue la <a id="y1en" title="ganadora del Premio de Literatura Infantil &quot;El Barco de Vapor” 2009 de Argentina" href="http://www.imaginaria.com.ar/?p=3424">ganadora del Premio de Literatura Infantil &#8220;El Barco de Vapor” 2009 de Argentina</a>, publicada por Ediciones SM en la Serie Azul de su colección El Barco de Vapor.<br />
Imaginaria agradece a Laura Leibiker, de Ediciones SM de Argentina, la autorización y las facilidades proporcionadas para la reproducción del texto y las ilustraciones.</em></p>
<p><em><br />
<strong>La muralla<br />
</strong></em></p>
<p style="text-align: right;">por <strong>Sandra Siemens</strong><br />
Ilustraciones de <strong>Claudia Legnazzi</strong></p>
<p>Una mañana Froilán, el rey llorón, se despertó aterrado porque había soñado con <em>los otros</em>.</p>
<p>Cuando se despabiló un poco, ni se peinó, ni se lavó los dientes, ni se ajustó la corona. Bajó llorando a moco tendido las altísimas escaleras y fue directamente a la sala de reuniones.</p>
<p>—¡Que vengan de inmediato todos mis generales! —ordenó sonándose la nariz.</p>
<p>En un abrir y cerrar de ojos todos los generales estuvieron allí.</p>
<p>—¡Quiero que hagan más alta la muralla! —ordenó el rey.</p>
<p>—¿Cuánto más alta, majestad?</p>
<p>—¡No sé! —lloriqueó el rey—. ¡Mucho! ¡Y quiero que la alarguen también!</p>
<p>—¿Cuánto, majestad?</p>
<p>—¡No sé! —lloraba el rey—. ¡Mucho! ¡Mucho! ¡Quiero que sea muchísimo más larga!</p>
<p style="text-align: center;"><em><img class="aligncenter size-full wp-image-3668" title="Froilan" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp/wp-content/uploads/2009/11/Froilan.jpg" alt="Froilan" width="500" height="273" /><br />
Detalle de una ilustración de Claudia Legnazzi para <em>La muralla.</em></em></p>
<p>Cuando los generales se fueron con el encargo de hacer la muralla mucho más alta y mucho más larga, el rey Froilán lloró más aliviado:</p>
<p>—Ahora sí… —volvió a sonarse los mocos—. ¡Los otros no podrán pasar!</p>
<p>Froilán, el rey llorón, no había sido el primer constructor de la muralla.</p>
<p>Apenas uno entraba al palacio, se encontraba con un cuadro enorme del abuelo del abuelo, del abuelo, del abuelo del rey Froilán. Era el rey Brocardo, que con una cara de espanto que daba miedo, estaba poniendo la primera piedra de la muralla.</p>
<p style="text-align: center;"><em><img class="aligncenter size-full wp-image-3669" title="Brocardo" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp/wp-content/uploads/2009/11/Brocardo.jpg" alt="Brocardo" width="394" height="477" /><br />
Detalle de una ilustración de Claudia Legnazzi para <em>La muralla.</em></em></p>
<p><em><em> </em></em>Detalle de una ilustración de Claudia Legnazzi para La muralla.</p>
<p>El reino del rey Brocardo era inmenso. Tenía campos verdes por todas partes. Y ríos luminosos. Y bosques perfumados.</p>
<p>Había magníficas ciudades dentro del reino. Y el palacio del rey era el más espléndido del mundo. Desde cualquier ventana se podían ver los campos verdes y los ríos luminosos y los bosques perfumados.</p>
<p>El rey Brocardo estaba casado con la reina Amadís, que era muy religiosa y se pasaba todo el día de rodillas, rezando y rezando.</p>
<p>Un día en que la reina Amadís miraba por la ventana, vio que había otros que le rezaban a un dios diferente del suyo. ¡Qué miedo le dio!</p>
<p>—Brocardo, querido —le dijo la reina—, no permitas que los otros nos contaminen con sus rezos.</p>
<p>Y el rey Brocardo, después de mucho pensar, decidió que lo mejor era construir una muralla para que esos otros que le rezaban a un dios diferente no pudieran entrar al reino.</p>
<p style="text-align: center;"><em><img class="aligncenter size-full wp-image-3670" title="Amadis" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp/wp-content/uploads/2009/11/Amadis.jpg" alt="Amadis" width="500" height="497" /><br />
Detalle de una ilustración de Claudia Legnazzi para <em>La muralla.</em></em></p>
<hr size="2" />La muralla © Sandra Siemens (texto), Claudia Legnazzi (ilustraciones), Ediciones SM, Buenos Aires, octubre de 2009.</p>
<ul>
<li>Dirección editorial: Lidia Mazzalomo.</li>
<li>Dirección literaria: Laura Leibiker.</li>
<li>Editora Asistente: Ziomara De Bonis Orquera.</li>
<li>Dirección de Arte: Silvia Lanteri.</li>
<li>Edición gráfica: Vanesa Chulak.</li>
<li>Jefe de Producción: Ángel Sanchez.</li>
<li>Corrección: Patricia Motto Rouco.</li>
</ul>
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		<title>Margarita Mainé nos cuenta un cuento para salir al recreo</title>
		<link>http://www.imaginaria.com.ar/?p=3493</link>
		<comments>http://www.imaginaria.com.ar/?p=3493#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 21 Oct 2009 13:34:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ficciones]]></category>
		<category><![CDATA[N° 258]]></category>

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		<description><![CDATA[&#8220;Mañana de lunes en primer grado. A Francisco le cuesta olvidarse del fin de semana y del partido de fútbol que le ganó a su tío. La maestra ya está explicando algo y Francisco, con desgano, saca los útiles de la mochila.&#8221; Ofrecemos el cuento &#8220;Francisco y el dragón&#8221;, de Margarita Mainé. Acompañamos la entrevista [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>&#8220;Mañana de lunes en primer grado. A Francisco le cuesta olvidarse del fin de semana y del partido de fútbol que le ganó a su tío. La maestra ya está explicando algo y Francisco, con desgano, saca los útiles de la mochila.&#8221; Ofrecemos el cuento &#8220;Francisco y el dragón&#8221;, de Margarita Mainé.<span id="more-3493"></span></p>
<p><em><img class="alignright size-full wp-image-3495" title="ficciones-CuentosSalirRecreo" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp/wp-content/uploads/2009/10/ficciones-CuentosSalirRecreo.jpg" alt="ficciones-CuentosSalirRecreo" width="150" height="270" />Acompañamos la </em><em>entrevista  con Margarita Mainé (Link a la sección Lecturas de este número)</em><em> publicada en este número de Imaginaria con  el relato que abre su libro </em>Cuentos para salir al recreo<em> (Buenos  Aires, Grupo Editorial Norma, 2006). También aprovechamos la ocasión  para actualizar el </em><em>informe  biográfico y bibliográfico de la  escritora (Link a la sección Autores de este número)</em><em> ya publicado en nuestra  sección “Autores”.</em></p>
