Las aventuras de Pinocho. Capítulos XXI y XXII

Carlo Collodi

Traducción y notas de Guillermo Piro

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XXI
Pinocho es apresado por un campesino,
el cual lo obliga a hacer de perro guardián de un gallinero.

Pinocho, como podrán imaginarse, se puso a llorar, a gritar, a quejarse; pero eran llantos y gritos inútiles, porque allí alrededor no se veían casas, y por el camino no pasaba ni un alma.

Entretanto llegó la noche.

En parte por el dolor del cepo, que le cortaba las canillas, en parte por el miedo de encontrarse solo y en la oscuridad en medio del campo, el muñeco empezaba casi a desvanecerse; cuando de pronto, viendo pasar una luciérnaga sobre su cabeza, la llamó y le dijo:

-¡Oh, Luciernaguita! ¿Me harías el favor de liberarme de este suplicio?…

-¡Pobre niño! -replicó la Luciérnaga, deteniéndose compasiva a mirarlo-. ¿Cómo has hecho para quedar con las piernas metidas entre esos hierros afilados?

-Entré en el campo para tomar dos racimos de uva moscatel, y…

-¿Pero las uvas eran tuyas?

-No…

-Y entonces, ¿quién te ha enseñado a llevarte las cosas de los demás?…

-Tenía hambre…

-El hambre, niño mío, no es suficiente razón para apropiarse de lo que no es nuestro…

-¡Es verdad, es verdad! -gritó Pinocho, llorando-, pero no volveré a hacerlo.

En ese momento el diálogo fue interrumpido por un pequeñísimo ruido de pasos que se acercaban. Era el dueño del campo, que venía en puntas de pie para ver si alguna de aquellas comadrejas, que de noche le comían los pollos, había quedado atrapada en el cepo.

Y su asombro fue grande cuando al sacar la linterna de debajo de la capa descubrió que en vez de una comadreja lo que había atrapado era un niño.

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Ilustración de Attilio Mussino (1911)

-¡Ah, ladronzuelo! -dijo el campesino, encolerizado-, ¿así que eres tú el que se lleva mis gallinas?

-¡Yo no, yo no! -gritó Pinocho, sollozando-. ¡Yo solamente entré en el campo para tomar dos racimos de uva!…

-Quien roba uva también es capaz de robar pollos. Déjame a mí, que te daré una lección que recordarás durante mucho tiempo.

Y abriendo el cepo aferró al muñeco por el cuello y se lo llevó colgando hasta su casa, como si lo que llevaba fuera un corderito de leche.

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Ilustración de Enrico Mazzanti (1883)

Llegado a la era, ante la casa, lo arrojó al suelo, y poniéndole un pie en el cuello le dijo:

-Ya es tarde y quiero irme a la cama. Mañana ajustaremos cuentas. Entretanto, como hoy se me ha muerto el perro que me hacía de guardia por la noche, tú ocuparás su puesto. Harás de perro guardián.

Dicho y hecho. Le puso al cuello un grueso collar todo cubierto de púas de latón y se lo apretó de tal modo que no se lo pudiera quitar pasando la cabeza por dentro. El collar estaba sujeto a una larga cadena de hierro y la cadena estaba fijada a la pared.

-Si esta noche -dijo el campesino- empezara a llover, puedes meterte en esa cucha de madera, donde aún está la paja que durante cuatro años le sirvió de cama a mi pobre perro. Y si por desgracia vinieran ladrones, recuerda tener las orejas bien paradas y ladrar.

