Dos cuentos populares italianos contados por Italo Calvino

De su monumental obra recopilatoria Cuentos populares italianos —que reúne doscientos relatos folklóricos de todas las regiones de Italia— Italo Calvino seleccionó un grupo de esos cuentos pensando en los lectores infantiles. Esta selección se distribuyó en los dos títulos que Marcela Carranza comenta en la sección “Libros recomendados” en este mismo número de Imaginaria: El Pájaro Belverde y El príncipe Cangrejo. Para que nuestros lectores puedan apreciar el valor de esta obra, presentamos “Garbancito y el buey” y “El brazo del muerto”, dos cuentos de El Pájaro Belverde, un libro publicado hace más de treinta años en Argentina y hoy lamentablemente descatalogado e inhallable.


Garbancito y el buey

Había un hojalatero que no tenía hijos. Un día su mujer estaba sola en la casa y hacía hervir unos garbanzos. Pasó una mendiga y pidió una escudilla de garbanzos como limosna.

—No es que a nosotros nos sobren los garbanzos —dijo la mujer del hojalatero—, pero donde comen dos también comen tres: aquí tiene una escudilla y apenas los garbanzos estén cocidos, le doy un cucharón lleno.

—¡Por fin encontré un alma bondadosa! —dijo la mendiga—. Mire: yo soy un hada y quiero premiarla por su generosidad. ¡Pídame lo que quiera!

—¿Qué puedo pedirle? —dijo la mujer—. El único disgusto que tengo es el de no tener hijos.

—Si no es más que eso —dijo el hada, golpeando las manos—, ¡que los garbanzos en la olla se le vuelvan hijos!

Ilustración de Emanuele Luzzati para El Pájaro Belverde.

El fuego se apagó, y de la olla, como garbanzos que hierven, saltaron afuera cien niños, pequeños como granitos de garbanzos y empezaron a gritar: —¡Mamá, tengo hambre! ¡Mamá, tengo sed! ¡Mamá, álzame en brazos!—, y a desparramarse por los cajones, las hornallas, los tarros. La mujer, asustada, se agarró la cabeza: —¿Y cómo hago ahora para sacarle el hambre a todas estas criaturas? ¡Pobre de mí! ¡Lindo premio que me dio! ¡Si antes, sin hijos, estaba triste, ahora que tengo cien estoy desesperada!

—Yo creí hacerla feliz —dijo el hada—, pero si no es así, ¡que sus hijitos vuelvan a ser garbanzos! —y golpeó otra vez las manos.

Las vocecitas no se oyeron más y en lugar de los hijitos había sólo muchos garbanzos desparramados por la cocina. La mujer, ayudada por el hada, los recogió y volvió a ponerlos en la olla; eran noventa y nueve.

—¡Qué raro! —dijo el hada—, hubiera jurado que eran cien.

Después el hada comió su escudilla de sopa, saludo y se fue.

Al quedarse a solas, la mujer sintió nuevamente una gran tristeza; sintió ganas de llorar y decía: —¡Oh, si por lo menos me hubiera quedado uno; ahora me ayudaría, y podría llevarle de comer a su padre al taller.

Entonces oyó una vocecita que decía: —¡Mamá, no llores, aún estoy yo!—. Era uno de los hijitos, que se había escondido detrás del asa de la jarra.

La mujer sintió una gran alegría: —¡Oh, querido, sal afuera! ¿cómo te llamas?

—Garbancito —dijo el niño deslizándose por la jarra y poniéndose de pie sobre la mesa.

—Muy bien mi Garbancito —dijo la mujer—, ahora tienes que ir al taller a llevarle de comer a papá—. Preparó el canasto y lo puso sobre la cabeza de Garbancito.

Garbancito comenzó a andar y se veía sólo el canasto que parecía caminar solo. Preguntó cuál era el camino a un par de personas y todas se asustaban proque creían que era un canasto que hablaba. Llegó al taller y llamó: —¡Papá, papá, ven: te traigo de comer!

Su padre pensó: “¿Quién me llama? ¡Yo no he tenido nunca hijos!” Salió y vio el canasto y debajo del canasto salía una vocecita: —Papá, levanta el canasto y me verás. Soy tu hijo Garbancito, nacido esta mañana.

Lo levantó y vio a Garbancito. —¡Muy bien, Garbancito! —dijo el padre, que era tachero—, ahora vienes conmigo, porque debo ir a recorrer las casa de los campesinos, para ver si tienen algo roto que yo pueda arreglar.

