El Mago de Oz. Capítulos 5 y 6

Por L. Frank Baum
Ilustraciones de William Wallace Denslow
Título original: The Wonderful Wizard of Oz
Traducción de Marcial Souto
© Marcial Souto, 2002, 2010

Capítulo 5
El rescate del Leñador de Hojalata

Cuando Dorothy despertó el sol brillaba entre los árboles y Totó hacía rato que había salido a perseguir pájaros y ardillas. Dorothy se levantó y miró a su alrededor. Allí estaba el Espantapájaros, esperando todavía pacientemente en el rincón.

—Tenemos que ir a buscar agua —dijo la niña.

—¿Para qué quieres el agua? —preguntó el Espantapájaros.

—Para lavarme la cara después de haber andado entre el polvo del camino, y para beber, así el pan no se me pega a la garganta.

—Debe de ser incómodo estar hecho de carne y hueso —dijo el Espantapájaros, pensativo—, porque entonces uno tiene que dormir y comer. Sin embargo, vosotros tenéis cerebro, y poco importan las incomodidades si uno puede pensar adecuadamente.

Salieron de la casita y caminaron entre los árboles hasta que encontraron una pequeña fuente de agua transparente, donde Dorothy bebió y se lavó y desayunó. Vio que no quedaba mucho pan en la cesta, y se alegró de que el Espantapájaros no tuviera que comer, pues lo que había apenas les alcanzaría a ella y a Totó para el resto del día.

Al terminar de comer, y cuando iba a regresar al camino de ladrillos amarillos, se sobresaltó al oír un gemido ronco.

—¿Qué ha sido eso? —preguntó con timidez.

—No tengo la menor idea —respondió el Espantapájaros—, pero podemos ir a ver.

En ese momento oyeron otro gemido; aparentemente venía de atrás. Dieron media vuelta y caminaron por el bosque unos pocos pasos, hasta que Dorothy descubrió algo que brillaba, reflejando un rayo de sol que caía entre los árboles. Corrió hacia ese sitio, y de pronto se detuvo, lanzando un grito de sorpresa.

El tronco de uno de aquellos grandes árboles había sido parcialmente cortado, y a su lado, de pie, blandiendo un hacha, había un hombre hecho totalmente de hojalata. Tenía la cabeza, los brazos y las piernas unidos al cuerpo, pero parecía completamente inmóvil, como si no pudiera hacer el menor movimiento.

Dorothy lo miró asombrada, lo mismo que el Espantapájaros, mientras Totó ladraba furioso y le mordía una pierna de hojalata, lastimándose los dientes.

—¿Has gemido? —preguntó Dorothy.

—Sí —respondió el hombre de lata—, he gemido. Hace más de un año que gimo, y hasta ahora nadie me había oído ni acudido a socorrerme.

—¿En qué puedo ayudarte? —preguntó la niña, con dulzura, muy conmovida por la voz triste del hombre.

—Trae una aceitera y acéitame las articulaciones —respondió el hombre—. Están tan oxidadas que no puedo hacer el menor movimiento; si estuviera bien engrasado pronto me podría mover como antes. Encontrarás una aceitera en un estante de mi casa.

Dorothy corrió enseguida a la casa, encontró la aceitera y volvió. Preocupada, preguntó:

—¿Dónde tienes las articulaciones?

—Acéitame primero el cuello —respondió el Leñador de Hojalata.

Dorothy obedeció, y como estaba tan oxidada, el Espantapájaros sostuvo la cabeza de lata y la movió con suavidad de un lado a otro hasta que funcionó con total soltura y el hombre la pudo mover sin ayuda.

—Ahora acéitame las articulaciones de los brazos —dijo. Y Dorothy se las aceitó y el Espantapájaros se los dobló con cuidado hasta que se libraron del óxido y quedaron como nuevos.

El Leñador de Hojalata lanzó un suspiro de satisfacción, bajó el hacha y la apoyó contra el árbol.

