Entrevista con la ilustradora Jutta Bauer: Fuera de la torre de marfil

por Moka Seco

Jutta Bauer (Hamburgo, 1955; a la derecha, fotografía por Martha López Revelles) es autora integral de numerosos libros-álbum: Madrechillona, El ángel del abuelo, La reina de los colores, Selma, entre otros. También ha compartido títulos muchos con otros autores, como por ejemplo Por qué vivimos en las afueras de la ciudad —con texto de Peter Stamm—, o Sencillamente tú, con texto de Heinz Janisch. Por su obra de más de 50 títulos fue distinguida con importantes premios, como el Premio Nacional de Literatura Infantil de Alemania (2001) y el Premio Hans Christian Andersen 2010.

Reproducimos la entrevista con Jutta Bauer publicada en Bloc. Revista Internacional de Arte y Literatura Infantil Nº 0 (Madrid, otoño de 2007).

Imaginaria agradece a Pablo Cruz y a Xabier P. DoCampo —redactor y director de Bloc respectivamente— la autorización y facilidades proporcionadas para la publicación de esta entrevista.

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“Creo que si alguien trabaja sólo con libros, al final pierde cualquier tipo de contacto con el mundo real…”

Jutta Bauer

Es muy extraño, como si nuestros pies conocieran el camino. Tiene que ser ese edificio rehabilitado de ladrillo rojo que, seguramente, fue una construcción para uso industrial en el siglo XIX. Tiene forma de ele y está situado al borde de un canal por el cual pasa, de cuando en cuando, un barco. Al dar la vuelta al edificio, vivos colores en las ventanas nos anuncian la existencia de un kindergarten. En el panel izquierdo de la puerta de entrada aparecen los nombres completos de cuatro personas, la primera es Jutta Bauer, allí tiene su estudio y allí es la cita.

Subimos las escaleras hasta el piso superior, las paredes nos cuentan la historia del edificio y de sus habitantes. Al llamar al timbre nadie contesta. Enseguida alguien abre la puerta de la calle y sube apresuradamente las escaleras. Seguro que es ella.

Una figura envuelta en un abrigo negro y cargada con una bolsa enorme nos saluda, abre la puerta y entra como un torbellino en el estudio hablando muy deprisa.

Nos recibe una explosión de luz. Se podría decir que tres de las cuatro paredes son prácticamente ventanas. Al pie de una de ellas, y situada sobre una tarima que divide el espacio en dos partes, una gran mesa, sobre ella esos recipientes que contienen lápices y pinceles, esas cajas planas llenas de lápices de colores que, aunque son de esperar en este lugar, suscitan una curiosidad especial.

En una de las paredes un cartel con un discurso de Rosa Luxemburg. Sobre el piano una colección de ovejas lanudas, prototipos de la inconfundible Selma (1) que la contemplan en silencio mientras ésta dormita encima de una hamaca en primer plano.

Al descender de la tarima hay otras dos mesas igualmente dispuestas para el trabajo. En torno a una de ellas, blanca, nos sentamos para realizar la entrevista.

Jutta viste un suéter y un pantalón negros, y calza unos zapatos rojos. Sus vivos ojos claros y su pelo corto le dan el aspecto juvenil que se corresponde con la soltura de su trabajo gráfico.

Ilustración de Jutta Bauer para el libro Selma.

—¿Qué no te han preguntado en una entrevista que te hubiera gustado responder?

—Actualmente echo de menos en las entrevistas que se me pregunte más por mi vida privada. Entendedme, quizá la mayoría de esas preguntas no las respondería, pero es la sensación de que a la gente sólo le intereso como ilustradora, y que la mayoría, excepto los amigos de verdad, sólo están a mi lado por interés.

Sin duda nos hemos acercado a ella porque nos interesa como ilustradora, pero igualmente lo hacemos por saber qué hay detrás de su obra, dentro de ella.

