La aldea literaria de los niños


La aldea literaria de los niños
Problemas, ambigüedades, paradojas
María Adelia Díaz Rönner
Selección y prólogo de Gustavo Bombini
Córdoba, Argentina, Editorial Comunicarte, 2011. Colección La Ventana Indiscreta / Ensayos sobre LIJ.

Texto preparado por Cecilia Bajour para la presentación del libro La aldea literaria de los niños convocada por la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Mar del Plata y Editorial Comunicarte (Mar del Plata, Provincia de Buenos Aires, 24 de mayo de 2012).

En la sección Lecturas de este número de Imaginara reproducimos dos textos de este libro: “El vínculo activo del libro y la escuela” y “El canon literario en la esfera pública”.


La estrategia del caracol

Por Cecilia Bajour

Hace años, ya unos cuantos, que en las primeras clases de ciertos cursos, carreras y seminarios la pregunta sobre qué es la literatura infantil suele iniciar los recorridos que hacemos junto a otros colegas. Entonces la palabra “problemas” aparece como sintonizador y faro de una manera de plantarse ante el objeto. Así solemos denominar a las primeras unidades o materias de esas propuestas de formación en diversos espacios. Por ejemplo, en el Postítulo de Literatura Infantil y Juvenil  —que entre el año 2002 y el 2011 llevamos adelante—, en donde María Adelia fue conferencista invitada (justamente, a la hora de desplegar y dar sentidos nuevos a tales “problemas”) y su libro Cara y cruz de la literatura infantil fue lectura vital y necesaria. O actualmente en la Diplomatura en Estudios avanzados de la LIJ —comenzada en marzo de este año en la Universidad Nacional de San Martín— donde La aldea literaria de los niños marca e interroga caminos incisivos desde el primer día de cursada.

Comenzar problematizando un objeto que para algunos se presenta como dócil y controlable requiere de una calma inicial, la del caracol, la de la “lentitud especulativa” que propone María Adelia nutrida en este caso de la poesía de la poeta cordobesa Edith Vera para metaforizar un estilo de pensar. Se trata del epígrafe elegido para su texto “Contrabandos discursivos en la aldea literaria de los niños”:

“Un hombre
con un caracol al hombro, sabe que lleva
por un breve momento, una espiral
envolviendo la lentitud.
—¡aligeren el paso!— chilla, desde el trigal, la urraca.”

Puede parecer paradójico armarse de calma para sacudir lo demasiado calmo, lo tantas veces provisto de cómodas certezas. Pero no. Así acaracolados como ella invita, hace ya años que tenemos la tranquilidad de emprender un viaje intranquilizante sabiendo que están ahí cerca sus problemas-faro, dichos de una manera hasta entonces impensada. Su marca, la del “obstinado desacato”, atraviesa el tono dominante de La aldea literaria… Por ejemplo, cuando relee críticamente las significaciones posibles de su primer libro Cara y cruz de la literatura infantil, publicado en 1988. (*)

Allí aparecía lo que en ese momento llamó “intrusiones”, término potente que lindaba y deslindaba a la literatura infantil de las apropiaciones mecánicas y en muchos casos desvirtuadas de ciertas teorías de otros campos disciplinares que se ocupan de la infancia tales como la pedagogía, la psicología, la didáctica, etc. En ese gesto María Adelia mostraba la imperiosa necesidad de centrar al “objeto LI” del lado de la literatura y de las teorías que la rodean e intentan justificarla. Posición aguerrida que podríamos considerar una ética de la estética frente a un embate de miradas “desliteraturizantes” que siempre aplanan el universo LI. En La aldea literaria…, a la hora de proponer la restitución del objeto de estudio demominado LI llama la atención sobre no quedarse congelados en esas primeras delimitaciones que denominó “intrusiones” sino pensarlas como señales o matrices para transformar y problematizar el objeto. La idea de restituir como equivalente de darle un nuevo estatuto, de resignificarlo. Como prueba de su propio ímpetu transformador y de la permanente lectura productiva de otras teorías y de sí misma propone nuevas categorías para pensar la LI, como por ejemplo las de “hibridación” y “mestizaje”. Como si para reconstituir al objeto fuera necesario un movimiento a la vez centrípeto y centrífugo que por un lado necesita situar fuertemente a la LI en su pertenencia a la literatura pero sin olvidarse de hacer enseguida el movimiento hacia afuera, curioso y hospitalario a otros discursos de otros campos en una actitud “esponjosa” e indómita.

