El zapallo y la escritura se parecen en la manera de germinar, de brotar y de crecer

por Iris Rivera

Texto de la ponencia presentada por la autora en el Foro “Pido gancho. Textos, voces e imágenes”, realizado dentro del marco de las Jornadas de Formación e Intercambio “Mediadores a la vista”, durante la 18ª Feria del Libro Infantil y Juvenil (Buenos Aires, 26 de julio de 2007).

Es interesante pensar la escritura literaria como una de las maneras por las que los cuentos y la poesía llegan a los chicos.

Para mostrar qué tiene de singular la escritura literaria, pensé en traer a este encuentro algunas experiencias de mi trabajo en los talleres que coordino. Elegí dos situaciones de taller con adultos para compartir hoy.

Va la primera:

“¿Cómo sé si un texto es malo o bueno?”, pregunta Cintia.

Devuelvo la pregunta al grupo: “¿Cómo sé si un texto es bueno o malo?”

Cintia misma arriesga una respuesta: “Cuando un texto me parece malo es porque siento que voy rápido por la superficie. El que es bueno, en cambio, se ahonda, se va para adentro. Es como que la palabra que está escrita deja de importar porque se va, se va, se va para adentro”, explicaba.

Fue muy importante que Cintia tuviera esa pregunta y que la formulara aunque no tengamos ni nos apuremos por tener una respuesta todavía.

Cuando uno tiene una pregunta, no es que le falta algo, sino que tiene algo. La punta del ovillo de cualquier respuesta es una pregunta. Uno no pregunta cualquier cosa. Lo que pregunta tiene que ver con algún indicio de respuesta que ya está teniendo.

Entonces echo a rodar entre nosotros, hoy acá, la pregunta de Cintia: ¿Cómo sé si un texto es malo o bueno?

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Y voy a la segunda situación:

Mary, integrante de otro taller, cuenta que levantó una baldosa del patio de su casa con la intención de tener tierra para plantar allí una parra. La parra nunca prosperó, pero un día quiso hacer puré de calabaza, entonces apartó las semillas -para que no quedaran en el puré- y las tiró en esa tierra de la baldosa levantada. Al tiempito empezó a crecer una planta. Era un lugar con poca luz, debajo de una escalera. Mary ayudó a la planta a enredarse en la baranda. Un día se fue de vacaciones y, a la vuelta, encontró que la planta había dado un zapallo enorme. Empezó a buscar entre las hojas y encontró más. En total, esa planta le dio 118 kilos de zapallo.

Lo curioso fue que las semillas eran de zapallo calabaza… pero salieron zapallos de Angola, de los que se usan para dulce. No faltó en el barrio quien empezara a hablar del “zapallo milagroso”. Hasta llegó gente de otros barrios a “comprar” un frasco

del dulce interminable que Mary ya no sabía a quién más regalar.

Ana, otra integrante del taller que por suerte es bióloga, explicó que, cerca de la casa de Mary, tuvo que haber otra planta de distinta variedad de zapallo, y el viento o los insectos produjeron una polinización cruzada entre Cucurbita pepo (zapallo de Angola) y Cucurbita moschata (zapallo calabaza).

El primer comentario que surgió en el grupo fue: “parece un cuento de García Márquez“. Y lo parecía. Pero Mary prometió documentar con fotos sus dichos. Y en el encuentro siguiente puso las fotos sobre la mesa. El dulce “milagroso”, no lo puso… porque ya no le quedaba ningún frasco.

–00–

La conversación en el grupo derivó en comparar lo frondoso y lo mutante de aquella planta de zapallo con la escritura literaria. Nos dimos cuenta de que ambos -el zapallo y la escritura- se parecen en la manera de germinar, de brotar y de crecer. Uno (el que escribe) levanta una baldosa de su patio interior para plantar una parra, pero resulta que la parra no prospera. La baldosa levantada está debajo de una escalera, en un sitio con poca luz. Uno plantó parra, pero la parra no brota. Es lamentable, pero qué se le va a hacer. Entonces uno se distrae del asunto, se pone por ejemplo a pisar puré. Pero la baldosa quedó levantada. Y la tierra quedó expuesta a que ahí caiga de todo, hasta lo que uno deshecha. Me olvidé de la baldosa, me olvidé de la parra. En una de esas veo que empieza a brotar zapallo, y bueno, paciencia… o a lo mejor está bien, tendré zapallo. Me entusiasmo, lo riego, le ayudo a enredarse en la baranda de mi escalera. Y la vida continúa de tal manera que un día hasta me voy de vacaciones. Pero la planta sigue creciendo ahí. Y a mi regreso, yo que había querido parra, tengo… superproducción de zapallo. Ajá. Entonces me imagino pisando 118 kilos de puré… pero, no… resulta que tampoco. Porque los zapallos son de los de dulce.

