El hormiguero

El hormiguero
Sergio Aguirre
Buenos Aires, Grupo Editorial Norma, 2008. Colección Torre de Papel; Serie Torre Amarilla.

Por Raúl Tamargo

El hormiguero pertenece a esa clase de relatos en los que el desenlace resignifica lo leído, de manera que reseñarlo propone el desafío de no contar el final.

Omar pasará sus vacaciones en la casa de una tía a quien apenas conoce y de quien la familia no suele hacer buenos comentarios. La tía Poli vive en un campo en la zona de Obispo Trejo (Provincia de Córdoba), con la sola compañía del perro Roberto (a quien trata de usted), en medio de un monte más o menos salvaje. Se sabe de ella que se fue de su casa cuando era una adolescente, que “se hizo hippie”, que vivió en una comunidad mapuche, que lideró alguna que otra lucha ecologista en el sur, que ahora es artesana y “vive en contacto con la naturaleza” (el padre de Omar) o que es “la loca de la naturaleza” (su madre).

La caracterización de la tía es extensa y detallada. Aunque la narración acompaña al muchacho, aunque el lector la irá conociendo a través de los ojos de Omar, es ella quien se convertirá en protagonista. En rebeldía contra los hábitos depredadores de la sociedad urbana, la tía Poli representa todo lo que no son los padres de Omar. El muchacho la había visto anteriormente solo una vez, en el velorio de su abuelo. En aquella oportunidad, mientras su madre le había explicado la muerte como un viaje al cielo, frente al cual era necesario hacerse fuerte, su tía, en cambio, le dijo que “lo único que hacían los muertos era dejar de estar afuera”.

Este contraste, marcado con fuerza desde el principio, por momentos parece ser el eje argumental de la historia, lo que crea (en el lector adulto, al menos) la molesta sensación de que habrá un “mensaje”, algún tipo de reivindicación ideológica o de “valores”. Sin embargo, ya desde el comienzo, el relato muestra señales inquietantes.

En este sentido, la cita que da comienzo al libro es todo un anuncio (1).

El padre de Omar es el promotor de las vacaciones de su hijo. “No puede pasarle nada”, le dirá a su mujer, como argumento para vencer sus resistencias.

Pero es en la página 18 donde el lector encontrará una señal inequívoca de que la historia guarda sorpresas: Omar acaba de llegar a la casa y su tía le muestra el dormitorio que reservó para su estadía. Observa la habitación, el piso de ladrillos y… “Entonces vio una hormiga. Estaba sola. Iba y venía, como si se hubiese perdido. Pero en ese momento a Omar no le llamó la atención. No le llamó la atención en absoluto”.

Tía y sobrino simpatizan rápidamente. El muchacho observa con curiosidad, pregunta con interés, olvida sus temores iniciales. Los viajes desde el campo hasta el pueblo son cotidianos; en uno de ellos, Omar compra en un vivero unos rosales que le regala a su tía. Al día siguiente, aparecen devorados por las hormigas. Omar propone controlarlas, tía Poli se niega. “Omar sintió, por primera vez, que ella lo miraba como si fuera un enemigo: —¿Vos te volviste loco?”.

Poco después, la tía le acercará a Omar un libro titulado El mundo de las hormigas (2), que servirá de fuente de inspiración y guía para las siguientes acciones. A partir de este punto, es Omar quien ganará el protagonismo. Se propondrá combatir a las hormigas, a pesar de la opinión de su tía. Sus próximos movimientos serán dados a espaldas de ella. Habrá de asesorarse en el vivero, comprará el veneno más poderoso. Infructuosamente, tratará de ubicar la boca del hormiguero. Finalmente, cuando parece darse por vencido y devuelve el insecticida, el comerciante le ofrece uno distinto cuya efectividad no precisa del hormiguero ya que los gránulos son transportados por las hormigas hasta depositarlos en él, donde se gasifican y exterminan la colonia. Omar distribuye el veneno cuidadosamente, en el trayecto visible del camino de las hormigas.

Hasta aquí, el relato se desenvuelve dentro de los límites del realismo y va sembrando pequeñas señales con la intención de generar expectativa, podríamos decir suspenso. Pero el cierre es de carácter fantástico.