Delicada y audaz tarea esa del intento de desentrañar el objeto LI ubicándolo en la literatura y en el arte con los aires de lo ganado por derecho propio, pero a la vez dibujando una zona singular y abierta al diálogo interdisciplinario.

En tal intento María Adelia pone su ojo desacomodador en la tendencia a la autojustificación, muy sostenida en algunos discursos del campo de la LI (sobre todo cuando entra o intenta entrar en los ámbitos académicos pero también en contextos que reúnen a gente que trabaja o se interesa en la LI). Autojustificación que se ampara en el enunciado “la literatura infantil es también literatura” frente al no registro, desconocimiento o subvaloración del objeto, considerado inconsistente, demasiado ligado a la escolaridad o indigno de tratamiento académico en las miradas donde lo alto y lo bajo siguen siendo un criterio de admisión, declarado o implícito.

La táctica de la autoconmiseración, sostiene María Adelia, puede llevar a un estéril encapsulamiento y por lo tanto al refuerzo de la mirada endogámica y muchas veces autocomplaciente, reacia al beneficio de la crítica y la autocrítica. Por otra parte, y el empecinamiento de muchos de los artículos publicados en La aldea literaria… apunta a eso, esa actitud estrecha termina esquivando internarse de lleno y con propiedad en las espesuras del nudo LI. Confirmación de un lado (el que se autojustifica) y del otro (el que presunta u objetivamente excluye o subvalora) de que se trata de un objeto que dicho con sacudidoras mayúsculas por María Adelia es “INCÓMODO, INMANEJABLE Y MOLESTO”.

Instalada en el desacomodamiento propone, como decíamos, la tarea de “restituir al objeto Literatura Infantil su ropaje productivo”. Y para quienes hace un tiempo o recientemente, según los casos, estamos empeñados en esas aproximaciones la idea de “restitución” se vuelve contraseña destellante para entrar y mirar qué tenemos entre manos hasta ahora y qué hay que inventar para repoblar la aldea. Ponernos a hacer, elaborar un pensamiento propio supone revisar con qué teorías contamos, de dónde vienen esas teorías, cómo las leemos o mejor aun (y esa es la línea sugerida por M. Adelia), cómo construimos una lente específica LI para mirarlas.

Y nos alerta para no caer en lo que mucho se ha caído y se cae: los “transplantes teóricos” provenientes de la literatura en general. Más claramente: nada de “simulaciones académicas” que llevan a las consideraciones sobre el objeto LI que piden una escalera para subir a algún supuesto balcón teórico en busca de engañosos prestigios en vez de construir en la fertilidad del jardín silvestre de la aldea. Un jardín que necesita desparramar sus verdores tanto en contextos académicos como en otros donde la LI circula como un bien cultural a ser pensado, además de favorecer puentes entre ellos. (No puedo dejar de nutrirme de las múltiples metáforas botánicas con que riega ciertas zonas de sus textos: humus en la condición de llano de la LI, necesidad de fertilizar, etc).

La organización de los trabajos en La aldea literaria… opera a modo de espiral donde las recurrencias sobre ciertas ideas, siempre dichas de manera novedosa, sugieren la idea de constelación de conceptos. Constelación que puede ser vista como una invitación elocuente a conformar una agenda de preocupaciones y temas a investigar y a sacudir el territorio ávido y aun pequeño de la crítica especializada. La necesidad de imbricar los estudios sobre la literatura infantil con una cultura de la infancia aparece en las categorías antes mencionadas de “hibridación” y “mestizaje” pensadas desde lógicas diversas que hacen dialogar a la literatura infantil con los estudios culturales o también con posibles filiaciones con la “tradición” literaria local y extranjera (filiaciones o influencias aun inciertas que merecen las curiosidades atentas de la crítica). Desde estos cruces es posible considerar, por ejemplo, los diversos modos que tuvo y tiene la LI de apropiarse de lo popular en distintos tiempos y lugares o el inevitable vínculo entre oralidad y escritura que parece marcar mucho de la escritura en “lo infantil”.