¿Cómo pasó esto? ¿Cómo pasó? Mi tierra se negó dos veces a dar lo que yo esperaba. Primero no dio parra, después me cambió la variedad de zapallo. ¿Cómo pudo pasar? ¿Cómo funciona este poder de decisión que tienen los canteros de uno? ¿Qué vientos y qué insectos vuelan? ¿Cómo suceden semejantes polinizaciones cruzadas?

Uno se queda perplejo con esto. Para sorpresa ya tiene bastante, pero resulta que

la cosa no terminaba ahí. Ni mucho menos. Porque el producto de semejante proceso imprevisible, desemboca en otro quizá más azaroso, más asombroso todavía. Desemboca en quien degusta el dulce de zapallo. En un lector. Y un lector es alguien que también tiene patio, baldosa levantada, vientos inmanejables, insectos sin gobierno y polinizaciones de lo más cruzadas.

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Lo que yo voy pensando por ahora es que estos textos-zapallo, que son los que produce la literatura, no permanecen nunca iguales a sí mismos. Mutan. Apenas se los da por terminados ya ni siquiera son zapallo ni son pez, ya son textos-cebolla. Se ofrecen a sus lectores desde sus muchas capas. Cada lector llega a la capa que llega. Y un mismo lector, en una lectura futura, puede llegar a una envoltura más profunda de la cebolla. Porque el texto es cebolla y el lector también (el lector también tiene capas). El lector frente al texto es cebolla frente a cebolla. Y entonces, el texto-cebolla le muestra al lector-cebolla sus propias capas.

Cuando hablo de texto-cebolla es que estoy hablando de literatura. A la literatura se la reconoce, entre otras cosas, porque es cebolla… por oposición a otros textos de los que se podría decir que son papa. Y digo textos-papa peyorativamente. Textos-papa desde la cáscara hasta el corazón. Papa compacta. Pienso en las capas de la cebolla y veo que, cuando la cebolla brota, brota desde lo de más adentro.

Yo no podría explicar lo que esto significa. Y pido disculpas. Si lo pudiera explicar, lo explicaría. Pero no puedo explicarlo, por eso lo digo así. Los textos-papa brotan desde la cáscara; los textos-cebolla, desde el corazón. Lo digo así, lo sugiero, lo insinúo, lo dejo en la entrelínea porque no lo puedo explicar. Y esta manera de decir que no explica, pero que toca el corazón de la cebolla… ésta es la manera de la literatura.


Ilustración de Javier Sánchez para el libro
Llaves, de Iris Rivera


Iris Rivera (irisr@uolsinectis.com.ar) es docente y escritora. Coordina talleres de escritura para niños, adolescentes y adultos, y publica artículos en revistas infantiles, literarias y pedagógicas. Fue invitada por el Plan Nacional de Lectura para participar en varias provincias como conferencista y panelista. Es autora de varios libros: Aire de familia, La casa del árbol, Sacá la lengua, Hércules (más que un hombre, menos que un dios), Cuentos con tías/Vivir para contarlo, Cuentos populares de aquí y de allá, Los viejitos de la casa, Mitos y leyendas de la Argentina, entre otros. Por su libro Llaves fue distinguida con el premio Destacados de ALIJA 2006.


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17 comentarios sobre “El zapallo y la escritura se parecen en la manera de germinar, de brotar y de crecer”

  1. Graciela dice:

    ¡Qué buena definición de literatura! Ya la estoy pensando para mis alumnos…
    Me gustaría recibir información sobre los talleres que da Iris.
    Gracias!!!


  2. Jacqueline Madelòn dice:

    Hola. Me interesò mucho el texto del zapallo y la escritura. Soy bibliotecaria y muchas veces me pregunto si tanto esfuerzo para que a los chicos les interese leer darà sus frutos. Espero que haya muchos “insectos” en la vida que ayuden a polinizar. Espero que algùn dìa podamos cosechar 118 kilos.
    Gracias por publicar las ponencias. Los que no podemos asistir a la Feria por la distancia y los recursos econòmicos, agradecemos esta informaciòn
    Atentamente
    Jacqueline


  3. marcela estanga dice:

    Conozco a Iris, a través de un taller muy productivo que mi esposo Mauricio Vacas hizo con ella. Me pregunto si la señora Mary del zapallo es la que me imagino: una Mary de Adrogué, que tiene un corazón generoso capaz de germinar no sólo zapallos gigantes sino cualquier materia prima que llegue a sus manos. Es, además peluquera, si hablamos de la misma Mary, y me peinó hace 17 años cuando me casé con el titiritero.


  4. Claudio dice:

    Una consulta. Estoy con un grupo de jóvenes que les cuesta mucho leer y no sé qué hacer para que mejoren la lectura. No sé que técnica puedo usar. ¿Me podrán orientar?
    Gracias.
    Claudio
    (de Paraguay)


  5. Iris Rivera dice:

    A Marcela; ¡estás en lo cierto! La Mary de quien hablo es la misma Mary de quien vos hablás.