<p><strong><em>Imaginaria</em></strong><em> agradece  a <a href="http://www.imaginaria.com.ar/14/1/foro.htm">Antonio Santa Ana</a></em><em>, del Grupo Editorial Norma, la autorización  y las facilidades proporcionadas para la reproducción de estos textos.</em></p>
<hr />
<table border="1" width="100%">
<tbody>
<tr>
<td><strong>AVISO PARA EL LECTOR:</strong>Francisco es un niño como vos. Y como  vos tiene que ir a la escuela. Pero para Francisco la escuela no es  un lugar donde se aprende y se trabaja. Para Francisco, casi todo el  tiempo, la escuela es un lugar donde se juega y se viven fantásticas  aventuras. La maestra no siempre está de acuerdo con Francisco y entonces&#8230;Bueno, si quieren saber algo más tendrán  que pasar de página.</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p><strong>Francisco y el dragón</strong></p>
<p align="right">por <strong>Margarita Mainé</strong></p>
<p>Mañana de lunes en primer grado. A Francisco  le cuesta olvidarse del fin de semana y del partido de fútbol que le  ganó a su tío. La maestra ya está explicando algo y Francisco, con  desgano, saca los útiles de la mochila.</p>
<p>Hoy va a trabajar bien para poder salir  al recreo sin problemas, porque a Francisco siempre le pasa algo y no  puede terminar la tarea en la clase.</p>
<p>En cuanto escribió la primera letra,  al lápiz se le quebró la punta y buscando el sacapuntas en la mochila,  encontró una moneda vieja que le regaló su tío. Se la mostró a Ezequiel  y empezó a explicarle lo antigua que era. Como Ezequiel no le creía,  estuvieron discutiendo y hablando toda la hora. Mientras discutían,  Ezequiel hacía la tarea pero Francisco&#8230;</p>
<p>Cuando sonó el timbre del recreo  todos salieron corriendo. Francisco se escondió atrás de Camila.  Con un poco de suerte la maestra no lo veía y no le tenía que mostrar  el cuaderno.</p>
<p>Cuando Francisco iba llegando a la puerta  del salón, el corazón le galopaba; quizás hoy se salvaba, un pasito  más y&#8230;</p>
<p>—Francisco, antes de irte al recreo,  mostrame tu cuaderno —dijo la maestra.</p>
<p>Francisco se volvió a buscar su  cuaderno adivinando lo que pasaría después. De toda la tarea que habían  hecho ese día, él sólo había escrito mar, de martes y para colmo  era lunes.</p>
<p>—Si no trabajás en clase, trabajarás  durante el recreo —dijo la maestra repitiendo una ley que Francisco  conocía de memoria.</p>
<p>Así fue que se quedó solo en el  aula y con su tarea para hacer.</p>
<p>Escribió lunes y en ese momento  entró Alejandro para buscar las figuritas y llevárselas al recreo.</p>
<p>—A verlas… —dijo Francisco con  bronca. Alejandro siempre terminaba su tarea en clase y encima tenía  figuritas.</p>
<p>Alejandro se las mostró orgulloso  pero apurado. Lo único que quería era volver al recreo para cambiar  figuritas con sus amigos.</p>
<p>Francisco miraba las figuritas y pensaba  que no era justo que él solo se perdiera el recreo. Cuando Ale quiso  salir, le dijo:</p>
<p>—No te las doy nada. Yo ayer tenía  figuritas como éstas y se me perdieron. Seguro que vos me las sacaste.</p>
<p>Ale dijo que no era verdad, que su mamá  se las había comprado y entonces empezaron una discusión de esas que  duran mucho y no sirven para nada.</p>
<p>Cuando Alejandro se cansó, para no perderse  todo el recreo fue hasta el pizarrón y con una tiza dibujó un  enorme dragón con cara de malo.</p>
<p>Después dijo:</p>
<p>—Ahora voy a salir al recreo y voy  a contar hasta tres. Este dragón del pizarrón te va a sacar mis figuritas.  Tendrás que vencerlo —y se fue dando un portazo.</p>
<p>A través de la puerta, Francisco escuchó  la voz de Alejandro:</p>
<p>—Uno, dos&#8230; tres.</p>
<p>Francisco pensó en borrar el dragón  pero cuando apoyó el borrador en el pizarrón escuchó un  rugido espantoso.</p>
<p>Alejandro no le había mentido. El dragón  se movía furioso y con cara de pocos amigos.</p>
<p>—¡Dame esas figuritas! —dijo con  voz dragonosa y Francisco se quedó duro de miedo. ¡No sólo se movía,  también hablaba!</p>
<p>—¿Quién sos? —le preguntó desorientado.</p>
<p>—Soy un dragón. ¿No me ves? GRRRRR,  dame esas figuritas.</p>
<p>Francisco se acercó a su mesa y  agarró su regla. Muchas veces le había servido como espada con  sus amigos. Como buen espadachín amenazó al dragón, que de un  zarpazo le sacó la regla y las figuritas al mismo tiempo. Después  rompió la regla en diez pedacitos y con un nuevo rugido demostró que  era un dragón malísimo.</p>
<p>A Francisco se le ocurrió una idea.  Agarró el borrador y de una sola pasada le borró la cara  de malo y le dibujó unos ojos dulces y una sonrisa de dragón  en la boca.</p>
<p>—Qué lindo estás ahora —le dijo  contento.</p>
<p>El dragón miró para todos lados  como buscando algo. Después le pidió a Francisco que le dibujara  un espejo para ver cómo había quedado. Francisco garabateó un  espejo un poco chueco y cuando el dragón pudo verse quedó muy conforme.</p>
<p>Después invitó a Francisco a recorrer  su mundo de pizarrón.</p>
<p>—Tengo que terminar mi tarea —le  contestó él en un ataque de responsabilidad.</p>
<p>Entonces el dragón se ofreció  a ayudarlo y como parece que era un dragón muy inteligente, el trabajo  enseguida estuvo terminado.</p>
<p>—Ahora sí vamos —dijo Francisco  contentísimo— pero&#8230; ¿por dónde entro? —preguntó desilusionado  mirando el pizarrón.</p>
<p>El dragón le propuso que dibujara una  puerta con la tiza y cuando Francisco lo hizo, giró el picaporte  y de un salto entró al mundo verde del pizarrón.</p>
<p>Recorrieron un camino de pastos altos  y se sentaron en una plantación de lechuga. Allí vivían cocodrilos,  sapos, ranas, langostas y muchos animales más. Todos verdes.</p>
<p>—¿No se aburren? —preguntó Francisco  recordando los hermosos colores de sus lápices.</p>
<p>El dragón le explicó que en época  de clase estaban de fiesta:</p>
<p>—Todo lo que dibuja la maestra en el  pizarrón nos sirve para jugar. Jugamos a la lotería con los números  de las cuentas y armamos historias con las palabras.</p>