La preocupación por lo que denomina las “sobreactuaciones de lo infantil”, es decir, el conjunto de tics o clichés que pueblan una considerable cantidad de textos destinados a público infantil y/o los modos de leerlos, es otro convite para mirar de cerca operaciones retóricas configuradas por una representación casi siempre monovalente de infancia, más allá de los adornos aggiornados que intenten camuflarla. El énfasis en conectar con la mirada histórica para complejizar estas manifestaciones del estereotipo la lleva a pensar, por ejemplo, en las cristalizaciones que siguieron a lo que denomina “la versión Walsh de Infancia”, caracterizada por procedimientos textuales que hasta la aparición de los textos de María Elena Walsh se consideraban inconcebibles.

Otro cruce interesante de disciplinas es el que trae la idea de “traducción” como lente para mirar la asimetría del vínculo entre mayores y menores que atraviesa a la literatura infantil, siempre con consecuencias. La curiosidad ante categorías e hipótesis de un campo disciplinar que se ocupa de los puentes entre lenguas y sistemas culturales se puede volver especialmente productiva para mirar la cuestión de los pasajes, de las herencias, de las maniobras en los trasvasamientos del mundo adulto al infantil y, por qué no, viceversa.

La transmisión de conceptos constelados y de teorías no tan frecuentadas en gran parte de los estudios sobre literatura infantil se entrelazan con las fulguraciones de un goce ensayístico original: los modos de entrada crítica a estas problematizaciones siempre sorprenden por su lengua única. Invitan a ser leídos desde la literatura que siempre es tierra y horizonte en sus escritos. Los desembarcos en lo teórico son desde esa libertad radiante de lectora “traficadora de la lengua, adúltera y carabela”, desde una escritura punzante que dice que “cuando las teorías se privilegian, los lectores y sus lecturas marchan al exilio”.

La impaciencia productiva de la urraca, en el poema de Edith Vera traído por María Adelia, alerta desde el trigal a quienes nos acaracolamos en las búsquedas especulativas sobre el objeto LI y reclama que no nos quedemos en las mieles de la lentitud. Los estudios e investigaciones específicas pueden ir creciendo en calidad, variedad e intensidad y necesitan sin dilaciones de centros y redes de investigación cada vez más potentes y abarcadores que reúnan los emprendimientos ya realizados y los que se vislumbran en contextos académicos y fuera de ellos.

La aldea literaria de los niños aparece con fuerza como un original suscitador y renovador de reflexiones y debates, de estudios críticos y de escrituras, las ya realizadas, las que hay que inventar.

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Nota de Imaginaria

(*) Díaz Rönner, María Adelia. Cara y cruz de la literatura infantil. Buenos Aires, Libros del Quirquincho, 1988; Colección Apuntes. Reeditado por Lugar Editorial (Buenos Aires, 2001; colección Relecturas).

En el N° 54 de Imaginaria (Buenos Aires, 27 de junio de 2001) publicamos tres textos de este libro: “Propuestas”, nota introductoria de Susana Itzcovich; el prólogo “Distintas intensidades de la relectura” de Gustavo Bombini; y el capítulo “De qué se trata esta literatura y por qué conviene saberlo”, de María Adelia Díaz Rönner.

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Artículos relacionados:

Lecturas: Cara y cruz de la literatura infantil, por María Adelia Díaz Rönner (Tres textos del libro).

Boletín de ALIJA: Falleció la investigadora argentina María Adelia Díaz Rönner.

Lecturas: Dos artículos del libro La aldea literaria de los niños de María Adelia Díaz Rönner: “El vínculo activo del libro y la escuela” y “El canon literario en la esfera pública”.

2 comentarios sobre “La aldea literaria de los niños”

  1. Alba Fallas Fallas dice:

    Que delicia de texto, es una invitación y sobre todo una tentacíón para leer el libro. Gracias


  2. ana maria moises trujillo dice:

    Gracias por esta reedicion tan necesaria


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