—Es un gran alivio —dijo—. He estado sosteniendo esa hacha en el aire desde que me oxidé, y me alegro de poder apoyarla al fin. Ahora, si me aceitas las articulaciones de las piernas, volveré a ser el de antes.

Le aceitaron las piernas hasta que las pudo mover con libertad; el Leñador de Hojalata les agradeció varias veces que lo hubieran liberado. Parecía una criatura muy amable.

—Podría haberme quedado aquí para siempre si vosotros no hubierais pasado por este sitio —dijo—, así que sin duda me habéis salvado la vida. ¿Cómo llegasteis aquí?

—Vamos hacia la Ciudad Esmeralda, a ver al gran Oz —respondió la niña—, y nos detuvimos en tu casita a pasar la noche.

—¿Para qué queréis ver a Oz? —preguntó.

—Yo quiero que me envíe de vuelta a Kansas; y el Espantapájaros quiere que le ponga un cerebro dentro de la cabeza —respondió Dorothy.

Durante un momento el Leñador de Hojalata pareció muy pensativo. Luego dijo:

—¿Creéis que Oz me daría un corazón?

—Sí, supongo que sí —respondió Dorothy—; sería tan fácil como dar un cerebro al Espantapájaros.

—Es cierto —dijo el Leñador de Hojalata—. Entonces, si puedo acompañaros, iré también a la Ciudad Esmeralda a pedir ayuda a Oz.

—Adelante —dijo el Espantapájaros, con la mayor cordialidad; y Dorothy agregó que le agradaría contar con su compañía. Entonces el Leñador de Hojalata se puso el hacha al hombro y atravesaron el bosque hasta llegar al camino pavimentado con ladrillos amarillos.

El Leñador de Hojalata había pedido a Dorothy que pusiera la aceitera en la cesta.

—Porque —explicó— si me sorprendiera la lluvia y volviera a oxidarme la necesitaría.

La aparición de ese nuevo compañero significó para ellos una gran suerte, pues al reanudar el viaje llegaron a un sitio donde los árboles y las ramas eran tan densos sobre el camino que los viajeros no podían pasar. Pero el Leñador de Hojalata se puso a trabajar con el hacha y cortó tan bien todo que pronto abrió paso al grupo.

Dorothy iba tan pensativa mientras caminaban que no se dio cuenta cuando el Espantapájaros tropezó en un agujero y rodó hacia el borde del camino. La verdad es que se vio obligado a llamarla para que lo ayudase a levantarse.

—¿Por qué no bordeaste el agujero? —preguntó el Leñador de Hojalata.

—No sé todas las cosas que hay que saber —respondió contento el Espantapájaros—. Tengo la cabeza rellena de paja, sabes, y por eso voy a pedir a Oz que me dé un cerebro.

—Ah, ya entiendo —dijo el Leñador de Hojalata—. Pero, después de todo, el cerebro no es la mejor cosa del mundo.

—¿Tú tienes? —quiso saber el Espantapájaros.

—No, mi cabeza es hueca —respondió el Leñador—, pero tuve una vez cerebro, y también corazón. Después de haber probado las dos cosas, desearía mucho más tener corazón.

—¿Y por qué? —le preguntó el Espantapájaros.

—Te contaré mi historia, y entonces comprenderás.

Y mientras caminaban por el bosque el Leñador de Hojalata contó esta historia:

—Soy hijo de un leñador que cortaba árboles en el bosque y que vivía de la venta de madera. Cuando crecí también yo me hice leñador, y después de la muerte de mi padre me hice cargo de mi anciana madre mientras vivió. Entonces decidí que en vez de vivir solo me casaría, para no sufrir la soledad.

”Había una muchacha munchkin tan bonita que pronto me enamoré perdidamente de ella. La muchacha, por su parte, prometió que se casaría conmigo cuando yo ganara dinero suficiente para construir una casa mejor, así que me puse a trabajar más que nunca. Pero la muchacha vivía con una vieja que no quería que ella se casara con nadie; era tan perezosa que quería que la muchacha se quedara con ella para cocinarle y hacer todas las tareas de la casa. La vieja, entonces, acudió a la Bruja Mala del Este y le prometió dos ovejas y una vaca si impedía el casamiento. La Bruja Mala, por ese motivo, me encantó el hacha, y un día, mientras cortaba árboles con el mayor entusiasmo, ansioso por tener casa nueva y esposa lo antes posible, el hacha me resbaló de las manos y me cortó la pierna izquierda.

