Homenaje a Gustavo Roldán (1935-2012)


El martes 3 de abril murió Gustavo Roldán, notable escritor, apasionado difusor de los libros y la lectura y visitante permanente de escuelas y bibliotecas. Lo vamos a extrañar… mucho, muchísimo. Pero seguiremos leyendo sus libros y escuchando sus cuentos en boca de muchos; otras maneras de seguir estando con él.

Gracias a Silvina Friera, a Graciela Bialet y a Mariano Medina, que generosamente nos acercaron textos y documentos para rendir este homenaje al escritor. (Foto por Aldana Duhalde.)


Adiós al gran ilusionista chaqueño

Por Silvina Friera

¡Que lo tiró! ¡Qué tristeza de la gran siete! El lenguaje oral que él legitimó como ninguno es lo primero que viene a la mente: Gustavo Roldán murió ayer (martes 3 de abril), a los 76 años. El escritor, el carpintero, el mago, el docente, ese gran ilusionista que dejaba pasmados a sus lectores, tenía una habilidad rotunda para engatusar con las palabras. Los cuentos que escuchó en el monte chaqueño, en Fortín Lavalle, de boca de los peones en las ruedas de mate, eran cuentos sin etiquetas fosilizadas: “Ni para chicos ni para grandes, para todos”. Lo pregonaba a viva voz con una ternura áspera que atravesaba sus pupilas. Y lo materializaba en sus textos; esas puertas abiertas a los sapos, los zorros, los quirquinchos, los tatúes, los piojos, los bichos colorados, los ñandúes, esa fauna tan entrañable de fabuladores y pícaros con sus trifulcas inverosímiles y encantadoramente absurdas. “El tatú miró para todos lados, después bajó la cabeza, cerró los ojos y murió”, se lee en uno de sus relatos, “Como si el ruido pudiera molestar”. “Muchos ojos se mojaron, muchos dientes se apretaron, por muchos cuerpos pasó un escalofrío. Todos sintieron que los oprimía una piedra muy grande. Nadie dijo nada. Sin hacer ruido, como si el ruido pudiera molestar, los animales se fueron alejando. El viento sopló y sopló, y comenzó a llevarse las penas. Sopló y sopló, y las nubes se abrieron para que el sol se pusiera a pintar las flores.”

Como un soplo de vida fue este gran autor, considerado uno de los máximos exponentes de la literatura infantil en Latinoamérica con títulos como El monte era una fiesta, Los sueños del yacaré, Historia de Pajarito Remendado, Prohibido el elefante, Las pulgas no andan por las ramas, El día de las tortugas, El camino de la hormiga, Piojo chamamecero y El vuelo del sapo, entre otros de los más de sesenta libros que publicó. Roldán regresó una y otra vez sobre las innumerables perlas de la lengua que lo acunó desde que nació, el 16 de agosto de 1935, en Sáenz Peña, provincia del Chaco. De boca en boca y de oreja en oreja empezó el bautismo auditivo con esos primeros cuentos que escuchó durante su infancia, sin saber entonces que se los llamaban “populares”. El inmenso bicherío con sus pícaros y mentirosos y la luz mala eran los habitantes naturales de ese imaginario del monte. Lo que suena extraño en la oralidad atolondrada y demencial de las grandes urbes –historias o expresiones de una riqueza infinita, que a veces suelen ser estigmatizadas bajo la petulancia de quienes esgrimen que eso huele a naftalina– era el barro en el que amasaría una obra que fagocitaba lo “silvestre” con esa cultura letrada, adquirida en la escuela primero y en la Universidad Nacional de Córdoba, donde se licenció en Letras y fue docente.