Y el papá se puso en el bolsillo a Garbancito y se encaminaron. Por el camino no hacían más que charlar y la gente veía al hombre que parecía hablar solo, y parecía estar loco.

Preguntaba en las casas: —¿Tienen algo para soldar?

—Sí, tendríamos algo —le contestaron—, pero a usted no se lo damos porque está loco.

—¿Cómo loco? Yo soy más cuerdo que todos ustedes. ¿Qué están diciendo?

—Decimos que por la calle no hace más que hablar solo.

—Pero no hablo solo. Conversaba con mi hijo.

—¿Y dónde tiene a ese hijo?

—En el bolsillo.

—¿No ve que tenemos razón? Está loco.

—Bueh, se lo muestro —y sacó del bolsillo a Garbancito montado en uno de sus dedos.

—¡Oh, qué lindo hijito! Póngalo a trabajar con nosotros, haremos que vigile al buey.

—¿Te quedarías Garbancito?

—Yo sí.

—Entonces te dejo aquí y pasaré a buscarte esta noche.

A Garbancito lo montaron sobre el cuerno de un buey y parecía que el buey estaba solo allí, en medio del campo. Pasaron dos ladrones y viendo el buey sin custodia lo quisieron robar. Pero Garbancito se puso a gritar:

—¡Patrón! ¡Venga, patrón!

Corrió el campesino y los ladrones le preguntaron: —Diga, señor, ¿de dónde sale esa voz?

—Ah —dijo el patrón—. Es Garbancito. ¿No lo ven? Está ahí, sobre un cuerno del buey.

Los ladrones miraron a Garbancito y dijeron al campesino: —Si nos lo presta por unos días, lo haremos rico— y el campesino lo dejó ir con los ladrones.

Ilustración de Emanuele Luzzati para El Pájaro Belverde

Con Garbancito en el bolsillo, los ladrones fueron a la caballeriza del Rey, para robar caballos. La caballeriza estaba cerrada, pero Garbancito pasó por el agujero de la cerradura, abrió, fue a desatar los caballos y pudo escaparse con ellos, escondido en la oreja de un caballo. Los ladrones estaban afuera esperándolo, montaron los caballos y galoparon hacia la casa.

Una vez llegados dijeron a Garbancito: —¡Oye, estamos cansados y vamos a dormir! ¡Dale de comer a los caballos!

Garbancito comenzó a ponerles los morrales a los caballos, pero se caía de sueño y terminó por quedarse dormido dentro de un morral. El caballo no se dio cuenta y se comió a Garbancito junto con la cebada.

Los ladrones, cuando vieron que no volvía, bajaron a buscarlo en la caballeriza. —Garbancito, ¿dónde estás?

—Estoy aquí —respondió una vocecita—, estoy en la panza de un caballo.

—¿Qué caballo?

—El que está aquí.

Los ladrones destriparon un caballo, pero a Gargancito no lo encontraron.

—No es éste.

—¿En qué caballo estás?

—En éste —y los ladrones destriparon otro.

De ese modo continuaron destripando un caballo después de otro, hasta que los mataron a todos, pero a Garbancito no lo encontraron. Se habían cansado y dijeron: —¡Lástima! ¡Lo perdimos! ¡Y pensar que nos venía tan bien! ¡Además perdimos todos los caballos!—. Tomaron las carroñas, las tiraron en un prado y fueron a dormir.

Pasó un lobo hambriento, vio a los caballos destripados y se hizo una comilona. Garbancito seguía aún escondido en la panza de un caballo, y el lobo se lo tragó. Así que se quedó en la panza del lobo y cuando el lobo volvió a tener hambre y se acercó a una cabra atada en un campo, Garbancito, desde allá adentro, se puso a gritar: ¡Al lobo! ¡Al lobo!, hasta que llegó el dueño de la cabra e hizo escapar al lobo.

El lobo dijo: “¿Qué me pasa que me salen estas voces? Debo tener la panza llena de aire”, e intentó sacar afuera el aire.

“Bien, ya debería habérseme ido”, pensó. “Iré a comerme una oveja.”

Pero cuando estuvo cerca del redil de la oveja, Garbancito, desde aquella panza, comenzó a gritar: —¡Al lobo! ¡Al lobo!—, hasta despertar al dueño de la oveja.

