El libro del cementerio


El Libro del Cementerio
Neil Gaiman
Ilustraciones de Chris Riddell. (1)
Traducción de Mónica Faerna.
Buenos Aires, Roca Editorial, 2009. Colección Rocajunior.

La novela comienza con un acorde forttísimo de la orquesta: un asesino profesional llamado “el hombre Jack” recorre a oscuras las habitaciones de una casa en busca de su última víctima de la noche. El asesino aún sostiene en su mano enguantada el cuchillo empapado en sangre con el que acaba de ultimar a una pareja y su hija. Al igual que un animal depredador recurre al olfato para seguir el rastro de su presa. Un niño pequeño que huele a leche y pañales sucios escapa gateando de su casa, simplemente porque halla la puerta abierta, hasta ingresar al antiguo cementerio vecino. El asesino Jack logra localizar al niño, pero un instante después lo pierde de vista tras un remolino de niebla.

Hasta aquí el pacto con el lector es el de un texto policial, de suspenso. Y es ésta una de las muchas tradiciones literarias que confluyen en el libro de Gaiman para narrarnos la historia de Nad Owens, un niño capaz de deambular por la frontera que separa vivos y muertos.

Nad es el apelativo cariñoso de Nadie, nombre que sus familiares adoptivos y amigos del cementerio: los muertos que allí moran desde hace siglos, han dado al niño huérfano.

Como bien lo señala el mismo Gaiman en los “Agradecimientos” de su libro, en esta historia resuena Rudyard Kipling y El libro de la selva (1894). La situación inicial que da origen a la historia de Nad, la de un bebé protegido por una pareja de fantasmas ante la persecución de un asesino, es muy semejante a la de Mowgli, salvado de las garras de Shere Khan (el tigre) por la pareja de lobos. Así como la selva y la convivencia con animales salvajes es el singular hogar en el cual crece Mowgli, Nad se siente seguro y protegido dentro del antiguo cementerio entre sus amigos y familiares adoptivos: los muertos. En la novela se narran una serie de aventuras vividas por el personaje tanto en el mundo fantástico como en el real en diferentes momentos de su niñez y adolescencia.

El ingrediente gótico, la inversión de mundos donde el cementerio es el lugar de la protección, el amor y la seguridad, la posibilidad de sobrevivir; mientras el mundo de los vivos es el espacio del peligro y la posible muerte violenta; así como todas las peripecias que se derivan de esta situación, es lo que resulta atractivo y original en la novela de Gaiman.

Los fantasmas de El Libro del Cementerio no sólo encarnan sentidos positivos como los cuidados familiares, los juegos infantiles, el aprendizaje y la convivencia armoniosa y feliz, sino que además incluyen tintes de un pintoresco humor negro.

Un recurso humorístico utilizado por momentos en la novela es la aparición del fantasma junto con su epitafio. Así por ejemplo la presentación de Digby Poole al lector vendrá con la siguiente aclaración entre paréntesis: (1785-1860. «Algún día os veréis tal como hoy me veis a mí.»)

El hecho de haber vivido en tiempos remotos, como Cayo Pompeyo, ciudadano del Imperio Romano, o las damas, poetas y niños victorianos, obliga a los muertos a hablar y comportarse de acuerdo a su época. Los maestros de Nad sólo pueden enseñarle los conocimientos de siglos anteriores, sin embargo, esto no necesariamente lo perjudica, Nad conoce aspectos de los acontecimientos históricos que sólo sus protagonistas pueden contarle; y algunos aprendizajes propios de fantasmas: la desaparición o las visitas oníricas que le resultan muy útiles para escapar ileso durante sus aventuras.

