La cosa perdida

La cosa perdida
Shaun Tan
Ilustraciones del autor.
Maquetación, tipografía, retoques de diseño para la versión en español, traducción de carteles y otros detalles gráficos: Francisco Delgado Flores.
Traducción de Carles Andreu y Albert Vitó.
Arcos de la Frontera, España, Bárbara Fiore Editora, 2005.

Por Marcela Carranza

La historia que cuenta La cosa perdida es mínima: un chico descubre una criatura extraña en la playa mientras recoge tapitas de botellas para su colección. Comienza a interactuar con ella, juega y percibe que, a pesar de su extraño aspecto, es amigable. El chico tiene la impresión de que aquella cosa está perdida. Consulta a distintas personas para averiguar a quién pertenece, de dónde proviene, pero la gente se muestra indiferente, inmersa en sus ocupaciones. Preocupado por el destino de la criatura, por la que ha comenzado a sentir cariño, el chico decide buscar un lugar adecuado para ella. Luego de pasar por una horrible oficina del “Departamento Federal de Objetos Inútiles” halla, con la ayuda de otro extraño ser, el lugar correcto, poblado de otras exóticas criaturas. La cosa y el protagonista se despiden y éste reconoce extrañarla de vez en cuando. Esa es toda la historia.

El primer enigma de este libro: ¿qué es la cosa perdida? Un ser indefinido, sólo descripto por la imagen. Una especie de gran tetera roja que destaca sobre los colores sepias y grises del paisaje, con tentáculos y pinzas, mezcla de aparato y ser viviente; entre tetera y molusco. En el corto de animación que Shaun Tan realizó de este libro (1) es posible observar cómo se mueve la criatura. Por momentos actúa como una máquina, echa humo y todo; y por otros se balancea con su corpachón rojo de molusco haciendo sonar las campanitas que penden de sus gigantescas pinzas. Incluso agita una especie de tentáculo/cola, como si se tratara de un perro.

Hay pocas palabras en castellano que abarquen tanto y al mismo tiempo digan tan poco como la palabra “cosa”. Decir “cosa” es decirlo todo y no decir nada a la vez.

Shaun Tan afirma:

“Me interesó la idea de una criatura o persona que realmente no procediera de ninguna parte, ni que tuviera ningún tipo de relación con nada, que simplemente estuviera «perdida». Quería contar la historia desde el punto de vista de un personaje que representaría cómo podría yo responder personalmente a ello, por lo que el narrador anónimo soy esencialmente yo (aunque yo solía recoger conchas en la playa, en lugar de tapones de botella)”. (2)

La idea motor del relato es la presencia de una criatura extraña, un ser que no procede de ninguna parte, que no tiene relación con nada, una “cosa” sin identidad definida. Ni artefacto, ni animal, ni persona. Allí, en medio del trajín de la ciudad, sin encajar en ese mundo, triste, solitaria y perdida. Un objeto/ser animado que juega, pero no tiene voz. Esta idea se complementa con la de un narrador-protagonista que relata al lector ese encuentro en términos de anécdota personal. La historia simplemente muestra cómo responde el protagonista/narrador (alter ego del autor) frente a esa aparición inaudita.

Ante la pregunta acerca de la naturaleza de ese ser, su procedencia, su situación, no obtendremos ninguna respuesta en el libro.

Pero no sólo el personaje se manifiesta indefinido, también acerca del espacio, del lugar donde transcurre la historia se dice muy poco. Al igual que respecto a “la cosa”, la descripción del entorno está a cargo de las ilustraciones.

“Leído aisladamente, el texto sonaría como si tratara acerca de un perro perdido en un barrio o ciudad cualquiera, pero las imágenes revelan a un animal extraño con tentáculos en un mundo surrealista, sin árboles, con el cielo verde, demasiadas tuberías, cemento y maquinaria”, señala Shaun Tan.

La descripción gráfica de un mundo “retro-futurista” vuelve a situarnos en la indefinición, esta vez de tipo temporal; al mismo tiempo que establece vínculos con toda una línea de historietas y películas futuristas situadas en mundos distópicos, habitados por personajes alienados por la tecnología y la burocracia. (3)

En el libro de Shaun Tan vemos una arquitectura con monumentales edificios de cemento atravesados por tuberías, la ausencia casi absoluta de naturaleza, gigantescas esculturas de próceres-oficinistas con cabeza de televisor, el predominio de colores grises y ocres junto con puntos de vista en picado que empequeñecen aún más a los personajes dentro de ese paisaje poco amigable.

En la creación plástica de este mundo, Shaun Taun se permite rendir homenaje a las obras de tres artistas: los australianos Jeffrey Smart (1921) y John Brack (1920-1999), y el norteamericano Edward Hopper (1882-1967). (4) El modo en que Shaun Tan modifica las obras citadas está destinado a acentuar los sentidos ligados a ese mundo surrealista y agobiante en el que sitúa su historia.