”Al principio vi eso como una gran desgracia, porque sabía que para un hombre con una sola pierna no era nada fácil cortar árboles. Fui entonces a un hojalatero y le pedí que me hiciera una pierna de lata. La pierna funcionó muy bien después que me acostumbré a ella, pero ese hecho enfureció a la Bruja Mala del Este, que había prometido a la vieja que yo no me casaría con la hermosa muchacha munchkin. Mientras estaba otra vez trabajando, el hacha se me resbaló y me cortó la pierna derecha. Volví de nuevo al hojalatero, y de nuevo me hizo una pierna de lata. Después el hacha encantada me cortó un brazo y luego el otro; pero, sin desanimarme, los reemplacé por brazos de lata. La Bruja Mala hizo entonces que el hacha resbalara y me cortara la cabeza, y al principio pensé que eso era el fin. Pero en ese momento pasaba por allí el hojalatero y me hizo una nueva cabeza de lata.

”Pensé entonces que había vencido a la Bruja Mala, y trabajé con más ahínco que nunca; pero no sabía hasta qué grado de crueldad podía llegar mi enemiga. La Bruja ideó una nueva manera de matar mi amor por la hermosa dama munchkin e hizo que el hacha se me volviera a escapar de las manos y me cortase el cuerpo en dos. Acudió otra vez en mi ayuda el hojalatero, que me hizo un cuerpo de lata y le unió los brazos y las piernas mediante articulaciones para que pudiera moverme como siempre. Pero como no tenía corazón perdí todo el amor que sentía por la muchacha munchkin, y dejó de importarme la idea de casarme con ella. Supongo que todavía estará viviendo con la vieja, esperando que yo la vaya a buscar.

”Mi cuerpo brillaba tanto al sol que me sentía muy orgulloso de él, y ahora no me importaba que el hacha me resbalase, porque no me podía cortar. Existía un solo peligro: que se me oxidaran las articulaciones. Pero tenía una aceitera en la casita y me aceitaba cuando lo necesitaba. Sin embargo, llegó un día en que me olvidé de hacerlo, sin pensar en el peligro que eso representaba y, sorprendido por una fuerte tormenta en el bosque, me oxidé, y allí quedé, inmóvil, hasta que llegasteis vosotros a socorrerme. Fue una experiencia terrible, pero durante el año que pasé allí tuve tiempo para pensar que la pérdida que más sentía era la del corazón. Mientras estuve enamorado fui el hombre más feliz de la tierra; pero como es imposible amar sin corazón, estoy decidido a pedirle a Oz que me dé uno. Si me lo da, volveré junto a la dama munchkin y me casaré.

Dorothy y el Espantapájaros habían escuchado con gran interés la historia del Leñador de Hojalata, y ahora sabían por qué deseaba tanto conseguir un nuevo corazón.

—Yo, de todos modos —dijo el Espantapájaros—, pediré un cerebro y no un corazón, pues un tonto no sabría qué hacer con un corazón, si lo tuviera.

—Yo me quedo con el corazón —respondió el Leñador de Hojalata, pues el cerebro no da felicidad, y la felicidad es la mejor cosa del mundo.

Dorothy no dijo nada; le intrigaba saber cuál de los dos amigos tenía razón, y decidió que, si podía volver a Kansas junto a tía Em, le daría lo mismo que el Espantapájaros no tuviera cerebro y el Leñador no tuviera corazón, o que cada cual tuviera lo que quisiera.

Lo que más le preocupaba era que el pan casi se había acabado, y que con otra comida ella y Totó vaciarían la cesta. Claro que ni el Leñador ni el Espantapájaros comían, pero ella no estaba hecha de lata ni de paja, y no podía vivir sin alimentarse.