El lobo estaba preocupado. “Aún tengo ese aire en la barriga que me hace hacer esos ruidos”, y volvió a intentar sacarlo afuera. Disparó aire una vez, dos veces, a la tercera salió también Garbancito y corrio a esconderse en una mata. El lobo, sintiéndose liberado, volvió hacia el redil.

Pasaron tres ladrones y se pusieron a contar el dinero robado. Uno de los ladrones comenzó a contar: —Uno dos tres cuatro cinco…—. Y Garbancito, desde la mata, le hacía burla: —Uno dos tres cuatro cinco…

—¿Así que no te quieres callar? —dijo el ladrón a uno de los compañeros—. Ahora te mato.

Y lo mató. Y al otro: —Si te interesa terminar como él, ya sabes cómo hacer… —Y recomienza. —Uno dos tres cuatro cinco…

—Y Garbancito repite: —Uno dos tres cuatro cinco…

—No soy yo el que habla —dijo el otro ladrón—, te juro, no soy yo…

—¡Quieres hacerte el vivo conmigo! ¡Yo te mato! —Y lo mató. —Ahora estoy solo —dijo para sí—, puedo contar el dinero en paz y guardármelo todo para mí. Uno dos tres cuatro cinco…

Y Garbancito: —Uno dos tres cuatro cinco…

Al ladrón se le pusieron los pelos de punta: —Aquí hay alguien escondido. Es mejor que me escape. —Escapó, y dejó allí el dinero.

Garbancito con la bolsa del dinero sobre la cabeza volvió a su casa y golpeó la puerta. Su madre abrió y vio sólo la bolsa del dinero.

—¡Es Garbancito! —dijo. Levantó la bolsa, debajo estaba su hijo y lo abrazó.


El brazo de muerto

Había un muchacho alto y grandote que no tenía miedo a nada. Dijo a su padre: —Querido padre, quiero ir por el mundo a intentar fortuna—. El padre le dio su bendición y el muchacho se fue.

Llegó a una gran ciudad donde los muros de las casas estaban tapizados de telas negras y la gente vestía de luto y también las carrozas y los caballos estaban de luto. —¿Sucedió algo?— preguntó a uno que pasaba, y éste sollozando le dijo: —Mire: cerca de aquella montaña hay un castillo negro, habitado por brujos, y estos brujos quieren que todos los días se les envíe una criatura humana, que entra en el castillo y no vuelve más. Antes quisieron a las muchachas, y el Rey tuvo que enviar a todas las mucamas y las cocineras y las tejedoras y las planchadoras; después a todas las damiselas de la corte y a todas las damas, y hace pocos días también a su única hija. Y ninguna de ellas volvió. Ahora el Rey está enviando a los soldados, de a tres, para ver si se pueden defender, pero nadie vuelve. ¡Oh! Si alguien lograra liberarnos de los brujos, sería dueño de la ciudad.

—Quiero probar yo —dijo el joven, y de inmediato se hizo presentar al Rey. —Majestad, quiero ir yo solo al castillo—. El Rey lo miró fijo: —Si lo logras —le dijo—, y liberas a mi hija, te la doy por esposa y heredarás mi Reino. Basta que tú consigas pasar tres noches en el castillo para que el hechizo se rompa y los brujos desaparezcan.

En los merlones del castillo hay un cañón. Si mañana por la mañana aún estás vivo, dispara un tiro, pasado mañana dispara dos, y en la tercera mañana dispara tres.

Cuando se hizo de noche, el muchacho emprendió el camino hacia el castillo negro. Sube que te sube, a medianoche pasó cerca de un cementerio. De las tumbas salieron tres muertos y le dijeron:

—¿Te animas a jugar con nosotros?

—¿Y por qué no? —contestó él—. Pero ¿a qué quieren jugar?

—A los bolos —dijeron los muertos.

—¿Pero dónde tienen ustedes los bolos?

Los muertos agarraron unos huesos y los pusieron parados en el suelo.

—Estos son nuestros bolos.

-¿Y la bocha? Yo no veo ninguna bocha.

Los muertos agarraron una calavera. —Esta es nuestra bocha. —Y comenzaron a jugar a los bolos.

—¿Te animas a jugar por plata?

—¡Claro que me animo!

