Vínculos entre bibliotecas y escuelas: aportes teóricos

por Cecilia Bajour

libros-BibliotecasyescuelasBibliotecas y escuelas
Retos y posibilidades en la sociedad del conocimiento
Elisa Bonilla, Daniel Goldin, Ramón Salaberria (Coordinadores)
México, Editorial Océano Travesía, 2008. Colección Ágora.

libros-Peronoimposible…pero no imposible
Bitácora de la transformación de una biblioteca escolar y su entorno
Claudia Gabriela Nájera Trujillo
Prólogo de Delia Lerner.
México, Editorial Océano Travesía, 2008. Colección Ágora.

Todos los que estamos interesados o involucrados de una u otra manera en la problemática actual de las bibliotecas escolares en los países de nuestra lengua es muy probable que nos encontremos a la vez con tierra fértil y con un campo sembrado de paradojas.

Si bien se trata de un tema que en los últimos años viene cobrando cada vez más atención aunque con diversos matices por parte de gestiones gubernamentales e instituciones vinculadas a la educación y a la lectura no deja de ser una zona compleja, marcada por contradicciones y claroscuros.

Los dos libros que aquí presentamos tienen que ver con esa tensión, saludable invitadora a pensar y a hacer: la tensión entre lo que se desea y se puede y el desafío ante lo difícil que aparece muchas veces en forma de obstáculo.

Significativamente ambos títulos, a su modo, unen la idea de posibilidad con la de reto: por su enunciación en esos mismos términos, en el subtítulo que acompaña a Bibliotecas y escuelas: “Retos y posibilidades en la sociedad del conocimiento”; y por la expresión tenaz y resistente en …pero no imposible, el cuaderno de bitácora de Claudia Gabriela Nájera Trujillo sobre su experiencia de construcción de una biblioteca escolar.

Bibliotecas y escuelas traza una ruta abierta a la reflexión y discusión sobre un espectro profundo y abarcador de temas surgidos del necesario vínculo entre la escuela y la biblioteca. Los impulsores de esta obra, Elisa Bonilla, Daniel Goldin y Ramón Salaberria, diseñaron un encuentro de miradas y puntos de vista diversos por parte de autores de América Latina y España entre los cuales se encuentran ellos mismos participando de este intercambio de ideas, datos, experiencias e investigaciones. (*)

Las premisas de las que parten para el armado de este volumen tienen que ver con poner en foco y valorizar el rol que juegan las bibliotecas escolares para que todos los niños y jóvenes puedan ejercer su derecho a recibir una educación de calidad en la que sean participantes e interlocutores activos.

Sobre esta base conceptual y ética proponen un recorrido que parte del relevamiento de la realidad desigual y compleja de las bibliotecas escolares en nuestros países. Un mapa que tuvo que dibujarse con grandes dificultades debido a la escasez de datos disponibles, estudios específicos, diagnósticos o interlocutores que dieran cuenta de las situaciones de las bibliotecas en los sistemas de educación de cada país ya que en muy pocos existen programas nacionales diseñados para llevar adelante el tema.

Esa “cartografía inconclusa”, al transparentar un panorama crítico permite vislumbrar muchas de las paradojas que mencionamos al principio.

La primera que salta a la vista en este mapa con agujeros negros es que la creciente aceptación y proclama de la necesidad imperativa de bibliotecas escolares en la educación en muchos casos no se condice con políticas públicas que hagan efectiva su instalación real en las escuelas y su continuidad más allá de los gobiernos de turno. Mientras cada vez más investigaciones, datos empíricos y discursos teóricos sobre la formación de lectores (este volumen es generoso en ejemplos de ello) demuestran la importancia de las bibliotecas en el acceso a materiales diversos y calificados para la construcción del conocimiento, la realidad sigue siendo mayoritariamente esquiva a esas evidencias.

En el universo de los discursos y prácticas acerca de la lectura, que en sus versiones simplistas son tan proclives al pensamiento maniqueo, también es frecuente la oposición improductiva entre libros y nuevas tecnologías teñidas en sus casos más extremos de visiones apocalípticas sobre el fin del libro. De ese modo se soslaya la productividad de pensar en forma integrada y no sustitutiva en los modos de leer que proponen los diversos tipos de prácticas. Las bibliotecas escolares en sus múltiples manifestaciones pueden ser un lugar privilegiado donde esos modos híbridos de leer sucedan y transformarse en ocasiones de enseñanza y aprendizaje y de nuevos encuentros culturales entre generaciones diversas.

