“Soy necesaria al ponerse el sol / porque ¿quién vigilaría las estrellas?” Antología poética de Edith Vera

Selección y notas por Marcela Carranza.

Con esta selección de poesías completamos el informe sobre la poeta cordobesa Edith Vera que comenzamos a publicar en nuestra edición Nº 267. En esa oportunidad, ofrecimos un amplio artículo biográfico y el listado bibliográfico completo de sus obras, tanto de sus libros publicados como aquellos que permanecen inéditos. El extenso trabajo de recopilación también incluyó sus obras musicales y las antologías que rescataron sus poesías, además de varios artículos que hablan de su trayectoria profesional y literaria.

Y como complemento de esta antología, en la sección “Miscelánea” ofrecemos “La Retahíla”, un poema de Edith Vera musicalizado por el grupo cordobés La Chicharra.

(Foto: Edith Vera en el Encuentro de Trabajadores de la LIJ, organizado por CEDILIJ en Vaquerías, provincia de Córdoba (1985). Fotografía del archivo de CEDILIJ; gentileza de Mariano Medina.)


Las dos naranjas

Ilustraciones de la autora (una serie de ejemplares incluían los dibujos de la autora coloreados a mano por ella misma). Prólogo de María Luisa Cresta de Leguizamón. Buenos Aires, Ediciones Boletín Publicitario, 1969. Reeditado por Editorial Magisterio Río de la Plata (Buenos Aires, 1990).

Ilustración para la tapa de Las dos naranjas.

Ilustración para la contratapa de Las dos naranjas.

—000—

He visto una jaula
de cinco barrotes,
con siete avecillas
que escriben canciones
Do, re, mi.
El cielo no tiene fin.
Fa, sol.
¿Quién conoce al ruiseñor?
La, si.
¡Está aquí, está aquí!

—000—

La bruja Polifona
se ha quedado dormida
¿Qué le robaremos
por verla enojar?
¿Su escoba viajera,
su bonete negro
o esa carcajada
que hace temblar?

—000—

—000—

Mi abuelo nació en un mapa
de tierras color de miel,
con un mar inquieto y bravo
y barquitos de papel
Un día salió en un barco
diciendo: Adiós, adiós!.
Le despidieron dos gatos
un grillo y un ruiseñor.

—000—

Quisiera tener un bolsillo
muy grande,
para guardar bolitas,
piedras, semillas, lápices,
papeles de todos los colores.
Se lo prestaría un rato a la paloma
para que hiciera un nido en él.

—000—

Mi abuela me ha puesto
un vestido blanco.
De día, parezco
manzana pelada
y de noche un barco
que busca su mar.

—000—

—000—

La tinta negra se hace
con brujas y dragones.

La roja, con la cresta
y saludo de los gallos.

La tinta azul, con agua
y sombra de palomas.

—000—

La cucharita de plata
—sirena de la sopa de fideos—
se enamoró de un cucharón.
Oh!               Oh!
Y lloran en la cocina,
cuchillo y tenedor.
Oh!               Oh!

—000—

Por el pueblo ha pasado
el vendedor de números.
Vendió un 5 pequeño, azulado,
y un 2 tan grande,
que parecía un 3.

—000—


Al caballito blanco
no le gusta el agua verde
¿Y la de oro?
No.
Esa es para el viejo
caballito moro.
¿Y cuál entonces es la de él?
La que hace con espirales
rosas de espuma y papel.
¡Cuidado puede enfermar!

—000—

—000—

Índice de mediodía:
Cielo color melón.
Una gallina
que exagera el milagro cotidiano.
Pájaros que retornan al olvido.
Mesa tendida alrededor del pan que cruje
porque en su cuerpo el sol ha hecho nido.
Un limón maduro,
el barro muy seco,
un niño que ríe
y un libro en silencio.
Cal.
Cristal.
La risa.
La yema del huevo.
¡Eso es mediodía!

—000—

—000—

Hablaban hace mucho, mucho tiempo,
los mágicos colores.
—Yo quiero ser la sombra del cabello
de una niña morena,
dijo el azul.
—y yo quisiera ser,
dijo el violeta,
la sombra del cordero que olfatea
la perfumada alfalfa.

—000—

Mi sombra sólo bebe
agua de río.
Sueña sobre la hierba,
duerme en los nidos.
La he visto de día
trenzar su pelo
con los azules linos
y con el trébol.
Y en las noches de frío
buscar el ala
de una blanca paloma
que fiel la llama.

—000—


Del agua, de los pájaros, de los cielos y de los quehaceres terrestres

Parcialmente editado en Premio Argos de Poesía 1991-1992. Córdoba, Ediciones Argos, 1993.