El joven se puso a jugar a los bolos con la calavera y los huesos, y de veras que era muy hábil: ganaba siempre él y ganó toda la plata que tenían los muertos. Una vez que quedaron sin un centavo, los muertos quisieron la revancha y se jugaron los anillos y los dientes de oro, y siguió ganado el joven. Jugaron un partido más y después le dijeron: —Volviste a ganar, y nosotros no tenemos más nada que darte. Pero como las deudas de juego deben pagarse en seguida, te damos este brazo de muerto que está aquí desde más de quinientos años; está un poco seco, pero bien conservado, y te servirá más que una espada. Cualquier enemigo que alcances a tocar con este brazo, el brazo lo agarrará por el pecho y lo empujará al suelo hecho cadáver, aun si es un gigante.

Los muertos se fueron y dejaron al muchacho con ese brazo en la mano.

Prosiguiendo su camino, el muchacho llegó al castillo negro con el brazo de muerto escondido debajo de la capa. Subió las escaleras y entró en un salón. Había una gran mesa puesta, cargada de comida, pero las sillas tenían el respaldo dado vuelta hacia la mesa. Dejó todo como estaba, fue a la cocina, encendió el fuego, y se sentó cerca del hogar, teniendo el brazo de muerto en la mano. A medianoche oyó voces en la chimenea que gritaban:

¡Ya matamos a muchos,
ahora te toca a ti!
¡Ya matamos a muchos,
ahora te toca a ti!

Y ¡patapúfete!, de la chimenea bajó un brujo, y ¡patapúfete!, bajó otro, y ¡patapúfete!, el tercero, todos con caras tan feas que asustaban y con unas narices tan largas que se doblaban en el aire como brazos de pulpos tratando de agarrarse a las manos y a las piernas del joven. Él comprendió que por sobre todo tenía que cuidarse de esas narices, y comenzó a defenderse con el brazo de muerto, como si estuviera practicando esgrima. Con el brazo de muerto tocó a un brujo en el pecho, y nada. Tocó a otro en la cabeza, y nada. Al tercero lo tocó en la nariz y la mano de muerto agarró esa nariz y le dio un tirón tan fuerte que el brujo murió. El joven comprendió que la nariz de los brujos era peligrosa, pero que era también su punto vulnerable, y se puso a apuntar a la nariz. El brazo de muerto agarró por la nariz también al segundo y lo mató; lo mismo hizo con el tercero. El muchacho se frotó las manos y fue a dormir.

A la mañana siguiente subió a los merlones y disparó el cañón: “¡Bum!” Desde el bajo, en el pueblo donde todos estaban ansiosos, vio que agitaban miles y miles de pañuelos enlutados.

Cuando al anochecer volvió a entrar en el salón, encontró ya una parte de las sillas dadas vuelta y puestas en la posición justa. Y por las otras puertas entraron damas y damiselas tristes y vestidas de luto y le dijeron: —¡Resista, por piedad! ¡Devuélvanos la libertad! —Después se sentaron a la mesa y comieron. En seguida de cenar se fueron todas, con grandes reverencias. Él fue a la cocina, se sentó bajo la chimenea y esperó la medianoche. Cuando oyó la duodécima campanada, por la chimenea se oyeron nuevamente las voces:

¡Nos mataste a tres hermanos,
ahora te toca a ti!
¡Nos mataste a tres hermanos,
Ahora te toca a ti!

Y patapúfete, patapúfete, patapúfete, tres enormes brujos, con una nariz larguísima cayeron de la chimenea. El joven, esgrimiendo el brazo de muerto, no tardó en agarrarlos por la nariz y tenderlos en el suelo, hechos cadáveres los tres.

A la mañana siguiente disparó dos cañonazos: “¡Bum! ¡Bum!”, y allá a lo lejos, en el pueblo, vio agitarse muchos pañuelos blancos: les habían quitado el crespón enlutado.

La tercera noche encontró que las sillas dadas vuelta en el salón eran todavía más,  y las jóvenes vestidas de negro entraron en mayor cantidad que la noche anterior. —¡Sólo por hoy! —le imploraron—, y nos liberarás a todas!—. Después comieron con él y se volvieron a ir. Y él se sentó en el mismo lugar de la cocina. A medianoche las voces que se pusieron a gritar en la chimenea parecían un coro:

¡Nos mataste a seis hermanos,
y ahora te toca a ti!
¡Nos mataste a seis hermanos,
y ahora te toca a ti!

