“Siempre me gustó la idea de ponerle una imagen a un texto”. Entrevista con Isol

Por Karina Micheletto

01-IsolReproducimos la entrevista que realizó la periodista para el diario Página/12 (Buenos Aires, domingo 20 de enero de 2013). Imaginaria agradece a Karina Micheletto la autorización y facilidades proporcionadas para publicar este texto. (Fotografía de Guadalupe Lombardo. Gentileza de Página/12.)

Hay algo siempre inquietante en los trazos, en la estética y la mirada de Isol; algo que pone en cierta activa alerta a quien se asoma a sus hermosos libros-álbum, hechos con imágenes y textos de su autoría. Algo que transcurre entre una ternura infantil puesta en primer plano, plásticamente original y de sello propio, que inmediatamente descubre detrás una ironía a veces oscura, cortante. Como ocurre con los mejores creadores dedicados a la literatura infantil y juvenil, es difícil inscribir su trabajo exclusivamente en este mundo: sus libros gustan primero a los grandes, que son al fin de cuentas los que transmiten y guían muchos placeres y gustos de los chicos. Conectan tanto con el mundo adulto como con el infantil, por diferentes motivos. Durante mucho tiempo, los libros de Isol eran publicados exclusivamente en el exterior. La reedición (y primera edición argentina) de tres de sus libros emblema en la colección Los Primerísimos, de Fondo de Cultura Económica (Cosas que pasan, Regalo sorpresa y Secreto de familia) abre la posibilidad de bucear en el sorprendente universo de esta joven artista, una de las más premiadas de la Argentina.

Isol es ilustradora, escritora, también cantante. Pero lo primero en su vida, cuenta, fueron los libros, la fascinación por los comics y los cuentos de todo tipo que había siempre a mano en su familia. “Estudié Bellas Artes y desde siempre me gustaron mucho el tipo de libros que hoy hago”, recapitula en diálogo con Página/12, buscando encontrar el principio del hilo del “dónde empezó todo”. “Consumía apasionadamente libros ilustrados, cómics, que tienen mucho que ver con el libro-álbum, porque también ahí se unen dos lenguajes, el plástico y el literario, para generar un tercer discurso. Si seguís una sola de las partes, te perdés la historia. Recuerdo la fascinación que tenía por la revista Fierro, con todos esos grandes que publicaban ahí, eran unas tiras de una calidad plástica increíble, de una total libertad. Creo que esa fue una de las grandes influencias que tuvo mi trabajo.”

—¿Cuáles fueron las otras?

—Tantísimas. Leía mucho de chica, cualquier cosa, cosas hermosas y cosas malísimas, en casa había mucho a mano. Pero siempre menciono especialmente la colección ‘Cuentos de Polidoro’, que sacó el Centro Editor de América Latina. Eran muy buenas versiones de cuentos clásicos y leyendas de todo el mundo, con ilustraciones geniales, de Hermenegildo Sábat, Ayax Barnes, Napoleón, Grillo, Alba Ponce, muy voladas, graciosas, con mucho de opinión desde la plástica, mucha fuerza narrativa. No los había vuelto a leer, pero tenía la colección guardada. Ya de grande los tomé de nuevo y dije: ¡claro, esta es mi escuela! Evidentemente, tomé criterios de ahí, esas historias te ayudaban a imaginar e inventar tu propio mundo. En una entrevista Javier Zabala, el ilustrador español, decía que hacía poco se había dado cuenta de que un libro de lectura que tenía cuando era chico lo había influido tremendamente, y hasta que no lo volvió a ver no se dio cuenta. Me pasó lo mismo. A mí esos artistas me educaron.

—¿Y dice que en su casa había mucho libro a mano?