—Sobreviviste al colegio como un mal necesario…

—Te refieres a la época de colegial. Sí, era muy mala estudiante. Creo que mi problema era, y es, una incapacidad innata para calcular, incapacidad lógica. Era incapaz de hacer cuentas, incluso ahora todavía me cuesta. No te puedes imaginar qué mal lo pasé. Pero, cuando te enfrentas con un problema así, aunque eres pequeña te das cuenta de las otras cosas que sí puedes hacer.

—¿Desde siempre quisiste ilustrar? ¿Te gustaba dibujar ya de pequeña?

—En cierta manera sí, lo supe desde siempre porque todos me lo decían: si dibujas tan bien, tendrías que aprovecharlo y dedicarte a ello. Los profesores en el colegio me decían que no me preocupara, que aunque fuera un desastre en otras materias, al menos podía dibujar muy bien, se me daba muy bien cantar y me defendía con los idiomas. Del resto, nada. Y cuando te lo dicen tantas veces, terminas por creértelo. Luego, cuando ya estudiaba ilustración en la escuela superior, una época muy movida políticamente, yo era una estudiante muy comprometida y me dedicaba a hacer panfletos, carteles, siempre estaba organizando las huelgas… Mi profesor de entonces me dijo: «Sí, puedes perder el tiempo como quieras, pero terminarás siendo ilustradora».

—Esa fuerza innata debió de ser realmente muy poderosa, es decir, en vez de sentirte atrapada en un destino que no deseabas, tu forma de dibujar está llena de vida, has hecho algo útil de ello…

—Yo creo que con el tiempo llegó a parecerme una buena idea, es más, desde siempre utilicé ese talento que tenía para dibujar en las cosas que me gustaban: los panfletos y los carteles políticos, caricaturas, las revistas estudiantiles… Y aprendí que dibujar servía para algo: era lo que yo sabía hacer y podía ser útil. Cuando puedo aunar el dibujo y lo que me interesa es cuando me siento mejor.

—De alguna manera una exposición es un intento de mover algo, al menos desde el punto de vista social y en algunos casos político, y tú expones muy a menudo.

—Eso es cierto, pero la repercusión que puede tener es mínima. Con mis exposiciones, mis libros, cuando estuve trabajando para la revista Brigitte haciendo cómics, siempre he tratado de decir lo que pienso, lo que opino, pero obviamente, en los libros el mensaje no es tan claro. Pero quién sabe, a lo mejor produce algún movimiento que pudiera llevar a un cambio.

—Mientras estudiabas, también trabajabas, ¿fue muy dura esa época?

—Todo el mundo tiene que trabajar mientras estudia, al menos casi todos. Mi hijo Jasper también tendrá que ponerse a trabajar ahora cuando empiece a estudiar. Es lo normal. Estuve trabajando durante diez años haciendo dos turnos tres veces a la semana, sobre todo durante el fin de semana. Reconozco que cuando dejé de trabajar en esta residencia cuidando a enfermos y a gente paralítica, me alegré de volver a tener libres los fines de semana, pero el trabajo no es algo que haya sentido como un peso. Es más, fue muy importante para mí, es un trabajo que me ha marcado mucho. Creo que si alguien trabaja sólo con libros, al final pierde cualquier tipo de contacto con el mundo real, y para qué me sirve quedarme en mi torre de marfil si luego no sé lo que pasa en el mundo, ¿de qué voy a escribir? Tengo la sensación de que si no se hace algo así, al final se te termina el material para escribir historias, vuelve una y otra vez la misma temática, los mismos pensamientos. Y eso es algo que se puede ver muy a menudo en el álbum ilustrado, ¿no?

Ilustración de Jutta Bauer para el libro Por qué vivimos en las afueras de la ciudad.

—Creo que esa época, por lo que acabas de decir, te marcó mucho.

En cierta manera supongo que sí. Pero yo tampoco creo que sea la clásica ilustradora de libros o artista, para eso me falta la parte intelectual. Mi madre era una campesina y mi padre un intelectual, y esas dos tendencias están en mí.