Y patapúfete, patapúfete, patapúfete, patapúfete, cayó una lluvia de brujos que no terminaba más, todos con sus largas narices bien empinadas, pero el muchacho arremolinaba el brazo de muerto y tantos brujos llegaban, tantos mataba, y sin esfuerzo, porque bastaba que esa manaza reseca los tocara en la nariz para convertirlos en cadáveres. Se fue a dormir realmente satisfecho y, apenas el gallo cantó, todo en el castillo volvió a vivir y un cortejo de señoritas y damas nobles, con largos vestidos de cola, entraron en la cocina para agradecerle y reverenciarlo. En medio del cortejo avanzaba la Princesa. Al llegar frente al joven, el echó los brazos al cuello y dijo: —¡Quiero que seas mi esposo!

De a tres entraron los soldados liberados y le presentaron las armas.

—Suban a los merlones del castillo —ordenó el joven—, y disparen tres tiros de cañón—. Se oyó tronar el cañón y allá a lo lejos en el pueblo se vio cómo agitaban pañuelos amarillos, verdes, rojos, azules, y el eco de un sonido de trompetas y de tambores.

El muchacho descendió de la montaña encabezando el cortejo de la gente liberada y entró en el pueblo: los crespones negros habían desparecido y no se veían más que banderas y cintas coloradas que flameaban en el viento. Estaba el Rey esperándolos, con la corona enguirnaldada de flores. El mismo día fue celebrada la boda y hubo una fiesta tan grande que aún hoy se habla de ella.

Ilustración de Emanuele Luzzati para El Pájaro Belverde


Notas sobre los cuentos

  • Sobre “Garbancito y el buey”: Garbancito es chiquito, casi invisible: un personaje mágico que nos recuerda un pequeño Robin Hood, entre hombrecitos minúsculos y vacas enormes, es un juego de cajas chinas. La versión original, mucho más cruda, fue recogida en Florencia, Toscana.
  • Sobre “El brazo del muerto”: Este es un cuento en blanco y negro: el blanco de las montañas de donde es originario, el negro del humor macabro que lo recorre (Calvino anota haberlo acentuado) y que alude a los grandes motivos medioevales: el Destino, la Muerte, el Más Allá. Todo ello nucleado por ese número 3 cabalístico, que abarca a los vivos y a los muertos, a los soldados y a los civiles, a las apariciones y a las desapariciones. Sorprendentemente, luego de una panorámica que enfoca un auténtico pueblo de esta tierra, el final: en esplendoroso tecnicolor, con banderas que flamean al viento para saludar al joven héroe montañés. El rey, para la ocasión, lleva puesta una corona que es también una algarabía de colores. Narrado originariamente en idioma alemán, fuer recogido en el Trentino.

Ambos relatos fueron extraídos del libro El Pájaro Belverde y otras fábulas, de Italo Calvino con ilustraciones de Emanuele Luzzati (Buenos Aires, Ediciones Librerías Fausto, 1977).


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28 comentarios sobre “Dos cuentos populares italianos contados por Italo Calvino”

  1. perla dice:

    Diganme si estoy equivocada.
    Estos cuentos no me parecen muy infantiles.
    Me gusta mucho la obra de Italo Calvino pero nunca crei que era apta para ninios.

    Aprovecho la oportunidad para agradecerles una vez mas y felicitarlos por vuestra excelente revista.

    atentamente
    Perla (Israel)


  2. CLARA dice:

    NO SOY EXPERTA EN CRÌTICA DE CUENTOS. ME GUSTA LA OBRA DE CALVINO, PERO CONSIDERO QUE NO SON MUY INFANTILES. ES MI DUDA! QUE SIGAN LOS ÈXITOS CON VUESTRA REVISTA CLARA


  3. Mirtha dice:

    En mi infancia solía escuchar este tipo de relatos pero con el correr de los años dejaron de ser narrados a niños pequeños. ¿Existe alguna fundamentación para que vuelvan a circular?
    Hace unos años Alfaguara editó una colección de cuentos clásicos infantiles que la adquirimos para la biblioteca del Jardín donde trabajo. El material fue muy criticado por los padres de los niños que lo seleccionaban para llevarlo en condición de préstamo finalmente decidimos sacarlo de circulación.


  4. Gaby dice:

    El Pájaro Belverde es uno de mis libros favoritos de la infancia. Lamentablemente el mío se perdió con los años y ya no se imprimió o sea que imposible conseguirlo de nuevo. Por suerte, acabo de descubrirlo en España nuevo, de segunda mano, así que pronto lo voy a tener para ver si a mis chicos les gusta tanto como a mi.

