“Creo que hay que estar siempre imaginándose cómo podemos llegar a los lectores”. Entrevista con Gonzalo Oyarzún, Coordinador del Sistema Nacional de Bibliotecas Públicas de Chile

 

Fotografía gentileza de la revista Había una vez (www.revistahabiaunavez.cl)

por Fabiana Margolis

Gonzalo Oyarzún es bibliotecario y fue Director de la Biblioteca de Santiago (*). Desde el inicio de ese proyecto, ha participado en su gestación, diseño, implementación y habilitación. Actualmente es el Sub Director de Bibliotecas Públicas y Coordinador del Sistema Nacional de Bibliotecas Públicas de Chile.

Invitado en el mes de julio pasado por la Fundación El Libro, Gonzalo Oyarzún estuvo presente en el Encuentro de Profesionales del Libro y también en las Jornadas para Docentes y Mediadores de Lectura de la 21º Feria del Libro Infantil y Juvenil de Buenos Aires. Allí, luego de su conferencia inaugural, nos sentamos a conversar sobre bibliotecas, libros y lecturas.

“Creo que hay que estar siempre imaginándose cómo podemos llegar a los lectores”, afirma con entusiasmo. “Las bibliotecas funcionan en espacios y horarios muy tradicionales y, por lo general, son los momentos en que la gente está trabajando. Necesitamos que los libros lleguen a los sindicatos, a las oficinas públicas, que lleguen adonde está la gente que quiere leer y que muchas veces no tiene acceso a los libros”.

Frente de la Biblioteca de Santiago.

En este sentido, el concepto de “la biblioteca sin muros” —acuñado por la IFLA (Federación Internacional de Asociaciones e Instituciones Bibliotecarias)— señala que la biblioteca no puede circunscribirse simplemente a un espacio cerrado, ya que debe estar donde la gente transcurre, tiene que salir al encuentro de sus lectores. “Por eso nosotros decidimos poner esta idea en práctica”, cuenta, “primero a través de cajas viajeras, luego con los servicios móviles como los Bibliobuses o el Bibliometro, y también con puntos de préstamo en las ferias callejeras, entre otros servicios. La biblioteca sin muros es hacer accesible la enorme colección de libros que tenemos disponibles”.

—¿Cuáles son las respuestas o las reacciones de la gente cuando los libros salen a la calle? Ahora tal vez hay muchas propuestas y no es tan novedoso, pero imagino que no era así al principio.

—Miedo, sorpresa… y también mucho entusiasmo. Nos sucede que cada vez que abrimos un nuevo punto de préstamo, sobre todo al principio, el éxito es increíble. Realmente se llena de gente y supera nuestras expectativas. Al ofrecer libros buenos, atractivos, interesantes, inmediatamente aparecen lectores. A veces solemos decir que los chicos no leen, pero si les acercamos libros interesantes, de inmediato llegan a los lectores.

—¿Luego esa gente va a la biblioteca?

—Sí y no, da igual. Por ejemplo, los usuarios de Bibliometro no eran habitualmente usuarios de bibliotecas. Pero después sí fueron muchísimos a hacerse socios de la Biblioteca de Santiago. El usuario de bibliotecas va a ser usuario en cualquier formato; lo que nosotros debemos hacer es construir usuarios de bibliotecas. Como los servicios que les ofrecemos son más limitados, porque hay menos libros, luego comienzan a utilizar los otros servicios disponibles.

—De todas las propuestas, me encantó la del Bibliometro. ¿Cómo funciona?

—Funciona a través de puntos de préstamo en las distintas estaciones de subte. Para hacerte socio, llevas un comprobante de domicilio y tu documento de identidad. Puedes sacar tres libros cada vez y devolverlos en cualquier otra estación.

Oyarzún reconoce que, si bien no fue difícil implementarlo, al principio hubo mucho temor de que, por ejemplo, se robaran los libros. Pero ahora son los responsables del metro quienes, cada vez que se construyen nuevas estaciones, los convocan para poner un punto de préstamo. Le pregunto —porque la idea me parece maravillosa— si cree que se podría implementar aquí, en Buenos Aires, y él, con una sonrisa, responde: “Claro, perfectamente”.

Bibliometro Baquedano, en la Línea 5 del Metro de Santiago.