Cahill Expressway, de Jeffrey Smart.

Ilustración de tapa de La cosa perdida de Shaun Tan.

Early Sunday Morning de EdwardHopper.

Ilustración interior de La cosa perdida de Shaun Tan.

Collins St., 5 p.m., de John Brack.

Ilustración interior de La cosa perdida de Shaun Tan.

Si bien la criatura contrasta (y no sólo por el color y tamaño) con ese mundo en el que habita, su naturaleza de ser a medio camino entre artefacto y animal le da —al mismo tiempo— cierto aspecto de mutante; quizá un producto azaroso de ese mundo. Algo así como si perteneciera y al mismo tiempo no perteneciera al entorno.

Tanto en el libro como en el corto de animación —donde las posibilidades de la imagen en movimiento y la iluminación acentúan los efectos en el espectador—, la escena en la oficina del “Departamento Federal de Objetos Inútiles” pone el acento en el absurdo de una maquinaria burocrática alienante que parece regir la vida en aquella sociedad.

Obsérvese sino el monumental fichero gris con cajones y tuberías en lo alto del cual se halla encaramada la recepcionista, y de la cual apenas puede verse parte de la cabeza. “Rellene estos formularios” es la escueta respuesta que recibe el personaje, junto a una pila exagerada de papeles que apenas logra sostener en sus manos.

El símbolo del cerdito con alas de la mencionada Oficina —con la frase: “barridus bajum alfombrae”— incrementa el humor absurdo ya presente en la propia existencia de un “Departamento Federal de Objetos Inútiles”.

En esta atmósfera gris y sofocante aparece otro personaje extraño. Se trata de un ser con rasgos antropomórficos, pero de larga cola, con algo similar a cintas magnetofónicas en la espalda, que al parecer se ocupa de la limpieza del lugar ya que lleva consigo un estropajo y un balde con rueditas.

“Si de verdad te importa esa cosa, no deberías dejarla aquí”, dice el personaje y luego agrega: “Este sitio es para olvidar cosas, para dejarlas atrás, para arrinconarlas. Toma, llévate esto”, y entrega al chico una tarjeta con una flecha ondulante, tan enigmática como su dueño.

Este extraño personaje cuya función de ayudante del protagonista es indispensable para el desarrollo de la historia, resulta también sobresaliente por su naturaleza enigmática. ¿Qué es ese ser? ¿Por qué está allí? ¿Tiene una misión en ese mundo? ¿Es algo así como un agente de la resistencia de lo inútil? Su inesperada y solitaria aparición en la última página del libro acrecienta aún más el enigma.

Mientras a nivel de la historia, del mundo representado y de los personajes el libro se destaca por los lugares dejados en blanco, los vacíos e interrogantes sin responder, en el plano visual el libro se presenta lleno, abarrotado de textos e imágenes. No hay espacios vacíos en las páginas, cada una de las ilustraciones está enmarcada por un collage de hojas extraídas de viejos libros de física y matemáticas. Textos y diagramas de estos libros acompañan ese mundo industrial que muestran las ilustraciones. La narración, mientras tanto, aparece en un tipo de letra que nos recuerda las viejas máquinas de escribir.

El uso estético de páginas destinadas a la enseñanza de ciencias exactas implica otorgar a algo una funcionalidad diferente de la habitual. La función de lo inútil y lo lúdico para lo que es útil y práctico. Esto resulta muy coherente con la historia que se cuenta.

Entremezclados en el collage de diagramas y textos de física y matemáticas encontramos, especialmente en la portada y la contratapa, sellos y rótulos también en sintonía con esa sociedad a la que pertenece el narrador. En estos detalles anexos, Taun se permite juegos humorísticos. Nuevos cerditos remiten al “Departamento Federal de Información” y al “Departamento Federal de Censura” con idéntico lema: “illuminare prohibitus”. Los créditos mismos del libro se integran a este juego, y el nombre de la editorial se inscribe en un sello donde se dice que el libro ha sido “Inspeccionado”, “Encontrado” y “Aprobado”.

Aquello que no está dicho explícitamente, y menos aún cuestionado por el narrador: el agobio de una sociedad alienada, burocrática y controladora, aparece en estos detalles humorísticos en los que tanto la tarjeta postal enviada por Shaun (el narrador) a su amigo Pete, como el libro mismo que estamos leyendo deben pasar por la autorización de un “Inspector”, designado por un número de ocho cifras.

Es interesante observar los cambios operados en los “COMENTARIOS DEL INSPECTOR” en dos ediciones diferentes del libro. Mientras en la edición (2005) el libro es declarado “Inocuo para el consumo” y “Autorizado”, en otra edición (2007) se señala “Consumo no aconsejable” y “Subversivo”.