En las colecciones de literatura infantil que dirigió –El Pajarito Remendado, Libros del Malabarista, Los Morochitos, Los Fileteados y Libros del Monigote, de Ediciones Colihue–, en los numerosos talleres de escritura y reflexión que ofrendó a lo largo y ancho del país, en los encuentros en bibliotecas y escuelas a los que asistía con el entusiasmo de quien va a una fiesta imperdible, el escritor no se cansó de predicar, junto con su mujer, Laura Devetach, que la literatura para chicos es literatura a secas. “Aspiro a escribir textos donde la cantidad de años que tenga el lector no sea más que un accidente como el verano o la lluvia o el frío”, afirma Roldán en un párrafo de su autobiografía. “Creo que los chicos entienden todo y quieren saber de todo. Desconfiar de su capacidad es desconfiar de la inteligencia, de la sensibilidad del otro. Y desconfiar de la capacidad de la palabra es, en última instancia, desconfiar de nosotros mismos. Podemos desconfiar de nosotros mismos pero, si jugamos en serio, las palabras siempre van a alcanzar.” Si sabía calcular qué palabras utilizar y el momento preciso para amplificar el asombro acústico y visual fue porque comenzó a “ensuciar papeles”, como le gustaba decir, alrededor de los veinte años. Durante veinte años más se fue entrenando en los campos empíricos de esa faena, cuyo horizonte era, por entonces, los adultos. El “hombre serio” que dijo haber sido abandonó la docencia en 1976 y rumbeó con su familia hacia Buenos Aires.

En esta ciudad que le gustaba frecuentar para ir al cine o al teatro, pero en la que nunca soñó que viviría, trabajó de carpintero. “A pesar de que hay una larga tradición en la que se desprestigia el trabajo manual, la carpintería es de una nobleza enorme: transformar un pedazo de madera en una mesa, una silla, una cama, es una experiencia muy linda”, recordaba el escritor. Los hijos a veces subvierten el destino de sus padres. A Roldán lo desafiaron. ¿Por qué no escribir esos cuentos que él les había contado? Además de los relatos tradicionales, el folklore que les transmitió de generación en generación, había un gran manantial de invenciones domésticas. El pater familias respiró hondo, despejó la maleza que sombreaba las piedras preciosas de su memoria, aceptó la prueba, agarró un lápiz y papel –era de los que escribía a mano la primera versión– y volvió a “ensuciar papeles” magistralmente. De ahí nació el primer libro, El monte era una fiesta, que se publicó en 1984. Y mitad carpintero, mitad escritor, la recepción de ese texto, que deleitó a chicos y grandes sin distinciones, alimentó la llama del entusiasmo; fue el empujoncito que necesitaba para continuar escribiendo. Pronto un puñado de premios confirmaría el acertado cambio de timón. Obtuvo el Tercer Premio Nacional de Literatura 1992, Segundo Premio Nacional de Literatura 1995, Diploma al Mérito Konex 1994, Beca del Fondo Nacional de las Artes 1995 para realizar la escritura de cuentos y leyendas de los indios tobas, matacos y guaraníes.

Roldán descubrió literalmente la magia en un circo de pueblo. Quiso ser trapecista o mago. Cometió la imprudencia de postergar para mañana lo que podía hacer hoy. Los años lo engañaron: creyó que ese deseo estaba anulado en el archivo empolvado de las empresas imposibles. A los 60 años se dio cuenta del embuste, de la puñalada trapera. Y cumplió en parte los sueños que soñó. La edad conspiraba para subirse al trapecio. Quizás el cuerpo también. La magia, en cambio, no tiene fecha de vencimiento. Y se anotó en una escuela de magia. Quien quiera echar una mirada, saborear su acento y apreciar uno de sus trucos puede hacerlo en la página web de la Audiovideoteca de Buenos Aires. (*) “El caminito marcado es seguro. La función del escritor es mover las piezas del tablero y empezar a armarlo de nuevo –subrayaba el escritor en una entrevista con Susana Itzcovich, sobre su pasaje de un humor picaresco a una ficción más poética y onírica en su libro Dragón–. El riesgo hay que correrlo. Por supuesto que me costó salir de la comodidad y meterme en la incomodidad de escribir otras cosas.” Aunque el desaliento amagara con ganarle la partida, el autor no perdía las esperanzas. “En un mundo donde se derrumban los valores, todavía –creo, quiero creer– quedan los libros como un baluarte de la dignidad. Un libro es una llave, es una puerta que puede abrirse, es una habitación donde se encuentra lo que no se debe saber, es un ámbito de conocimiento de la verdad y de lo prohibido, que deja marcas que después no se pueden borrar”, señaló en el Congreso Mundial de Bibliotecas e Información IFLA 2004.

No es la literatura infantil la que está de luto y aprieta los dientes. Los lectores de ese gran escritor que supo encantar a niños y adultos con sus relatos sencillos, luminosos e inteligentes confían en que el viento soplará para llevarse las penas. La indeleble magia de los libros de Roldán es una puerta siempre abierta.