—Hay una concepción multidisciplinaria en la biblioteca que apuesta a envolver al visitante. ¿Podrías contarnos qué significa esto?

—La idea de la biblioteca es que haya un transcurrir por ella. Tú puedes llegar, sacar un libro e irte. Pero también puedes ir a leer (un libro, el diario, una revista…) y luego ver una exposición, participar de un taller de capacitación, escuchar un cuentacuentos, tomarte un café, buscar novio o novia… o venir con tu familia. Puedes pasar horas en la biblioteca, por eso los padres van con sus hijos de vacaciones. Más que construir una biblioteca, lo que se construye es un espacio público, para habitar, para hacer comunidad. Ése es el sentido de “envolverlos”, dar un servicio más integral.

—¿Cómo son las salas para niños? ¿Cómo organizan la selección de libros?

—La sala para los niños es básicamente lúdica, ruidosa, con los libros ubicados de manera frontal (al igual que en el resto de la biblioteca). La selección de libros supone un trabajo multidisciplinario; permanentemente vamos a las librerías o hablamos con editores para ver cuáles son las novedades. Hace tres años, cuando vine a Buenos Aires, conocí la editorial Unaluna y ahora, en este viaje, descubrí hermosos libros de la editorial Calibroscopio, como Haiku o Ver llover. Hay también un bellísimo libro, Como agua, de Eduardo Abel Gimenez , que es muy difícil de encontrar en Santiago. A mí me lo han regalado y apenas llegué aquí compré inmediatamente varios ejemplares. Entonces, volviendo a la pregunta sobre cómo se seleccionan los libros: por un lado mirando mucho las novedades, en Santiago y afuera; también escuchando a los chicos, qué les gusta, qué quieren leer; y, por otro lado, tenemos un comité de selección de literatura infantil y juvenil, que se reúne todas las semanas.

Sala Infantil de la Biblioteca de Santiago.

—¿Qué quiere decir que hay que “desescolarizar” la biblioteca pública y “lecturizar” la biblioteca escolar?

—Significa que hay que sacar a los escolares de la biblioteca pública y tener niños allí. Niños que vayan a leer y no estudiantes que hagan los deberes. Las funciones escolares deben quedar en la biblioteca escolar y allí, además de estudiar y hacer las tareas, los niños deben leer. Porque en la escuela no se lee: ni los profesores ni los bibliotecarios leen y después nos preguntamos por qué los chicos tampoco lo hacen. Muchas veces, la única lectura de la escuela es la obligatoria: donde hay que interpretar cuál es el personaje principal y luego subrayar verbos o sustantivos. Ese capítulo se llama: “Cómo matar la lectura”.

—¿Cómo se articula el trabajo en conjunto con la biblioteca escolar? Planteabas que te daba temor que todo el trabajo recayera sobre la biblioteca pública…

—No, no me da miedo. Hay que preocuparse de que no suceda eso. La idea es que tengamos bibliotecas escolares abiertas a la comunidad, para que los chicos puedan estudiar allí y también leer. Eso puede potenciar el fomento de las lecturas y de las bibliotecas si tenemos a un mismo tiempo bibliotecas escolares fuertes, promotoras de la lectura, junto con bibliotecas públicas, que ya son promotoras de la lectura por sí, que puedan articular una suerte de trabajo. Esta articulación podría ser muy interesante y nos permitiría ahorrar recursos, porque generalmente las bibliotecas públicas terminan comprando libros que les piden a los niños en la escuela porque en las bibliotecas escolares no están.

—Has dicho que no alcanza con tener libros para formar lectores. Entonces, si los libros son necesarios pero no suficientes, ¿cómo se crean lectores?

—Los libros no son necesarios, no forman lectores. Se crean lectores con personas. Hay un hermoso cuento que se llama “Nacimiento” que explica eso.