<p>Recorrieron muchos lugares. El dragón  le regaló a Francisco manzanas verdes y caramelos de menta.</p>
<p>De pronto, se escuchó el timbre.</p>
<p>—Dale, Francisco, que terminó el recreo  —le dijo el dragón.</p>
<p>Volvieron hasta el pizarrón. Por suerte  nadie había borrado la puerta y Francisco se despidió con un abrazo.  Prometió dibujar tomates y flores de todos los colores.</p>
<p>Cuando entraron los chicos del recreo,  Alejandro encontró las figuritas sobre la mesa, la maestra lo  felicitó a Francisco por su trabajo terminado pero no le creyó  cuando le dijo que un dragón le rompió la regla en diez pedacitos.</p>
<p><em>(”Francisco y el dragón”.  © Margarita Mainé, Grupo Editorial Norma, Bogotá, 2006.)</em></p>
<hr /><strong>Artículos relacionados:</strong></p>
<p><a href="http://www.imaginaria.com.ar/?p=3489">Autores: Margarita Mainé</a></p>
<p><a href="http://www.imaginaria.com.ar/15/2/maine.htm">Lecturas: <em>“Pasión, infancia, amor&#8230;  y transformación.”</em> Mucho más que cuatro palabras con Margarita  Mainé. Entrevista realizada por Fabiana Margolis</a></p>
<p><a href="http://www.imaginaria.com.ar/?p=3491">Lecturas:<strong> </strong> “Mi escritura nació a partir del intercambio con niños, de sus ideas, de sus conflictos, de las cosas que les veía hacer o les escuchaba decir.” Entrevista con la escritora Margarita Mainé, por Graciela Perriconi</a></p>
<p><a href="http://www.imaginaria.com.ar/10/2/maine.htm">Ficciones: &#8220;La cueva del caimán&#8221;,  un relato de Margarita Mainé</a></p>
<p><a href="http://www.imaginaria.com.ar/06/5/caballo.htm">Reseña del libro &#8220;El caballo alado&#8221;,  de Margarita Mainé</a></p>
<p><a href="http://www.imaginaria.com.ar/00/3/lengua.htm">Reseña del libro &#8220;Me duele la lengua&#8221;,  de Margarita Mainé</a></p>
<p><a href="http://www.imaginaria.com.ar/13/6/lluvia_de_plata.htm">Reseña del libro &#8220;Lluvia de plata  y otras noticias&#8221;, de Margarita Mainé</a></p>
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		<title>Las aventuras de Pinocho. Capítulos XXXIII y XXXIV</title>
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		<pubDate>Wed, 21 Oct 2009 09:25:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ficciones]]></category>
		<category><![CDATA[N° 258]]></category>

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		<description><![CDATA[Seguimos publicando Las aventuras de Pinocho, de Carlo Collodi, con traducción y notas de Guillermo Piro, acompañadas por imágenes de varios ilustradores de época. La imagen de arriba es de Corrado Sarri (1929). Carlo Collodi Traducción y notas de Guillermo Piro (Para bajar el texto en un archivo PDF, mejor para imprimir, click aquí.) XXXIII [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;"><em><img title="08-Pinocho-Sarri" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp/wp-content/uploads/2009/10/08-Pinocho-Sarri.jpg" alt="08-Pinocho-Sarri" width="496" height="208" /></em><br />
Seguimos publicando <em>Las aventuras de Pinocho,</em> de <strong>Carlo Collodi,</strong> con traducción y notas de <strong>Guillermo Piro,</strong> acompañadas por imágenes de varios ilustradores de época. La imagen de arriba es de <strong>Corrado Sarri</strong> (1929).</p>
<p><span id="more-3437"></span></p>
<p style="text-align: right;"><strong><a href="http://www.imaginaria.com.ar/02/9/pinocho.htm">Carlo Collodi</a></strong></p>
<p style="text-align: right;">Traducción y notas de <strong><a href="http://www.imaginaria.com.ar/?p=1223#piro">Guillermo Piro</a></strong></p>
<p style="text-align: left;">(Para bajar el texto en un archivo PDF, mejor para imprimir, <a href="http://www.imaginaria.com.ar/wp/wp-content/uploads/2009/10/Collodi-Pinocho-33-y-34.pdf"><strong>click aquí</strong></a>.)</p>
<p align="center"><strong>XXXIII</strong><br />
<strong>Convertido en un burro  de verdad es puesto a la venta</strong><br />
<strong>y lo compra el Director  de una compañía de payasos</strong><br />
<strong>para enseñarle a bailar  y a saltar los aros;</strong><br />
<strong>pero una noche se queda  rengo y entonces</strong><br />
<strong>lo compra  otro para hacer un tambor con su piel.</strong></p>
<p>Viendo que la puerta no se abría, el  Hombrecito la tiró abajo con una violentísima patada, y entrando  en la habitación, con su habitual sonrisa, les dijo a Pinocho y a Mecha:</p>
<p>—¡Bien, muchachos! Han rebuznado tan  bien que enseguida los reconocí por la voz. Y por eso estoy aquí.</p>
<p>Al oír esas palabras los dos borricos  se sintieron muy disgustados, con la cabeza gacha, las orejas bajas  y la cola entre las patas.</p>
<p>Al principio el Hombrecito los alisó,  los acarició y les dio unas palmaditas; después, sacando el cepillo,  les dio una buena cepillada. Y cuando a fuerza de cepillarlos los había  dejado lustrosos como dos espejos, entonces les puso el cabestro y los  condujo a la plaza del mercado, con la esperanza de venderlos y sacar  una buena ganancia.</p>
<p style="text-align: center;"><em><img class="alignnone size-full wp-image-3438" title="01-Pinocho-Chiostri" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp/wp-content/uploads/2009/10/01-Pinocho-Chiostri.jpg" alt="01-Pinocho-Chiostri" width="268" height="188" /><br />
Ilustración de Carlo Chiostri (1901)</em></p>
<p>Y los compradores, en efecto, no se hicieron  esperar.</p>
<p>Mecha fue comprado por un campesino,  al que el día anterior se le había muerto el borrico <a href="#notas">(1)</a>, y Pinocho fue vendido al Director de una compañía  de payasos y saltimbanquis, el cual lo compró para amaestrarlo y hacerlo  bailar y saltar junto con otros animales de su compañía.</p>
<p>Y ahora, mis pequeños lectores, ¿han  comprendido cuál era el oficio del Hombrecito? Ese horrible monstruo,  que aparentaba ser de leche y miel, iba de tanto en tanto con un carro  por el mundo; con halagos y promesas, en el camino, recogía a todos  los chicos haraganes que se aburrían con los libros y la escuela, y  después de haberlos cargado en su carro los conducía al País de los  Juguetes para que pasaran todo el tiempo entre juegos, algazara y diversiones.  Cuando aquellos pobres niños ilusos, a fuerza de jugar todo el tiempo  y no estudiar nunca, se volvían borricos, entonces él, alegre y contento,  se adueñaba de ellos y los vendía en las ferias y en los mercados.  Y así en pocos años había hecho mucho dinero y se había vuelto millonario.</p>