Una vez que se ha pronunciado
la palabra amapola
hay que dejar pasar algo de tiempo
para que se recompongan
el aire
y nuestro corazón.

—000—

Desde hace largo rato
Miro pastar a una oveja.
Olfatea, elige
Y muerde la hierba
Suave, suavemente.
De tanto en tanto
Se detiene
Y bala.
Rosa amarilla en su garganta.
Color deshecho en el aire.


Pajarito de agua

Villa María, Ediciones Radamanto, 1997.

Pajarito de agua
en qué rama cantas?

pajarito de fuego
en qué rama ardes?

—000—

Pajarito gris,
¿te pierdes en la niebla?
Pajarito blanco,
¿te pierdes en la nieve?
El pajarito azul,
se pregunta:
—¿Puedo ir al cielo?

—000—

Un hombre
con un caracol al hombro,
sabe que lleva
por un breve momento,
una espiral
envolviendo la lentitud.
—¡Aligeren el paso!
—chilla, desde el trigal,
la urraca.

—000—

Estamos
aquí
acurrucados,
para dejar
espacio
al vuelo
de los pájaros.


El Libro de las Dos Versiones

Villa María,  Ediciones Radamanto, 1998.

Versión Primera

Ríe esta niña
y su corazón
es todo una fruta de seda colorada.

Versión Segunda

Salvaje fruta,
esa sonrisa que viene desde la tierra
y se calza en el pecho
de la niña.

—000—

Versión Primera

El sol viaja en el cielo
y es puro oro.
Nacen bajo su luz
enormes girasoles, retamas
y el corazón de las manzanillas.

Versión Segunda

¿A qué penumbra hay que acudir
para leer
a Xul Solar, sus enigmas,
los mensajes de otros soles?
¿Entrecerrado los ojos,
guardando los asombros?

—000—

Versión Primera

A mis pies
deteniendo el paso,
la mariposa muerta.
¡El viaje interrumpido
entre la flor y el aire,
cerrando
una vida tan breve!

Versión Segunda

Desde la mariposa muerta
parten alas y alas.


La Casa Azul

Córdoba. Ediciones Garabato, 2001.

¿No sabes que la sopa es divertida?
Tiene olas,
peces, sal,
y el puerto con una grúa
que saca barcos del mar.

—000—

Debajo de mi almohada
duerme el sueño.
Cuando me acuesto,
despacito,
se acurruca como un perro entre mis ojos.

—000—

Conocí una cuna
que le cantaba al niño.
El niño tenía sueño
y ella le cantaba.
Cuando el niño soñaba
ella callaba.
Conocí a un niño
que le cantaba a la cuna.
La cuna tenía sueño,
el niño le cantaba.
Cuando la cuna soñaba,
el niño se callaba.

—000—

Donde se baña
la tarde,
el jabón tiene la espuma
azul
y lejano el olor.

—000—

El Pato Canela
pescaba en la noche
hundiendo su pico
de rojo coral.
Sacaba del agua
pedazos de luna
que él mismo quebraba
a orillas del mar.

—000—

Vamos,
viejo viento.
Vamos,
removedor de arenas,
de tierras y de cielos.
No me arrebates
Los colores de mi barrilete.

—000—

La calabaza sueña
desde pequeña,
que un hada la vuelve
carroza de oro.
Y siempre pregunta:
—¿Cenicienta no llora
o el hada no puede?
Porque nada sucede


Cuando tres gallinas van al campo

Villa María. Ediciones Radamanto, 1997. Plaquetas del Herrero.

Lenta,
escarbando la tierra,
escribe la gallina azul que mora en el patio de atrás,
cómo es que llegó a ser lo que dicen que es,
un ave sin vuelo.
Se detiene al trazar la palabra vuelo
porque una piedra
siente en lugar de corazón.
La distrae
el primer puñado de maíz
que arroja su dueña,
una loca que silba como los sauces.

Manuscrito del poema.


La palabra verde y los caracoles

1978-1979. Inédito. (1)

Retorna de la tierra
la violeta.
Un secreto de agua y de raíces
del oscuro y muy claro origen de las cosas
se presiente en su aroma.

—000—

Si la glicina en flores
volara por el aire
y a su paso los cielos
dijeran: ¡Canta!
no sería glicina
sería el agua.

—000—

Cayó el azul,
corrió
y se hizo el río.
Se elevó el verde,
lloró
y se hizo el sauce.

—000—

Sombra del paraíso.
Luz de la acacia;
—¿dónde muere la vida
de las palabras?

