Barba Azul

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Charles Perrault

Ilustraciones de Éric Battut.
Traducción de Roberto Mansberger Amorós.
Barcelona, Editorial Juventud, 2002.

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Charles Perrault

Ilustraciones de Carles Arbat.
Adaptación de Tareixa Alonso.
Pontevedra, Kalandraka Editora, 2003. Colección Libros para soñar.

por Marcela Carranza

Estas dos ediciones del cuento tradicional recreado por Charles Perrault en los Cuentos de mamá Oca (1697) difieren claramente en sus propuestas. En el caso del Barba Azul de Juventud se trata de una traducción fiel al texto del autor francés; la edición de Kalandraka es por el contrario una adaptación que modifica el texto de Perrault en varios aspectos, entre ellos la ausencia de moralejas y el título mismo.

En el libro de Juventud la novedad está en las ilustraciones y su vínculo con el texto original. Si el texto literario luce en su relativo arcaísmo, no teme la precisión del detalle, se detiene en enumeraciones extensas y recurre a las repeticiones efectistas; las imágenes podrían definirse por su austeridad y economía de lenguaje. El estilo de la ilustración es minimalista, utiliza unos pocos elementos básicos y busca la mayor síntesis y sencillez en las figuras. En todas las ilustraciones del libro se utilizan exclusivamente cuatro colores: el azul, el negro y el blanco, con leves, pero significativos detalles en rojo. Los personajes, pequeños, apenas delineados se recortan sobre fondos de murallas y torreones negros, con amplios espacios en blanco que resaltan la frialdad de las escenas. El Barba Azul de Éric Battut es austero, no hay en sus ilustraciones ningún elemento que sobre, ni ornamentos.

Llama la atención el observar la poca importancia dada por el dibujo al detalle; al punto que la muralla de ladrillos de la tapa en algún momento olvida sus suaves líneas perpendiculares, como si el ilustrador simplemente hubiese abandonado la tarea. Estos gestos de la imagen, las disposiciones de los personajes en el espacio, las perspectivas utilizadas, la geométrica sencillez de las murallas, los personajitos apenas recortados sobre amplios fondos nos recuerdan la representación gráfica infantil.

En el momento cúlmine de la narración: el instante en el que la joven abre la puerta prohibida, la escena macabra que se revela ante sus ojos -y los del lector- es mostrada por Perrault con el mayor refinamiento y cuidado en el detalle.

“Al principio no vio nada porque las ventanas estaban cerradas; transcurridos unos instantes, empezó a ver que el suelo estaba totalmente cubierto de sangre coagulada y que en aquella sangre se reflejaban los cuerpos de varias mujeres muertas y sujetas a la paredes (eran todas las mujeres con las que Barba Azul se había casado y a las que había degollado, una tras otra). A punto estuvo de morir de miedo y la llave del aposento, la cual acababa de sacar de la cerradura, se le cayó de las manos.”

La imagen es perfecta porque no amortigua la intensidad del horror, pero su aparición es gradual e indirecta. Como el rostro de la Gorgona, el horror es visto a través de su reflejo en un espejo, el espejo de la sangre vertida por las víctimas. Dramatismo y refinamiento conviven en esta descripción.

Ante este texto Éric Battut toma una decisión importante. El lector no podrá ver en la ilustración el contenido de la habitación prohibida. Verá sus paredes y a la joven apenas asomada a la puerta. Se trata de un recuadro casi negro en su totalidad, con suaves líneas blancas para delinear puertas y ladrillos. Una extraña mancha roja se extiende hasta los pies del pequeño personaje ubicado casi en el centro de la ilustración. Eso es todo. Si el narrador de Perrault gradúa la información ofrecida al lector a través de los ojos de la protagonista; el observador de las imágenes de Éric Battut es situado frente a la joven, y prácticamente nada puede ver de aquel horror descripto por el texto.

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La adaptación del texto de Perrault por Tareixa Alonso en la edición de Kalandraka se decide en primer lugar por la simplificación. Podríamos decir que se trata de una síntesis del cuento de Perrault, donde se omiten detalles y enumeraciones a las que el original es tan afecto. Las frases son breves, concisas. Tan sólo se conservan los elementos principales del relato. Junto a estos textos brevísimos las imágenes de Carles Arbat sobresalen llamativas, plenas en el uso del color y el movimiento de las figuras. El personaje de Barba Azul se destaca por su tamaño, y el rostro no oculta la perversidad de su carácter. Un Barba Azul perverso ya desde la tapa, ingresando o saliendo de su cuarto prohibido. El exceso del personaje de Perrault se traslada a su representación gráfica, especialmente a la barba, que en extrañas ondas inunda, similar a una ola marítima, el espacio de la página.

En las ilustraciones de Carles Arbat la imagen brinda información ajena al texto. Si por ejemplo, éste tan sólo dice que Barba azul nadaba en riquezas pero nadie quería casarse con él a causa de su barba, vemos en la imagen al personaje con su perro en una actitud que da cuenta de un extraño sadismo.

El texto de Perrault en el momento en el que la joven descubre los cadáveres es reducido en la adaptación a las siguientes líneas:

“En cuanto abrió la puerta de la estancia vio el suelo lleno de sangre y, colgados en las paredes, los cuerpos descabezados de las otras esposas.”

En esta síntesis ya no hay gradación, no hay detalle. La mirada es directa, sin oscuridad o reflejo que mediatice el horror.

En una vista en picado, se observa a la joven esposa horrorizada ante lo que está viendo. Sin embargo del terrible espectáculo que perturba a la protagonista, el lector sólo podrá ver las enormes sombras de los cadáveres decapitados ocupando casi toda la doble página. La imagen es impactante, y de manera similar a Perrault, prefiere mostrar de un modo indirecto, para así acrecentar el efecto terrorífico. La proyección de las sombras, significativamente ubican los cuerpos degollados en un espacio virtual fuera del libro semejante a la posición del lector.

Uno de los recursos más sobresalientes en las ilustraciones de Arbat es la exageración del movimiento en los personajes, y especialmente en sus cabellos. El ilustrador utiliza también el agigantamiento de aquellos elementos relevantes en la narración. Así la mano de Barba Azul crece enormemente exigiendo la devolución de la llave del gabinete a su esposa; esa misma mano, enorme, en la penúltima ilustración del libro yace crispada y manchada de sangre para informarnos acerca de la muerte del villano. Las imágenes de Arbat buscan acentuar el dramatismo de la historia, hasta alcanzar cierto rasgo caricaturesco. El exceso, la exageración forma parte de su estilo, especialmente en la representación del protagonista.

Si de la leyenda de Barba Azul han circulado durante siglos infinidad de versiones, entre las cuales la más famosa resultó ser la publicada por Perrault, también de este último texto surgen, como es posible observar en estas dos ediciones, diversas propuestas que continúan permitiendo a los jóvenes y no tan jóvenes lectores conocer uno de los relatos más impactantes creados por la imaginación popular y recreados con maestría por literatos y artistas.

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