    Quería comentar que según recuerdo, los cuentos estaban catalogados algo así como: cuentos para reir, cuentos donde gana el mas inteligente, cuentos para dar miedo, etc.
    El brazo del muerto es uno de los cuentos para dar miedo.
    No todos los cuentos del Pájaro Belverde son de tanta crudeza. Aunque habría que tomar en cuenta que estos son cuentos tradicionales que Calvino recopiló del saber popular italiano. Son cuentos muy antiguos y como tales incluyen situaciones acordes a la vida cotidiana de aquellas épocas (mucho mas duras que las actuales). Para mí es parte del encanto de estas historias.

    Puedo decir que siendo chica me encantaba el libro y que lo que recuerdo es que todos los cuentos eran muy entretenidos, tenían un final feliz y dejaban alguna enseñanza.

    A los Editores de Imaginaria: Muchas gracias por editar esta revista y ayudarnos a encontrar aquellos libros que nos permiten mantener a nuestros hijos interesados en la lectura! Espero que sigan los éxitos!


  5. Silvia dice:

    Estos cuentos no fueron creados originalmente para niños porque la infancia es un concepto posterior al comienzo de la circulación de estas historias. Hay una extensa fundamentación desde los psicológico para que vuelvan a circular. Por ejemplo, podés buscarla en “Psicoanálisis de los cuentos de hadas” de Bruno Bettelheim , pero hay mucha más bibliografía.Además, la fundamentación literaria podría serr la que esboza el mismo Calvino en el Prólogo (yo tengo una edición de Siruela de hace unos 10 años)cuando alude a la perfección formal de estos cuentos breves. Por otra parte, son cuentos orales que luego se escribieron, lo que hace a un registro muy interesante de la lengua y muy adecuado a la infancia, momento en que los chicos ya adquirieron su oralidad primaria y están desarrollando una oralidad secundaria al mis mo tiempo que ingresan en la cultura letrada. Conclusión: soy fanática de los cuentos piopulares, con o sin hadas!!! aunque, con hadas, mejor. Y Calvino los ha recopilado de ambos tipos.


  6. Silvia Rios dice:

    Pues si, a mi también me encantaron pero también me surge la misma duda.
    De acuerdo a la información que tengo, los cuentos tradicionales en Europa han sido recopilados desde mucho tiempo atrás, por ejemplo los hermanos Grimm. Sin embargo, estos cuentos se transmitían de generación en generación y los niños eran parte del público que los escuchaba, pero no eran relatados, ni escritos para ellos. En el medioevo los cuentos eran escritos para adultos, incluso tengo la copia de uno -“Melusina”- que fue un encargo de un duque a un escritor, lo que era una suerte de privilegio y le daba un toque de nobleza, pues tenía su propio relato.
    Al pasar el tiempo los niños se fueron “apoderando” de estos relatos y los escritores decidieron (o quizás los editores) reelaborarlos dándoles un toque “mas infantil”. Es decir, evitando tanta violencia, humor negro, etc.
    Pero a decir verdar, yo no estoy segura que esta transformación sea del todo correcta. Recuerdo que en mi infancia solía leer a los hermanos Grimm en sus versiones originales y me encantaban los “horrores” que se narraban. Ahora mi hijo de 10 años lee relatos de horror y le encantan y no por eso es violento. Además recuerdo también a una Psic. Jaqueline Held que en una de sus obras comenta que estos cuentos permiten a los niños “vivir” sus deseos reprimidos o bien enfrentar sus temores en lugar de llevarlos a cabo en la videa real. Algo que en la teoria psicoanalítica llaman sublimación. En fin, sea lo que sea yo los disfruto muuuuuuucho.


  7. mercedes dice:

    Hola soy luli, y me encanto el cuento de garbancito, me mate de risa jeje XD, bueno muchas gracias, mi mama se mataba de risa, bueno besos


  8. Ana Lilia dice:

    Me encantó el cuento de “El brazo de muerto”, lo disfruté muchísimo, tanto que mientras leía iba pensando como leerlo a mis alumnos para trabajar con ellos lectura de comprensión y análsis de textos literarios. Italo Calvino me emociona.