—000—

Despierta el campo
porque en su simple corazón de niño
ha florecido el trébol.
Desde su pecho verde
transparente aleluya se eleva como los pájaros.


Palabra

1993. Inédito.(2)

A cambio de un pescado,
di una palabra.
Al pescado lo despojé de sus escamas
y tapé sus ojos implacables
para poder cocerlo.

A la palabra le mojé las alas
para que no se fuera
y la envolví en un papel blanco
de modo que no la tiñera
el más leve color extraño a su significado.

Manuscrito del poema.

—000—

Sorteando unos papeles
un vaso y los cuadros del mantel,
se eleva una palabra desde las mandarinas.
Paul Klee la toma,
le agrega unos pájaros
y la tierra y un mar hecho de cintas.
Y los pájaros ven el mar sobre sus cabezas,
y otros ven el cielo a sus pies.
La palabra no es pronunciada.
No tiene voz.
Aún no hay voz para describir tal maravilla.

Manuscrito del poema.


Láricas

1994. Inédito.(3)

Todo jardín
tiene caminos secretos
por donde solo andan
los niños.
Porque son ellos los que saben
exactamente
cuándo es posible escuchar
la palabra margarita
o el silencio del caracol.
Del aire sacaron cintas
y ataron los caballos
a la frágil carroza de los sueños
para ir allí,
hasta la orilla de la vida,
a las arenas del llanto,
dormido polvo.


Otros poemas inéditos

La mañana ha aprendido
ornada con las cien abejas de la paciencia
a atar y desatar con un hilo azul,
el alborozo de los pájaros,
las albricias de la flor recién nacida,
la luz primera sobre los techos,
el olor de los diarios nuevos,
el humo de los hornos de las panaderías

Manuscrito del poema.

La palabra,
ese dibujo,
esa piedra lanzada al tiempo,
esa gran emoción
que pasa de cuerpo a cuerpo.
La palabra,
ese mar
donde los caracoles unen sus espirales.
La palabra,
palabra esperando otra palabra.
La palabra
pájaro de plata posado siempre en el
                                      anca del aire.

Manuscrito del poema.

—000—

Canción para despertar a un niño

Se han abierto todas las flores,
mi niño,
y tú sigues durmiendo
¿Quieres que te muestre
al gorrión que anida en la acacia?

¿Sabes que ya nadan
en la laguna la pata y los patitos?

¿Acaso no quieres beber la leche
que en la taza humea?

¿Por qué no abres un ojito
Y miras al trompo azul que ayer te deslumbró?

¿Quién calmará el aguallanto
De los lápices de color guardados, quietos?

¿No te enojas
si me voy a jugar con el gato y el ovillo? (4)

—000—

Soy necesaria al ponerse el sol
porque ¿quién vigilaría las estrellas?
¿quién miraría si cada trébol plegó sus hojas?
¿quién apagaría los fuegos encendidos?
¿acaso te preocuparía el ladrido lejano
                                  de algún perro solitario?
Ya ves, ése es el momento
                                  de mis preocupaciones.
Y camino como si llevara atadas a mi cintura
las llaves de la noche.

Manuscrito del poema.

—000—

En la aventura
de atravesar los pueblos, en trenes
que cantan alabanzas
desde el bastión de magnolias en flor,
la de pétalos oxidados
hasta los cristales estáticos de los horizontes,
va mi padre, aunque no está.
Los hinojos que crecen a las orillas de las vías,
deshacen los saludos reverenciales
del alocado humo.

—000—

A instancias de la tarde debo decir
que nunca escribiré una palabra contra los vuelos,
contra el amor, el animal, el minúsculo liquen florecido.

A instancias de la mañana debo decir
que amo las lechugas, los berros,
las recetas de cocina contagiadas de Proust,
los desayunos tardíos con el pan de cereales
y atiendo desde que nace cada día el coro de Marechal, Conti, Gelman y Azofeifa.

A instancias de la noche digo
que con papel y pluma acompaño
al melancólico Chagall
planeando con su mujer y un ramo de flores
sobre los techos de su casa.

Cuando planeo sobre los techos de mi casa,
Bach, Ginastera y otros, me piden
que con hojas pentagramadas
les haga tricornios ornados con plumas de benteveo.

—000—

Y las flores
recortan en el aire las formas de los frutos
y atesoran colores para que luzcan bellos.
Les inventan aromas entre hierbas y tierra.
¿Quién dice que están listos?
Un ángel,
que con la voz primera de la vida,
adelantando un dedo,
dice cada mañana:
—Están bien las manzanas.
Las uvas, adelante.
Que nunca se les quite el color a esas fresas.
Y que para siempre
los damascos
tengan el caracol del ombligo de los niños.

