Teatro: El ruiseñor, de Hans Christian Andersen


“Por sobre todo creo que la diferencia entre teatro para adultos y teatro para niños no existe.
Es un solo teatro. La diferencia estriba en un problema de repertorio, de texto, diríamos, pero la calidad debe ser la misma.”

Ariel Bufano

La obra de títeres

Ingresar a la sala del primer piso de la Biblioteca La Nube las tardes de sábados y domingos de este otoño, es ingresar a un mundo mágico. Un retablo de dimensiones considerables semejante a un teatro antiguo roza el techo de la modesta sala. Luces y música tenue, una escenografía que logra trasladarnos en el tiempo y en el espacio hasta arribar a la antigua China Imperial.


Escenografía inicial de la obra El ruiseñor. “El jardín estaba lleno de flores maravillosas, y de las más bellas colgaban campanillas de plata que sonaban para que nadie pudiera pasar de largo sin fijarse en ellas. Sí, en el jardín imperial todo estaba muy bien pensado, y era tan extenso que el propio jardinero no tenía idea de dónde terminaba.” (“El ruiseñor” de Hans Christian Andersen.)

El espectáculo comienza en la voz de un actor, quien parado frente al retablo se presenta con el nombre de Hans Christian Andersen, y da lugar a la historia.

Títeres de guante que deambulan silenciosos por los jardines imperiales haciendo sonar las campanillas mientras el narrador da lugar a las palabras iniciales del cuento de hadas.

Casi en el comienzo mismo, los muñecos hacen reír a su público. Es que en esta adaptación del cuento de Andersen los tradicionales juegos del teatro de guiñol —persecuciones, golpes y caídas (con el apoyo de sonoros gongs y tambores), juegos de búsqueda y escondite, repeticiones (como las del tradicional saludo oriental)—, conviven con el dramatismo romántico del cuento del autor danés.

Grupos de títeres siameses que ofician de aplaudidores del poeta mediocre, cuyos previsibles versos son anticipados por los niños del público. El humor sencillo y efectivo del movimiento de los muñecos, y la atmósfera poética y sutil creada por escenografías y objetos, fieles a las detalladas descripciones de Andersen, se combinan cautivando a su público.

Las artes plásticas, la música (en la cual Schubert coexiste con reminiscencias de la música china tradicional), los títeres de guiñol, la narración, se dan cita en una adaptación respetuosa tanto del cuento tradicional como de su público, al cual nunca pierde de vista.

Sobre una concepción del teatro como confluencia y diálogo de diversas artes, tan evidente en esta adaptación, reflexiona la directora de la compañía, Eva Halac (1), en un reportaje:

“Confieso que tengo una idea wagneriana del teatro (…): lo veo en su expresión más completa, como una ópera, donde coinciden todas las artes: la literatura, la escultura, el misterio, la música. Eso me lo dio el fuerte impacto que me produjo ver ‘El caballero de la mano de fuego’, de Javier Villafañe. Desde mi infancia, y después de ver esta obra, sentí que el teatro me envolvía en un mundo fabuloso. Y a partir de allí estudié teatro. También trabajé sin títeres y trabajé en otros ámbitos, creo que siempre buscando esta imagen que me quedó de ‘El caballero…’, esta princesa con vestido celeste y lentejuelas azules, este brujo con capa negra y carcajada maléfica, este caballero con su cabalgadura… Me encanta el artificio del cuento de hadas, porque va al origen de todos los cuentos.” (2)

La escenografía cambia a la vista del público. Movimientos giratorios para que palacio, puente y flores desaparezcan y den lugar a un bosque y un mar de olas crispadas entre acantilados inundados de luz azul. Estos cambios de escenografía increíblemente, en lugar de quitar magia al espectáculo, la incrementan.


“Aquel bosque llegaba hasta el mar hondo y azul; grandes embarcaciones podían navegar por debajo de las ramas, y allí vivía un ruiseñor que cantaba tan primorosamente, que incluso el pobre pescador, a pesar de sus muchas ocupaciones, cuando por la noche salía a retirar las redes, se detenía a escuchar sus trinos.” (“El ruiseñor” de Hans Christian Andersen.)