—En casa había mucho estímulo, mucho libro, mi viejo pintaba, mamá cantaba, nos inventábamos cuentos, nos festejaban mucho cuando los hermanos hacíamos cosas relacionadas con el arte… Todo eso evidentemente te va generando un placer de jugar, uno queda haciéndolo y valorándolo también. De ahí mi interés en anotarme en Bellas Artes. Ya hacia el final del magisterio empezaba a hacer cosas que tenían que ver con ponerle un texto a lo que hacía. Empecé por los cómics, me autoeditaba, en ese momento de apertura democrática había mucho fanzine, mucha autoedición, y eso me dio un aprendizaje: me obligó a elegir. No le podés echar la culpa a nadie, y además mostrás lo que te parece que es lo mejor que tenés. Después empecé a trabajar en publicidad y como ilustradora en medios, en esa época hice algunas cositas para Página/12. Me encantaba, siempre me gustó la idea de ponerle una imagen a un texto, es un lugar fuerte de opinión. Eso me dio un entrenamiento para plantear diferentes estilos, para probar. Hasta que mandé un boceto de mi primer libro al concurso de Fondo de Cultura Económica (A la orilla del viento), y me dijeron que lo querían publicar. Esa fue la gran puerta, en el ’97, con Vida de perros. (1)

—Ya entonces mostraba un estilo sarcástico debajo de una aparente ternura en la superficie. ¿Los editores no le dijeron que era muy fuerte para los chicos?

—(Risas.) Me lo han dicho, sí, me han dicho que mis personajes eran demasiado locos, he tenido muchas discusiones sobre lo que está bien y lo que está mal en un libro para chicos. Pero en Fondo de Cultura siempre tuve mucho apoyo del editor, Daniel Goldin, de quien aprendí mucho. Ahora eso mismo que antes tenía que pelear, un poco es parte de lo que esperan de mí. De todos modos, no me preocupa lo que esperan los otros: simplemente, trato de que el libro me mueva primero a mí, si lo muestro es porque siento que hay algo ahí que vale la pena.

—Entonces no piensa en lo que el niño necesita o quiere, hace un libro para usted.

—Es raro, no es para mí tampoco, es para el placer de hacerlo. Si me divierte una historia, pienso que va a ser divertida para otros. Pienso en mis pares, gente que es parecida a mí, y pienso que los libros llegan a los niños a través de los adultos: si a vos te divierte, a un nene también le divierte. Son historias que están dentro de un formato que excluye los temas que necesiten información o experiencias previas para entenderlos, o tengan citas o guiños complejos. Ese formato me sirve, y sobre todo me gusta esa frescura de mirar las cosas como si las vieras por primera vez.

—¿Cuánto tienen de usted los nenes que dibuja?

—¡Mucho! Siempre tengo mucha empatía con mis nenes, aunque son bastante cuestionadores e hinchas a veces. En los tres cuentos que se editaron ahora, por ejemplo, salen frustraciones que seguramente también son mías, y está bueno poder reírse de eso. En Secreto de familia (2) sale esa nena medio acomplejada porque su familia no es lo que debería ser, y yo de chica era un poco así: mis viejos eran raros, medio hippies, me encanta que fuesen así, pero al ir al afuera, ser diferente a veces es medio incómodo. Si uno puede jugar y ver que en realidad todas las familias son diferentes, eso es muy sanador. Con ese libro trabajé mucho con nenes, y se divierten mucho inventando familias extrañísimas, hablando de las suyas, diciendo: ¡sí, mi mamá también se despierta con todos los pelos volados! O: ¡Mi mamá tiene pelos en las piernas! Todos tenemos pelos en las piernas, lo que pasa es que nos los sacamos. Podemos reírnos mucho de eso si lo miramos como lo mira un nene.

—Y desde el punto de vista plástico, ¿qué es lo que ha tenido que “pelear” para defender su estilo?

