Todo el dinero del mundo

Todo el dinero del mundo
Istvansch
Texto e ilustraciones del autor.
Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 2005. Colección Puercoespín

 
La audacia  del título del libro provoca y perturba, también lo hace la ilustración de tapa que muestra a un niño feliz y contento rodeado de billetes verdes. La temática del dinero —novedosa y secreta al mismo tiempo en el espacio de la literatura para niños— se ofrece al lector sin rodeos, abierta y desprejuiciadamente. Sin embargo, como en toda buena obra de arte, lo más importante no está dicho de manera explícita ni anunciado de modo directo, porque lo interesante de la propuesta del libro de Istvansch no se lee en la tapa o en el título, tampoco está del todo en el texto verbal, sino que hay que descubrirlo en el despliegue de las imágenes que a través del collage de papeles, el escritor e ilustrador nos invita a recorrer.

El  discurso verbal narra la historia de un chico a quien una reina le dice un día que es dueño de todo el dinero del mundo y que puede tener todo lo que quiera, ante lo cual el niño compra una enorme cantidad de juguetes, aparatos, mascotas y hasta los negocios enteros. Sin embargo, a pesar de ser dueño de todo, sigue aburrido sin saber qué hacer; es entonces cuando la reina lo invita a que le muestre lo que compró, se ponen a jugar y el niño se divierte, es feliz.


Ilustración de Istvansch (fragmento).

Paralelo a este discurso, el relato icónico, discute e interroga lo dicho por las palabras, porque las ilustraciones muestran otros sentidos, y el paseo en cohete con la reina que refiere el narrador puede ser también jugar en la cocina con mamá, como nos lo dice la imagen; o la bañadera —según la ilustración—  puede transformarse en un mar que posee incontables tesoros, tal como asegura el texto. Istvansch opta en ambos lenguajes —el icónico y el textual—  por un estilo abigarrado, caracterizado por la acumulación y el brillo —capitalizando al máximo el poder de ambos—, que invita a seguir imaginando, y potenciando esa riqueza, la que proviene de la imaginación, del juego y, sobre todo, de los vínculos humanos.

Otro de los enormes aciertos del libro es la elección de un narrador que emplea la segunda persona —opción poco usual en la literatura, también utilizada por Carlos Fuentes en su novela Aura (México, Era, 1962)— mediante la cual  se apela a un “vos”, rioplatense y de entrecasa, generando un interesante efecto de proximidad entre el narrador-autor y el personaje-lector:

“Vino la Reina y dijo:
—Se te acaba de cumplir un deseo.
—¿A mí? —dijiste vos.
—Sí, a vos: a partir de ahora, sos dueño de todo el dinero del mundo. ¿No era eso lo que querías?
Los ojitos te brillaron como monedas, hiciste una sonrisa de cara de prócer de billete y dijiste:
—Bueno.
Y ahí lo viste, tuyo, todo el dinero del mundo.

Este libro escenifica el pasaje del “vos” en singular (también presente en otros discursos sociales, como las publicidades, por ejemplo, con las cuales el relato dialoga), al “ustedes” en plural, que testimonia el encuentro con el otro, la experiencia compartida y socializada en el juego, los cuales constituyen la mayor felicidad de la infancia y por qué no de los mayores también.

Sin dudas, un libro que apuesta a decir y mostrar lo que desde otros discursos no se puede o no se quiere decir y mostrar a los niños, y que Istvansch logra aquí con toda la alegría y sinceridad del arte.


Ilustración de Istvansch (fragmento).

 


Artículos relacionados:

Destacados: Istvansch en Imaginaria.

6 comentarios sobre “Todo el dinero del mundo”

  1. ana dice:

    Quisiera saber para que edad está dirigido este libro. Gracias.


  2. Marcela dice:

    Este libro es para todas las edades, para adultos, para adolescentes y para niños, como todos los trabajos donde interviene la MANO de ISTVANSCH.


  3. Diana dice:

    Istvan nunca deja de sorprenderme, que bueno ver aquí otra vez sus libros.
    Un Maestro.


  4. Eliana dice:

    “Todo el dinero del mundo” es el texto con ilustración adecuado para trabajar: las diferentes formas de acceso a un texto, los distintos modos de lectura y múltiples sentidos a los que puede alcanzar un lector independientemente de la edad que tenga.


  5. Cecilia dice:

    Dejemos de lado el carácter “utilitario del libro” y disfrutemos de leer las verdaderas obras literarias que Istvansch y muchos otros autores nos ofrecen. El placer por leer literatura no tiene edades definidas…


  6. María Mercedes Córdoba dice:

    ¡¡¡Una genialidad!!!


Comentarios cerrados