<p>Ignoro lo que le pasó a Mecha;  pero sé que Pinocho llevó, desde el primer día, una vida triste  y durísima.</p>
<p>Cuando fue llevado al establo su nuevo  amo le llenó el pesebre de paja; pero Pinocho, después de haber  probado un bocado, la escupió.</p>
<p>Entonces el amo, gruñendo, le llenó  el pesebre de heno; pero el heno tampoco le gustó.</p>
<p>—¡Ah! ¿Tampoco te gusta el heno?  —gritó el amo, irritado—. ¡Déjame a mí, borriquillo lindo, que  si tienes caprichos yo me voy a encargar de quitártelos!&#8230;</p>
<p style="text-align: center;"><em><img class="alignnone size-full wp-image-3439" title="02-Pinocho-Mussino" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp/wp-content/uploads/2009/10/02-Pinocho-Mussino.jpg" alt="02-Pinocho-Mussino" width="370" height="315" /><br />
Ilustración de Attilio Mussino (1911)</em></p>
<p>Y a modo de corrección le asestó  un fustazo en las patas.</p>
<p>Pinocho, a causa del gran dolor, comenzó  a llorar y a rebuznar, y rebuznando decía:</p>
<p>—¡I-ho, i-ho, no puedo digerir la  paja!&#8230;</p>
<p>—¡Entonces come el heno! —replicó  el amo, que entendí perfectamente el dialecto asnal.</p>
<p>—¡I-ho, i-ho, el heno me da dolor  de barriga!&#8230;</p>
<p>—¿Pretendes, entonces, que a un borrico  como tú lo mantenga a base de pollo y capón de gelatina? –agregó  el amo cada vez más rabioso y asestándole un segundo fustazo.</p>
<p>Ante este segundo fustazo, Pinocho, por  prudencia, se quedó quieto y no dijo nada más.</p>
<p>Entretanto, el establo fue cerrado y  Pinocho se quedó solo; y como hacía muchas horas que no comía  nada, empezó a bostezar del hambre que tenía.</p>
<p>Y al bostezar abría la boca, que parecía  un horno.</p>
<p>Al final, no encontrando otra cosa en  el pesebre, se resignó a masticar un poco de heno; y después  de haberlo masticado bien, cerró los ojos y lo mandó adentro.</p>
<p>—Este  heno no está tan mal —dijo para sí—, ¡pero cuánto mejor estaría  si hubiese seguido estudiando!&#8230; A esta hora, en vez de heno, podría  estar comiendo un pedazo de pan fresco y una buena feta de salame&#8230;  ¡Paciencia!&#8230;</p>
<p>A la mañana siguiente, al despertarse,  buscó enseguida en el pesebre otro poco de heno; pero no lo encontró,  porque durante la noche se lo había comido todo.</p>
<p>Entonces tomó un bocado de paja  triturada; pero mientras la masticaba se dio cuenta de que el sabor  de la paja triturada no se parecía en nada ni al arroz con azafrán  ni a los macarrones a la napolitana.</p>
<p>—¡Paciencia! —repitió, mientras  seguía masticando—. ¡Que al menos mi desgracia pueda servir de lección  a todos los niños desobedientes que no tienen ganas de estudiar. ¡Paciencia!&#8230;  ¡Paciencia!&#8230;</p>
<p>—¡Qué paciencia ni qué ocho cuartos!  —gritó el amo, que en ese momento entraba en el establo—. ¿Crees  acaso, mi lindo borrico, que yo te compré únicamente para darte de  beber y de comer? Te compré para que trabajes, y para que me hagas  ganar mucho dinero. ¡Así que, vamos, pórtate bien! Ven conmigo al  circo, que allí te enseñaré a saltar el aro, romper con la cabeza  barriles de papel y balar el vals y la polca parado sobre las patas  de atrás.</p>
<p>El pobre Pinocho, de grado o por fuerza,  tuvo que aprender a hacer todas esas bellísimas cosas; pero, para aprenderlas,  fueron necesarias muchas lecciones y muchos fustazos.</p>
<p style="text-align: center;"><em><img class="alignnone size-full wp-image-3440" title="03-Pinocho-Potter" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp/wp-content/uploads/2009/10/03-Pinocho-Potter.jpg" alt="03-Pinocho-Potter" width="464" height="542" /><br />
Ilustración de Edna Potter (1925)</em></p>
<p>Finalmente llegó el día en que  su amo pudo anunciar un espectáculo verdaderamente extraordinario.  Los carteles, pegados en las esquinas, de muchos colores, decían así:</p>
<table border="1" width="100%">
<tbody>
<tr>
<td>
<p align="center"><strong>GRAN ESPECTÁCULO </strong><br />
<strong>DE </strong><br />
<strong>GALA</strong><br />
Esta noche tendrán lugar<br />
LOS HABITUALES SALTOS<br />
Y EJERCICIOS SORPRENDENTES<br />
EJECUTADOS POR TODOS LOS  ARTISTAS<br />
Y TODOS LOS CABALLOS DE  AMBOS SEXOS DE LA COMPAÑÍA<br />
Y además<br />
por primera vez será  presentado<br />
el famoso<br />
<strong>BORRICO PINOCHO</strong><br />
llamado<br />
<strong>LA ESTRELLA DE LA DANZA</strong><br />
&#8211;0&#8211;<br />
EL TEATRO ESTARÁ  ESPLÉNDIDAMENTE ILUMINADO</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p>Aquella noche, como podrán imaginar,  una hora antes de que comenzase el espectáculo, el teatro estaba lleno  a más no poder.</p>
<p>No se encontraba ni una butaca ni un  asiento preferencial ni un palco ni siquiera pagándolos a precio de  oro.</p>
<p>Por las gradas del Circo hormigueaban  los niños, las niñas y los muchachos de todas las edades, ansiosos  por ver bailar al famoso borrico Pinocho.</p>
<p>Terminada la primera parte del espectáculo,  el Director de la compañía, llevando levita negra, pantalón blanco  y botas de cuero hasta las rodillas, se presentó ante el numerosísimo  público y, haciendo una reverencia, recitó con mucha solemnidad el  siguiente descabellado discurso:</p>
<p>—¡Respetable público, damas y caballeros!</p>
<p>“El humilde servidor, estando de paso  por esta ilustre metrópoli, he querido procrearme el honor, además  del placer, de presentar a este inteligente y conspicuo auditorio un  célebre borrico, que ya tuvo el honor de bailar en presencia de Su  Majestad el Emperador de todas las principales Cortes de Europa.”</p>
<p>“Y dándoles las gracias, ¡ayúdennos  con vuestra animadora presencia y compadézcannos!”</p>
<p>Este discurso fue recibido con muchas  risas y muchos aplausos; pero los aplausos se redoblaron y se volvieron  una especie de huracán con la aparición del borrico Pinocho en el  centro del Circo. Estaba todo enjaezado como para una fiesta. Tenía  unas bridas nuevas de cuero brillante, con hebillas y broches de latón,  dos camelias blancas en las orejas, la crin dividida en muchos rulos  atados con lazos de seda roja, una gran faja de oro y plata a modo de  cincha, y la cola toda trenzada con cintas de terciopelo amaranto y  celeste. En resumidas cuentas, ¡era un borrico adorable!</p>