—000—

Capítulo 6
El León Cobarde

Todo ese tiempo Dorothy y sus compañeros habían caminado por el espeso bosque. El camino seguía estando pavimentado con ladrillos amarillos, pero ahora sobre esos ladrillos había muchas ramas secas y hojas muertas, y no resultaba nada fácil caminar.

Había pocos pájaros en esa parte del bosque, porque los pájaros prefieren sitios abiertos, donde hay mucho sol; pero de vez en cuando les llegaba el gruñido de algún animal oculto entre los árboles. Esos sonidos sobresaltaban el corazón de Dorothy, que no sabía qué era lo que los producía; Totó sí lo sabía, y caminaba pegado a Dorothy, y ni siquiera les respondía con un ladrido.

—¿Cuánto tardaremos en salir del bosque? —preguntó la niña al Leñador de Hojalata.

—No te lo puedo decir —explicó el Leñador—, porque nunca he estado en la Ciudad Esmeralda. Pero mi padre fue allá una vez, cuando yo era niño, y dijo que se trataba de un viaje largo a través de lugares peligrosos, aunque cerca de la ciudad donde vive Oz el sitio es hermoso. Pero yo no tengo miedo mientras ande con la aceitera, y nada puede dañar al Espantapájaros, y tú llevas en la frente la marca del beso de la Bruja Buena, que te protegerá.

—¡Pero Totó! —dijo la niña, preocupada—. ¿Qué protegerá a Totó?

—Lo deberemos proteger nosotros mismos, si aparece algún peligro —respondió el Leñador de Hojalata.

Mientras hablaba el Leñador, un rugido terrible retumbó en el bosque, y un enorme león saltó al camino. De un zarpazo lanzó a un lado al Espantapájaros, que cayó rodando, y luego golpeó al Leñador con las afiladas garras. Pero, para sorpresa del león, no consiguió hacer ninguna marca en la lata, aunque el Leñador cayó al suelo y quedó inmóvil.

El pequeño Totó, ahora que tenía un enemigo al que enfrentarse, corrió ladrando hacia el león. La enorme bestia abrió la boca para morder al perro, y entonces Dorothy, temiendo que muriera Totó, y sin pensar en el peligro, saltó hacia delante y abofeteó al león en la nariz con todas sus fuerzas, mientras gritaba:

—¡No te atrevas a morder a Totó! ¡Deberías avergonzarte, una bestia tan grande y tratando de morder a un perrito!

—¡No lo he mordido! —dijo el León, mientras se frotaba la nariz con la garra, en el sitio donde le había pegado Dorothy.

—No, pero lo intentaste —respondió la niña—. No eres más que un gran cobarde.

—Lo sé —dijo el León, agachando la cabeza, avergonzado—. Siempre lo he sabido. Pero ¿qué puedo hacer?

—No lo sé, no estoy segura. ¡Pensar que golpeaste a un hombre de paja, como el pobre Espantapájaros!

—¿Es de paja? —preguntó el León, sorprendido, mientras miraba cómo Dorothty levantaba al Espantapájaros, lo ponía de pie y lo palmeaba dándole la forma perdida.

—Claro que es de paja —dijo la niña, que todavía estaba enojada.

—Por eso cayó tan fácilmente —comentó el León—. Me asombró verlo girar de esa manera. ¿El otro también es de paja?

—No —dijo Dorothy—, es de hojalata.

Y ayudó a levantarse al Leñador de Hojalata.

—Por eso casi me desafiló las garras —dijo el León—. Cuando arañaron la hojalata sentí que un temblor me bajaba por la espalda. ¿Qué es ese animal por el que sientes tanta ternura?

—Es mi perro, Totó —dijo Dorothy.

—¿Es de paja o de hojalata? —preguntó el León.

—De ninguna de las dos cosas. Es de carne —dijo la niña.