Y aparece el bosque donde habitan el ruiseñor y la pareja de pescadores con su pequeña hija: Llu. El ruiseñor y la niña serán los héroes de este cuento en el cual, poderosos y sofisticados miembros de la corte imperial tendrán que aprender la lección de los pequeños y humildes.

Retablo, escenografía, luces, narración, música y muñecos logran con creces aquel viaje a mundos fabulosos y lejanos en el tiempo y en el espacio, tan propio de los cuentos de hadas.


“El ruiseñor cantó tan deliciosamente que las lágrimas acudieron a los ojos del Soberano; y cuando el pájaro las vio rodar por sus mejillas, volvió a cantar mejor aún, hasta llegarle al alma.” (“El ruiseñor” de Hans Christian Andersen.)

“Cuando me decidí a hacer un espectáculo para chicos —continúa Eva Halac— creo que elegí ‘El ruiseñor’ porque sucede en un mundo que no existe en la realidad, aunque sí en la fantasía. Para mí hay algo fundamental en eso. Los niños son universales: ellos funden lo local y lo universal y pueden mezclar los mundos reales e irreales sin ningún problema. Por eso me interesó contar un cuento, pero sin cortes: la historia redonda. Creo que en cualquier historia dedicada al público infantil deben mantenerse los símbolos, guardar el misterio, sostener el camino del héroe…” (3)


Llu y Chin Sun, el Mayordomo Imperial.

La historia

La acción se desarrolla en la antigua China. El Emperador quiere conocer al pajarito del que todo su reino y otros países, vecinos y lejanos, hablan maravillas. Envía a su Mayordomo Imperial a buscarlo, quien con ayuda de la pequeña Llu lo encuentra en el bosque y lo lleva al palacio. Cuando el Emperador escucha cantar a la avecilla queda maravillado y decide conservarlo para siempre en una jaula. El ruiseñor entristece en el encierro, pero logra escapar. El Soberano, desolado recibe un regalo especial de su par, el Emperador de Japón: un ruiseñor mecánico. Él y sus cortesanos consideran que este ruiseñor es mejor que el anterior, ya que nunca se cansa, nunca se equivoca y jamás entristece. Pasa el tiempo y un día el pájaro mecánico se rompe, razón por la cual el Emperador enferma de tristeza. Al parecer, su enfermedad no tiene cura. El ruiseñor verdadero regresa y canta para el convaleciente monarca, quien recupera su salud y acepta la amistad del ave respetando su libertad.


Llu y el Emperador de la China junto con el ruiseñor en los jardines imperiales.

El autor

“Me llamo Hans Christian Andersen y he viajado desde muy lejos para llegar hasta aquí: vengo del año 1835 a contarles un cuento. Un cuento que sucedió en la China, pero en la China de hace mucho pero mucho tiempo. Como ustedes saben, en China, el Emperador era chino, y todos los demás también. Este cuento se llama ‘El ruiseñor’, y comienza así…”


Claudio Rodrigo en el papel de Hans Christian Andersen.

Hans Christian Andersen nació el 2 de abril de 1805, en Odense, Dinamarca. De una familia muy pobre. Cuando tenía once años murió su padre y tuvo que abandonar sus estudios. Su primera vocación fue la de cantante de ópera y para realizarla se trasladó a Copenhague. Pero fracasó en ello.

Andersen fue un gran viajero —“viajar es vivir”, decía— y escribió las impresiones de sus viajes en los periódicos. De sus viajes también sacó tema para sus escritos.

Publicó libros de poemas, libros de viajes, novelas, e incluso un libreto para ópera: La novia de Lammermoor.

En 1835 aparecieron las dos primeras ediciones de Historias de aventuras para niños, seguidas de varias series de historias cortas. Sus textos para niños tuvieron inicialmente poco éxito. Sin embargo, para 1838 ya había adquirido cierta fama como escritor de cuentos de hadas y en este año escribió una segunda serie. Y en 1843 una tercera que se tituló Cuentos nuevos. Andersen tenía por costumbre narrar las historias que escribía. Pero, al parecer, no tenía demasiado interés en aquellos cuentos de hadas, gracias a los cuales se convertiría en un clásico.