—Hay algo que siento que está bueno en el sentido de abrir puertitas. Mis dibujos al principio están llenos de manchas, fuera de registro, con colores fuera de la línea. Una vez un maestro de jardín de infantes en México me vino a agradecer porque me dijo que al fin había logrado que los nenes pudieran dibujar sin estar pendientes de no pasarse de la línea. Si un adulto lo hacía y estaba permitido, si lo veían en un libro, ellos podían hacerlo. Fue un gran halago. Me gusta que haya un disfrute plástico además de una buena historia, ese reconocimiento. Hoy hay cada vez más libros de autores ilustradores, y eso va dando cada vez más libertad. Hay tantas maneras de graficar, de jugar con los materiales, que las posibilidades son inacabables.

—En la Argentina hay todo un boom del libro-álbum. ¿A qué cree que se debe?

—En realidad en el mundo es un momento bueno para el libro-álbum, o lo fue en Europa, por ejemplo. Se empezaron a hacer cosas cada vez mejores, y los ilustradores empezaron a apuntar más alto. Acá el primer paso lo dieron las editoriales chicas como Del Eclipse. Cuando las grandes vieron que eso empezaba a funcionar, lo tomaron. Hoy hay muchísima edición, y hay de todo. Personalmente prefiero las que tienen un sustento en la historia desde los dos lenguajes, el plástico y el texto. Y hay muchos ilustradores nuevos buenísimos, mucho talento. Principalmente, a eso se debe el buen momento.


Un humor muy personal

Cosas que pasan, Regalo sorpresa y Secreto de familia (3) son los títulos de Isol que se editan ahora por primera vez en la Argentina, publicados en México unos años atrás. “Siempre fui dando pasitos hacia lo que a mí me gustaba, y por suerte encontré un lugar como Fondo de Cultura donde esto entraba. Porque la mía es una obra muy personal, tiene un tipo de humor que tiene que ver con mi humor, y con las cosas que a mí me preocupan, que siempre salen en los libros, de un manera muy sintética y a veces en situaciones familiares, pero que claramente son preocupaciones mías”, dice Isol en diálogo con Página/12.

El miedo a no encajar en Secreto de familia, la angustia que genera el quererlo todo en Regalo sorpresa, o en Cosas que pasan, forman parte de esas preocupaciones. “Ese es uno de mis favoritos, una nena que desea cosas y nada le alcanza. Lo vuelvo a ver y pienso: qué lección me daba a mí misma haciéndolo, querer todo puede llevarte a no tener nada. Porque los nenes lo exteriorizan pero en los adultos lo veo todo el tiempo. Hay grandes que se hacen los zonzos y dicen: ¡ay, cómo son los nenes! Y una piensa: ay, ¿por qué no mirás cómo sos vos? De hecho la publicidad vive de eso, del sentimiento de falta, de la necesidad constante de tener algo nuevo para estar contento por un rato. En Secreto de familia también, esa situación de ver el jardín del vecino más grande que el de uno: ah, ellos deben saber, deben tenerla clara, no como nosotros. Se pueden ver en nenes, quizás ellos son más transparentes y lo dicen. El adulto directamente va y se compra un auto más grande que el del vecino.

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Poner el cuerpo en canciones

Como cantante, Isol formó parte de la banda pop Entre Ríos (4), del grupo de cámara The Excuse —dedicado al barroco europeo— y actualmente forma Sima, donde muestra canciones de su autoría y con arreglos “muy deformes” de su hermano Zypce (ex 34 Puñaladas), que toca instrumentos fabricados por él mismo: máquinas eléctricas, resortes tensados, radios, copas. “Siempre canté y siempre me gustó, y ahora que hago mis canciones hay gente que me dice que tienen que ver con mis historias: una cosa medio dulce que por abajo trae algo denso”, define. “Y el vivo está buenísimo, es muy divertido, es como seguir jugando con mi hermano. Un subidón de adrenalina loco, y muy gozoso. Antes me ponía más nerviosa, ahora cada vez lo disfruto más, está bueno esto de cantar porque implica poner el cuerpo, una conexión diferente, es estar ahí, con otras personas. Dibujar, por el contrario, es una tarea solitaria. Así que cantar es un buen complemento.”