<p>El Director, al presentarlo al público,  añadió estas palabras:</p>
<p>“¡Mis respetables auditores! No estoy  aquí para contarles mentiras acerca de las grandes dificultades superadas  por mí para comprender y subyugar a este mamífero, mientras pastaba  libremente de montaña en montaña en las llanuras de la zona tórrida.  Les ruego que observen cuánto salvajismo exudan sus ojos, o sea, es  decir que habiéndose revelados vanidosos todos los medios para domesticarlo  a la vida de los cuadrúpedos civiles, he tenido que recurrir muchas  veces al afable dialecto de la fusta. Pero cada una de mis gentilezas,  en vez de hacerme querer por él, le han maleado más el alma. Pero  yo, siguiendo el sistema de Gales, encontré en su cráneo una pequeña  cartilaginosidad ósea que la misma Facultad de Medicina de París reconoció  que se trataba del bulbo regenerador de cabellos y de la danza pírrica.  Y por esta razón quise amaestrarlo para el baile y en los relativos  saltos al aro y de los toneles forrados de papel. ¡Admírenlo y después  júzguenlo! Pero antes de consanguinearme de ustedes permítanme, oh  señores, que los invite al diurno espectáculo de mañana a la noche;  pero en la apoteosis de que el tiempo lluvioso amenaza agua, entonces  el espectáculo, en lugar de mañana a la noche, será posticipado para  mañana a la mañana, a las once horas antemeridianas de la tarde.”</p>
<p>Y aquí el Director hizo otra profunda  reverencia, y entonces dirigiéndose a Pinocho le dijo.</p>
<p>—¡Ánimo, Pinocho! ¿Pero antes de  dar comienzo a nuestro ejercicios, saluda a este respetable público,  caballeros, damas y niños!</p>
<p style="text-align: center;"><em><img class="alignnone size-full wp-image-3441" title="04-Pinocho-Chiostri" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp/wp-content/uploads/2009/10/04-Pinocho-Chiostri.jpg" alt="04-Pinocho-Chiostri" width="500" height="550" /><br />
Ilustración de Carlo Chiostri (1901)</em></p>
<p>Pinocho, obediente, dobló de inmediato  las dos patas de adelante hasta llegar al suelo, y permaneció  de rodillas hasta que el Director, haciendo restallar la fusta, le gritó:</p>
<p>—¡Al paso!</p>
<p>Entonces el borrico se alzó sobre las  cuatro patas y comenzó a dar vueltas al Circo, caminando siempre al  paso.</p>
<p>Podo después el Director gritó:</p>
<p>—¡Al trote!</p>
<p>Y Pinocho, obediente a la orden, cambió  el paso por el trote.</p>
<p>—¡Al galope!</p>
<p>Y Pinocho empezó a galopar.</p>
<p>—¡A la carrera!</p>
<p>Y Pinocho se puso a correr a toda velocidad.  Pero mientras corría como un desaforado, el Director, levantando el  brazo, descargó un disparo de pistola al aire.</p>
<p>Al oír el disparo, el borrico, fingiéndose  herido, cayó al suelo como si de verdad estuviese moribundo.</p>
<p>Levantándose, en medio de un estallido  de aplausos, de gritos y de aullidos que llegaban hasta las estrellas,  se le ocurrió levantar la cabeza y mirar hacia arriba&#8230; y al  mirar, vio en un palco a una bella dama que llevaba en el cuello un  grueso collar de oro, del que pendía un medallón. Y en el medallón  estaba pintado el retrato de un borrico.</p>
<p>“¡Ese es mi retrato!&#8230; ¡Aquella  dama es el Hada!”, dijo para sus adentros Pinocho, reconociéndola  enseguida; y dejándose llevar por la alegría, trató de gritar:</p>
<p>—¡Oh, Hada mía! ¡Oh, Hada mía!</p>
<p>Pero en lugar de estas palabras lo que  salió de su garganta fue un rebuzno tan sonoro y prolongado que  hizo reír a todos los espectadores, sobre todo a los niños que estaban  en la platea.</p>
<p>Entonces el Director, para enseñarle  y hacerle entender que no es de buena educación rebuznar delante del  público, le dio un golpe en la nariz con el mando de la fusta.</p>
<p>El pobre borrico, sacando un palmo de  lengua, estuvo al menos cinco minutos lamiéndose la nariz, creyendo  que así calmaría el dolor que sentía.</p>
<p style="text-align: center;"><em><img class="alignnone size-full wp-image-3442" title="05-Pinocho-Innocenti" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp/wp-content/uploads/2009/10/05-Pinocho-Innocenti.jpg" alt="05-Pinocho-Innocenti" width="451" height="600" /><br />
Ilustración de <a href="http://www.imaginaria.com.ar/?p=225">Roberto  Innocenti</a> (1988). Gentileza Kalandraka Editora</em></p>
<p>¡Pero cuál fue su desesperación cuando,  mirando hacia arriba por segunda vez, vio que el palco estaba vacío  y que el Hada había desaparecido!&#8230;</p>
<p>Sintió que se moría; los ojos  se le llenaron de lágrimas y comenzó a llorar desconsoladamente.  Pero nadie se dio cuenta, y menos que nadie el Director, el cual, por  el contrario, haciendo restallar la fusta, gritó:</p>
<p>—¡Vamos, Pinocho! Ahora les mostrarás  a estos señores con cuánta maestría sabes saltar los aros.</p>
<p>Pinocho lo intentó dos o tres veces,  pero cada vez que llegaba ante el aro, en vez de atravesarlo pasaba  cómodamente por debajo. Al final dio un salto y lo atravesó, pero  las patas de atrás, desgraciadamente, quedaron atrapadas en el aro,  motivo por el cual cayó al suelo del otro lado, como un fardo.</p>
<p>Cuando se levantó, estaba rengo, y a  duras penas pudo volver a la cuadra.</p>
<p>—¡Que salga Pinocho! ¡Queremos al  borrico! ¡Que salga el borrico! —gritaban los niños de la platea,  apiadados y conmovidos por el tristísimo caso.</p>
<p>Pero el borrico no volvió a dejarse  ver aquella noche.</p>
<p>A la mañana siguiente el veterinario,  o sea el médico de los animales, cuando lo visitó, declaró que quedaría  rengo para toda la vida.</p>
<p>Entonces el Director le dijo a su peón  de la cuadra:</p>
<p>—¿Qué quieres que haga con un borrico  rengo? Se comería gratis mi pan. Llévalo a la plaza y véndelo.</p>
<p>Llegados a la plaza, encontraron enseguida  un comprador, el cual le preguntó al peón de la cuadra:</p>
<p>—¿Cuánto quieres por este borrico  rengo?</p>
<p>—Veinte liras.</p>
<p>—Te doy veinte centavos. No creas que  lo compro para hacerlo trabajar: lo compro únicamente por su piel.  Veo que tiene una piel muy dura, y con su piel quiero hacer un tambor  para la banda musical de mi pueblo.</p>
