La silla de la izquierda

libros-lasillaizquierdaSandra Siemens
Ilustraciones de Sergio Kern.
Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 1997. Colección Pan Flauta.

por Iris Rivera

“La silla de la izquierda siempre ha sido poco confiable. Desde que yo me acuerdo que tiene serios problemas de conducta.”

“Problemas de conducta” parece ser lo común a los protagonistas de los tres cuentos de Sandra Siemens reunidos en este libro: la silla de un bar, la herida resultante de una operación de apéndice, y un tío soltero empeñado en romper -vivo o muerto- el récord de permanencia debajo del agua.

Pero la expresión “problemas de conducta”, que tanto recuerda a cierta y lamentable jerga escolar, puede ser leída también de manera irónica. Y decir entonces que estos personajes oponen, en realidad, una tenaz resistencia a hacer “lo que se espera” de ellos. Se muestran empecinados en actuar como quieren y ser quienes son. ¿Problemas de conducta?

Personajes rebeldes, perseverantes hasta la exasperación, tercos. En una palabra -que Sandra Siemens usa más de una vez-: tozudos.

Los tres cuentos están narrados, en primera persona, por alguien a quien el tozudo de turno le complica la vida.

Para contar “La silla de la izquierda”, Siemens toma la voz del dueño del bar donde la silla recala cuando la bajan de un flete como integrante del mobiliario. Mientras nadie la molesta, la susodicha no se hace notar, pero cuando el dueño intenta pintarla… ay. La silla de la izquierda es capaz de frotar pata contra pata, salir trotando por la vereda, despatarrarse con cliente y todo, esconderse, enamorarse una vez y otra…

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La voz que narra “Una herida absurda” es la del sufrido y paciente portador de la herida que le dejó su apéndice operado. ¿Por qué “sufrido y paciente”? ¿Tiene que ver con que la herida le duele? No, no. Tiene que ver con que es absurda (“ya sé no me digás/ tenés razón/ la vida es una herida…”). Acierto de Sandra Siemens el devolverle a la expresión su sentido literal. La herida florece como un cantero, opina como un crítico de arte que se expresara con cantitos de tablón, le muerde la mano a un punguista, en fin. El sorprendente y redondísimo desenlace, no viene al caso contarlo.

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Para “Mi tío Hugo”, Siemens deja que hable la sobrina, una niña. Con destreza de narradora ajusta el vocabulario y las maneras de decir para hacer creíble a esta nena que admira las virtudes de su tío y cuenta lo imposible como si fuera lo más natural. El tío Hugo, quebrando alegremente el dilema de Hamlet, consigue ser y no ser al mismo tiempo. Pero, una vez desdeñado el principio lógico que impide aceptar semejante cosa, Sandra Siemens reintroduce la lógica en el relato. Es la impecable lógica del absurdo. Y ya que el lector ha aceptado -con una sonrisa- que el disparate es posible, bueno… ahí tiene las consecuencias.

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El eficaz truco narrativo de “hacer conocido lo extraño” vuelve una vez y otra en estos tres cuentos y llega a su máximo brillo en “Mi tío Hugo”. Por obra y gracia del propio absurdo es que suceden los aciertos en la escritura. Por obra -por la manera en que el absurdo obra- avanzan las historias. Por gracia, salta el humor.

Pero un lector atento puede descubrir que, detrás de la sonrisa que generan los relatos, la autora se ha metido con temas poco abordados en los libros “para chicos”. Es decir: la exposición al fracaso en un emprendimiento laboral, el postoperatorio tras una intervención quirúrgica, y la mismísima muerte de un tío muy querido. Ha explorado cuestiones que muchos de los llamados “cuentos para niños” suelen soslayar. Y no lo ha hecho partiendo de esas cuestiones con la intención expresa de abordarlas, sino desembocando en ellas por el juego desenfadado con el disparate.

Las ilustraciones en blanco y negro de Sergio Kern acompañan los textos aportando algunos elementos que no figuran en ellos. En el caso de “La silla de la izquierda”, el aporte es un gato cuya presencia y acciones se pueden seguir a través de los dibujos. El acierto en “Una herida absurda” consiste no mostrar nunca la famosa herida, convirtiendo así lo no dicho en no mostrado y apelando, como todo el tiempo lo hace el texto, a un lector despierto e imaginativo. El chiste gráfico de “Mi tío Hugo” muestra al protagonista con antiparras de nadador profesional en todo momento -hasta cuando come fideos-; antiparras que también usa un circunstancial pulpo que el tío encuentra mientras busca perlas.

En conclusión: La silla de la izquierda es uno de esos libros que hacen pensar que escribir e ilustrar son tareas fáciles (aunque no lo sean) y divertidas (aunque puedan llegar a serlo, pese a lo difíciles que son). Y un plus: quienes tengan inclinación por la escritura y la plástica, probablemente saldrán con la imaginación burbujeando en ganas de crear sus propias historias.

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