—Ambas tendencias son necesarias en el ser humano para permanecer «sano», la mente y las manos…

—Sí, yo también lo creo. Creo que puede ser así, que ambas partes son necesarias. Es algo que me ha limitado toda mi vida. Yo siempre quise hacer algo más intelectual, dibujar me parecía demasiado práctico, pero intentaba apropiarme de algo que no me pertenecía. Es algo que todavía no he conseguido ni he «superado».

—Aunque lo cuentas así, en el fondo sientes interés por muchas cosas. No sólo ilustrar o escribir libros, también el diseño de los libros, el cómic…

—La verdad es que sí. Van por épocas y varían según se van desarrollando con el paso del tiempo. Por ejemplo, el cómic está muy relacionado con mi época de estudiante. Era una de las asignaturas que tuvimos al final de la carrera. La verdad que fue una pena que diera con ella tan tarde, ya que no pude tratarla como si fuera mi asignatura principal, y el movimiento me interesa mucho. Y es una pena, porque me falta la técnica, para mí siempre ha sido muy importante que mis figuras se muevan. Mis compañeros se ríen de mí porque yo siempre dibujo a mis personajes con esas rayitas que indican movimiento.

—Eso los dota, además, de vida…

—Yo les doy toda la vida que puedo, pero muchas veces no es suficiente. A lo mejor tiene que ver con mi carácter, soy una persona muy activa que necesita moverse mucho. Otro aspecto de ese interés por el movimiento lo he descubierto con las obras de teatro que se han hecho de mis libros, por ejemplo con El ángel del abuelo (2): de repente, personas de carne y hueso se meten en la piel de tus personajes y se suben a un escenario. Cuando dejan de estar en el papel y están frente a ti, de repente dices: «¡Ajá!». Es algo que me interesa muchísimo, y me puedo imaginar perfectamente cómo son esas figuras, lo que hacen en el escenario…

—Creo que lo entiendo. Las personas tienen sus limitaciones y no puedes hacer todo lo que quieras con ellas. Al trabajar justamente con esas limitaciones para conseguir lo que quieres, aprendes muchísimo.

—¡Eso! Eso es lo que me falta en mi trabajo, necesito volver a trabajar con personas. Ahora me encuentro en un punto en el que estoy considerando muy seriamente un cambio. Los libros en este momento son demasiado papel para mí, papeles y más papeles. Necesito trabajar con algo que esté vivo, que tenga movimiento, o volver a trabajar con personas. Noto que me falta algo cuando todo lo que hago está sobre un papel. En cierto momento uno pierde el hilo cuando puede hacer y tener todo lo que quiere, se vuelve más y más estético, pierde la vida. Y yo todavía puedo disfrutar mucho de lo que hago, pero algunas veces estoy tan hastiada que me digo: «¿Y cómo vas a colorear esto, rojo, azul, verde? ¡Y qué más da!».

Ilustración de Jutta Bauer para el libro La reina de los colores.

—Un poco como Malwida, la reina de los colores… (3)

—Exacto. Se llega a un punto en el que ya has hecho demasiado de una cosa, lo conoces y dominas demasiado bien, ya has jugado lo suficiente y necesitas algo nuevo.

—La solución también se esconde en Malwida, ¿no? Quiero decir, el conflicto se resuelve cuando la reina de los colores descubre que la que tiene los colores, la capacidad, en su interior, es ella misma, y esa tristeza, las lágrimas, liberan de nuevo esa capacidad.

—Sí, pero en Malwida también hay un componente de «guardar luto» que en cierta manera te inmoviliza: saber que lo tienes pero también estar cansado de «siempre lo mismo», cuando llega el momento en el que no te retroalimenta en la misma medida y sabes que necesitas nutrirte para que el motor siga funcionando.

—¿Has tenido modelos que te han marcado o que has seguido?

