El buscador de finales

libros-elbuscadorfinalesPablo De Santis
Buenos Aires, Editorial Alfaguara, 2008. Colección Alfaguara Serie Roja.

por Elisa Boland

“Es que el final lo es todo.” Pablo De Santis

“A mí me gusta definir lo que hago como literatura de imaginación (…). En mis relatos el desafío es ser capaz de imaginar algo y ponerlo en movimiento en la ficción: aparatos, relaciones, misterios…”, señaló alguna vez Pablo De Santis en una entrevista (1). En otra oportunidad, se refirió a su pasión por el enigma y el lenguaje en materia de ficción y, como un rasgo característico en su trabajo, podemos hablar de la combinación de una intriga policial más una atmósfera enrarecida (2).

Para hablar de su producción, de su escritura, de su universo, hay que remitirse a su trayectoria: comenzó escribiendo guiones para historietas; fue Premio Revista Fierro 1984; fue jefe de redacción de esa revista, y es autor de tres ensayos sobre el género. Escribió los textos de los ciclos de Fabián Polosecki: El otro lado y El visitante, hoy considerados de culto, que lograron revolucionar la forma de narrar historias en televisión en la década de 1990. Dirige las colecciones para adolescentes “La movida” y “Obsesiones”, de Ediciones Colihue. Trabajar para un público como los adolescentes, siempre terreno polémico, en él resulta un territorio interesante porque además de ser autor de ficciones es capaz de reflexionar sobre el tema. Y en ambos casos hacerlo con solvencia, autenticidad y buenos resultados. A propósito de las colecciones que dirige señaló que “la idea fundamental es que los libros sirvan como una entrada a la literatura, sin demagogia ni facilismos. (…) Se seleccionan los textos teniendo en cuenta la calidad, el interés por el lenguaje y la seducción del lector, evitando los clichés del género y el lenguaje falsamente ‘juvenil’.” (3)

Sus novelas fueron traducidas a nueve idiomas. Entre ellas se encuentran Desde el ojo del pez; La sombra del dinosaurio; Pesadilla para hackers; Las plantas carnívoras; El inventor de juegos -destinadas a los jóvenes-; y La traducción; El calígrafo de Voltaire; El enigma de París -para adultos-.

En El buscador de finales encontramos sus rasgos más característicos, la intriga policial y una atmósfera enrarecida -además de su predilección por los lugares y objetos como concentradores de historias- y, por sobre todo, el papel que cumple el juego en sus libros y la valoración que le otorga a los finales. Entrar en sus obras obliga a tener en cuenta ciertos procedimientos del género policial, de la narrativa detectivesca, del policial clásico y de enigmas. Aquel que implica un crimen, un hecho delictivo, y luego una investigación que se suma para resolver el caso; donde se van desenvolviendo secretos, problemas a resolver -hay algo oculto, algo que genera misterio-, siempre a partir de la razón, a través de la inteligencia del detective.

Justamente lo propio del policial clásico es comenzar por el efecto y dirigirse a la causa. Movido por la curiosidad, el detective o la figura que cumple ese papel es amateur, desinteresado por la paga; a diferencia del policial negro -también llamado novela policial dura- que se mueve al revés, va de la causa al efecto y el detective o investigador trabaja a sueldo, lo que mantiene en vilo al lector es el manejo del suspenso. Como ejemplos paradigmáticos e iniciadores de uno y otro caso, citaremos Los crímenes de la calle Morgue de Edgar Allan Poe y Los asesinos de Ernest Hemingway. El hecho de la gratuidad del móvil en el policial clásico fortalece la complejidad del enigma. Sus personajes se mueven por la pasión, les importa más la fama, los premios, la admiración de los colegas que el dinero.

Como en el género policial, también en los libros de De Santis se retoman personajes,  objetos o lugares. La lectura de noticias periodísticas, por ejemplo, es uno de los recursos base de la trama; los diarios funcionan como un mapa de la realidad que es preciso descifrar.