Artículo publicado en el diario Página/12 (Buenos Aires, 4 de abril de 2012).

Agradecemos a Silvina Friera su gentileza y autorización para reproducir este texto en Imaginaria.

(*) Nota de Imaginaria: En la sección “Literatura” de la Audiovideoteca de Buenos Aires, se encuentran textos, audios y videos de Gustavo Roldán.


Homenaje a Gustavo Roldán en el 14º Foro de Fomento del Libro y la Lectura

(Fundación Mempo Giardinelli, Resistencia, Provincia de Chaco, 19 de agosto de 2009)

Por Graciela Bialet

Gustavo Roldán es un personaje. Un bicho raro. Un tipo que pasa como uno del montón, pero genial, ocurrente y muy buena gente. Generoso visitador de escuelas y bibliotecas, irónico contador de cuentos, siempre dispuesto a soñar un mundo más bello y justo.

Su obra no me deja mentir. Mirá que ocupar tantas décadas a darle vida al monte… Ni que viviera de fiesta, metiendo ruido entre crecidas y tormentones, sin importarle nada, ni siquiera si el ruido pudiese, o no, molestar. Haciendo públicos todos los cuentos del zorro.¡Ay!, este Roldán… siempre gracioso, bromón, pícaro como Pedro Urdemales, al quien no sabemos si le pidió o le prestó historias.

Le brota Chaco por cada costado. Su geografía, su picaresca presencia. Sapos, piojos, pulgas mal habladas, pumas, mariposas, halcones, pájaros de toda laya y color desbordan las páginas de sus libros.

Como tierra adentro es lo suyo, también vivió en Córdoba. Ahí lo conocí como trabajador y como poeta, allá por los 70 —años de pelos largos y triples aes—, y tuve en mis manos su primer libro de poemas, Balada del aullador, en ese tipo de ediciones de autor, mucho antes de la de 1993, de Argos:

Disfraces

Escondo el animal
lo disimulo
lo encadeno a la pena
de un pantalón y una camisa
ahogo los aullidos
debajo de la almohada
en la mitad de la noche
cuando es más larga la ausencia
No es fácil para un lobo
sobrevivir en medio de la gente.

Trabajábamos para un mismo patrón: una tienda de afiches. Él, además de desandar literatura, armaba bastidores y cuadros para ganarse la vida; yo vendía láminas de arte para pagar mis estudios. Lo que omitió decirme (el muy chistoso), fue que mi profesora de literatura infantil, Laura Devetach, era su esposa, y el muy pícaro se hacía plato conmigo tirándome la lengua en contra de la “vieja de literatura del profesorado” que nos daba mucho de estudiar.

El humor está en la esencia misma de sus relatos. Él dice que “Las historias (le) salen de la calle, del almacén, de la televisión, de las noticias, de lo que escucho en el colectivo, de lo que va hablando la gente en la calle, de los conflictos que yo tengo con la sociedad, con la familia, con el sistema, con el gobierno, de los conflictos y problemas que tienen los otros. Algunas de todas estas cosas se configuran como una idea para un cuento, para contar algo. Las cosas están en el aire, dando vueltas, uno las toma y las utiliza. Lo que está pasando, lo que uno está viviendo y de todo eso lo que a uno le interesa, lo que a uno lo mueve o lo motiva, será una buena idea para un cuento”.

Y todas esas ideas Gustavo Roldán las pone a andar en el imaginario de los lectores desde una escritura concisa, clara, fresca, ágil que recorre palmo a palmo ese monte, su geografía, su fauna, su cultura como quien comparte oralmente un cuento a sus niños. De hecho, alguna vez manifestó que así, contándole cuentos a sus hijos, se introdujo en la literatura infantil.

Los personajes de sus cuentos son contestarios, desafiantes y hasta desfachatados. Su literatura está hecha de antihéroes triunfantes. Piojos que desafían a tigres, sapos que se las saben todas, dragones bondadosos y bendecidores, colibríes minúsculos en libros gigantes. La literatura de Roldán le dice a los chicos que no es cierto que los súper poderosos tienen razón, no. Siempre sugiere que es posible desafiar y disputar para tener de la sartén por el mango. Roldán está del lado de los débiles, de los pobres, los ninguneados, de los que tienen mucho para decir y mucho más por ganar. Como dijo nuestra común y querida amiga Graciela Cabal en uno de estos foros de la Fundación Mempo Giardinelli: “Que la solución es social y política, ya lo sabemos. Pero también sabemos, porque nos los contaron nuestras abuelas cuando éramos chicos —y las abuelas nunca mienten—, que los mosquitos son capaces de ganarles a los leones, que los conejos se burlan de los lobos, que los pobres campesinos engatusan a los gigantes, y que los tontos, retontos, requetetontos nos guiñan el ojo mientras se quedan con la más hermosa de las princesas.”