Sus cuentos para niños continuaron apareciendo hasta 1872, tres años antes de su muerte. Entre los más conocidos se encuentran: “El patito feo”, “El traje nuevo del emperador”, “La reina de las nieves”, “El valiente soldadito de plomo”, “El ruiseñor”, “La Sirenita”, “Pulgarcita” y “La vendedora de fósforos”.

Estas historias fueron traducidas a más de 80 idiomas y adaptadas a obras de teatro, ballets, películas, dibujos animados, juegos en CD y obras de escultura y pintura.

En su honor, desde 1956, se concede cada dos años el Premio Hans Christian Andersen de Literatura Infantil y, desde 1966, también el de Ilustración. (4)


Notas

(1) Eva Halac es titiritera, dramaturga y directora teatral. En 1993 creó una compañía dedicada a la experimentación escénica, combinando distintas disciplinas y técnicas: teatro con muñecos, danza, teatro de actores y ópera. Más información en la página web de la compañia Eva Halac Teatro (www.evahalacteatro.com.ar).

(2) Mehl, Ruth. “En abril, Eva Halac repondrá ‘El ruiseñor”. En La Nación; Buenos Aires, 28 de diciembre 2002.

(3) Mehl, Ruth. Op. cit.

(4) Nota de Imaginaria: También como homenaje a su figura, el International Board on Books for Young People (IBBY), ha decretado que el día de su nacimiento (2 de abril) se celebre el Día Internacional del Libro Infantil y Juvenil.


Ficha técnica

El ruiseñor, de Hans Christian Andersen

  • Versión y Dirección general: Eva Halac.
  • Titiriteros: Eva Halac (Mayordomo Imperial Chin Sun), Valeria Kleinbort (Ruiseñor, Llu, Jardinero Ming, Inspector Chang, poeta) y Claudio Rodrigo (Hans Christian Andersen, Emperador de la China).
  • Dirección de arte: Marcelo Valiente.
  • Diseño y realización de cabezas: Esteban Derito.
  • Iluminación: Leandro Pérez.
  • Musicalización: Sergio Falcón.
  • Fotografía: Guillermo Monteleone.
  • Asistente de Dirección: Micaela Sleigh.

La música del espectáculo contiene melodías de Franz Schubert: Serenata D 957 Nº4, Vals D 365 Nº 2; Sonata D 821 “Arpeggione”.

En el año 2005, El ruiseñor fue invitado al Festival Internacional de Teatro para Niños de Singapur y al Festival internacional de Teatro de Muñecos de Caracas.

Por este espectáculo, Eva Halac recibió el Premio Pregonero 2005, otorgado por la Fundación El Libro, a la mejor adaptación y difusión de la literatura entre los niños. El ruiseñor fue nominado Mejor Dirección Teatral en los Premios Clarín.

Funciones

  • En abril de 2010: sábados y domingos a las 18 horas.
  • En mayo de 2010: sábados y domingos a las 17 horas.
  • En La Nube (Jorge Newbery 3537, Buenos Aires). Informes y reservas: Tel: 45524080 de 10 a 13 de 15 a 19 horas – Email: la_nube_cultura@yahoo.com.ar – Web: www.lanube.org.ar

Artículos relacionados:

Galería: Hans Christian Andersen, por Douglas Wright.

Reseñas de libros: El traje nuevo del emperador, de Hans Christian Andersen, en versión producida por Steven Spielberg.

Eventos: Bicentenario de Hans Christian Andersen 1805-2005.

3 comentarios sobre “Teatro: El ruiseñor, de Hans Christian Andersen”

  1. irene dice:

    Quiero saber donde presentan el espectáculo actualmente. Lo ví con mi hija. Es excelente! quiero verlo de nuevo


  2. Federico dice:

    El ruiseñor, actualmente se presenta los fines de semana en el Teatro 25 de Mayo de Villa Urqiza. Triunvirato 4444


  3. Olga dice:

    buenas tardes.
    Soy docente. Estoy muy interesada en las producciones basadas en los cuentos de Andersen. Necesito que me ayuden a acceder al guión de títeres de la puesta maravillosa que realizaron.
    Gracias


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