La inversión de la que hemos hablado se hace presente particularmente en el tutor de Nad: Silas. Este personaje, nos dice el narrador, no es un muerto pero tampoco es un hombre vivo. Sin decirlo explícitamente el texto provee al lector de todos los elementos para descubrir que Silas es un vampiro, y su amiga, la señorita Lupescu, una mujer lobo. Se trata de personajes que conforman La Guardia de Honor y que en la novela no sólo se ocupan de proteger y educar a Nad, sino también de salvar a la humanidad de una milenaria organización criminal que actúa en diversas partes del globo: los Jack. Es esta parte de la historia vinculada a una extraña organización secreta la que quizá no parece del todo resuelta por el texto. Sin embargo esto no perjudica demasiado el interés por la historia.

Liza Hempstock, la niña bruja que murió brutalmente ahogada, quemada y luego enterrada en una fosa común sin lápida, a partir del relato de su historia con el que se presenta a Nad pone en claro que su lugar no es el del monstruo sino el de la víctima. Si los monstruos y fantasmas resultan en este libro “excelentes personas”, en líneas generales no puede decirse lo mismo de los personajes vivos. La misma Scarlett, la única persona viva con quien Nad traba amistad, debido a su ingenuidad pone en grave peligro la vida de su amigo, y finalmente lo rechaza al descubrir su cualidad de individuo entre dos mundos.

El gótico, como ya señalamos, aparece aquí mediante una inversión según la cual los habituales personajes negativos de la tradición literaria, encarnan valores y cumplen roles positivos. Incluso los únicos personajes negativos de este mundo fantástico: los ghouls (demonios que habitan los cementerios y se alimentan de cadáveres) resultan divertidos en su grotesca maldad. Sus nombres: duque de Westminster; obispo de Bath y Wells; Víctor Hugo (el famoso escritor); el emperador de China y el trigésimo tercer presidente de Estados Unidos, dan cuenta de una evidente desacralización humorística.

Otra tradición retomada por Gaiman que da nombre a uno de los capítulos de la novela, es la de la “Danza Macabra”. Un género que tuvo su auge a finales de la Edad Media en coincidencia con los estragos ocurridos en Europa por causa de la Peste Negra. Las Danzas Macabras solían estar compuestas por ilustraciones en diálogo con un texto literario. En ellas la Muerte, representada en forma alegórica, es el personaje central que mediante la danza lleva consigo a otros personajes representativos de diversas clases sociales.

Lo que estos textos medievales simbolizan es la finitud de la vida, la vanidad de las jerarquías sociales frente a la muerte, y no están exentos de una ironía estremecedora junto a la denuncia de la época que les dio origen. Al parecer esta tradición artística tiene su fuente en antiguas creencias populares según las cuales los muertos salían de sus tumbas y realizaban fiestas nocturnas en los cementerios.

Veamos a continuación dos ejemplos de Danzas Macabras del siglo XV:


Danza de la muerte con personajes (Alemania, alrededor de 1486).


“Los músicos muertos”. Texto adjudicado a Jean Gerson (1485).

Ustedes, que comparten un destino
aún en condiciones tan diversas,
todos ustedes bailarán esta danza.

Un día los gusanos les comerán los cuerpos,
tanto a buenos como a malos.

¡Ay! Mírennos.
Muertos, podridos, hediondos y esqueléticos.
Ustedes serán como nosotros somos.” (2)

En el capítulo cinco de la novela de Gaiman, cuando Nad tiene diez años, advierte en el cementerio un ajetreo inusual. Todos sus amigos están ocupados con los preparativos de lo que se anuncia como “bailar el Macabré”. Una vez señalada la medianoche por las campanas del casco antiguo de la ciudad, los muertos descienden de la colina para reunirse con los vivos. Ricos y pobres, ancianos y jóvenes, hombres y mujeres, vivos y muertos bailan al son de la danza macabra. Se trata de una fiesta, un ritual dirigido por la Dama de Gris. Una mujer montada en un caballo blanco “lo suficientemente manso para llevar sobre su amplio lomo al más fuerte” y también “lo suficientemente fuerte para llevar al más pequeño”.

Se trata de la segunda aparición de este personaje. La misma dama, cuyo vestido de tela de arañas titila como las estrellas, había intercedido ante los muertos para que el pequeño Nad se convirtiera en ciudadano honorífico del cementerio.