Después de esta última advertencia el campesino entró en la casa y cerró la puerta con varias vueltas de llave; y el pobre Pinocho se quedó acurrucado en la era, más muerto que vivo, a causa del frío, el hambre y el miedo. Y de tanto en tanto, metiendo rabiosamente las manos dentro del collar, que le apretaba la garganta, decía, llorando:

-¡Me lo merezco!… ¡Lamentablemente me lo merezco! He querido ser un perezoso, un vagabundo… hice caso a las malas compañías, y por eso la mala suerte me persigue. Si hubiese sido un niño como es debido, como tantos otros, si hubiese tenido ganas de estudiar y trabajar, si me hubiese quedado en casa con mi pobre padre, a esta hora no me encontraría aquí, en medio del campo, haciendo de perro guardián en casa de un campesino. ¡Oh, si pudiera nacer otra vez!… ¡Pero ya es tarde y hace falta paciencia!

Después de este pequeño desahogo, que le salió del corazón, entró en la cucha y se durmió.

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Ilustración de Luigi E. Maria Augusta Cavalieri (1924)

XXII
Pinocho descubre a los ladrones y,
en recompensa por haber sido fiel, es puesto en libertad.

Hacía más de dos horas que dormía profundamente cuando hacia la medianoche fue despertado por un susurro y un cuchicheo de vocecitas extrañas que le pareció oír en la era. Sacó la punta de la nariz por el agujero de la cucha y vio reunidos en consejo a cuatro animales de pelaje oscuro que parecían gatos. Pero no eran gatos: eran comadrejas, animalitos carnívoros especialmente aficionados a los huevos y a los pollitos. Una de estas comadrejas, separándose de sus compañeras, fue a la entrada de la cucha y dijo en voz baja:

-Buenas noches, Melampo.

-Yo no me llamo Melampo -respondió el muñeco.

-¿Y entonces quién eres?

-Soy Pinocho.

-¿Y qué haces aquí?

-Hago de perro guardián.

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Ilustración de Carlo Chiostri (1901)

-¿Dónde está Melampo? ¿Dónde está el viejo perro que vivía en esta cucha?

-Murió esta mañana.

-¿Murió? ¡Pobre animal! ¡Era tan bueno!… Pero a juzgar por tu apariencia, tú también me das la impresión de ser un buen perro.

-¡Perdona, pero yo no soy un perro!

-¿Y qué eres?

-Soy un muñeco.

-¿Y haces de perro guardián?

-Desgraciadamente: ¡es mi castigo!

-Bien, yo te propongo el mismo pacto que teníamos con el difunto Melampo, y verás que te conviene.

-¿Qué pacto sería ese?

-Nosotras vendremos una vez a la semana, como antes, a visitar por la noche este gallinero, y nos llevaremos ocho gallinas. De estas gallinas, siete nos las comeremos nosotras, y una te la daremos a ti, a condición, claro está, de que tú finjas dormir y no se te ocurra jamás ladrar y despertar al campesino.

-¿Melampo hacía eso? -preguntó Pinocho.

-Hacía eso, y nosotras y él siempre hemos estado de acuerdo. Así que duerme tranquilamente, y estáte seguro de que antes de irnos de aquí te dejaremos en la cucha una gallina bien pelada para el almuerzo de mañana. ¿Nos hemos entendido?

-¡Perfectamente!… -respondió Pinocho, y movió la cabeza de modo amenazador, como si hubiese querido decir: “¡Dentro de poco volveremos a hablar!”

Cuando las cuatro comadrejas se sintieron seguras, se fueron directo al gallinero, que estaba muy cerca de la cucha del perro; y abierta la puertecita de madera que cerraba la entradita a fuerza de uñas y dientes, se escurrieron adentro, una después de otra. Pero todavía no habían terminado de entrar cuando sintieron que la puertecita se cerraba con violencia.

Quien la había cerrado era Pinocho, el cual, no contento con haberla cerrado, puso delante una gran piedra, a modo de puntal.

Después comenzó a ladrar, y ladrando como si fuera un verdadero perro guardián hacía con la voz: ¡guau, guau, guau, guau!

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Ilustración de Attilio Mussino (1911)

Al oír aquellos ladridos, el campesino saltó de la cama, tomó el fusil y asomándose a la ventana preguntó:

-¿Qué pasa?

-¡Hay ladrones! -respondió Pinocho.