Mumins (*). Ahora te lo enseño. ¿Dónde está? Siempre está ahí, en la esquina. Qué extraño. A lo mejor se ha ido a dar un paseo… No, en serio, Mumins es de lo mejor que hay. Sobre todo me marcó en los años 50. Es tan simple y tan genial, está tan lleno de vida. Todos estos son los libros que tuve cuando era pequeña… también está el erizo Mecki (**). La verdad es que Mecki no me gusta, pero sé que me impresionó cuando era pequeña. No teníamos mucho dinero, y aunque mi padre era maestro, era más bien terrenal, como mi madre, y no le daban mucha importancia a los libros. Pero eso sí, sólo hacía falta decirle a mi padre: «¿Cómo era esa historia que…?», como si le apretaras un botón, y ya estaba contándotela. Sí, en mi familia siempre había una gran cultura de contar y mucho humor, dos aspectos muy importantes para mí. Mi padre contando era muy sobrio y divertido, escueto pero impecable con la estructura de la narración. Yo creo que he heredado de él la manera de contar las historias.

—¿Y siempre desde dentro, contar desde ti misma?

—Supongo que sí… Aunque casi siempre movida desde el exterior, por lo que veo, escucho…

—¿Cómo te describirías en el trabajo? ¿Tu trabajo ocupa toda tu vida? O tu vida personal no tiene nada que ver con tu profesión.

—Pues no, yo diría que una mezcla.

—El equilibrio, esa es Selma. (4)

—Sí. Pero creo que yo he hecho todos mis libros para aprender de ellos, en su interior se esconden deseos, lo que nos gustaría que fuera. Para mí Selma es: ¡Mira! Así lo tienes que hacer. Me parece imposible llegar a ese grado de satisfacción, sería un sueño, pero nunca lo he conseguido. Soy lo contrario que Selma, siempre me estoy quejando.

—Pero es que Selma es una heroína.

—Sí, una heroína y un ideal. Si fuera más fácil ser como ella…

Ilustración de Jutta Bauer para el libro Selma.

—Ahora que hablamos de Selma, cuando tienes una idea, o un sentimiento a partir del cual quieres hacer un libro, ¿qué es lo que prima? ¿Lo que quieres decir? ¿O te atrapa la musa y creas como si estuvieras poseída?

—En cada libro es distinto. Por ejemplo, escribí Selma en una noche, quería hacer un regalo a mis amigos. En La reina de los colores partí de una idea: quería a una reina dominante que tuviera subyugados a los colores, y que estos se sublevaran mezclándose y que dieran ese «gris». El ángel del abuelo, en un principio, partió de una imagen que a mí me parecía graciosa: un pobre ángel de la guarda que por defender a su protegido, que nunca se entera de lo que pasa, aguanta estoicamente toda clase de golpes. Pero lo que comenzó como una historia desenfadada y divertida, de repente adquirió entre mis manos un tono cada vez más serio. Supongo que también influida por mi estado anímico, mi madre acababa de morir y yo no me sentía quizá tan graciosa. El caso es que hubo un cambio de dirección durante el proceso de creación y me alegro de que así fuera.

Ilustración de Jutta Bauer para el libro El ángel del abuelo.

—¿Tienes, pues, un método de trabajo muy definido? ¿Qué es primero, el texto o la imagen?

—Normalmente mi método de trabajo es ir creando texto e imagen alternadamente. A veces hay más texto y una imagen, o al contrario, depende. Muchas veces me quedo sorprendida cuando termino, el resultado tiene una carga filosófica existencial que no tenía preparada, y siempre tiene que ver con la etapa por la que estoy pasando. Se cuela dentro de la historia sin que yo quiera.

—Se podría pensar que esto son pensamientos que van apareciendo a lo largo del tiempo, como reflexiones sobre la propia evolución artística…