<p style="text-align: center;"><em><img class="alignnone size-full wp-image-3443" title="06-Pinocho-Mussino" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp/wp-content/uploads/2009/10/06-Pinocho-Mussino.jpg" alt="06-Pinocho-Mussino" width="348" height="319" /><br />
Ilustración de Attilio Mussino (1911)</em></p>
<p>¡Dejo que ustedes, niños, imaginen  el placer que sintió el pobre Pinocho cuando oyó que estaba destinado  a convertirse en un tambor!</p>
<p>El caso es que el comprador, apenas pagó  los veinte centavos, condujo al borrico a un escollo que estaba en la  costa del mar; y poniéndole una piedra al cuello y atándole a una  pata una cuerda que sostenía en la mano, repentinamente le dio un empujón  y lo arrojó al agua.</p>
<p>Pinocho, con aquel peso atado al cuello,  se fue enseguida al fondo; y el comprador, siempre con la cuerda en  la mano, se sentó en el escollo, esperando a que el borrico muriese  ahogado para después quitarle la piel.</p>
<p style="text-align: center;"><em><img class="alignnone size-full wp-image-3444" title="07-Pinocho-Mussino" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp/wp-content/uploads/2009/10/07-Pinocho-Mussino.jpg" alt="07-Pinocho-Mussino" width="236" height="295" /><br />
Ilustración de Attilio Mussino (1911)</em></p>
<p align="center"><strong>XXXIV</strong><br />
<strong>Pinocho, arrojado al  mar, es devorado por los peces,</strong><br />
<strong>y vuelve a ser un muñeco  como antes;</strong><br />
<strong>pero mientras nada  para salvarse</strong><br />
<strong>es engullido por el  terrible Tiburón.</strong></p>
<p>Habiendo pasado cincuenta minutos que  el borrico estaba bajo el agua, el comprador dijo, hablando consigo  mismo.</p>
<p>—A esta hora mi pobre borrico rengo  debe de estar bien ahogado. Saquémoslo, entonces, y hagamos con su  piel un lindo tambor.</p>
<p>Y comenzó a tirar de la cuerda  con la cual le había atado una pata; y tira que te tira, al final vio  aparecer a flor de agua&#8230; ¿adivinan? En vez de un borrico muerto lo  que vio aparecer a flor de agua fue a Pinocho, que se retorcía como  una anguila.</p>
<p style="text-align: center;"><em><img class="alignnone size-full wp-image-3445" title="08-Pinocho-Sarri" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp/wp-content/uploads/2009/10/08-Pinocho-Sarri.jpg" alt="08-Pinocho-Sarri" width="496" height="208" /><br />
Ilustración de Corrado Sarri (1929)</em></p>
<p>Viendo a aquel muñeco de madera, el  pobre hombre creyó estar soñando, y quedó atontado, con  la boca abierta y los ojos fuera de las órbitas.</p>
<p>Repuesto un poco del primer estupor,  dijo, llorando y balbuceando:</p>
<p>—¿Y el borrico que arrojé al mar,  dónde está?</p>
<p>—¡Ese borrico soy yo! —respondió  el muñeco, riendo.</p>
<p>—¿Tú?</p>
<p>—Yo.</p>
<p>—¡Ah! ¡Tunante! ¿Pretendes acaso  burlarte de mí?</p>
<p>—¿Burlarme de usted? Todo lo contrario,  querido amo; le hablo en serio.</p>
<p>—¿Pero cómo es posible que tú, que  hasta hace poco tiempo eras un borrico, ahora, estando en el agua, te  hayas convertido en un muñeco de madera?&#8230;</p>
<p>—Será el efecto del agua de mar. El  mar hace esas bromas.</p>
<p>—¡Cuidado, muñeco, cuidado!&#8230; No  pienses que puedes divertirte a costa mía. ¡Ay de ti si se me acaba  la paciencia!</p>
<p>—Bueno, amo, ¿quiere conocer toda  la historia? Suélteme esta pierna y se la contaré.</p>
<p>Aquel buen despistado que era el comprador,  curioso de conocer la verdadera historia, desató enseguida el nudo  de la cuerda que lo mantenía atado; y entonces Pinocho, encontrándose  libre como un pájaro en el aire, empezó a hablar así:</p>
<p>—Sepa que yo era un muñeco de madera  como lo soy ahora; pero estaba a punto de convertirme en un niño, como  en este mundo hay tantos; sin embargo, por mis pocas ganas de estudiar  y por hacer caso a las malas compañías, me escapé de casa&#8230; y un  buen día, al despertarme, me encontré convertido en un borrico de  largas orejas&#8230; ¡y una larga cola!&#8230; ¡Qué vergüenza fue eso para  mí!&#8230; Una vergüenza, querido amo, ¡qué ruego a San Antonio bendito  que nunca se la haga sentir a usted! Puesto a la venta en el mercado  de los burros, fui comprado por el Director de una Compañía ecuestre,  al cual se le puso en la cabeza hacer de mí un gran bailarín y un  gran saltador de aros; pero una noche, durante el espectáculo, tuve  una mala caída y me quedé rengo de las dos patas. Entonces el Director,  no sabiendo qué hacer con un borrico rengo, mandó a que me volvieran  a vender, ¡y usted me compró!</p>
<p>—¡Por desgracia! Y pagué por ti veinte  centavos. ¿Quién me devolverá ahora mis veinte centavos?</p>
<p>—¿Y para qué me compró? ¡Usted  me compró para hacer conmigo una piel de tambor!&#8230; ¡un tambor!&#8230;</p>
<p>—¡Por desgracia! ¿Y dónde encontraré  ahora otra piel?&#8230;</p>
<p>—No se desespere, amo. ¡Hay tantos  borricos en este mundo!</p>
<p>—Dime, monigote impertinente, ¿tu  historia termina aquí?</p>
<p>—No —respondió el muñeco—, dos  palabras más y termino. Después de haberme comprado, me trajo a este  lugar para matarme; pero después, cediendo a un sentimiento piadoso  de humanidad, prefirió colgarme una piedra al cuello y tirarme al fondo  del mar. Este sentimiento de delicadeza lo honra muchísimo, y yo le  estaré siempre agradecido por eso. Por lo demás, querido amo, usted  hizo sus cálculos sin el Hada&#8230;</p>
<p>—¿Y quién es esta Hada?</p>
<p>—Es mi mamá, que se parece a todas  las buenas mamás, que desean lo mejor para sus niños y nunca les sacan  el ojo de encima, y los asisten amorosamente en todas las desgracias,  incluso cuando estos niños, por sus travesuras y su mala conducta,  merecerían ser abandonados y que se los dejara valerse por sí mismos.  Decía entonces que la buena Hada, apenas me vio en peligro de ahogarme,  mandó a mí un cardumen infinito de peces, los cuales, creyéndome  de verdad un borrico bien muerto, ¡comenzaron a comerme! ¡Y qué bocados  daban ¡Nunca hubiera creído que los peces fueran más glotones que  los niños! Uno me comió las orejas, otro me comió el hocico, otro  el pescuezo y las crines, otro la piel de las patas, otro la piel del  lomo&#8230; y entre ellos había un pececito tan amable que se dignó comerme  la cola.</p>