Entonces, luego de confesar que hace unos días debutó como cuentacuentos con este mismo cuento en una librería de la calle Corrientes, Gonzalo se dispone a contarnos la historia: “El cuento dice que los antropólogos de la Universidad de Duke habían logrado dar con un dato muy relevante: que el lenguaje había nacido en la época del Neanderthal y eso explicaba lo que sucedió una noche, en que la tribu se reunió después de haber ido de cacería. Todas las noches, luego de la jornada, hombres, mujeres y niños se juntaban alrededor del fuego a contarse las cosas que habían hecho durante el día. Esa noche había un hombre muy triste, porque no había cazado ni una mosca y le tocaba contar, en una época tan antigua que no existía ni siquiera la mentira. Cuando comenzó a hablar, contó la historia más maravillosa que se podía haber escuchado: contó sobre los tigres más peligrosos con los cuales había peleado, habló de los precipicios más profundos y de las montañas más altas. Al final, confesó que no había podido traer nada porque después de enfrentarse con los animales había peleado contra otra tribu, valiente y numerosa como la de ellos. Todos se quedaron mirándolo encantados y le pidieron que volviera a contar la historia y él la contó una y otra vez. Esa noche nació la literatura”.

“La literatura nace de la oralidad”, afirma Gonzalo Oyarzún, “los libros son una tecnología muy reciente y, si bien son una herramienta clave y útil para las bibliotecas, pueden servir también para adornar una estantería y lucirse frente a los conocidos. Pero en realidad lo que importa es la mediación de las personas: lo único que hace a un niño lector es ver a sus padres leyendo, lo único que hace que alguien se interese por un libro es la mediación que hay en esa lectura. El resto… es literatura”.

Sala de Lectura de la Biblioteca de Santiago.


(*) Nota de Imaginaria: Los interesados en profundizar la información sobre la Biblioteca de Santiago de Chile pueden visitar su página web: www.bibliotecasantiago.cl


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Lecturas: De una biblioteca a otra, por Antonio Muñoz Molina.

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5 comentarios sobre ““Creo que hay que estar siempre imaginándose cómo podemos llegar a los lectores”. Entrevista con Gonzalo Oyarzún, Coordinador del Sistema Nacional de Bibliotecas Públicas de Chile”

  1. ana dice:

    gracias por esta nota. quienes trabajamos en bibliotecas pensamos en nuestro rol, y aveces no encontramos respuestas certeras, porque las bibliotecas en general se reinventan día a día… impresionante esta persona, qué lucidez y cabeza abierta. no abundan en las bibliotecas!!!!!!!!!!!


  2. veronica vallejos rojas dice:

    Hola, me agrado enormemente la entrevista al sr. Oyarzun y mi comentario va por que en la Biblioteca de donde vivo, todavia no me puedo hacer socia pues es super engorroso te piden liquidacion de sueldo, un aval que de su liquidacion tambien. Ademas del comprovante de domicilio. super engorroso y yo estoy radicada hace poco en este lugar. Es decir no tengo a quien pedirle su liquidacion de sueldo mas encima. En definitiva me gustaria que todo fuera mas facil aqui, y que se generara algo como el Bibliometro…pero llevado tal vez a ferrocarriles que esta en la V region. Mis saludos y mis felicitaciones al sr. Oyarzun, de echo yo tengo hijas lectoras porque me ven leyendo y escribiendo mucho. Ojala hicieran concursos a nivel nacional con ideas que nosotros las familias Chilenas implementamos en nuestros hogares y pudieramos contagiar mas al resto de los hogares en bien de los niños y de nosotros mismos, promoviendo a la vez la armonia, la creatividad, la salud en todas sus manifestaciones y lo que falta mucho por estos dias la tolerancia. Muchas gracias y felicitaciones tambien a la periodista.


  3. Cristina dice:

    Muy interesante la nota del Señor Oyarzun, soy Bibliotecaria Escolar y estoy de acuerdo en que los niños necesitan ver leer a sus padres, nuestro trabajo suele ser tratar de reemplazar esa ausencia de modelo lector.


  4. Carolina dice:

    Me sumo al comentario del señor cuando dice que “los libros no son necesarios”, lo importante es la lectura, qué se lee, quién/es leen…


  5. Imer T. C. dice:

    Existen muchas Bibliotecas; escolares, publicas, academicas, etc, que todavia no cuentan con el material bibliografico suficiente para sus servicios, pero ya sabemos que podemos cumplir los objetivos simplemente utilizando la comunicacion, no es solamente leerles, es contar y escuchar historias realaes o soñadas, utilizando la oralidad entte los usuarios y los Bibliotecologos.
    Imer Torres Cano Bibliotecòlogo de la U.de A. Medellin.


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