Otra distancia entre los deseos y las realidades es la que lleva a concentrar excesivamente el énfasis en lo patrimonial y en el objeto (acervos, aspectos organizativos relacionados con la información, etc) relativizando el lugar central de los sujetos para dar vida a lo que ocurra con la lectura dentro y fuera de la escuela. Aunque está claro que tanto los objetos como los sujetos se necesitan mutuamente para que las bibliotecas existan, este desfasaje en los intereses se manifiesta sobre todo en la desigual atención a la designación y formación de los responsables de la biblioteca escolar (en muchos de nuestros países no existe siquiera la figura del maestro bibliotecario), en la débil apropiación de las ventajas pedagógicas de la biblioteca en los colectivos de trabajo en las escuelas y en la escasa atención y escucha a las voces de los lectores, tanto niños y jóvenes como adultos, docentes y participantes de la comunidad escolar, como principales constructores de la vida y los destinos de las bibliotecas.

Este libro retoma reflexivamente esas dificultades poniendo a disposición de los lectores algunos planteos teóricos y experiencias para comenzar a desanudar las contradicciones, ya sea desde las entidades estatales como desde los diversos espacios y contextos pedagógicos donde a cada uno le toca actuar e incidir. Es interesante destacar esta convocatoria a un destinatario ampliado, el que mira desde lo macro y el que lo hace ubicado en el terreno, más allá de su formación o su inserción laboral. Pensar ambas dimensiones como complementarias no es ingenuo: muchas de las contradicciones mencionadas encuentran su explicación en el frecuente abismo entre quienes definen las políticas y programas públicos y quienes son actores vivos del cotidiano escolar y su entorno, sean maestros, bibliotecarios, alumnos, familiares u otros miembros de la comunidad ligada a la escuela.

El recorrido pensado por los autores invita a detenerse en la consideración de la multiplicidad de modos de ser de las bibliotecas escolares en contextos y situaciones diversas. Aquí es notorio el énfasis puesto en profundizar alternativas que discutan pragmáticamente las razones de la desigualdad aguda que existe en el funcionamiento de bibliotecas escolares en nuestros países.

La puesta a disposición de datos y experiencias que demuestran su impacto en el aprendizaje, su postulación como “espacio de posibilidad” para igualar oportunidades en condiciones de exclusión y deserción escolar, los vasos comunicantes transformadores entre las bibliotecas escolares y los entornos familiares diversos, la resignificación productiva de los usos y prácticas de la lectura con Internet y las nuevas tecnologías en el diálogo de los adultos con niños y adolescentes, se vuelven aquí herramientas posibles para todos aquellos que quieren pensar críticamente los vínculos entre escuela y lectura. Herramientas que cobran sentido cuando la biblioteca escolar es hospitalaria para encuentros singulares entre diversas voces potenciadas por los textos que allí encuentran.

La sección que este volumen dedica a las posibilidades didácticas de la biblioteca escolar abarca a las distintas etapas educativas. Parte en forma comprometida y novedosa (por lo poco explorada en estudios de este tipo) de las bibliotecas para bebés y bibliotecas del jardín de la infancia con la convicción sobre la incidencia que el acercamiento temprano a la cultura escrita tiene en el desempeño escolar y en la vida familiar. Llega hasta las posibilidades de encuentro autónomo con distintos lenguajes y manifestaciones de la cultura en la escuela media, según algunas experiencias que allí se relatan.

Las posibilidades de la biblioteca escolar de tender puentes con el aula también son especialmente tratadas en esta zona así como una visión crítica sobre los libros de texto que apunta a valorizarlos cuando son disparadores hacia otros materiales y fuentes de información en vez de encerrarse en sí mismos y limitar otras lecturas. Los nuevos modos de leer devenidos de la era digital son vistos también aquí como oportunidades para desarrollar nuevas formas de enseñanza y aprendizaje.

Por último, la trama compleja de la gestión de las bibliotecas escolares es abordada en un amplio arco que incluye la problemática de la formación de los bibliotecarios, los criterios de selección vinculados con la constitución de los acervos, los avatares y reflexiones devenidos de la implementación de un programa para instalar bibliotecas en escuelas públicas de un país de la región y las posibilidades y dificultades en la relación entre bibliotecas escolares y públicas.