En El buscador de finales se produce un robo y hay que investigar porqué. Hay un primer plano donde transcurre la acción del protagonista que juega el papel de detective y un segundo plano narrativo donde se expone cómo se llegó a perpetrar ese delito y develar la verdad. Una buena narración de este tipo, según ha señalado Jaime Rest (4), requiere: riguroso encadenamiento de los hechos, sabia administración del relato y un argumento más importante que la psicología de los personajes; algo que De Santis logra plenamente. Sobre su preferencia por el género policial De Santis ha dicho: “…me parece que reproduce el mecanismo mismo de la lectura. El misterio es como un hilo que lleva al lector del principio al final. Tensa la novela. Mis tramas aspiran a repetir esa búsqueda: la búsqueda del lector que ve en el libro un objeto que siempre encierra un enigma, un misterio.”, sostiene el autor. Y agrega “para mí el misterio es el gran desafío de la literatura: es difícil de plantear, difícil de resolver y una vez resuelto, tiene que sobrevivir además a la decepción del que lee. Porque esa es otra constante. Casi siempre, la solución de un enigma decepciona al lector y el que escribe tiene que preverlo. Por eso la construcción y resolución del libro no pueden basarse sólo en la lógica. Hay que presentar el caso y resolverlo lógicamente, pero sin descuidar la belleza. Debe haber belleza en la resolución. Preguntas que se prolongan más allá del libro. Creo que para un escritor es un gran reto. Por eso no comparto la idea de los que menosprecian el policial como si fuera un género liviano.” (5)

Podríamos decir que El buscador de finales además de un policial, es también una novela de iniciación, en tanto que el protagonista va realizando un aprendizaje durante el transcurso del relato de la mano de las figuras que le transmiten su conocimiento y experiencia. Se trata de un joven osado, valiente, reflexivo; con un perfil que lo acerca a la figura del detective del policial clásico: aficionado, que quiere resolver los enigmas, comprometido con esa misión, desinteresado en cuanto a la paga, fiel a las personas que le otorgan ese papel, hasta el final. Figura del detective que el autor define en otra de sus novelas, Lucas Lenz y el Museo del Universo. Allí el protagonista dice: “Yo me hice buscador de cosas perdidas. (…) Un buscador de cosas perdidas es algo parecido a los detectives…” (6)

En El buscador de finales se sugieren dos planos -por un lado la vida del joven protagonista y, a la vez, el mundo de las revistas de historietas- que en el relato crecen en paralelo. En el primer capítulo encontramos a un joven, lector de historietas,  que quiere ser dibujante. Toma la decisión de visitar la editorial donde se publican sus historietas preferidas y logra hablar con un dibujante. El dibujante le anuncia que seguramente comenzará como cadete (es lo usual) y ante la sorpresa del joven se lo recomienda, porque esa función le permitirá conocer la editorial por dentro y luego tal vez elegir entre todas las opciones: ser letrista, dibujante, escritor o, incluso, buscador de finales. En el segundo capítulo lo toman “a prueba”, le dan un uniforme de cadete y “guantes gruesos de goma negra”; luego sabremos que son para protegerlo de la electricidad estática, pero también esos guantes cobrarán importancia en la resolución final. Comienza su trabajo cuando lo mandan a “buscar materiales a la casa de Sanders”. En el siguiente capítulo sabremos que Sanders es un buscador de finales (alguien que “lee la historia y guiado por un sexto sentido encuentra un objeto que le permite al guionista terminar la historia”). Sanders le dirá algo importante para la trama: “Es que el final lo es todo”, como la resolución en los relatos policiales. Es inevitable conectarlo con las recomendaciones que Poe o más tarde Quiroga , realizan acerca de la escritura de cuentos, sobre todo respecto de los comienzos y finales.

El capítulo cuarto, “¡Interceptado!”, finaliza con un hecho delictivo, acontecimiento relevante para poner a andar la historia: al protagonista “lo interceptan” y le roban la caja donde llevaba la sugerencia para crear el final de la historieta de próxima aparición. Podríamos señalarlo como el hecho delictivo propio del género, ahora habrá que investigar el porqué y quiénes han sido los autores.

Podemos elegir para comenzar con el análisis del relato el capítulo siguiente (“El fondo de los cajones”), que funciona como una bisagra en la historia. El mismo contiene información para comenzar a establecer lazos entre los datos que nos va entregando el narrador y las preguntas que se va planteando el lector; secretos que se irán resolviendo, tanto en la novela como en los relatos que se intercalan dentro de ella. La decisión del joven de ocultar el robo y reemplazar la caja por otra -colocando dentro un objeto elegido por él- es funcional a la trama. El protagonista no quiere perder su trabajo pero además cree responder al método que utiliza Sanders, el experto en finales. ¿Qué hace entonces el joven? Recurre a El Palacio de los Botones -donde trabaja su madre como empleada-, elige un botón y lo coloca en la caja. “Esperaba que en la editorial no notaran la diferencia. Y de hecho, en los días siguientes, nadie me reclamó, ni me regañó. Dos semanas después apareció la revista con la historia completa.”

Sanders descubrirá el engaño del joven, pero lejos de enojarse lo convertirá en su asistente, como aprendiz de “buscador de finales”.