El recetario de sueños

Antes de estas recientes reediciones, Isol publicó un libro tan hermoso como original: Nocturno (5), nada menos que un “recetario de sueños”, que se agotó en pocos meses y ya reclama próxima reedición. Es una suerte de cuaderno espiralado que viene preparado para poner a “cargar” bajo una luz… Y, una vez que se apaga esa luz, para que una tinta especial que brilla en la oscuridad descubra esos sueños que permanecían ocultos en el dibujo, y que ahora le dan otra perspectiva, le cambian el sentido o lo completan. Ese rastro luminoso que cada sueño va dejando en las páginas puede ser el “sueño calentito” de los conejos en su madriguera, “el sueño de irse lejos”, “el sueño del artista difunto”, “el sueño de crecer”. Hermosas y sorprendentes obras en cada página, con el plus de que salen de un objeto que se vuelve personal en esa manipulación bajo la luz, que remite a tiempos ya antaños para los niños de hoy.

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“La cuestión es no perder ese sentido de sorpresa y búsqueda que te guía a encontrar las cosas”, explica Isol. “Siempre que veía las estrellitas que brillaban me sorprendía, y pensé, por qué no usar esa tinta en un libro. Nunca la había visto usada de una manera narrativa, quizás sí como toques decorativos, pero me interesaba que hubiera dos planos de la historia. Empecé a investigar un poco y fui armando una estructura para que fuera orgánico, tenía que ser lícito pensar en la oscuridad, por eso la noche y los sueños, la técnica también llevó a la historia. A los chicos les gusta mucho, pero es raro porque cuando lo compran no lo pueden ver, se enganchan después. Es algo bastante primitivo una tinta que brilla, y toda la preparación para cargarlo, una tecnología bien lejana a la actual. Eso también me encanta de este libro.”

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Notas de Imaginaria

(1) Isol. Vida de perros. Texto e ilustraciones de la autora. México, Editorial Fondo de Cultura Económica, 1997; colección Los especiales de A la orilla del viento.

(2) Isol. Secreto de familia. Texto e ilustraciones de la autora. México, Editorial Fondo de Cultura Económica, 2003. Colección Los Primerísimos. Reedición en la misma editorial: Buenos Aires, 2012.

(3) Isol. Cosas que pasan. Texto e ilustraciones de la autora. México, Editorial Fondo de Cultura Económica, 1998. Colección A la orilla del viento. Reedición en la colección Los Primerísimos de la misma editorial: Buenos Aires, 2012.

Isol. Regalo sorpresa. Texto e ilustraciones de la autora. Buenos Aires, Editorial Fondo de Cultura Económica, 2012. Colección Los Primerísimos. En la edición anterior se titulaba Un regalo sorpresa (México, Fondo de Cultura Económica, 1998. Colección A la orilla del viento).

Isol. Secreto de familia. Citado en (2).

(4) La discografía completa de Entre Ríos se puede consultar en el informe sobre Isol que publicamos en nuestro Nº 154 (Buenos Aires, 11 de mayo de 2005).

(5) Isol. Nocturno. Texto e ilustraciones de la autora. México, Editorial Fondo de Cultura Económica, 2011. Colección Los especiales de A la orilla del viento.


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2 comentarios sobre ““Siempre me gustó la idea de ponerle una imagen a un texto”. Entrevista con Isol”

  1. Ana dice:

    Isol, me parece una ventana que se abre y por donde entra un aroma a tierra, pasto y flores y mucha, muchísima luz.
    La idea sobre la niñez me parece espectacular después de ver y oír tanta tontería respecto a ella.
    Desde tu propio disfrute llegar a los demás, grandes ó chicos creo que es la llave para las obras humanas.
    Seguí disfrutando e invitándonos a todos.
    Ana


  2. Elena dice:

    me traslada a la infancia o mejor la niña que soy se rejuvenece, tambien pinto y creo cosas juego y sueño en todo momento Siento como vos GEnial!!!!


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