Este personaje, a diferencia de las representaciones habituales de la Muerte en la iconografía medieval y popular, es una figura envuelta en un halo de misterio y dignidad. Lo mismo sucede con los muertos, que si bien revisten elementos humorísticos, no por ello alcanzan la caricatura.

A medida que Nad crece comienza a sentir un mayor interés por el mundo tras las rejas del cementerio. Comprar una lápida para su amiga la bruja, asistir a la escuela y finalmente encontrar y acabar con el asesino de sus padres son las motivaciones que van apartando al niño de aquel reducto protector de su infancia.

Como le sucede a Mowgli en la selva, también a Nad, una vez cumplida la tarea de destruir al asesino, el mundo de los muertos comienza a resultarle ajeno. La pérdida de la niñez se traduce en la pérdida de esa situación privilegiada de la infancia, en la cual el niño podía transgredir la frontera que separa a vivos y muertos. Su mundo es ahora el de los vivos y es ese mundo más amplio, incierto pero también pleno de posibilidades y desafíos el que debe salir a conquistar.

De este modo la antigua nana inglesa con la que la señora Owens acunaba al bebé al comenzar el libro y despide al joven de quince años en su final, promete volverse profecía:

“Duerme, duerme mi sol,
duerme hasta que llegue el albor.
Cuando seas mayor,
si no me equivoco,
viajarás por todo el mundo.

Besarás a una princesa,
bailarás un poco,
hallarás tu nombre
y un tesoro ignoto…

Haz frente a tu vida,
habrá dolor y también alegría,
no dejes de explorar todos los caminos.”

El Libro del Cementerio ganó varios premios: la Medalla Newbery (2009) a la mejor novela juvenil estadounidense; el Premio Hugo a la mejor novela (2009); el Premio Locus a la mejor novela para jóvenes adultos (2009); y la Medalla Carnegie (2010) al libro infantil/juvenil más destacado, otorgado por The Library Association del Reino Unido. Al parecer, en poco tiempo la novela será adaptada al cine, con la producción compartida de Neil Gaiman y la Wayfare Etertaiment.


Notas

(1) Para las ediciones en inglés, las ilustraciones de The Graveyard Book fueron realizadas por Dave McKean, habitual ilustrador de la obra de Neil Gaiman.


Tapa de la edición inglesa de The Graveyard Book.


Ilustración de Dave McKean para The Graveyard Book.

(2) Para los latinoamericanos resulta difícil no asociar la tradición medieval de las Danzas Macabras a las fiestas populares de origen prehispánico como “El día de Muertos” que aún hoy se festeja en México y que supo retratar en su obra el artista José Guadalupe Posada.


Grabado de José Guadalupe Posada (1852-1913).


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Autores: Neil Gaiman.

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Reseñas de libros: Coraline, de Neil Gaiman.

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Lecturas: La herejía de lo macabro, por Marcela Carranza.

5 comentarios sobre “El libro del cementerio”

  1. María Inés Garibaldi dice:

    Excelente libro que terminé de leer ayer, muy recomendable y muy buena la reseña. Gracias Imaginaria


  2. joel franz rosell dice:

    Una novela extraordinaria, con mucho de Tim Burton (por supuesto) y una densidad infrecuente en la literatura fantástica. Desde entonces ando persiguiendo cuanto ha escrito Neil Gayman (no solo novelas, sino cuentos en formato libro-album sumamente originales)


  3. el lector dice:

    es un libro asombroso es una belleza lo que hace Gaiman como transforma algo real en algo inesperado ya con leer dos o tres párrafos ya te das cuenta que es algo asombroso.Me encanta ese toke de fantasia que le puso a el cuento.
    Para mi Gaiman es uno de los mejores escritores del mundo.
    escribe estas cosas que te hace pensar como un bebe de solo un año y medio puede criarse en un cementerio y que sus padres sean fantasmas.
    es algo maravilloso
    saludos


  4. nemesis dice:

    me encanta este libro ilove


  5. capapu dice:

    no me gusta, no lo entendi


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