  9. Grisel dice:

    Mirtha: no hay una razón, sino muchas. Y la verdad es que no se me ocurre ni una sola para que NO circulen.
    Para que sí circulen, a mí me parece que bastaría la de ser parte en una tradición narrativa “que permanentemente aireó la habitación de los niños, a menudo sofocada por una literatura fuertemente conducida por ideas pedagógicas, de escaso interés literario y nula trascendencia”. Pero suponiendo que no alcanzara esa ni alguna de las otras razones que se exponen en el artículo de Marcela Carranza que figura en esta misma edición de Imaginaria, creo que el comentario de Luli aquí vecino del nuestro es una GRAN razón para que estos cuentos vuelvan a circular libremente.


  10. Elena dice:

    Alguien PIENSA seriamente que los cuentos tradicionales pueden hacerle algun mal a los niños?
    Seguro que son aquellos que miran programas de chimentos o de baile o reality con los chicos.
    Volvamos a aupar a hijos y nietos y asi abrazados leamos un buen cuento tradicional.


  11. Faust dice:

    Realmente me parecen obras interesantisimas para ser trabajadas con un público infantil…
    soy estudiante de un profesorado de lengua y literatura y aunque no este destinado a dar clases a un público infantil, espero algún dia ser padre (y abuelo) y procurarme el mantener la bella tradición de contar cuentos =)

    Saludos!


  12. cristi dice:

    Tengo 63 años y he leido los cuentos tradicionales, y siempre pensé que eran para que nos quedaramos quietos, si los chicos por TV ven cosas peores que esos cuentos. La escenas de la guerra, los muertos etc.


  13. Sandra Bernal Moreno dice:

    HOLA QUE TAL,APROVECHO EL ESPACIO PARA FELICITARLOS LA REVISTA ESTA PADRISIMA,LEO QUE TIENEN UN BUEN DE SEGUIDORES Y ME GUSTARIA QUE ALGUIEN DE LOS SEGUIDORES ME ENVIARA ALGUNAS SUGERENCIAS POR CORREO piensoluegoexisto@25yahoo.com.mx TENGO POCO TIEMPO EN LA LABOR DE CIRCULO DE LECTURA PARA NIÑOS EN REALIDAD ESTUDIE LITERATURA DRAMATICA, PERO ME GUSTA ESTO DE TRABAJAR CON NIÑOS, OJALA , ALGUIEN PUDIERA AYUDARME PARA SEGUIR CRECIENDO. GRACIAS Y ENVIO UN ABRAZO DESDE MEXICO


  14. Nicolás dice:

    Me quedo sorprendido por las dudas respecto al destinatario infantil de estos cuentos. Basta leérselos a algún niño/a, y ver su recepción para darse cuenta que les resultan muy entrenitenidos y para nada sorprendentes. No acorralemos a los niños en nuestras cosmovisiones.


  15. maría Cecilia Muñoz dice:

    Hola soy Mará Cecilia.

    Las fábulas, leyendas y cuentos son probablemente las primeras narraciones con las que tomamos contacto, y quizás por eso, resultan ser las que más se impregnan en nuestra memoria, haciéndonos revivir una y otra vez algunos de los momentos más cálidos y tiernos de nuestra vida.
    La mayor ventaja educativa, sin duda ninguna, es la capacidad que tiene un cuento de transmitir valores. Quizás no hayamos reparado conscientemente en ello, pero si lo analizamos, la mayoría de los valores más firmemente arraigados en nuestra propia personalidad llegaron a nosotros de la mano de algún cuento: los 3 cerditos, por ejemplo, nos inculcaron la importancia de trabajar bien; la tortuga y la liebre nos mostraban que la constancia y la modestia tenían su fruto; y la cigarra y la hormiga nos hicieron ver que era más rentable trabajar que ser un holgazán.


  16. Martín Blasco dice:

    El año pasado me crucé con este libro en una librería de Avellaneda. Ya tenía la recopilación completa de Siruela, pero me lo llevé porque estaba… 8 pesos!!!! Qué lindos son esos golpes de suerte.