—Ya de niña era una cosa que me impresionaba, me parecía algo esotérico. Sin ir más lejos, el libro de Peter Stamm que todavía no se ha traducido en España, aunque está en camino, Warum wir vor der Stadt wohnen (5). Tardé tres años, pero no te creas que estuve trabajando en él tres años, estaba aquí, en una mesa, y no tenía ni idea de cómo poner imágenes al texto. De repente tomé una decisión y empezó a funcionar rápidamente. Cuando terminamos el libro me di cuenta de que durante todo ese tiempo había estado ocupada con mi situación personal. Había estado buscando casa para mudarme, quería separarme de donde y con quien había estado viviendo, pero me costaba decidirme. De pronto tomé una decisión, encontré una casa, y mi situación se arregló justo cuando el libro estuvo terminado. Y me pareció extraño, me sorprendió, porque ni siquiera el texto era mío, me lo habían dado, pero era un texto que tenía que ver con el problema que estaba viviendo y me había inmovilizado, no podía dibujar hasta que lo hubiera resuelto: cómo, con quién y dónde quería vivir. La pregunta era dónde encuentro yo un lugar en el que vivir como quiero. Es muy frustrante para mí constatar lo relacionados que están mi vida y mi trabajo sin que yo quiera. Al principio pensé: empiezo a mezclar un poco los colores y a dibujar y ya saldrán las ilustraciones, pero al parecer no conseguí separar mi vida de mi trabajo, aunque realmente era lo que quería. Pero a lo mejor es algo que le pasa a todo el mundo, al que baila, al que canta… no pueden separar sus sentimientos.

Ilustración de Jutta Bauer para el libro Por qué vivimos en las afueras de la ciudad.

—Cuando terminas un libro, ¿está supeditado a una idea de formato, color, tamaño? ¿Qué piensas de los formatos en los que posteriormente se publica? Lo digo porque normalmente aparece un álbum en tapa dura y con un tamaño y luego salen ediciones más pequeñas, de bolsillo.

—Si son versiones de tamaño más pequeño, no me molestan en absoluto. De hecho, la versión en pequeño de Madrechillona (6) me gusta mucho. Las cosas pequeñas me suelen gustar más. El formato que tiene La reina de los colores en tapa blanda, versión de bolsillo, es del mismo tamaño, sólo cambia la calidad del libro. Me molestaría lo contrario, que yo hiciera algo pequeño y que lo inflaran quedando más tosco. Los tamaños tan grandes no están hechos para niños. Me gusta más un tamaño medio. Son perfectos porque son manejables, caben en la mano. Creo que todos los libros para niños tendrían que ser así: de tapa blanda, manejables en sus manos, con ilustraciones… que fueran libros pensados y hechos para ellos.

—Ahora que hablas de ediciones «artísticas», creo que también tiene que haberlas. En la actualidad hay muy buenos ilustradores, y la mayoría de las veces sus trabajos son mejores y más interesantes que los de los artistas que se dedican al arte «puro».

—Eso díselo a los grandes artistas, a ver qué te contestan. No reconocen otras ramas aplicadas del arte, consideran a la ilustración como un arte de segunda. Por eso formamos la fundación Stiftung Illustration, no sólo para facilitar y proteger la venta de originales, sino, sobre todo, para defender y hacer respetar los derechos de los ilustradores. Habíamos conseguido un estudio en el que se pudieran hacer actividades dedicadas a la ilustración y unas becas patrocinadas por la editorial Carlsen. Los becarios recibían dinero y podían trabajar en la editorial dibujando. Pero ahora esos grandes artistas han querido abrir ese estudio a lo que ellos consideran el arte de verdad, e incluso han preferido que desapareciera la beca a la ilustración si no se abría a otros campos artísticos. No hemos podido hacer nada, son mayoría, pero verdadermente me parece una pena.

—Otra cosa muy interesante de tus libros es que no parece que tengas tabúes, temas que no tratarías por no considerarlos apropiados para los niños.

—Y creo que no los hay. No tendría ningún problema en tratar el tema de la muerte aunque no se considere apropiado para ellos, pero yo creo que sí. No son temas que yo trate de silenciar. Este es un tema que me saca un poco de quicio, siempre lo mismo. Yo no pondría una novela para adultos de Peter Stamm en las manos de un niño, para eso él mismo escribe otras cosas para ellos, pero al mismo tiempo no pienso continuamente en un público específico cuando estoy creando un libro. Cuando tengo una idea, busco la forma de expresión más adecuada para la historia y mi trabajo consiste en desarrollarla tal y como a mí me gustaría que fuera, desde mi «niño interior»: es la mejor manera de entender a los niños y de darles lo que necesitan. Al final, son los padres quienes deciden qué leen sus hijos o no.