La experiencia de leer este libro junto con …pero no imposible. Bitácora de la transformación de una biblioteca escolar y su entorno es sumamente rica, motivadora de múltiples conexiones y diálogos que llevan a resignificar la decantación procurada por las miradas teóricas sobre la relación entre bibliotecas y escuelas en una clave llena de latidos potentes: los de quien narra en primera persona una historia desafiante de la práctica docente.

De desafíos justamente se trata este diario de la historia de una biblioteca escolar nacida “desde el pie” que comenzó cuando Claudia Gabriela Nájera Trujillo, de profesión “maestra”, tomó la decisión de bajarse de su rol de coordinadora en el Plan Nacional de Lectura en su estado natal, Chihuahua, para volverse una “bibliotecaria” y llevar adelante la experiencia de desarrollar una biblioteca en una escuela situada en una zona golpeada por las dificultades que caracterizan a tantas escuelas en nuestros países. Una decisión tomada bajo la premisa de que “es la escuela la que debe hacer posible la biblioteca escolar” según plantea en la introducción a su trabajo.

Su placer evidente por la escritura narrativa se unió con fuerza y frescura a la necesidad de ponerle palabras reflexivas a la vez que emotivas a los hallazgos, dudas y dificultades de esta experiencia. Lo hizo por medio de textos, que a modo de bitácora del camino emprendido, buscaban retomar y anclar en un relato el día a día en una escuela pequeña con todo por hacer en lo relativo a la instalación real y simbólica de su propia biblioteca. La palabra escrita acude como modo de darle materialidad al pensamiento y hacer que lo vivido y construido no se pierda en el aire, como suele suceder con los saberes de tantas prácticas docentes esfumadas en el vértigo del cotidiano escolar. También la palabra escrita es sentida como puerto para amparar las sensaciones de angustia surgidas de los obstáculos y las contradicciones en la tarea de formar lectores en el contexto escolar, revelando así el difuso límite entre la vida personal y las pasiones del trabajo. Y como acto generoso y humanamente profesional de poner a disposición de la lectura de otros los afectos, las ideas, las interacciones, los deseos y las dificultades de la propia práctica.

Esos textos, compartidos en primera instancia con colegas y amigos, fueron luego la base para la realización de este libro, que surge como un necesario aporte en una zona que tiene poco espacio en las publicaciones relacionadas con la formación de lectores: la que da voz a las experiencias y reflexiones de maestros y bibliotecarios considerados así como protagonistas críticos y no “meros transmisores” de teorías y programas, tal como plantea Daniel Goldin en su introducción a la bitácora.

El relato de Claudia Gabriela Nájera Trujillo abarca un poco más de un año y medio de una práctica que partió de un espacio con cajas cerradas de libros, estantes polvorientos, unas pocas y humildes computadoras y un colectivo de maestros que en principio no alcanzaba a ver las ventajas de contar con una biblioteca y una bibliotecaria en la propia escuela.

Este período intenso es relatado en etapas que recuerdan el ciclo de las pasiones que prometen ser duraderas, comenzando con el contacto y deslumbramiento inicial ante el proyecto de poner en marcha una “biblioteca viva”, el tránsito por el necesario realismo que deviene del cruce de las luces con las sombras en una práctica ardua y compleja, la calma entusiasta que permite tomar distancia, repensar y repensarse y el balance necesario que ayuda a seguir creciendo.

En el recorrido narrado por la autora es destacable la facilidad y naturalidad con la que los niños en primer lugar y luego los familiares se hacen dueños de la posibilidad de hacer uso del derecho a tener una biblioteca en la escuela a la que concurren. En contraste, a medida que avanza el relato, se hace evidente la dificultad y la actitud en ocasiones resistente de gran parte de los docentes a apropiarse de ese espacio y sus ventajas para su práctica profesional. Esta dificultad que lleva a la bibliotecaria a explorar múltiples y originales búsquedas de caminos posibles para involucrar al equipo de maestros en el crecimiento de la biblioteca y sus usos, invita a reflexionar sobre los modos de implementación de los cambios culturales en quienes trabajan en la institución escolar, tanto desde una mirada macro como desde una perspectiva más localizada en la singularidad de cada escuela. Cambios que no se instalan por decreto sino que requieren de un paciente y creativo trabajo que valorice las historias de los docentes como lectores, las variables personales y laborales, las posibilidades y dificultades de los vínculos entre adultos que trabajan en un mismo espacio y la necesidad de que la conducción de la escuela junto con los maestros lleve adelante el proyecto de la biblioteca como herramienta pedagógica y cultural fundamental para el trabajo didáctico.