  17. paulina dice:

    lo que pasa es que a mi hijo le an mandado en el escuela a investigar el cuento de nariz de plata desl autor italo calvino y ya no se donde buscar me pueden ayudar


  18. Daniela dice:

    hola a todos
    gracias por regalarnos cuentos de mi autor favorito
    Por suerte tengo el pájaro Belverde, una vez, hará 10 años, me crucé en una librería con los tomos de los cuentos populares italianos recopilados por Italo, saben de qué editorial es? dónde puedo comprarlo?
    desde ya muchas gracias
    Daniela Magnone


  19. Mónika dice:

    Paulina,

    Tal como Marcela Carranza detalla en su artículo, el cuento “La nariz de plata” está incluido en “El pájaro Belverde”, y además está contenido en el libro “Cuentos populares italianos”. Si vivís en BsAs es posible hallar esta obra (Cuentos populares…) en muchas bibliotecas públicas, basta que consultes el catálogo Acceder (http://www.acceder.gov.ar) y elijas la que te quede más cerca de tu casa. También la Biblioteca Nacional de Maestros (Pizzurno 953) cuenta con ejemplares de “El pájaro Belverde”, y con una antología que se titula: “De gatos, nenas y magos…” (editorial Kapelusz) donde aparece publicado el cuento “La nariz de plata”.
    Suerte!
    Mónika


  20. Héctor Rodríguez de la O dice:

    Estimados amigos de Imaginaria:
    Les escribo para felicitarlos por Su importante labor a favor de la literatura infantil y juvenil, y aprovecho la ocasión para hacer de Su conocimiento que está abierta la convocatoria para el Premio Hispanoamericano de Poesía para Niños 2011, organizado por el Fondo de Cultura Económica y la Fundación para las Letras Mexicanas. Deseando puedan darle una oportuna difusión en este su tan visitado sitio, Les pido una dirección de correo electrónico a la cual poderles enviar, como archivos adjuntos, la información pertinente (cartel y convocatoria completa).
    Sin más por el momento, reciban un saludo cordial de
    Héctor Rodríguez de la O
    Fondo de Cultura Económica
    México


  21. admin dice:

    Estimado Héctor: nuestras direcciones son robisotelo@gmail.com (Roberto Sotelo) y eagimenez@gmail.com (Eduardo Abel Gimenez). Gracias.


  22. Roberto Sotelo dice:

    Estimado Héctor:

    Le informamos que las bases del Premio que comenta ya fueron publicadas en Imaginaria. Precisamente en la sección Eventos de nuestro último número, el 293.

    Las encontrará en esta dirección: http://www.imaginaria.com.ar/2011/05/premio-hispanoamericano-de-poesia-para-ninos-2011/

    Muchísimas gracias por sus comentarios sobre la revista.


  23. Male dice:

    guau O:
    me acuerdo de haberlo leído cuando era chica en la biblioteca del colegio
    me acordé y lo estuve buscando porque no me podía acordar cual era O:


  24. jaz dice:

    yo lo tengo al libro es muy lindo sus cuentos son muy interesantes y abre la imaginación.. lo recomiendo es muy buen libro besos


  25. cynthia dice:

    hola!! les envío una felicitación por publicar estos cuentos que son una joya de la literatura. El pájaro belverde es uno de mis libros favoritos de la infancia y disfruté leer nuevamente los dos cuentos … desafortunadamente perdí el libro en una de tantas mudanzas y agradecería si alguien me dijera dónde lo puedo conseguir o descargar. saludos!!


  26. Matias dice:

    Buenas!
    Estoy buscando el Pájaro Belverde desde hace mas de 10 años, cuando lo perdí. Busque por librerías, plazas de reventas de libros… internet… por todos lados..
    Fue mi libro preferido de mi infancia, y recuerdo que estaba subdividido en cuentos para niños, cuentos para dar miedo, etc etc.
    Me encantaría conseguirlo, sobre todo el de Tabañito el jorobado, y el mismo cuento del Pájaro Belverde. Si alguien puede pasarme mas información al respecto, estaré agradecido.
    Saludos!!!


  27. paula dice:

    Què felicidad me daba cuando mi mamà entraba a la habitaciòn y nos tocaba leer cuentos de miedo…
    Mi infancia esta atravesada por este libro, mi construcciòn del sentido del humor, del miedo , de la fantasia , los dibujos de
    Luzzati, todo me marcò de tan buena manera que sòlo puedo recomendarlo.


  28. Nando dice:

    !!Olé por estos cuentos de toda la vida. Aún recuerdo como me los contaba mi madre antes de dormir, historias fantásticas con las que comenzaba el descanso del día ajetreado que vivíamos en nuestra infancia. Poníamos a nuestra imaginación a toda velocidad configurando los esquemas para nuestra madurez.
    Gracias Italo, maestro, por recopilar estos tesoros que nos han alegrado la infancia y que al ser de tradición oral, disponemos de ellos apartándolos del olvido y para el disfrute de otras generaciones..


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