    A Graciela, Jaqueline y Claudio, les paso mi correo: irisr@uolsinectis.com.ar

    Gracias a todos por darme sus palabras! Iris


  6. verónica dice:

    bueno bueno. Después de veintiocho años de trabajar con niños, libros, literatura, títeres ya me acostumbré a querer plantar parras para que me crezcan maravillosos zapallos. Y que seamos muchos los que vayamos tras esos prodigios anima… ya que un maestro es alguien acostumbrado a dar mucho y a conformarse con muy poquito para los bolsillos y a recibir el doble, el triple, montañas de cariño. Gracias Iris por la literatura y por la alegría


  7. Gabriela Onraita dice:

    Hola Iris: Siempre es un placer leer la frondosidad y el aroma de tus palabras. Estamos con el CEBAS y otras organizaciones, poniendo en marcha una juegoteca y espacio de lectura, nos gustar´´ia contactarnos con vos. Un abrazo. Gabriela


  8. Isabel dice:

    He tenido ocasión de reirme con Aires de familia en ocasión de cursar El postítulo de Literatura Infantil y Juvenil durante 2004/2005.
    Me encantó el último día de cursada del mismo, cuando Iris nos leyó algo de su experiencia literaria y de cómo se había decidido a escribir.
    Un placer conocerla en letras y en persona!!


  9. lucia loiacono dice:

    Iris! Que alegría reencontrarte en este texto!
    Siempre recuerdo aquel día que estiviste en el CEBAS. Con tu generosidad de siempre y esa calidez… De aquella experiencia nos dejaste palabras que fueron puente, palabras que fueron llave, palabras que fueron alas…
    Que bueno sería reencontrarnos!!
    Lucía Loiácono


  10. Maria Fernanda dice:

    Conocí la obra de Iris por un curso de literatura de CEPA dictado por Marcela Carranza.Ella nos leyó el cuento de las 7 vidas del gato, del libro “Llaves”.
    Me encantó al igual que los otros cuentos de ese libro, en especial “La llave de Josefina”. A todos recomiendo ese libro.


  11. Andrés Sobico dice:

    Señora Iris; su texto es muy esperanzador para nostros, los que toda la vida nos han dicho que somos bastantes zapalllos.

    Ahora en serio, coincido en que sólo la metáfora explica algunas cosas.


  12. Patricia dice:

    Iris, me encantó el artículo. Hace rato que vengo con ganas de participar de algún taller literario orientado a infantil… pero vivo en Salta!! Gracias por compartir tu creatividad y experiencia con tus lectores. Un beso grande y espero algún día tener, como varios de los que comentan, la suerte de conocerte en persona.


  13. Nelín dice:

    Hola! Soy bibliotecóloga, pero también soy cocinera,adoro las manualidades, los retazos que me posibilitan crear con la mente y las manos, hacer títeres, pintar , en fin tantas cosas! Ando por ahí, por las escuelas leyendo y contando cuentos a los niños para hacer mi parte en esto del amor por los libros. También hago “cuentos de boca” como dice el más chico de los nitos, esos cuentos que se inventan en la oscuridad. Ahora estoy tratando de escribirlos, aunque soy perezosa para eso, aunque mi nieta me lo pidió: “escribí los cuentos así se los cuento a mis compañeros”. Todo esto vino por los zapallos, que crecen con tanta generosidad en mi jardín, también, sin que nadie los plante ni los cuide. Así que me inventé un dulce de flores de zapallo espectacular,que voy regalando, igual que los cuentos. Me pasó que le regalé un gajo de rosa roja a una amiga y al año siguiente me dijo: “La rosa roja que me regalaste tiene unas preciosas rosas anaranjadas”.Misterios de la Naturaleza. Saludos. Nelín


  14. Ricardo Cabrera dice:

    Buenas tardes. Me encantó esa definición. Soy un locutor uruguayo radicado en buenos aires. Narrador oral. Y leo cuentos, poesíasa y leyendas por radio. Voy a enviar demo. Me gustaría recibir información sobre vuestras actividades. Atte. Ricardo Cabrera


  15. victoria dice:

    iris, aunque tengo tan solo 12 años me gusta mucho la literatura y queria felicitarte por tus libros me gusta mucho tu forma de narrar una situacion es como si te transportara a el mundo donde transcurre esa historia el primer libro tuyo que lei fue “mitos y leyensa de la argentina ” y realmente me atrapo ese libro lo utilize el año siguiente de comprado en la escuela en el area de lengua

    atte.Victoria…


  16. La escritura literaria según Iris Rivera « lipibropos dice:

    […] por Iris Rivera […]


  17. ceci dice:

    Iris, nunca me hubiera imaginado comparar la escritura con un zapallo pero después de leer coincido contigo y ya levanté algunas baldosas en mi patio….. :)


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