Dos antologías de cuentos de Saki

por Marcela Carranza

Cuentos escogidos
Saki
Traducción de Margarita Costa.
Introducción por Jeannine Emery.
Buenos Aires, Editorial Claridad, 2007. Biblioteca Los Clásicos.
Contiene los siguientes cuentos: “La fiesta de Navidad de Reginald”, “La reticencia de lady Anne”, “Gabriel Ernesto”, “El Santo y el Duende”, “El alma de Laploshka”, “Laura”, “La gallina”, “La ventana abierta”, “Los fabuladores”, “El método Schartz-Metterklume”, “El punto ciego”, “Crepúsculo”, “La tortilla bizantina”, “El soñador”, “Clovis sobre las responsabilidades parentales”, “El narrador”, “El cuarto de los trastos”, “La falsa aprobación”, “Esmé”, “Tobermory”, “El tatuaje”, “Hermann el irascible”, “La cura de inquietud”, “Sredni Vashtar”, “El huevo de Pascua”, “Los sabuesos del destino”, “La reconversión de Groby Lington”, “Juguetes de paz”, “El té”, “La desaparición de Crispina Umberleigh”, “La penitencia”, “Los intrusos”, “La vida estilo Mappin”, “Morlvera”, “Las siete jarras de crema”, “El jardín ocasional” y “El huevo cuadrado”.


Los fabuladores y otros cuentos
Saki
Traducciones de Fabiana A. Sordi y Héctor Silva.
Prólogo de Claudia Piñeiro.
Selección de textos y estudio de Fabiana A. Sordi.
Buenos Aires, Editorial Alfaguara, 2008. Colección Serie Roja.
Contiene los siguientes cuentos: “El ratón”, “Tobermory”, “Atardecer”, “El cerdo”, “El cuentista”, “El desván”, “El método Schartz-Metterklume”, “El ventanal abierto”, “Los fabuladores”, “Los juguetes de la paz” y “Morlvera”.

 

“Así, la risa muestra la realidad desde otro punto de vista. Ésa sería la función de desenmascaramiento de la convencionalidad existente en todas las relaciones humanas. La risa aísla esa convencionalidad, la dibuja de un solo trazo y la coloca a distancia. La risa cuestiona los hábitos y los lugares comunes del lenguaje. Y, en el límite, la risa transporta la sospecha de que todo lenguaje directo es falto, de que todo vestido, incluso toda piel, es máscara.”

Jorge Larrosa

 
La primera traducción al español de la obra de Saki fue la de su cuento “Sredni Vashtar” realizada por Adolfo Bioy Casares, que se publicó en la revista Sur en junio de 1940 y se incluyó ese mismo año en la Antología de la literatura fantástica compilada por Jorge Luis Borges, Silvina Ocampo y Bioy Casares. Dos ediciones recientes en nuestro país, con la mirada puesta en los jóvenes lectores, ponen en circulación algunos de los cuentos de este genial autor.

No resulta difícil situar a Saki (seudónimo de Hector Hugh Munro, 1870-1916) dentro de la gran tradición de ironistas de la literatura inglesa. Jonathan Swift (Dublin, 1667-1745) ya se había ocupado casi doscientos años antes de arremeter sin piedad contra el sistema político y social de su país, contra las clases en el poder, contra la civilización europea, contra el género humano en aquel libro que luego, innumerables adaptaciones mediante, se convirtió en un cuento de aventuras para niños: Los viajes de Gulliver (1726).

El humor de Saki es, en comparación al de Swift, algo más pudoroso, más contenido, más acorde a la sociedad victoriana que le tocó sufrir. Sin embargo este pudor no lo vuelve menos efectivo, menos cruel y corrosivo. Como su antecesor, Saki es un crítico implacable de sus contemporáneos, especialmente de los hombres y mujeres pertenecientes a la clase acomodada, su propia clase, inmersa en un mundo de rígidas fórmulas y convenciones sociales. Como en Swift, el humor de Saki es una denuncia inteligente, y como toda denuncia es moral. Una moral opuesta y en claro enfrentamiento a la moral oficial. Una palabra que cuestiona y desviste a la palabra hegemónica mostrando sus hipocresías y su absurdo.

En sus cuentos Saki suele recurrir a dos personajes ajenos y a su vez víctimas de ese mundo hegemónico: los niños y los animales. Un buen ejemplo del papel asignado a estos últimos es su inolvidable cuento “Tobermory”. Una tarde fría y lluviosa en la que un grupo de personas se reúnen a tomar el té es el contexto en el que el señor Cornelius Appin da a conocer su maravilloso descubrimiento: él puede hacer hablar a los animales. Su primer alumno exitoso, Tobermory, el gato mimado de la casa, hace gala de semejante milagro de la ciencia “ventilando” en un tono lacónico y contundente toda clase de secretos y chismes de la familia anfitriona y sus huéspedes. La tensión e incomodidad de los dueños de casa e invitados va en aumento hasta que se decide eliminar con estricnina a la mascota. El humor negro de Saki se intensifica en un final donde se informa sobre la merecida muerte del señor Appin en el zoológico de Dresden causada por un elefante al que éste parece haber estado molestando.

