Las aventuras de Pinocho. Capítulos III y IV

Carlo Collodi

Traducción y notas de Guillermo Piro

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III

Geppetto, una vez en casa,
comienza a fabricar su muñeco y le pone el nombre de Pinocho.
Primeras travesuras del muñeco.

La casa de Geppetto era una pequeña habitación en planta baja que recibía luz de una claraboya. El mobiliario no podía ser más sencillo: una mala silla, una cama no muy buena y una mesa toda arruinada (1). En la pared del fondo se veía una chimenea con el fuego encendido; pero el fuego estaba pintado, y junto al fuego estaba pintada una olla que hervía alegremente y emanaba una nube de humo que parecía humo de verdad (2).

Apenas entró en la casa, Geppetto tomó las herramientas y se puso a tallar y a fabricar su muñeco.

-¿Qué nombre le pondré? -dijo para sí-. Lo llamaré Pinocho. Ese nombre le traerá suerte. He conocido una familia entera de Pinochos: Pinocho el padre, Pinocha la madre y Pinochos los niños, y todos lo pasaban bien. El más rico de ellos pedía limosna.

Una vez que encontró el nombre de su muñeco se puso a trabajar de lleno, y enseguida le hizo los cabellos, después la frente, después los ojos.

Hechos los ojos, imaginen su sorpresa cuando se dio cuenta de que los ojos se movían y lo miraban fijo.

Geppetto, sintiéndose observado por esos dos ojos de madera, casi se lo tomó a mal, y en tono quejoso les dijo:

-¿Por qué me miran, ojazos de madera? (3)

Nadie respondió.

Entonces, después de los ojos, le hizo la nariz; pero la nariz, apenas estuvo hecha, comenzó a crecer; y creció, creció y creció, volviéndose en pocos minutos un narizón que no terminaba nunca.

El pobre Geppetto estaba cansado de cortarla; pero más la cortaba y achicaba, más larga se hacía esa nariz impertinente.

Después de la nariz le hizo la boca.

La boca todavía no estaba terminada cuando comenzó a reír y a burlarse de él.


Ilustración de Enrico Mazzanti (1883)

-¡Deja de reír! -dijo Geppetto, incómodo; pero fue como hablarle a la pared.

-¡Te lo repito: deja de reír! -gritó con voz amenazadora.

Entonces la boca dejó de reír, pero sacó la lengua.

Geppetto, para no estropear sus planes, fingió no advertir nada y siguió trabajando.

Después de la boca, le hizo la barbilla, después el cuello, después los hombros, el vientre, los brazos y las manos.

Apenas terminó las manos, Geppetto sintió que le sacaban la peluca de la cabeza. Miró hacia arriba, ¿y qué vio? Vio su peluca amarilla en manos del muñeco.

-Pinocho, ¡devuélveme enseguida la peluca!

Y Pinocho, en vez de devolverle la peluca, se la puso en su propia cabeza, quedándose medio ahogado debajo.


Ilustración de Carlo Chiostri (1901)

Ante aquel comportamiento impertinente y burlón, Geppetto se puso triste y melancólico, como nunca lo había estado en su vida; y dirigiéndose a Pinocho le dijo:

-¡Qué mal hijo! ¡Todavía no estás terminado y ya empiezas a faltarle el respeto a tu padre! ¡Esto está mal, hijo mío, eso está mal!

Y se secó una lágrima.

Todavía quedaban por hacer las piernas y los pies.

Cuando Geppetto terminó de hacerle los pies, sintió que le daban una patada en la punta de la nariz.

-¡Me lo merezco! -dijo para sí-. ¡Debí haberlo pensado antes! ¡Ahora es tarde!

Después tomó al muñeco debajo del brazo y lo puso en el suelo para hacerlo caminar.

Pinocho tenía las piernas entumecidas y no sabía moverse, y Geppetto lo conducía tomado de la mano para enseñarle a poner un pie delante del otro.

Cuando las piernas se le desentumecieron, Pinocho comenzó a caminar solo y a correr por la habitación; hasta que, atravesando la puerta de casa, saltó a la calle y se dio a la fuga.

Y el pobre Geppetto corría tras él sin poder alcanzarlo, porque aquel granuja de Pinocho andaba a los saltos, como una liebre, y golpeando sus pies de madera sobre el empedrado de la calle hacía tanto ruido como si fueran veinte pares de zuecos de los que usan los campesinos.