Siguiendo la lectura que Freud hace de “El hombre de arena”, relato de E.T.A. Hoffman, no es aventurado afirmar que El hormiguero tiene un final ominoso (3). Si en ese cuento del autor alemán (como en otros), el rasgo mencionado está presente a lo largo del relato, en el caso de la novela de Aguirre solo está reservado para el final. El desenlace, en efecto, puede sugerir una tradición: Hoffman, el cuento fantástico del siglo XVIII, Horacio Quiroga.

Sin embargo, a diferencia de lo que ocurre con las obras de esa tradición, en este caso, no toda la narración está impregnada de extrañamiento. Podría pensarse que la razón de esa diferencia se encuentra en el destinatario al que está dirigido: un lector presumiblemente desprotegido al que se le exime de excesivas angustias hasta el final. Lo que domina el recorrido de la historia tiene más lazos con los relatos de aventuras y parece proponerse interesar al lector por el mundo de la naturaleza. El final de El hormiguero dará nuevas luces a ese recorrido, convirtiéndolo en una suerte de montaje narrativo indispensable para la resolución. Dejará al lector liberado de protecciones, inquieto; lo obligará a releer, a revisar las hipótesis que fue tejiendo a lo largo de la lectura.


Notas

(1) “Una hormiga sola no podría considerarse que tiene algo específico en su mente. Varias hormigas juntas, rodeando una presa, parecerían tener una idea en común. Pero recién cuando se ve la sombra de miles de hormigas cubriendo el suelo del bosque, es cuando se puede percibir a la Bestia.” Lewis Thomas.

(2) Entre los agradecimientos finales, el autor ofrece la referencia correspondiente: se trata de un texto de Horacio Quiroga, perteneciente a “El hombre ante los animales salvajes – Cacería del hombre por las hormigas”, publicado por la revista Billiken, en 1924.

(3) El término unheimlich es traducido como ominoso (J. L. Etcheverry) y también como siniestro (L. López Ballesteros). “…lo ominoso es aquella variedad de lo terrorífico que se remonta a lo consabido de antiguo, a lo familiar desde hace largo tiempo” (p. 220). En: Freud, Sigmund. Obras Completas. Tomo XVII. Buenos Aires-Madrid, Amorrortu Editores, 1997. Pág. 219 a 251.


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9 comentarios sobre “El hormiguero”

  1. Joo dice:

    Una pregunta, el regalo que le dio la tía Poli a Omar es el libro sobre hormigas ?


  2. karen sofia ruiz dice:

    nesesito este libro pero la profe nos presta el libro y quede con miedo y sorprendida por ese libro a lo ultimo es muy terible la muerte de la tia`poli y eso que omar creia que estaba cuidando y no parese que todo fu e al rebes y no megusto cuando las hormigas dañaron los 15 rosales que omar le habia regalado y cuando se dio de cuenta dijo que oso fueron las hormimas y hay dice malditas


  3. CRISTAL dice:

    HOLA SOY UNA ESCRITORA Y ESTE CUENTO LO RECOMIENDO EN SERIO ¡¡¡LES MANDO UN BESO GRANDE Y SIGAN LEYENDO.


  4. Magui dice:

    Soy bibliotecaria y leí el libro con alumnos de 6to año, lo recomiendo, NOS ENCANTÓ, yo también lo recomiendo si tienen ganas de leer una buena historia


  5. ninfa sarmiento dice:

    Con mi nieto leímos juntos el libro El Hormiguero, nos ecantó, me gustó mucha la actitud de Omar. Este año se lo han pedido a mi nietita, pero todavía no se lo he podido comprar.


  6. lourdees dice:

    hola ya lei el libro y me dejo con las dudas lo de el hormiguero en la boca de la tia poli y me dijeron que hay una segunda parte alguien sabe cual es graciias


  7. luana dice:

    Cual es el genero literario y clase de texto de este libro


  8. admin dice:

    Luana: si leés el artículo vas a tener las respuestas que buscás.


  9. lizeth dice:

    Me pareció un libro increíble, me encanto pero me dejo con muchas preguntas y suspenso, porque jamas me espere un final así un libro muy maravilloso que recomiendo a todo publico en especial a los jóvenes.


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