Ilustración de Jutta Bauer para el libro Madrechillona.

—Los animales, que tan a menudo dibujas, son una especie de reflejo de la sociedad. ¿Es así?

—Supongo que sí. Los animales están muy unidos a un universo simbólico, y a no ser que lo hagas intencionadamente, por ejemplo, escribir la historia de un lobo bueno, tienen una carga significativa muy marcada. Por otro lado, los animales se prestan más fácilmente a ser personajes con mucho más carácter, puedes caricaturizarlos. Los animales dan mucho más juego: en este penúltimo libro que he publicado (7), el texto es de Janisch y es una declaración de amor. Cuando empecé a ilustrarlo supe que los personajes no podían ser humanos, el conjunto habría resultado cursi, y por eso opté por dibujar gatos para que fueran mis protagonistas. Y funcionó, pasó de ser cursi a ser gracioso, lindo, hubo un giro de tuerca. Eso es lo que pasa con los animales, una sensación de frescura y ligereza; los personajes humanos son más problemáticos.

—Cuéntame algo de esa antología de cartas con el título Ich sitze hier im Abendlicht. (8)

—Surgió durante esos tres años en los que tuve aparcado el libro de Peter Stamm. Estaba desesperada, no sabía por dónde empezar con las ilustraciones. Un día hablando con la lectora de Beltz & Gelberg sobre una antología, le contesté, sin saber por qué, a su pregunta de qué tema elegiría yo para una antología: «Cartas». La única condición que puse es que yo pudiera elegir los textos. De repente tenía un nuevo proyecto entre manos y podía retrasar un poco más el libro de Stamm sin sentirme culpable. Fue dificilísimo hacer la selección, en más de una ocasión pensé: ¿Por qué me tengo que meter en estos problemas? Pero la experiencia me gustó muchísimo. Era algo totalmente nuevo para mí y lo pasé muy bien haciéndolo.

—¿Sigues lo que pasa con tus libros en el extranjero, te interesa?

—Cada vez más. Por ejemplo, ahora la serie de Juli no se puede vender en América (9) porque aparece el pecho desnudo de una mujer. Hay gente que me dice que tengo que ser más cuidadosa para proyectar la imagen en el extranjero, pero no puedo. Por otro lado pienso que son culturas diferentes y que está bien que sea así.

—Una cosa más: en una entrevista leí que lo que más te gusta es mirar por la ventana. ¿Hay alguna ventana en tu estudio por la que te guste más mirar?

—Sí, esa de allá, la que da al canal. De vez en cuando veo pasar los barcos, el restaurante… Siempre hay mucho movimiento.

Ilustración de Jutta Bauer para el libro Sencillamente tú.


Notas

(*) Aparecen en Alemania en los años 50, de la escritora escandinava Tove Jansson.

Nota de Imaginaria: Ver —en el artículo sobre la autora Tove Jansson— los artículos: “Los Mumin en el teatro”, “Atracciones turísticas inspiradas en la saga de los Mumin” y “Los Mumin de Tove Jansson en Internet”.

(**) Aparece en los años 30 y es originariamente de los hermanos Diehl.


Entrevista extraída, con autorización de los editores, de Bloc. Revista Internacional de Arte y Literatura Infantil Nº 0 (Madrid, otoño de 2007).

Entrevista: Moka Seco / Coordinación: Pepe García Oliva / Fotografía: Martha López Revelles / Colaboración: Samuel Alonso Omeñaca y Xabier P. DoCampo.

Desde la página web de la revista Bloc se puede descargar gratuitamente el Nº 0 en formato PDF.

Revista Bloc – Direcciones de contacto: Apartado de Correos 9007, 28080 Madrid (España) / Tel: (34) 657 63 69 97 / Email: info@revistabloc.es / Web: www.revistabloc.es


Notas de Imaginaria

(1) Se refiere al personaje cuyo nombre da título al libro Selma de Jutta Bauer (ver datos bibliográficos en la nota Nº 4).