Unas escenas narradas por la autora casi al final del libro testimonian ricamente la importancia de generar alternativas y espacios para que los maestros se sientan lectores en el propio lugar de trabajo. A partir de la colocación de unos poemas provocativos y humorísticos del libro Poemínimos de Efraín Huerta en la zona de la dirección donde los maestros se servían café se generó un fluido e intenso intercambio de textos (en particular poemas y cuentos breves) y de conversaciones espontáneas de docentes en torno a ellos. La llama prendida se ve elocuentemente en este fragmento:

“El martes hubo un momento interesante cuando, luego de leer el cuento “Una viuda inconsolable”, de Ambrose Bierce, una compañera dijo que no lo entendía y, más prontas que puestas, entre las demás nos pusimos a explicarle… entonces se rió por el humor del cuento. Quizás éramos simplemente cuatro mujeres charlando a partir de un cuento leído, pero a mí me pareció increíble y digno de registrar; cuatro mujeres charlando a partir de un cuento leído…simpleza no es, no atino a explicarlo, mas estoy segura que simpleza no es”.

La mirada sensible y la escucha reflexiva que están presentes a lo largo de toda la bitácora se ponen de relieve en esta escena, que tal como supone la autora dista de ser simple y tiene muchas implicancias en la consideración de lo que se puede hacer en la escuela cuando valoriza a los maestros como lectores.

La experiencia narrada por Claudia Gabriela Nájera Trujillo y su evaluación de lo realizado dejan resonando múltiples e interesantes reflexiones sobre la implementación de las bibliotecas en las escuelas y su vínculo con diversas concepciones acerca de la lectura; reflexiones que se vuelven más acuciantes al provenir de los sabores y sinsabores de la práctica. Todas ellas invitadoras a seguir pensando, como la referida al lugar de la llamada “promoción de la lectura” cuando se vincula con los modos de leer más extendidos en la escuela (aquellos que cuando se cristalizan son denominados peyorativamente “escolarizados”): ¿cómo hacer para que las prácticas de la promoción que muchas veces vienen de la mano de bibliotecarios creativos y entusiastas (cualidades que se potencian por medio de la formación) encuentren un espacio y un tiempo en la programación escolar, sean apropiadas por los maestros y le den nuevos sentidos a la lectura en la escuela? O como la que tiene que ver con la valorización del trabajo colaborativo entre maestros y bibliotecarios: ¿cuáles son los caminos para que la formación de lectores sea reconocida como un asunto que compete a todos los docentes de la escuela?

Estas preguntas y otras que apuntan al corazón de la lectura cuando ocurre en la escuela y en la comunidad ligada a ella, invitan a releer desde la complejidad de la práctica algunas hipótesis y experiencias planteadas en el libro Bibliotecas y escuelas. Alimento para un debate necesario tanto al elaborar una agenda pública desde las entidades estatales como al pensar el cotidiano escolar, sus utopías y sus realizaciones.


(*) Nota de Imaginaria: Ante la pluralidad de autores y diversidad de enfoques que contiene el libro, vale la pena transcribir la relación de artículos incluidos en el mismo:

“Presentación”, por Elisa Bonilla, Daniel Goldin, Ramón Salaberria.

“Una cartografía inconclusa: la realidad de las bibliotecas escolares en nuestros países”, por Beatriz Helena Robledo B.

Razón de ser de las bibliotecas escolares

  • “La biblioteca escolar y sus conjugaciones”, por Ramón Salaberria.
  • “Logro académico y bibliotecas escolares: estudios cualitativos y cuantitativos”, por Elisa Bonilla Rius.
  • “La biblioteca escolar y la igualación de oportunidades”, por Guillermo Castán Lanaspa.
  • “Libros de la escuela al hogar: un camino de ida y vuelta”, por Elisa Bonilla Rius y Daniel Goldin.
  • “Los adolescentes e Internet: prácticas dentro y fuera de la escuela”, por Roxana Morduchowicz.
  • “Un espacio de encuentros singulares: voces de lectores y bibliotecarios”, por Michèle Petit.