El poder de la literatura radica en desafiar los límites… “Cuando leemos, nos volvemos ricos, poderosos, llenos de cosas hermosas” (le dijo a Educared…). Gustavo lo sabe y lo explicita con lenguaje contundente, recuperando la tradición oral de las historias populares, de los cuentos fantásticos, que a su vez recrea y hasta re-inventa, desde el discurso casi coloquial del buen contador de historias que es.

Algunos de sus personajes no se lo perdonan… (basta leer la carta a los chicos en su libro aparecido en 1984, Cada cual se divierte como puede:

“Entre salto y salto quiero hacer algunas aclaraciones. Ese Gustavo Roldán firma los cuentos, pone su nombre en la tapa, sale en una foto grandota, pero ¿qué hizo? Escribió las historias del sapo, mis historias, y después se lleva toda la plata.

Si esta no es una de las injusticias del mundo, ¿dónde están las injusticias? Pero no importa, al final los buenos siempre triunfan. Y entonces de ese Gustavo nadie se va a acordar, nadie lo va a querer, aunque tenga el mérito de ser chaqueño, ser un buen carpintero y tener un pedazo de sangre de indio.

Este no es el primero que me roba, ya antes un titiritero pícaro que se llama Javier Villafañe se anduvo metiendo con mis sueños para hacerse rico y famoso.

¿Para cuándo una foto de mi amigo el piojo? Y encima el dibujante, ese Raúl Fortín, nos pone en la parte de atrás de la tapa, con esos dibujitos que mejor ni hablar.

Entre salto y salto, vamos a dejar una cosa bien en claro: ¡El sapo no se rinde!”

Pero estamos acá para homenajear al escritor, no al sapo… así que les pido complicidad para acompañar un saludo colectivo a Gustavo, a su obra, como ambos lo merecen, en tono de admiración y jocoso… A ver… saludemos todos, con la canción casi proscripta de las pulgas:

“A la re… pata, repeta, repita, repota, repu…”

¡Grande Gustavo! ¡Gracias por tu literatura! Seguinos escribiendo, CROAC… por favor. CROAC…

Graciela Bialet es escritora y docente cordobesa. Comunicadora social, Licenciada en Educación y Magister en Promoción de la lectura y literatura infantil. Asesora de programas de lectura y de LIJ en Iberoamérica. Sus libros más difundidos son Los sapos de la memoria (CB Ediciones); Caracoleando (Edebé); Si tu signo no es Cáncer y El jamón del sánguche (Grupo Editorial Norma); Gigante (RHM Argentina/Edebé Chile); Neón, el perro reloj (Anaya); Epaminondas (Alfaguara México) y El que nada no se ahoga (Comunicarte).


La voz de Gustavo Roldán: “Bendición de dragón”

El escritor, compositor y periodista Mariano Medina nos acercó a Gustavo Roldán leyendo “Bendición de dragón”, texto perteneciente al libro Dragón, que Medina comenta en la sección “Reseñas de libros” de este número de Imaginaria.

El audio pertenece a Páginas sueltas, un CD casero (de origen desconocido) que se encuentra en la biblioteca del CEDILIJ de Córdoba.

Para escuchar la voz de Gustavo Roldán leyendo “Bendición de dragón” haga click aquí.

Este audio se complementa con los otros textos del libro Dragón —“Mirada de Dragón”, “Amor de Dragón” y “El baile de las sombras”— que publicamos en el N° 23 de Imaginaria (Buenos Aires, 19 de abril de 2000).

Fragmento de ilustración de Luis Scafati para el libro Dragón de Gustavo Roldán


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Reseñas de libros: Dragón de Gustavo Roldán.