Edición 2005.


Edición 2007.

Decíamos antes cómo el libro de Taun, y en particular la sociedad que describen sus ilustraciones nos remiten al cine y la historieta. Pero es importante destacar además que no sólo en el mundo representado aparece el diálogo con estos otros lenguajes narrativos, sino también en los recursos utilizados por la representación. Podemos dar como ejemplos el ángulo en picada que empequeñece a los personajes frente a gigantescos edificios y maquinarias; o en contrapicada dando cuenta del descomunal tamaño de la cosa perdida; efectos de “alejamiento de la cámara”, como en un travelling donde el tranvía en el que viaja Shaun se pierde en el anonimato de una multitud de tranvías idénticos.

El libro también recurre al uso de diferentes tipos de plano:

un plano panorámico para permitirnos ver el paisaje de una playa despojada de naturaleza, rodeada de cemento y tuberías;

un plano general para mostrar al narrador y la cosa dentro del entorno de la ciudad;

o un plano medio que da cuenta de la relación íntima que la criatura va estableciendo con el protagonista.

La cosa perdida hace uso de los instrumentos que le brinda la imagen no sólo para describir aquello que el texto escrito se limita tan sólo a enunciar, o ni siquiera enuncia, sino también para mostrar el transcurso del tiempo y hacerse cargo por momentos de la narración. De allí que utilice recursos propios de la historieta, como la división en viñetas, mostrando en forma simultánea en la misma página escenas que transcurren en diferentes momentos. Un ejemplo de ello es la tarde que la cosa y el protagonista pasan jugando en la playa.

Es interesante observar que en la adaptación cinematográfica de esta obra Shaun Tan no renuncia a este recurso, y muestra en forma simultánea en la pantalla una serie de cuadros en los que los personajes realizan acciones en espacios y momentos diferentes. El movimiento de las imágenes dentro de los cuadros, e incluso el pasaje de un objeto o personaje de un cuadro a otro, produce un efecto de cruce sumamente original entre ambos lenguajes: el del cine y la historieta, como si la historia que se cuenta no quisiera abandonar del todo su origen de página impresa.

Hay un momento central en el libro y es el hallazgo del lugar habitado por las cosas perdidas en medio de la ciudad. Un lugar “escondido en un oscuro portal de una callejuela anónima”; especie de oasis para la imaginación y el juego dentro de la agobiante Suburbia. Para la ilustración que muestra aquel espacio y los objetos que lo habitan Taun destina la doble página central, y por única vez prescinde del collage que enmarca al resto de las ilustraciones y los textos del libro. El marco es de un tono oscuro e irregular, simulando la puerta entreabierta que permite al personaje y al lector entrever aquel mágico lugar.

Esta escena que en el libro destaca por su trabajo plástico, en el corto de animación se extiende por un buen lapso de tiempo. El cine permite el movimiento al son de la música de estos seres que juegan a sus anchas bajo la luz, detrás de una puerta que se abre y se cierra.

Lo inútil, lo indefinido, lo que desentona con el entorno y simplemente está allí para contrastar ante la homogeneidad que lo rodea. Aquello que no se sabe bien qué es, ni de dónde viene, pero no parece importar demasiado saberlo. Este no es tan sólo el asunto del que habla La cosa perdida sino ante todo la forma en que se construye este relato de imágenes y textos. Los vacíos, los enigmas están allí sin ser resueltos, como escapando a las redes de nuestras definiciones y afanes explicativos en un gesto de libertad que es al mismo tiempo una propuesta estética y una propuesta de lectura.


Notas

(1) Ver, más abajo, el apartado “El cortometraje”.

(2) Esta identificación entre narrador/protagonista y autor está explícita en la contratapa del libro. Allí podemos leer una tarjeta postal que el personaje dirige a su amigo Pete. La tarjeta está firmada por Shaun. Y el lugar desde donde es enviada recibe el nombre de “Greater Suburbia”. Éste y todos los comentarios de Shaun Tan citados en este artículo han sido extraídos de la página web del autor (en su versión en español): www.shauntan.es. Nota de Imaginaria: La página oficial de Shaun Tan (en inglés) es www.shauntan.net.

(3) La película Brazil de Terry Gilliam (1985) resulta una asociación casi inevitable con el libro de Shaun Tan. La burocracia y la tecnología como grandes maquinarias opresivas que utilizan al hombre y terminan por destruirlo, pueden remitir también a la obra de Franz Kafka.

(4) Los tres artistas son citados en la última página del libro —de manera casi imperceptible— en el marco superior que rodea la última ilustración.


Premios y distinciones para La cosa perdida

La cosa perdida recibió una mención honorífica en la Feria Internacional del Libro de Bolonia (Italia); fue nombrado “Libro de Honor” en los premios CBCA (Children’s Book Council of Australia); ganó un premio Aurealis; y un premio Spectrum de ilustración en los Estados Unidos. Las ilustraciones originales del libro se expusieron en el Museo de Arte Itabashi de Tokyo.