(2) Bauer, Jutta. El ángel del abuelo. Ilustraciones de la autora. Traducción de Lorenzo Rodríguez López. Salamanca, Lóguez Ediciones, 2002. Colección Rosa y manzana.

En el Nº 236 de Imaginaria recomendamos esta obra; la reseña se puede leer aquí.

(3) Bauer, Jutta. La reina de los colores. Ilustraciones de la autora. Traducción de Lorenzo Rodríguez López. Salamanca, Lóguez Ediciones, 2003. Colección Rosa y manzana.

(4) Bauer, Jutta. Selma. Traducción de Udo Araiza. México, Editorial Fondo de Cultura Económica, 2009. Colección Los especiales de A la orilla del viento.

(5) El libro que menciona Jutta Bauer, Warum wir vor der Stadt wohnen, ya fue publicado en español:

Peter Stamm (texto) y Jutta Bauer (ilustraciones). Por qué vivimos en las afueras de la ciudad. Traducción de Patricia Llorens i Martí y Laura Prades i Bel. Valencia, Tàndem Edicions, 2008. Colección Álbumes Ilustrados.

En el Nº 268 de Imaginaria publicamos una reseña sobre esta obra; se puede leer aquí.

(6) Bauer, Jutta. Madrechillona. Ilustraciones de la autora. Traducción de Lorenzo Rodríguez López. Salamanca, Lóguez Ediciones, 2001. Colección Rosa y manzana.

(7) El libro al que hace referencia Jutta Bauer es el siguiente:

Janisch, Heinz (texto) y Jutta Bauer (ilustraciones). Sencillamente tú. Traducción de Eduardo Martínez. Salamanca, Lóguez Ediciones, 2007]. Colección Rosa y manzana.

(8) El libro que mencionan (Ich sitze hier im Abendlicht) todavía no fue publicado en español.

(9) La serie de Juli (Julio) de la escritora alemana Kirsten Boie (Hamburgo, 1950), con ilustraciones de Jutta Bauer, no está publicada en español. Suponemos que al mencionar a “América”, la ilustradora se está refiriendo a los Estados Unidos.


Artículos relacionados:

Publicaciones: Revista Bloc N° 0.

Libros recomendados: El ángel de abuelo, de Jutta Bauer (Lóguez Ediciones).

Reseñas de libros: Por qué vivimos en las afueras de la ciudad, de Peter Stamm (texto) y Jutta Bauer (ilustraciones).

Eventos: Ganadores de los Premios Hans Christian Andersen 2010.

4 comentarios sobre “Entrevista con la ilustradora Jutta Bauer: Fuera de la torre de marfil”

  1. Guisela Zwanzger L dice:

    Muchas gracias, conozco los textos de esta ilustradora. Fue muy interesante la publicación de esta entrevista.
    Saludos atentos
    Guisela Zwanzger


  2. chivi juarez dice:

    esta muy interesante la nota,me sirve un monton porque estoy haciendo mi tesis con ilustraciòn de cuentos y no conocìa a esta ilustradora,me encantò y gracias x hacer un boletìn tan copado!


  3. Pires, Liliana dice:

    Es una nota muy interesante , estoy haciendo un curso de lectura y me sirvió para ampliar mis conocimientos sobre los textos de esta ilustradora.¡Los felicito porque el boletín esta muy bueno!


  4. Dante dice:

    La entrevista y personalidad de Jutta Bauer me han parecido fascinantes. Se trata de una intelectual con todas las letras, aunque su tarea sea dibujar (no he leído nada respecto de su obra escrita) en especial para niños. revela un talento y una capacidad para llegar a los pequeños, fuera de lo común. Aplaudo a Jutta Bauer y a quienes la hen entrevistad. También leí una entrevista publicada en el diario “La Nación” de Buenos Aires. ¡¡¡Adelante Jutta, el mundo necesita muchos seres como tú!!! DANTE.


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