Retos y posibilidades didácticas de las bibliotecas escolares

  • “Libros de texto y biblioteca: un libro o muchos materiales”, por Celia Díaz Argüero.
  • “La biblioteca para los que ‘no saben leer’: acceso a libros y lecturas en la primera infancia”, por Yolanda Reyes.
  • “También una biblioteca en el aula”, por Myriam Nemirovsky.
  • “Dar clase con biblioteca en las aulas”, por Mirta Luisa Castedo.
  • “La biblioteca escolar en la educación secundaria”, por Laura Cobos Herrero y Melquiades Álvarez.
  • “Bibliotecas en la era digital”, por Daniel Cassany.

Organización y gestión de las bibliotecas escolares

  • “El personal de la biblioteca escolar: su formación previa y en el ejercicio”, por María Clemencia Venegas
  • “La constitución de acervos”, por Teresa Colomer.
  • “El día que los libros llegaron a la escuela o el desafío de instalar bibliotecas escolares y de aula en las escuelas públicas de México”, por Elisa Bonilla Rius y Rubén Pérez Buendía.
  • “Biblioteca escolar y bibliotecas públicas”, por Ramón Salaberria.

A manera de coda, por Elisa Bonilla, Daniel Goldin, Ramón Salaberria.

Fichas bibliográficas.


Artículos relacionados:

Destacados: La Biblioteca en la sociedad actual

Lecturas: La biblioteca escolar: un tema que involucra a todos en la escuela, por Cecilia Bajour

Lecturas: Los maestros, los profesores y los bibliotecarios pueden jugar un rol esencial en la formación de lectores críticos, por Aidan Chambers

Lecturas: La mirada poética en la biblioteca: una experiencia de Ateneo para bibliotecarios, por Cecilia Bajour

Oír entre líneas: el valor de la escucha en las prácticas de lectura, por Cecilia Bajour

3 comentarios sobre “Vínculos entre bibliotecas y escuelas: aportes teóricos”

  1. Tweets that mention Imaginaria » Vínculos entre bibliotecas y escuelas: aportes teóricos -- Topsy.com dice:

    […] This post was mentioned on Twitter by Roger Michelena, gustavodost. gustavodost said: Vínculos entre bibliotecas y escuelas: aportes teóricos: Parte en forma comprometida y novedosa (por lo poco ex.. http://bit.ly/4orPN1 […]


  2. Alejandra Rodriguez dice:

    Excelente obra. Todos y cada uno de los aportes de los distintos escritores son valiosísimos para los que trabajamos en Educación y queremos darle el papel protagonista que necesita la Biblioteca en la escuela.
    Léanlo, no tiene desperdicio, es sencillamente una recopilación actual y genial.


  3. Laura Casareski dice:

    Les cuento que si bien compré las dos obras arriba mencionadas, comencé leyendo la de Claudia Nájera Trujillo, …pero no imposible. Me sentí tan identificada con lo que allí se cuenta, que pareciera que lo había escrito yo. Es increíble pensar que estando en lugares tan distantes, ella en México y yo en Argentina (más precisamente en Buenos Aires en la localidad de Lomas de Zamora) pudiera encontrar tantos puntos en común: la cantidad de alumnos, lo que piensan los demás docentes acerca de nuestra tarea, las deficiencias en los acervos,es decir, las dificultades en general y las pequeños momentos en que una se siente realmente BIBLIOTECARIA con mayúscula. El libro además me motivó para comenzar a escribir mi propia bitácora.
    Aprovecho también esta oportunidad para felicitar al editor Daniel Goldín que desde la editorial en la que él realice su tarea, las obras que selecciona son de excelencia. Los libros de Fondo de Cultura Económica, colección Espacios para la lectura o los de a la orilla del viento son obras de arte que se encuentran entre mis más preciados tesoros. Son obras que leo y releo y siempre me hacen pensar en mejorar y tratar de ofrecer a los usuarios lo mejor de mí y de la Biblioteca.
    Felicito además a imaginaria por las excelentes recomendaciones a las que nos tiene acostumbrados.


Comentarios cerrados