—Ah. Es un animal curioso, y ahora que lo veo bien, parece muy pequeño. Sólo a un cobarde como yo se le ocurriría morder una cosa tan pequeña —prosiguió el León, con voz triste.

—¿Por qué eres cobarde? —preguntó Dorothy, mirando con curiosidad a la enorme bestia, que era casi tan grande como un caballo.

—Es un misterio —respondió el León—. Supongo que nací así. Todos los otros animales del bosque piensan, por supuesto, que soy valiente, porque el león es considerado en todas partes el Rey de los Animales. Aprendí que, si rugía muy fuerte, todo ser viviente se asustaba y se apartaba de mi camino. Cada vez que me encontraba con un hombre, me asustaba mucho; pero le rugía y el hombre echaba a correr a la mayor velocidad posible. Si los elefantes, los tigres y los osos hubieran tratado de atacarme, yo habría huido. Así soy de cobarde. Pero en cuanto oyen mi rugido tratan de alejarse y yo, naturalmente, los dejo ir.

—Pero eso no es correcto. El Rey de los Animales no debería ser un cobarde —dijo el Espantapájaros.

—Ya lo sé —le respondió el León, enjugándose una lágrima con la punta de la cola—; es mi mayor aflicción y me hace muy desdichado. Pero en cuanto aparece el peligro, el corazón me empieza a latir con mayor rapidez.

—Tal vez estés enfermo del corazón —dijo el Leñador de Hojalata.

—Tal vez —dijo el León.

—Si lo estás —prosiguió el Leñador de Hojalata—, deberías alegrarte, porque eso prueba que tienes corazón. Yo no lo tengo, así que no puedo sufrir esa clase de enfermedad.

—Quizá —dijo el León, pensativo— si no tuviera corazón no sería cobarde.

—¿Tienes cerebro? —preguntó el Espantapájaros.

—Supongo que sí. Nunca me he fijado si lo tenía —respondió el León.

—Yo voy al gran Oz a pedirle que me dé uno —comenzó el Espantapájaros—, porque tengo la cabeza rellena de paja.

—Y yo voy a pedirle que me ponga un corazón —dijo el Leñador.

—Y yo voy a pedirle que nos mande a Totó y a mí de vuelta a Kansas —agregó Dorothy.

—¿Creen que Oz me podría dar coraje? —preguntó el León Cobarde.

—Sería lo mismo que darme a mí un cerebro —dijo el Espantapájaros.

—O a mí un corazón —dijo el Leñador de Hojalata.

—O mandarme a mí de vuelta a Kansas —dijo Dorothy.

—Entonces, si no os importa, iré con vosotros —dijo el León—, porque mi vida es insoportable sin un poco de coraje.

—Serás muy bienvenido —le contestó Dorothy—, porque nos ayudarás a espantar los otros animales salvajes. Me parece que deben de ser más cobardes que tú si se dejan asustar por ti tan fácilmente.

—Lo son, de veras —dijo el León—; pero eso no me hace más valiente, y mientras sepa que soy cobarde, seré desdichado.

Otra vez se puso en marcha el pequeño grupo, el León caminando con paso majestuoso al lado de Dorothy. Al principio, Totó no aprobó ese nuevo compañero, pues no lograba olvidar lo poco que había faltado para ser aplastado entre las enormes fauces del León; pero después de un tiempo se tranquilizó, y él y el León Cobarde terminaron siendo buenos amigos.

Durante el resto del día no hubo más aventuras que alteraran la paz del viaje. Sí, en un momento el Leñador de Hojalata pisó un escarabajo que andaba por el camino y lo mató, pobrecito. Eso entristeció mucho al Leñador, que siempre se cuidaba de no lastimar a ninguna criatura viva, y mientras caminaban se le escaparon unas pocas lágrimas de pena. Esas lágrimas le bajaron despacio por la cara y se le metieron en las articulaciones de la mandíbula, que se oxidó. Dorothy en un momento le hizo una pregunta, y el Leñador de Hojalata no le pudo responder porque tenía las mandíbulas firmemente pegadas. El Leñador se asustó mucho, y le hizo señas a Dorothy para que lo socorriese, pero Dorothy no le entendía. El León también estaba interesado en saber qué era lo que andaba mal. Pero el Espantapájaros sacó la aceitera de la cesta de Dorothy y aceitó las mandíbulas del Leñador, que en unos instantes recuperó el habla.