<p>—De hoy en adelante —dijo el comprador  horrorizado—, juro que no volveré a probar la carne de pescado. ¡No  me gustaría abrir un salmonete o una pescadilla frita y encontrar adentro  la cola de un burro!</p>
<p>—Yo pienso lo mismo que usted —replicó  el muñeco, riendo—. Por lo demás, debe saber que cuando los peces  terminaron de comer toda aquella cáscara asnal que me cubría de la  cabeza a los pies, llegaron, como es natural, a los huesos&#8230; o para  decirlo mejor, llegaron a la madera, porque, como puede ver, yo estoy  hecho de madera durísima. Pero después de haber dado las primeras  mordidas, aquellos peces se dieron cuenta enseguida de que la madera  no era bocado para sus dientes, y, asqueados por ese alimento indigesto,  se fueron por aquí y por allá, sin volverse siquiera para darme las  gracias&#8230; Y ya le he contado cómo usted, al tirar de la cuerda, encontró  un muñeco vivo en vez de un borrico muerto.</p>
<p>—Yo me río de tu historia —gritó  el comprador enfurecido—. Lo que sé es que gasté veinte centavos  para comprarte y quiero que me los devuelvan. ¿Sabes qué haré? Te  llevaré otra vez al mercado y te venderé a precio de leña seca para  encender el fuego de la chimenea.</p>
<p>—Vuelva a venderme, entonces: por mí,  encantado —dijo Pinocho.</p>
<p>Y diciendo esto dio un buen salto y se  arrojó al agua. Y nadando alegremente y alejándose de la playa  gritaba a su comprador:</p>
<p>—Adiós amo; si necesita una piel para  hacer un tambor, acuérdese de mí.</p>
<p>Y después se reía y seguía nadando;  y después de un rato, mirando hacia atrás, gritaba más fuerte:</p>
<p>—Adiós, amo; si necesita un poco de  leña seca para encender la chimenea, acuérdese de mí.</p>
<p>El caso es que en un abrir y cerrar de  ojos se había alejado tanto que ya casi no se lo veía; o sea, sobre  la superficie del mar sólo se veía un puntito negro, que de tanto  en tanto sacaba las piernas del agua y hacía cabriolas y saltos, como  un delfín de buen humor.</p>
<p>Mientras Pinocho nadaba a la ventura,  vio en medio del mar un escollo que parecía de mármol blanco; y en  la cima del escollo, una linda cabrita que balaba amorosamente y le  hacía señas de que se acercara.</p>
<p>Lo más singular era esto: que la lana  de la cabrita, en vez de ser blanca, o negra, o moteada de los dos colores,  como la de las otras cabras, era de color azul, pero de un azul tan  brillante que recordaba muchísimo al cabello de la hermosa Niña.</p>
<p>¡Dejo que ustedes imaginen cuán fuerte  le latiría el corazón al pobre Pinocho! Redoblando sus fuerzas y sus  energías se puso a nadar hacia el escollo blanco; y ya estaba a mitad  de camino cuando salió del agua y fue a su encuentro una horrible cabeza  de monstruo marino, con la boca abierta, como un abismo, y tres hileras  de colmillos, que hubiesen dado miedo incluso viéndolos pintados.</p>
<p>¿Y saben quién era aquel monstruo marino?</p>
<p>Aquel monstruo marino era ni más ni  menos que aquel gigantesco Tiburón, mencionado muchas veces en esta  historia, que por sus estragos y su voracidad insaciable era llamado  “el Atila de los peces y los pescadores”.</p>
<p>Imagínense el miedo del pobre Pinocho  al ver al monstruo. Trató de esquivarlo, de cambiar de rumbo;  trató de huir, pero aquella inmensa boca abierta iba a su encuentro  con la velocidad de una flecha.</p>
<p style="text-align: center;"><em><img class="alignnone size-full wp-image-3446" title="09-Pinocho-Mazzanti" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp/wp-content/uploads/2009/10/09-Pinocho-Mazzanti.jpg" alt="09-Pinocho-Mazzanti" width="500" height="478" /><br />
Ilustración de Enrico Mazzanti (1883)</em></p>
<p>—¡Apúrate, Pinocho, por favor! —gritaba  balando la linda cabrita.</p>
<p>Y Pinocho nadaba desesperadamente con  los brazos, con el pecho, con las piernas y con los pies.</p>
<p>—¡Corre, Pinocho, que el monstruo  se acerca!</p>
<p>Y Pinocho, recurriendo a todas sus fuerzas,  redoblaba la carrera.</p>
<p>—¡Cuidado, Pinocho!&#8230; ¡El monstruo  te alcanza!&#8230; ¡Ya está ahí!&#8230; ¡Ya está ahí!&#8230; ¡Date prisa,  por favor, o estás perdido!&#8230;</p>
<p>Y Pinocho nadaba más aprisa que nunca,  adelante, adelante, adelante, como si fuera una bala de fusil. ¡Y ya  estaba cerca del escollo, y ya la cabrita, inclinada sobre el mar, le  alargaba las patitas de adelante para ayudarlo a salir del agua!&#8230;</p>
<p>¡Pero ya era tarde! El monstruo lo había  alcanzado; el monstruo, absorbiendo el agua, se tragó al pobre muñeco,  como se hubiera tragado un huevo de gallina. Y lo engulló con tanta  violencia y con tanta avidez que Pinocho, cayendo dentro del cuerpo  del Tiburón, se dio un golpe tan descomunal que quedó aturdido durante  un cuarto de hora.</p>
<p>Cuando volvió en sí de ese  aturdimiento, ni siquiera podía recordar en qué mundo estaba.  Todo alrededor no había más que oscuridad, pero una oscuridad tan  negra y profunda que le parecía haber entrado en el cuerpo de un calamar  lleno de tinta. Se detuvo a escuchar y no oyó ningún ruido; sólo,  de tanto en tanto, sentía algunas grandes oleadas de viento golpeándole  el rostro <a href="#notas">(2)</a>. Al principio no podía entender de dónde podría  provenir ese viento, pero después entendió que salía de los pulmones  del monstruo. Porque hay que saber que el Tiburón sufría muchísimo  de asma, y cuando respiraba parecía que estuviese soplando el viento  del norte.</p>
<p>Pinocho, al principio, trató de  armarse de coraje; pero cuando probó y comprobó que se encontraba  dentro del monstruo marino, comenzó a llorar y a chillar, y llorando  decía:</p>
<p>—¡Socorro! ¡Socorro! ¡Oh, pobre  de mí! ¿No hay nadie que venga a salvarme?</p>
<p>—¿Quién quieres que te salve, desgraciado?&#8230;  —dijo en ese momento una vocecita cascada, como de guitarra desafinada.</p>
<p>—¿Quién habla así? –preguntó  Pinocho, helado de miedo.</p>
<p>—¡Soy yo!: un pobre Atún, a quien  el Tiburón tragó junto contigo. ¿Y tú qué pez eres?</p>
<p>—Yo no tengo nada que ver con los peces.  Soy un muñeco.</p>
<p>—Y entonces, si no eres un pez, ¿por  qué te has dejado engullir por el monstruo?</p>