-¡Agárrenlo, agárrenlo! -gritaba Geppetto; pero la gente que estaba en la calle, viendo a ese muñeco de madera que corría como un caballo de carrera, se quedaba embelesada mirándolo, y reía, reía y reía como no se pueden imaginar.

Al final, por suerte, apareció un guardia, el cual, oyendo todo aquel alboroto y creyendo que se trataba de un potrillo que se le había encabritado a su dueño, se plantó resueltamente con las piernas abiertas en medio de la calle, con la decidida intención de detenerlo e impedir que ocurrieran desgracias mayores.


Ilustración de Attilio Mussino (1911) (click para ver grande)

Pero Pinocho, cuando vio de lejos al guardia que obstruía toda la calle, se las ingenió para pasarle por sorpresa entre las piernas; sin embargo la treta le falló.


Ilustración de Sergio Tofano (1921)

El guardia, sin siquiera moverse, lo agarró limpiamente por la nariz (era un narizón desproporcionado, que parecía hecho para ser agarrado por los guardias), y lo entregó en las propias manos de Geppetto; el cual, para modificar su comportamiento, quería darle enseguida un buen tirón de orejas. Pero imagínense cómo quedó cuando, al buscarle las orejas, no podía encontrarlas. ¿Y saben por qué? Porque, con el apuro de esculpirlo, se había olvidado de hacérselas.

Entonces lo agarró por el cogote, y mientras volvía a llevarlo a casa, meneando amenazadoramente la cabeza, le dijo:

-Vamos enseguida a casa. ¡Cuando estemos allí, no te quepa duda de que ajustaremos cuentas!

Pinocho, al oír esto, se tiró al suelo y no quiso seguir caminando. En tanto, los curiosos y los haraganes empezaban a pararse alrededor y a formar corro.

Quien decía una cosa, quien otra.

-¡Pobre muñeco! -decían algunos- ¡tiene razón en no querer volver a casa! ¡Quién sabe cómo le pegará ese bruto de Geppetto!…

Y los otros añadían con malicia:

-¡Ese Geppetto parece una buena persona! ¡Pero con los niños es un verdadero tirano! ¡Si le dejan ese pobre muñeco entre las manos, es capaz de hacerlo pedazos!… (4)


Ilustración de Luigi E. Maria Augusta Cavalieri (1924)

En fin, tanto dijeron y tanto hicieron, que el guardia dejó en libertad a Pinocho y llevó al pobre Geppetto a la prisión. El cual, al no ocurrírsele ninguna palabra para defenderse, lloraba como un ternerito, y yendo hacia la cárcel (5), sollozando, tartamudeaba:

-¡Mal hijo! ¡Y pensar que he sufrido tanto para hacer de él un muñeco como es debido! (6) ¡Pero me lo merezco! ¡Debí haberlo pensado antes!…

Lo que sucedió después es una historia que no se puede creer, y la contaré en los próximos capítulos.

IV

La historia de Pinocho con el Grillo parlante,
donde se ve cómo los niños malos se enojan
cuando los corrige quien sabe más que ellos.

Les diré, muchachos, que mientras el pobre Geppetto era conducido sin culpa a la prisión, aquel bribón de Pinocho, que había quedado libre de las garras del guardia, corría a través de los campos para llegar antes a casa; y en su furiosa carrera saltaba riscos altísimos, setos espinosos y fosos llenos de agua, tal como hubiera podido hacerlo una cabra o una liebre perseguida por unos cazadores.


Ilustración de Charles Copeland (1904)

Cuando llegó a casa encontró la puerta de calle entornada. La empujó, entró, y apenas puso la traba se sentó en el suelo, lanzando un gran suspiro de alegría.

Pero su alegría duró poco, porque oyó en la habitación alguien que hacía:

-¡Cri-cri-cri!

-¿Quién me llama? -dijo Pinocho, muy asustado.

-¡Soy yo!

Pinocho se volvió y vio un enorme grillo que subía lentamente por la pared.

-Dime, Grillo, ¿y tú quién eres?

-Yo soy el Grillo parlante, y vivo en esta habitación desde hace más de cien años.

-Pero hoy esta habitación es mía -dijo el muñeco- y si quieres hacerme un favor, vete enseguida, sin siquiera mirar atrás.

-No me iré de aquí hasta que no te haya dicho una gran verdad -respondió el Grillo.