El cortometraje

En 2010 Shaun Tan junto con Andrew Ruhemann debutaron como directores con el cortometraje de 15 minutos de La cosa perdida (The Lost Thing). La producción estuvo a cargo de Passion Pictures en asociación con Screen Australi.

Al año siguiente La cosa perdida ganó el Premio Oscar en la categoría “Mejor Cortometraje de Animación”. También obtuvo otros premios cinematográficos: el AFI Award, el del Festival de Cine de Sydney y el del Festival Internacional de Cine de Melbourne.

Andrew Ruhemann y Shaun Tan con las estatuillas del Oscar durante la 83ª entrega de los premios.

En la sección Catalijo de Imaginaria, se puede ver el trailer del cortometraje La cosa perdida.


Artículos relacionados:

Catalijo: La cosa perdida al cine.

Reseñas de libros: Emigrantes, de Shaun Tan.

 

6 comentarios sobre “La cosa perdida”

  1. Patricia dice:

    Me encanta este libro!!! Y el corto es fabuloso!! Soy fanática de Shaun Tan.
    Gracias por esta reseña!


  2. cristina dice:

    excelente analisis del libro .No he leido ni comprado nada del autor pero los dibujos que coincido que se pueden asociar con la película Brazil,adelantada en su época, o bien una apreciacion kafkiana de la opresión a la que nos someten y nos sometemos hacen que nos provoquen sensaciones contradictorias.
    Sería bueno que en la revista de una calidad sin discusión viniera con una referencia aproximada para la edad de los probables lectores.


  3. Analia dice:

    Me encanta este libro, lo tiene la librería imaginaria para comprarlo? Divino el análisis.


  4. LELIA CRISTINA FRÍAS dice:

    Comienzo diciendo como lo expresa Itsvan Schitter en“La Habilidad del lector está en no pasar por alto estos gestos, aprovechando el libro al máximo, leyendo todos sus discursos. La imagen habla.” Es por ello que no pasó desapercibido el libro “LA COSA PERDIDA”. ( Shau Tan – Barbara Fiore Editora) en el cual, Tapa, Contratapa, tipografía y todos los paratextos que presenta este libro, podemos observar el género Pastiche en toda su dimensión. Especialmente la tapa refleja el carácter de intermedialidad posmoderna, donde la ilustración es la resultante del elemento visible ante la subjetividad del autor con el impacto de la tecnología y la intertextualidad en el uso de distintas técnicas que incide en la construccón del relato.
    Libro álbum construyendo una perspectiva cultural, un choque de estilos donde visiblemente confluyen Teorías, Ilustraciones que presentan tonos ocres, grises pálidos y rojos intensos, realizadas en acrílicos y óleos. Arte Pop-Pastiche.
    El cuento “LA COSA PERDIDA” a simple vista, sin bucear, sin zambullirnos, encontramos un niño coleccionista de tapitas y cosas perdidas; presentado en un playa en donde aparece una COSA, un objeto extraño y abandonado; dicho niño espera que alguien la lleve… y nadie aparece; destacándose el valor del NO ABANDONO, DE NO DAR LA ESPALDA, como el mundo donde está inmerso, donde crece el niño con los rituales lógicos de una sociedad llena de indiferencia, por eso los colores ocres y pálidos y la simbología logarítmicas y máquinas simples que enmarca el relato. La simpleza de un niño que conserva la frescura de su niñez, circunscripta en la inmediatez de la realidad, tan bien representada con la tipografía de la escritura, reflexiones filosóficas : “ Un cuento para aquellos que cuentan”; tablillas que representan tarjetas postales, sellos y estampillas de correos, escudos de cerdos con signos de preguntas, con alas, vendados, representado la subversiva y verticalidad de imposición para la prohibición de iluminar o abrir las mentes. Todos signos para ser mirados y observados minuciosamente, y así, extraerle en sentido filosófico que quiere introducirnos el autor. Al igual que en el Prefacio donde con la palabra “Oposiciones” sigue queriendo demostrarnos el sentido de vidas en contradicción con la realidad y la posibilidad de cambio, pues el niño llevando La Cosa Perdida a un lugar seguro, para que pueda estar resguardada, cuidando dicho objeto extraño, revaloriza el sentido humano, ya que en todo el relato se resalta el desarrollo del niño en un mundo lleno de soledad, notándose lo mismo, no solo en el personaje sino también en la tarea de los demás.


  5. admin dice:

    Analía: No, este libro no está en la librería. Una pena. Si lo llegamos a conseguir, avisamos.


  6. ivanna dice:

    Muy interesante el libro, e impresionante análisis… gracias!


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