<p>—No soy yo quien se dejó engullir:  ¡fue él quien me engulló! ¿Y ahora qué haremos aquí, en la oscuridad?&#8230;</p>
<p>—¡Resignarse y esperar a que el Tiburón  nos haya digerido a los dos!&#8230;</p>
<p>—¡Pero yo no quiero ser digerido!  —gritó Pinocho, volviendo a llorar.</p>
<p>—Yo tampoco quisiera ser digerido —agregó  el Atún—, ¡pero soy bastante razonable <a href="#notas">(3)</a> y me consuelo pensando que, cuando se nace Atún,  hay más dignidad en morir en el agua que frito en aceite!&#8230;</p>
<p>—¡Tonterías! —gritó Pinocho.</p>
<p>—¡Lo mío es una opinión —replicó  el Atún—, y las opiniones, como dicen los Atunes políticos, deben  ser respetadas!</p>
<p>—En suma&#8230; yo quiero salir de aquí&#8230;  yo quiero huir.</p>
<p>—¡Huye, si puedes!&#8230;</p>
<p>—¿Es muy grande este Tiburón que  nos ha tragado? —preguntó el muñeco.</p>
<p>—Imagínate que su cuerpo mide más  de un kilómetro, sin contar la cola.</p>
<p>Mientras sostenían esta conversación  en la oscuridad, a Pinocho le pareció distinguir a lo lejos una  especie de claridad.</p>
<p>—¿Qué será esa lucecita que se ve  a lo lejos? —preguntó Pinocho.</p>
<p>—¡Será algún compañero de desventura,  que espera, como nosotros, el momento de ser digerido!&#8230;</p>
<p>—Quiero ir a verlo. Podría ser algún  pez viejo capaz de enseñarme el camino de huir.</p>
<p>—Te lo deseo de corazón, querido muñeco.</p>
<p>—Adiós, Atún.</p>
<p>—Adiós, muñeco, y buena suerte.</p>
<p>—¿Nos volveremos a ver?</p>
<p>—¿Quién sabe?&#8230; ¡Mejor no pensarlo!  <a href="#notas">(4)</a></p>
<p style="text-align: center;"><em><img class="alignnone size-full wp-image-3447" title="10-Pinocho-Copeland" src="http://www.imaginaria.com.ar/wp/wp-content/uploads/2009/10/10-Pinocho-Copeland.jpg" alt="10-Pinocho-Copeland" width="500" height="557" /><br />
Ilustración de Charles Copeland (1904)</em></p>
<p><a name="notas"></a></p>
<hr /><strong>Notas del traductor</strong></p>
<p>(1) La mención de ese borrico muerto  tiene algo de delictivo: nada impide pensar que este borrico tenga la  misma proveniencia que Mecha. Recuérdese que cuando Pinocho había  ido por la ciudad de las Abejas industriosas en busca de Mecha, lo había  encontrado “escondido bajo el pórtico de una casa de campesinos”:  el pobre Mecha tenía cierta vocación rural.</p>
<p>(2) “Tragado por el Tiburón, Pinocho  experimenta una condición de tinieblas viscerales (&#8230;). Inicialmente  las tinieblas son totales, Pinocho está inmerso en un cuerpo, en sus  humores viscosos; le ha sido impuesta una experiencia fetal, que debe  sufrir y vivir en nocturna incertidumbre. El Tiburón aparece como una  versión infinitamente profunda de la madre, algo casualmente grávido,  gestatorio de los abismos, boca devoradora de naves, viejos y muñecos,  orificio que, en los mismos sollozos de la decadencia, adormecido genera”  (Manganelli, <em>op. cit.</em>) “Aunque no ha sido concebido por una  mujer, ni siquiera Pinocho consigue escapar al destino de englobamiento.  En la alegoría collodiana, padre e hijo se reencuentran en el vientre  del Tiburón. De este modo la deuda de creación, contraída por haber  osado eludir el callejón fisiológico del parto, los une. Pero la perversidad  optimista de Pinocho y su amor por el padre abrirán la vía de la evasión  de la panza-útero-prisión. Nuestro héroe huye, a la manera de Eneas,  con su viejo padre sobre los hombros” (Martella, <em>op. cit.</em>)</p>
<p>(3) <em>“ma io sono abbastanza filosofo”</em>:  tampoco debe tomarse al pie de la letra (Reale, op. cit.)</p>
<p>(4) “La despedida del Atún tiene algo  de lúgubre, pero ya se sabe cómo son los Atunes.” (Manganelli, <em> op. cit</em>.)</p>
<hr style="text-align: left;" />
<p style="text-align: left;"><strong>Artículos relacionados:</strong></p>
<p style="text-align: left;">Ficciones: Las aventuras de Pinocho en Imaginaria; traducción y notas de Guillermo Piro:</p>
<ul style="text-align: left;">
<li><a href="http://www.imaginaria.com.ar/?p=1223">Introducción de Marcela Carranza. Capítulos I y II</a></li>
<li><a href="http://www.imaginaria.com.ar/?p=1352">Capítulos III y IV</a></li>
<li><a href="http://www.imaginaria.com.ar/?p=1492">Capítulos V y VI</a></li>
<li><a href="http://www.imaginaria.com.ar/?p=1582">Capítulos VII y VIII</a></li>
<li><a href="http://www.imaginaria.com.ar/?p=1702">Capítulos IX y X</a></li>
<li><a href="http://www.imaginaria.com.ar/?p=1797">Capítulos XI y XII</a></li>
<li><a href="http://www.imaginaria.com.ar/?p=1956">Capítulos XIII y XIV</a></li>
<li><a href="http://www.imaginaria.com.ar/?p=2137">Capítulos XV y XVI</a></li>
<li><a href="http://www.imaginaria.com.ar/?p=2264">Capítulos XVII y XVIII</a></li>
<li><a href="http://www.imaginaria.com.ar/?p=2438">Capítulos XIX y XX</a></li>
<li><a href="http://www.imaginaria.com.ar/?p=2621">Capítulos XXI y XXII</a></li>
<li><a href="http://www.imaginaria.com.ar/?p=2692">Capítulos XXIII y XXIV</a></li>
<li><a href="http://www.imaginaria.com.ar/?p=2866">Capítulos XXV y XXVI</a></li>
<li><a href="http://www.imaginaria.com.ar/?p=2976">Capítulos XXVII y XXVIII</a></li>
<li><a href="http://www.imaginaria.com.ar/?p=3171">Capítulos XXIX y XXX</a></li>
<li><a href="http://www.imaginaria.com.ar/?p=3288">Capítulos XXXI y XXXII</a></li>
</ul>
<p style="text-align: left;"><a href="http://www.imaginaria.com.ar/?p=1219">Lecturas: &#8220;Qué cómico resultaba cuando era un muñeco&#8221;, por Guillermo Piro</a></p>
<p style="text-align: left;"><a href="http://www.imaginaria.com.ar/20/9/entre-la-obediencia-y-la-desobediencia.htm" target="_blank">Lecturas: Tres clásicos entre la obediencia y la desobediencia (Primera parte), por Marcela Carranza (contiene el artículo &#8220;Las aventuras de Pinocho y la sátira&#8221;)<br />
</a></p>
<p style="text-align: left;"><a href="http://www.imaginaria.com.ar/21/0/tres-clasicos.htm" target="_blank">Ficciones: Tres clásicos entre la obediencia y la desobediencia (Segunda parte); se incluye el capítulo XVII deLas aventuras de Pinocho (1881), con comentarios de Marcela Carranza<br />
</a></p>
<p style="text-align: left;"><a href="http://www.imaginaria.com.ar/02/9/pinocho.htm" target="_blank">Lecturas: Pinocho, el leño que habla, por Graciela Pacheco de Balbastro</a></p>
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