-Dímela y acábala de una vez.

-¡Ay de los niños que se rebelan contra sus padres y abandonan caprichosamente la casa paterna! No conseguirán nada bueno en este mundo; y tarde o temprano tendrán que arrepentirse amargamente.

-Canta, Grillo mío, todo lo que te de la gana, pero yo sé que mañana, al alba, me iré de aquí (7), porque si me quedo me pasará lo que a los demás niños, es decir, me mandarán a la escuela, y de buena gana o por la fuerza tendré que estudiar; y yo, para decírtelo en confianza, no tengo la más mínima gana de estudiar, y me divierto más persiguiendo mariposas y subiendo a los árboles para agarrar a los pajaritos en sus nidos.

-¡Pobre necio! ¿Pero no sabes acaso que, comportándote así, cuando seas mayor te volverás un grandísimo burro (8), y que todos se reirán de ti?

-¡Cállate, Grillo de mal agüero! -gritó Pinocho.

Pero el Grillo, que era paciente y filósofo, en vez de tomarse a mal esta impertinencia, siguió con el mismo tono de voz:

-Y si no te agrada ir a la escuela, ¿por qué al menos no aprendes un oficio, como para ganarte honestamente el pedazo de pan?

-¿Quieres que te lo diga? -replicó Pinocho, que comenzaba a perder la paciencia-. Entre todos los oficios del mundo no hay más que uno que verdaderamente me gusta.

-¿Y ése qué oficio sería?…

-El de comer, beber, dormir, divertirme y llevar, de la mañana a la noche, la vida de un vagabundo.

-Te advierto -dijo el Grillo parlante con su calma habitual- que todos aquellos que tienen ese oficio casi siempre terminan en el hospital o en la prisión.

-¡Cállate, Grillo de mal agüero!… ¡Si me enojo, pobre de ti!

-¡Pobre Pinocho! ¡Te compadezco!…

-¿Por qué me compadeces?

-Porque eres un muñeco, y, lo que es aun peor, porque tienes la cabeza de madera.

Al oír estas últimas palabras, Pinocho, enfurecido, se puso de pie de un salto y tomando del banco un martillo de madera lo arrojó contra el Grillo parlante.


Ilustración de Carlo Chiostri (1901)

Quizá no tenía intención de golpearlo, pero desgraciadamente lo alcanzó justo en la cabeza, al punto que al pobre Grillo casi no le quedó aliento para decir cri-cri-cri, y después se quedó allí, tieso y aplastado contra la pared.


Notas del traductor

(1) “La comarca de Geppetto y [maese] Cereza parece estar poblada por mesitas imperfectas” (Manganelli, Giorgio; Pinocchio: un libro parallelo; Einaudi, Turín, 1982).

(2) Un perfecto trompe l’oeil. Podemos suponer que la pintura sea obra de Geppetto. A lo largo del libro, sin embargo, lo veremos tallar, esculpir, modelar, pero nunca pintar. Esta singular pintura parece tener, como mínimo, una triple función. Por un lado indica que en esta casa todo es perenne, pero no se puede tocar; en segundo lugar puede ser que de la casa quiera darse una imagen de lo que la casa no es: un lugar de calidez y nutrición; en tercer lugar su “ficción” es tranquilizadora: se opone al fuego que maese Cereza juzgaba el sitio ideal para un pedazo de madera que, quemándose, podía hacer hervir una olla de porotos. Este fuego es ficticio: no calienta y, por lo tanto, no quema. La olla no quiere el sacrificio de maderas parlantes. Como dice Giorgio Manganelli, “lo inexistente es a la vez evasivo y tranquilizador” (Manganelli, op. cit.)

(3) Manganelli observa que en la pregunta “¿Por qué me miran, ojazos de madera?”, reside un “desafío autorizado”; en el “¡Deja de reír!”, que vendrá poco después, en cambio, una “prohibición fuertemente paternal” (Manganelli, op. cit.).

(4) “No hay duda de que por un momento Geppetto es el hombre que debe ser linchado, el extranjero, el que viene de afuera, el que hace sufrir, que es capaz de hacer pedazos a un muñeco. Aquel que acaba de dar término a su creación es acusado de ser un torturador, un asesino. La acusación, socialmente, está en contradicción, pero filosóficamente no es más que la repetición de una denuncia que todos sufren; ha aceptado ser padre” (Manganelli, op. cit.).