El subtítulo que acompaña a “La reconversión de Groby Lington”: “Dime con quién andas y te diré quién eres”, sintetiza de forma literal y humorística el contenido del cuento donde un respetable caballero adquiere los hábitos y la fisonomía de aquellos animales que le hacen compañía: un loro, un mono y una tortuga sucesivamente. Es el caso del mono el que permitirá a Mr. Lington mostrar su oculta agresividad. Los ronquidos de un pianista harán que Groby intente ahogarlo primero con una almohada y luego en la bañera. Sin embargo el modo en que se dan las cosas permite que Groby reciba una medalla de la “Royal Humane Society” sin que nadie preste atención a la versión dada por el maltratado músico en contra de su “heroico salvador”.

Este límite difuso entre la naturaleza humana (oculta cuidadosamente por una máscara de civilidad) y la violencia animal está claramente retratado en su cuento “Gabriel Ernesto”. Aquí Saki recurre al viejo mito de la licantropía en el personaje de un joven oculto en los bosques, propiedad de  un caballero inglés. En este cuento la figura del adolescente se fusiona con la del animal salvaje. Como en otros cuentos de Saki, los personajes adultos hacen una lectura errada de la situación producto de su ignorancia o bien de su hipocresía, erigiendo en héroe al victimario. De este modo los hechos más aberrantes (concretamente en este cuento Gabriel Ernesto devora a un niño pequeño), son cubiertos por una pátina de decoroso urbanismo.

Hablar de los niños de Saki significa recordar algunos de sus más conocidos y quizás más logrados relatos: “El cuentista” o “El narrador”, el ya nombrado “Sredni Vashtar”, “La ventana abierta”, “El desván” o “El cuarto de los trastos”, “La penitencia”, “Los juguetes de la paz”, “El cerdo”, entre otros. Estos niños están muy lejos de la figura idealizada de inocencia y bondad. Son niños vengativos, fabuladores y crueles para con los adultos, su odio está dirigido especialmente a las mujeres que tienen a cargo su cuidado. Los niños de Saki aman la violencia y se sienten sofocados por aquellos que pretenden domesticarlos a su antojo. Estos niños, como pequeños salvajes, irrumpen desarticulando las reglas y los discursos con que los grandes se esfuerzan en someterlos. El narrador de los cuentos de Saki no disimula su confabulación con estos personajes infantiles dispuesto a disfrutar de los sabotajes al orden adulto.

En la escena inicial de “El cuentista” o “El narrador” hallamos a la tía y al solterón ocupando lugares enfrentados en el coche del tren, con los niños en medio. Dos adultos rivales obligados a compartir un espacio en compañía de un grupo de niños. El cuento moralizante de la tía, con un final de “niña premiada por su bondad”, es rechazado de plano por los niños. Mientras la historia de Berta, la niña que muere en las fauces del lobo justamente por haber sido tan “horriblemente buena” recibe del público infantil la aprobación unánime: “El cuento empezó mal —dijo la menor de las niñas—, pero tuvo un final hermoso”.

En “Los juguetes de la paz”, nuevamente los adultos se esfuerzan por la formación moral de los pequeños a través de juguetes alternativos destinados a desterrar la violencia en los juegos infantiles. El desenlace del relato muestra el fracaso de tan bien intencionados adultos ya que los juguetes de paz son transformados por los niños en sangrientas escenas de lucha armada en consonancia con sus incipientes conocimientos de la historia de Inglaterra.

Engañar a los adultos no resulta demasiado difícil para estos niños astutos y fabuladores. Este es el caso de la jovencita de “La ventana abierta” que tiene por víctima de sus improvisadas historias al depresivo y nervioso Mr. Nuttel.

“La penitencia” y “El desván” son buenos ejemplos de relatos en los que los niños disfrutan con placer de una justa venganza frente a la arbitrariedad y crueldad de los adultos.

“Mrs. De Ropp era prima y guardiana de Conradin, y a sus ojos ella representaba esos tres quintos del mundo que son necesarios, desagradables y reales; los otros dos quintos, en perpetuo antagonismo con los anteriores, estaban representados por él mismo y su imaginación.” De este modo el narrador define a la odiada prima de Conradin, el niño de diez años protagonista de “Sredni Vashtar”. El título del cuento es el nombre con el que Conradin bautizó a su hurón, el dios al que el niño rinde culto en el cobertizo a escondidas de su prima. El desconcertante final del cuento deja al lector junto a Conradin disfrutando de unas prohibidas tostadas mientras todo parece indicar un final trágico para Mrs. De Ropp, producto de las imploraciones de Conradin a su dios-hurón.

Como el gato Tobermory, o como sus niños terribles, los cuentos de Saki resultan incómodos y heréticos para el orden establecido. Si bien la sociedad a la que este autor satiriza en su literatura ya no existe, la vigencia de sus cuentos es innegable, no sería mala idea preguntarnos por qué.


Artículos relacionados:

Ficciones: Un cuento de Saki (“El cuentista”).

Reseñas de libros: Historia de un niñito bueno. Historia de un niñito malo, de Mark Twain.

Lecturas: La literatura al servicio de los valores, o cómo conjurar el peligro de la literatura, por Marcela Carranza.

Lecturas: ¿Por qué la literatura es también para los niños?, por Marcela Carranza.

Un comentario sobre “Dos antologías de cuentos de Saki”

  1. Andrés Sobico dice:

    Una Alegría encontrar a Saki comentado por Marcela Carranza.
    En mi blog, bajo la merecida etiqueta de “grosos” publiqué un tramo del Cuentista, junto a otros extractos de Collodi, Twain, Bierce, Carrol y Barrie.
    Toda gente que escribía a contrapelo (más o menos chocantemente) de su época,pero perteneciendo a ella a la vez.

    http://andresobico.blogspot.com/2009/08/saki.html


Comentarios cerrados