-¿Dónde están?

-En el gallinero.

-Enseguida bajo.

Y efectivamente, en menos de lo que se dice amén el campesino bajó, entró corriendo en el gallinero y después de haber atrapado y metido a las cuatro comadrejas en una bolsa, les dijo con verdadera satisfacción:

-¡Al fin cayeron en mis manos! ¡Podría castigarlas, pero no soy tan cruel! (1) Me contentaré con llevarlas mañana al posadero del pueblo cercano, el cual las desollará y las cocinará como si fuesen liebres. ¡Es un honor que no se merecen, pero los hombres generosos como yo no reparan en estas menudencias!…

Después, acercándose a Pinocho, comenzó a acariciarlo y, entre otras cosas, le preguntó:

-¿Cómo has hecho para descubrir el complot de estas cuatro ladronzuelas? ¡Pensar que Melampo, mi fiel Melampo, nunca se dio cuenta de nada!…

El muñeco, entonces, hubiese podido contar todo lo que sabía; hubiese podido contar el vergonzoso pacto que existía entre el perro y las comadrejas; pero recordando que el perro estaba muerto, pensó enseguida para sí: “¿De qué sirve acusar a los muertos?… Los muertos, muertos están, y lo mejor que podemos hacer con ellos es dejarlos en paz…”

-Cuando las comadrejas llegaron a la era, ¿estabas despierto o dormías? -siguió preguntándole el campesino.

-Dormía -respondió Pinocho-, pero las comadrejas me despertaron con sus cuchicheos, y una vino hasta la cucha para decirme: “Si me prometes no ladrar ni despertar a tu amo, te regalaremos un pollito bien desplumado…” ¿Entiende? ¡Tener la desfachatez de hacerme a mí semejante propuesta! Porque hay que saber que yo soy un muñeco, que tendré todos los defectos del mundo, pero nunca el de tener las manos largas ni el de ser cómplice de la gente deshonesta.

-¡Muy bien, muchacho! -gritó el campesino, dándole unas palmaditas en el hombro-. Esos sentimientos te honran; y para demostrarte mi agradecimiento, desde este momento quedas libre y puedes irte a tu casa.

Y le quitó el collar de perro.


Nota del traductor:

(1) Gianni A. Papini, en Realtá e/o fantasia. Due note per Pinocchio (Versants. Revue Suisse des Littératures, 7, 1985, op. cit.) afirma que ésta “es la expresión más melodramática de todas las Aventuras“, y recuerda un verso de Giovanni Fantoni, de la poesía Ad alcuni critici: “Potrei punirvi, ma sì vil non sono:/spezzo l’ultrice licambèa saetta./ Degni non siete della mia vendetta…./ Io vi perdono”. Dichos versos, puestos en boca de un campesino que se dirige a las comadrejas, denotan una ironía impertinente hacia la poesía laureada, de la alta cultura.


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4 comentarios sobre “Las aventuras de Pinocho. Capítulos XXI y XXII”

  1. alicia dice:

    que grande…me encanta pinocho y es una literatura que deberia utilizarse en todos los establecimientos de primaria…
    donde puedo comprar el libro?
    gracias por publicarlo…


  2. monica B P dice:

    En estos capítulos parece Pinocho encontrar otras actitudes en si mismo y tambien un pensamiento más reflexivo. Creo que mas que aventuras son DESVENTURAS… le pasa de tooodo. Creo que esto hace que sea atrapante su lectura, muy de la acción y la descripción. Es importante destacar como la obra pone enfasis en el caracter paternalista de la rel adulto- niño, materializada en Pinocho y sus desventuras.


  3. Marcela dice:

    Hola, gracias por la publicación excelente. Quisiera saber cuántos capítulos componen la obra.
    Nuevamente: GRACIAS!!!


  4. Karina dice:

    Hola,estuvo muy bueno me encanto!
    Gracias por los capítulos..!

    Escuela General Manuel Belgrano.


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