—000—

Cuando los pájaros se bañan
son pájaros de agua.
Transparentes las plumas,
el canto transparente
y las patas azules dibujando
un transparente nombre en la mañana.

—000—

Poema manuscrito.


Notas

(1) Poema extraído de “Antología”. En: Parodi, Marta. Con trébol en los ojos. Vida y obra de Edith Vera. Buenos Aires, Editorial Plus Ultra, 1996.
(2) Idem nota Nº 1.
(3) Idem nota Nº 1.
(4) Poema extraído de “Gente necesaria: Edith Vera”. En: Revista Piedra Libre. Publicación de CEDILIJ dedicada a la literatura infantil y juvenil. Año VII, Nº 17. Córdoba, segundo semestre de 1996. (Incluye también una antología de poesías de Edith Vera y el cuento “Circo campesino”.)


Agradecimientos
Queremos agradecer especialmente a María Teresa Andruetto y a Cecilia Reyna por todo el material facilitado (manuscritos, libros, fotos e información), por su apoyo y entusiasmo para la elaboración de este informe. Ambas tuvieron oportunidad de conocer a Edith Vera. La primera como especialista en libros infantiles y poeta, la segunda como alumna del jardín de infantes donde Edith fue su directora. También a Mariano Medina del CEDILIJ por enviarnos fotos de Edith encontradas en el archivo del Centro, así como la retahíla en versión del grupo La Chicharra que publicamos en la sección “Miscelánea” , entre otros materiales valiosísimos de la autora. Al grupo La Chicharra por permitirnos la reproducción de “La Retahíla” y también a Anabella Gill, directora de la Medioteca Popular y Municipal “Mariano Moreno” de Villa María por toda su generosa colaboración.


Artículos relacionados:
Autores: Edith Vera.
Miscelánea: “La Retahíla”, poema de Edith Vera musicalizado por La Chicharra.
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7 comentarios sobre ““Soy necesaria al ponerse el sol / porque ¿quién vigilaría las estrellas?” Antología poética de Edith Vera”

  1. Elisa Boland dice:

    Qué alegría ver los poemas de Edith Vera!
    Muy bueno el trabajo y necesario. Gracias.


  2. Graciela Di Bussolo dice:

    La poesía de Edith Vera es una gota de luz.
    Magnífica selección.
    Gracias!!!!


  3. Marianela Alegre dice:

    Un trabajo pensado. Imágenes interesantes que invitan a pensar.
    Una musicalidad que se salta la razón para alcanzar la sencibilidad.


  4. Adriana dice:

    Hola Chicos de Imaginaria
    El agradecimiento es eterno, por estos textos y por los miles anteriores, por estas ilustraciones y las miles anteriores.
    Uds son un eterno remanso donde encontramos un agua muy fresca, q bebemos para esa sed remota, a veces olvidada y desconocida en el trajinar mecánico de nuestros días
    Quisiera consultarles algo referido a un poema inédito contenido en “Laricas”
    Según interpreto por el manuscrito, supongo q la intención de la autora podría ser q su última frase esté en un único verso final:

    “….
    La palabra
    pájaro de plata posado siempre en el anca del aire”

    Pido disculpas por atreverme a suponer en un tema q sólo manejo como lectora (soy sólo farmacéutica)

    Los bienquiero
    Adriana


  5. ivan dice:

    Quiero estar en contacto con ustedes y de tanto en tanto ilustrar sus palabras


  6. Hedda Hernández Romo Alvarez dice:

    Hola Imagiaria:
    ¿En qué librerías de México puedo encontrar los libros de Edith Vera?, están sensacionales ya que son una opción más para mi grupo de niños de lectura en voz alta.
    ¡FELICIDADES!
    HEDDA


  7. Jessica Paulina González Vázquez dice:

    Buen día;

    Me comunico por esta vía; primeramente presentándome, mi nombre es Paulina González y laboro en el departamento legal de Ediciones Castillo; para gestionar una autorización no exclusiva de uso de la obra:

    • Vera, Edith, “Tengo un pañuelito”, en Las dos naranjas. Ediciones Boletín Publicitario. Buenos Aires. 1969.

    Le comento que la editorial para la cual laboro desea incluir dicha obra en un libro próximo a publicarse bajo el título “Instrucciones para jugar. Antología de Poesía”, la cual compila poemas de diversos autores latinoamericanos.

    Solicito su apoyo si quizá tiene información sobre sus herederos o la persona con la que pueda gestionar la autorización.

    Saludos cordiales


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