 

16 comentarios sobre “Homenaje a Gustavo Roldán (1935-2012)”

  1. Musa dice:

    Ohhh… ME acabo de enterar con este artículo. Qué noticia más triste :'(


  2. graciela siegenthaler dice:

    me acabo de enterar tambièn. Què triste noticia pero cuántos recuerdos hermosos me trajo.
    Fuì alumna de Gsutavo en la ciudad de Bell Ville, Pcia, de Córdoba, él enseñaba literatura y lo recuerdo como alguien original, provocador, cálido, ocurrente y muy buen mozo para esa niña de 19 años que yo era.
    Un abrazo a su mujer. Ella también enseñaba allí y conformaban una pareja envidiable.
    El recuerdo se renueva también en sus libros y en la lectura de mis nietos.


  3. anai chamorro dice:

    rendida ante este homenaje tan bello. gracias!


  4. Marina dice:

    Hola, a mi me pasó q hace tiempo q quería grabar algo de su autoría, así q ese día tomé el micrófono y la belleza de “Bendición de dragón”, subió a mi blog para quien quiera escucharlo!
    http://snd.sc/HWBKUN


  5. MARCELA dice:

    Una pérdida irreparable!
    Nos quedan sus “animales”, el sapo anda por ahí contando sus anécdotas.


  6. federico dice:

    Me enteré de la muerte de Gustavo Roldán minutos antes de iniciar la clase frente a mis alumnos de 4to grado. En mi armario había un libro de los que envía el Ministerio de Educación y había un cuento de él: “Como si el ruido pudiera molestar”, notable relato que trata el tema de la muerte como ninguno. Me quedó pensar que ese relato lo puso ahí él para que lo recordemos como al tatú de la historia, que se muere feliz de haber vivido, de haber sonreido, de haber peleado, como seguramente lo había hecho Gustavo. Mi simple homenaje. Federico, docente de Córdoba


  7. Julieta Carolina dice:

    Hola soy estudiante de letras la verdad este año empele a leer cuento de de un gran escritor la verdad sus cuentos me fascinan encuentro una conexión conmigo misma la verdad se fue un grande que dejo una gran riqueza entre nosotros.


  8. Julieta Carolina dice:

    un angel en el cielo que seguramente nos guiara con sus cuentos maravillosos


  9. Carlos dice:

    Qué tristeza!!!
    “Al piojo, que estaba en la cabeza del ñandú, se le cayó una lágrima, pero era tan chiquita que nadie se dio cuenta…
    —¿Se acuerdan —dijo el sapo— cuando hizo el trato con el zorro para sembar maíz?”
    -Como si el ruido pudiera molestar-

    Seguramente todos nos emocionamos con este cuento… Hoy me siento como el piojo del cuento.


  10. Vanesa dice:

    ¡Qué tristeza!Recién me enteré de la noticia. Después de más de veinte días sin teléfono e internet por el temporal, me conecto buscando biografías de autores argentinos de libros infantiles para elegir con mis alumnitos de tercer grado el nombre de nuestra biblioteca áulica y me encuentro con esta tristísima noticia. Me llora el corazón.
    El primer texto que les leí este año fue precisamente uno de Gustavo…”Sueño de dragón”.
    Buen viaje Gustavo, siempre estarás presente a través de tus palabras.
    Vanesa


  11. consejo ciudadano de cultura dice:

    No he podido consultar la revista, que me ha parecido muy interesante, porque en cualquier seccion donde le haga click, me aparece, unas notas abundantes en ingles sobre un medicamento llamado viagra. Le agradecería que revisara la página porque talvez está con virus.


  12. admin dice:

    Gracias por avisar. Ahora nos ocupamos del tema.


  13. Susana B. Moreno dice:

    Una tristeza muy grande por este genio que se nos fue, pero sus letras, cuentos, libros, nos seguirán en el camino de la literatura, la selva chaqueña llora su ausencia.


  14. CRISTIAN AGUIRRE dice:

    LASTIMA QUE LINDOS CUENTOS OJO PERO TODAVIA SGUIEN VIJENTES Y DA SONRISA Y FELICIDA LEERLOS


  15. Romina dice:

    Adios Gustavo tus cuentos eran muy buenos

    Se nos fue un grande!!!


  16. MACARENA dice:

    LA VERDAD QUE GUSTAVO ROLDAN FUE UN AUTOR MUY QUERIDO POR MUCHA GENTE YO LE DIGO QUE FUE LO ME JOR QUE HISO TE QUIERO GUSTAVO TUS CUENTOS SON MUY LINDOS CHAUUUUU LOS DEJOS


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