A partir de aquí la historia se complejiza y se va desplegando cada vez más, con nuevos personajes (Paciencia Bonet, la Directora de la Agencia Últimas Ideas, rival y competencia de Sanders en la búsqueda de finales; Marcos Salerno, el mejor escritor de la ciudad, que pide sugerencias para resolver sus obras; Míster Chan-Chan, adivinador de finales, y su hija Alejandra, entre otros) y nuevos espacios a los que se trasladará el joven, como el pueblo Finlandia Sur, refugio de Míster Chan-Chan.

Retomando los hechos del capítulo que consideramos como una bisagra, podemos avalar la idea de novela de aprendizaje que mencionamos al comienzo. “Revolví los cajones de la casa, llenos de esas cosas inútiles (…), pero no me decían nada sobre el arte de contar historias…”, se lamenta el joven protagonista. Más adelante, el experimentado Sanders le dirá que tiene intuición pero no la suficiente y que “hay que pulirla, trabajarla”, y luego le explicará que “sólo sirven como finales las cosas perdidas, las cosas que llegan por casualidad”. Se lo dice en el capítulo Oficina de las cosas perdidas, que recuerda a aquel primer capítulo de otra novela del autor Lucas Lenz y el museo del universo. Otro experto en finales, Míster Chan-Chan, le enseñará también una lección a propósito de la tarea que deberá cumplir: “Si algo le ocurre en el camino, preséntese igual. Un buscador de finales nunca falta a una cita, aunque llegue con las manos vacías.”.

Objetos que se retoman, libros, periódicos o revistas de historietas -como en El inventor de juegos o en Lucas Lenz y la mano del emperador– todo va conformando un universo del autor y un estilo propio, sin virtuosismo, que se muestra a través de una prosa seca, despojada de adjetivación y con frases cortas. En los libros de De Santis, los espacios cerrados se multiplican, recreando esa atmósfera de encierro que le interesa al autor: bibliotecas, sótanos o -como en esta novela- el Instituto Purificador donde se queman libros, oculto detrás de la Biblioteca de Finlandia Sur; el edificio de Radio del Pueblo… y así se van presentando los intrincados lugares y episodios hasta que todo comienza a cerrarse; los hilos de la trama se atan comprensiblemente para el lector, los secretos se revelan, y el final buscado llega.

El buscador de finales es una historia entretenida, bien escrita, con preguntas que se prolongan más allá del libro, y que despierta un interés por leer otras novelas del autor, sin duda un gran representante de la literatura argentina en el terreno de los libros destinados a los jóvenes lectores.


Notas

(1) Garzón, Raquel. “Un cadáver en la biblioteca. Entrevista con Pablo de Santis”. En: Diario Clarín; Buenos Aires, 20 de junio de 1999.

(2) Sifrim, Mónica. “Pasión por el enigma. Entrevista con Pablo de Santis”. En: Diario Clarín; Buenos Aires, 9 de agosto de 1998.

(3) Sormani, Nora Lía. “¿Existe una literatura juvenil? Las colecciones: hablan los responsables”. En: La Mancha. Papeles de literatura infantil y juvenil Nº 7; Buenos Aires, agosto de 1998.

(4) Rest, Jaime. Conceptos de literatura moderna. Buenos Aires, Centro Editor de América Latina, 1979. Colección La Nueva Biblioteca.

(5) Garzón, Raquel. Ob. cit.

(6) De Santis, Pablo. Lucas Lenz y el Museo del Universo. Ilustraciones de O’Kif. Buenos Aires, Editorial Alfaguara, 1992. Colección Infantil-Juvenil, Serie Azul.


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4 comentarios sobre “El buscador de finales”

  1. Adriana Hernández dice:

    Te felicito, tu reseña sobre el libro El buscador de finales, de Pablo De Santis me parece de lo más acertada.


  2. Karen dice:

    El Buscador De Finales
    Autor: Pablo De Santis
    Ed. Alfaguara Serie Roja

    Hola yo quería saber donde puedo encontrar el libro para descargarlo en la computadora y poder imprimirlo una pagina algo o me lo podrían mandar ustedes a mi e-mail
    Lo Necesito Para Hoy o Mañana
    “Por Favor” Desde Ya Muchas Gracias!!!


  3. cinthya dice:

    Hola yo quería saber donde puedo encontrar el libro para descargarlo en la computadora y poder imprimirlo una pagina algo o me lo podrían mandar ustedes a mi e-mail
    Lo Necesito Para Hoy o Mañana


  4. admin dice:

    Cinthya: acá hay una guía de lectura que ofrece la editorial y tal vez te sirva: http://www.librosalfaguarajuvenil.com/uploads/ficheros/libro/guia-actividades/201010/guia-actividades-buscador-finales.pdf

    El libro gratis desde ya que no te lo podemos conseguir.


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