(5) “A un nivel, digamos, social, de la falsa sociabilidad de esta fábula, no sólo Geppetto es inocente, sino que la cárcel es el único modo de proclamarlo. Salvando que en las admoniciones de los pedagogos la cárcel sirve exclusivamente para acoger a los inocentes, robados y calumniados: hay allí una sutileza jurídica […] ya que la cárcel no tiene nada que ver con la justicia, abstracta y enfática, sino con la ley, humilde y sabia torturadora” (Manganelli, op. cit.).

(6) “un burattino per bene”. La aspiración de Geppetto se verá realizada al final de las Aventuras, cuando a causa de una metamorfosis suprema Pinocho se convertirá en “un ragazzino per bene”.

(7) “domani, all’alba, voglio andarmene di qui”: “al alba”: la fuga tiene siempre un frío sabor a hora prehumana.

(8) Preludio de lo que ocurrirá en los capítulos XXXII-XXXIII.


Artículos relacionados:

Ficciones: Las aventuras de Pinocho en Imaginaria; traducción y notas de Guillermo Piro; introducción de Marcela Carranza; capítulos I y II del libro

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Ficciones: Tres clásicos entre la obediencia y la desobediencia (Segunda parte); se incluye el capítulo XVII de Las aventuras de Pinocho (1881), con comentarios de Marcela Carranza

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9 comentarios sobre “Las aventuras de Pinocho. Capítulos III y IV”

  1. Lorena dice:

    Me parece bastante alejado a la version que se conoce hoy en dia, es agresivo… NO ME GUSTO.
    Creo que no es una version para chicos.


  2. xiriflus dice:

    A mi el cuento de Pinocho siempre me ha parecido triste, nunca me ha terminado de gustar.


  3. MONICA B P dice:

    desde el primer capitulo tengo ganas de comentar.
    Me pareció muy evidente el carácter paternalista y moralizante de estas aventuras.
    Tambíen creo que se desarma el estereotipo de un muñeco tierno y naif.
    N o obstante, desde que empecé a leer me resulto ameno y me dan ganas de más. El vocabulario me parece accesible y a la vez variado. Las situaciones son cómicas y de mucha acción.


  4. Atlas dice:

    Pues yo siento que los niños pueden entender muy bien el libro sin que lo sientan violento. Señores, no los encierren en una burbuja! no los consientan tanto! Con el más mínimo sintoma de violencia o signos de maldad ya les quieren prohibir una buena pelicula o lectura? No, no va por ahí, déjenlos, claro, sin extremos.

    Disney nos hizo mucho daño con sus peliculas, empezando con esta version de Pinocho, pasando por Bambi y la lista es larga.

    La obra es buena y tiene buenas moralejas que se adaptan a nuestra época.

    Señores, piensen, quieren a un niño sobreprotegido para que al final explote como bomba sin saber o quizás experimentar los peligros, violencia y todo lo demás que no vivió de niño? El niño va creciendo y experimentando, si algo ve muy Violento para el, no lo ve, es una ley natural. Pero bueno cada quien.

    En cuanto al libro me parece bueno, nada que ver con Disney pero se acerca mucho a lo que hizo Giuliano (es otra caricatura, es la más cercana que he visto al libro, se las recomiendo)


  5. Omar gc dice:

    Me parece un hermozo trabajo la que se hizo al recopilar las ilustraciones de todo el tiempo en que lleva publicado esle libro,sobre la traducción ,esta en un leguaje contemporaneo,mucho mas llano o sencillo,me parece esto al compararlo con otra traducción.
    por ejemplo:
    en el capitulo 4, usted utiliza:
    “No me iré de aquí hasta que no te haya dicho una gran verdad”.
    y en la otra version:
    “No me marcharé sin decirte antes una verdad como un templo”

    talves se quita un poco de riqueza al relato, bueno de todas formas,es un trabajo interesantecon un lenguaje mucho mas acequible.
    Bueno por ultimoqueria decirle que no pude descargar el capitulo 9 y 10,a ver si lo puede revisar. Espero con gusto los demas capitulos para leerlos y apreciar las ilustraciones


  6. jesica gradac dice:

    me gusto porque esta grasiosa


  7. camila dice:

    me parecio re contra feo por que pinicho aburre


  8. karol dice:

    es muy divertido y bonito


  9. Eliana dice:

    esta re bueno por que justo me pidieron tarea sobre este cuento =)


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