—Esto me servirá de lección —dijo—, para mirar dónde pongo el pie. Porque si matara otro escarabajo o cualquier insecto, seguramente volvería a llorar, y el llanto me oxida la mandíbula y me impide hablar.

Después de eso caminaba con mucho cuidado, sin apartar los ojos del camino, y cuando veía una pequeña hormiga levantaba más el pie para no herirla. El Leñador sabía muy bien que no tenía corazón, y entonces se preocupaba mucho de no ser cruel ni despiadado con nada.

—Vosotros, los que tenéis corazón —dijo—, contáis con algo que os guía y nunca necesitáis hacer daño; pero yo no tengo corazón, y entonces debo ser muy cuidadoso. Por supuesto, cuando Oz me dé un corazón no necesitaré preocuparme tanto.


Artículos relacionados:

Reseñas de libros: El Mago de Oz, de L. Frank Baum.

18 comentarios sobre “El Mago de Oz. Capítulos 5 y 6”

  1. Pavato dice:

    Buenos días a todos: Nuevamente felicitaciones por el excelente trabajo que realizan con la publicación de estos clásicos infantiles por. Favor Imaginaria respóndame si puedo compartirlos con otras personas. Muchas gracias.

    Pavato


  2. Daniel dice:

    Estimados Amigos: El “Pinocho” lo enviaron en pdf. No podrían hacer lo mismo con el Mago de Oz?… Gracias
    P.D.: Estoy divulgando la publicación entre los docentes de Avellaneda y Lanús


  3. admin dice:

    Lamentablemente no tenemos autorización para ofrecer este contenido en PDF.

    Con respecto a compartir con otros: ¡por supuesto que sí!


  4. Melisa dice:

    Buenos días gente de Imaginaria!!!
    Ésta es mi primer semana subscripta a Imaginaria, me da mucha alegría poder decirlo!! Quiero felicitarlos por el excelente trabajo que realizan,estuve recorriendo su página web y quede maravillada!!!
    Con respecto al boletín, todavía no recibí ninguno por vía e-mail, estuve leyendo el que publicaron recientemente en la página. Quisiera saber… ¿Cuando me llegue el primer boletín vía e-mail, va a ser desde el capítulo uno del Mago de Oz o por el que van? Realmente me gustaría leer desde el comienzo!!!

    Un saludo grande!!!


  5. admin dice:

    Melisa, el boletín empezará a llegar a partir del próximo número. Para leer los primeros capítulos del Mago de Oz, los links están al pie de esta última entrega.


  6. biblioteca pance dice:

    hola bien muy bueno para trabajar con lecto escritura a los niños legusta mucho


  7. FRANCO dice:

    ES MUY LINDO EN LA ESCUELA…LO LEEMOS SIEMPRE Y VAMOS POR EL CAPITULO 7-8


  8. justin bieber dice:

    braaboo


  9. Feaasaa dice:

    jua juaaa q feoo,…!!


  10. Esperanza Zalazar dice:

    ME ENCANTO!En realidad muy bueno


  11. ale dice:

    este cuento esta muy bueo jaja


  12. Feaasaa dice:

    eee re feoo


  13. ale dice:

    hoja-la que se apuren y llegen rapido


  14. negro vera dice:

    muuy buenoo peroo me aburriooo…!!


  15. negro vera dice:

    A B U R R I D O E N L A E S C U E L A


  16. cele dice:

    jaja feasoo


  17. valentina dice:

    Esta muy bueno en el cole lo vemos vamos por el 4_5la verdad me sirvió para hacer el resumen que me pidieron


  18. sebas dice:

    esta pagina me cirvio para mi tarea de escribirir 6 capitulos del mago de oz se las recomiendo


Comentarios cerrados