Nadie les discute el trono

Ruth Kaufman
Ilustraciones de Sebastián Santana.
Montevideo, Editorial Alfaguara, 2007. Colección Alfaguara Juvenil.

por Cecilia Bajour

“Parecía imposible, pero todo parecía imposible en ese lugar.”
Ruth Kaufman. Nadie les discute el trono.

La entrada a la novela Nadie les discute el trono tiene una contraseña significativa: “Has sido admitida”.

Son palabras dichas a Marcia, la protagonista y narradora de esta historia, por la extraña dueña de la casa singular donde está a punto de entrar. ¿Palabras pronunciadas también para el lector que ingresa a la casa, a la ficción, junto con Marcia? Se trata de una admisión sin demasiadas explicaciones sobre la vida anterior de la niña de trece años y su pequeña hermana. Tampoco sobre las causas por las que llegan allí y por la manera en que son recibidas. Saludable incertidumbre como prólogo para un transcurrir de situaciones donde lo inexplicable es lo que reina.

Las hermanas Marcia y Delfina entran movidas por sensaciones viscerales tan potentes como el frío y el hambre, más fuertes que la desconfianza ante lo desconocido.

Adentro de la casa de la vieja Nalé, la gótica anfitriona, comenzará esa madeja de imposibles que es la trama. En una tertulia tras un banquete insólito en el que participan niños, viejos y animales, cuya forma de actuar parece extrañamente comandada por Nalé, las niñas se quedan dormidas. A la mitad de la noche Delfina desaparece de al lado de su hermana. El desgarramiento de Marcia por esa ausencia enigmática y la compulsión a la búsqueda de Delfina con la que comparte un pacto infantil de unión entrañable marcarán el rumbo de la intriga.

Buscar a la hermana se convierte en una extraña serie de peripecias en esa casa que desafía a las lógicas habituales. Sólo con salir al jardín Marcia descubre que puede comprender el lenguaje de los animales. Este poder le permite intervenir y a la vez caer en una trampa en un juego dramático con un coro de ranas que trama una comedia absurda. En esta situación, como en las que luego le tocarán vivir en su búsqueda, lo que prima es la metamorfosis, el cuestionamiento de la identidad y la falta de una explicación definitiva a las inusuales leyes y verdades de esa casa. “Puede que sí, puede que no”, respuesta que las ranas le dan a Marcia cuando les pregunta si son chicos transformados, es la sinuosa legislación de los seres con los que va topando en su trayecto.

El itinerario de Marcia por la casa, sus jardines, sus zonas fronterizas que lindan con lo fantástico, se trama por fuera de la causalidad típica de las intrigas aventureras más transitadas por la literatura infantil. Como si se tratara de una Alicia contemporánea, la historia avanza como en el mapa de un juego en que el azar se combina con el riesgo y la sorpresa. Marcia resiste a cada paso al encantamiento que en cada encuentro, en cada situación podría hacerle olvidar de la empecinada búsqueda de su hermana. Arriesga, desafía las incertidumbres y los peligros, prueba todo el tiempo y sigue adelante aunque el norte nunca esté del todo claro.

Las reminiscencias de Carroll aparecen explícitamente cuando en una de las galerías de la casa se encuentra con una niña ensimismada y olvidada del mundo que lee de noche un libro cuyos personajes son otros hermanos literarios: Silvia y Bruno (1). La seducción de la lectura compartida con la peculiar criatura nocturna también podría ser un sortilegio, un lugar donde quedarse para siempre al igual que la pequeña lectora sumergida en el mundo de hadas y grillos de la novela de Lewis Carroll; sin embargo Marcia continúa su trayecto por la casa tanteando lúdicamente nuevos recodos entre el afuera y el adentro.

Es en ese avance donde una de las transformaciones más potentes permite vivir a Marcia una experiencia que cuestiona los límites entre la vejez y la infancia. Niños que se vuelven viejos, viejos que se vuelven niños y la posibilidad de mirar los extremos de la vida desde nuevas preguntas y nuevas sensaciones. Estas metamorfosis tienen un lugar importante en la relación que Marcia, ahora niña-vieja, entabla con Fuentes, un viejo devenido niño a partir de los deliciosos avatares de este encuentro en que lo ambiguo dialoga con lo poético.

En el crescendo de riesgos y cambios de apariencia, Marcia tiene varias oportunidades de ver a su hermana en el interior de la casa aunque la pequeña, que parece sobrevivir sin demasiados sobresaltos a la alteración del vínculo fraternal que hasta entonces sostenían, no la reconoce en sus nuevas identidades.

Ciertos momentos de la historia podrían llevar a leer la novela en una clave cercana a las novelas de aprendizaje donde tiene lugar una búsqueda interior al ritmo de los cambios y de los obstáculos que se enfrentan en la intriga. Sobre todo por tratarse de un momento en la vida de una niña cuya infancia va dando paso a la adolescencia, zona bastante explorada por una cantidad importante de ficciones cuyas protagonistas son preadolescentes. Sin embargo, es más interesante por lo novedosa y arriesgada la clave que venimos rastreando, la de las irrealidades, la de las inquietantes incertidumbres que plantean más preguntas que respuestas, la del absurdo, la de la combinación del azar con la fuerza implacable de los hechos.

Es en este último territorio donde el tono de la narradora tiene resonancias más poéticas. La voz de Marcia condensa la vitalidad narrativa que requiere el salto azaroso de una situación a otra con el asombro y la audacia propios de la mirada infantil. Lo inesperado, lo imposible es traducido en el lenguaje de la pregunta o de la sorpresa por no vislumbrar nunca con certeza las causas de lo que escapa a la razón.

La ilustración de la tapa y de algunas escenas a cargo de Sebastián Santana no sigue esa tonalidad de lo incierto sino que su opción estética prefiere un registro más lindante con lo humorístico o incluso caricaturesco en la figuración de los personajes.

Tras el detalle de los “Agradecimientos”, antes de comenzar Nadie les discute el trono -que recibió el Premio Nacional de Narrativa 2006 del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay y fue editada en ese país en 2007-, la autora recuerda que terminó la primera versión en el año 2002 y que desde entonces “la novela trajinó buscando su editor”. Ese “trajín” que deja entrever resistencias, dudas o rechazos por parte de algunos editores puede ser una ocasión para preguntarse sobre los supuestos acerca de la literatura infantil y de los lectores que están detrás de esas decisiones. ¿Acaso temor al “exceso” de incertidumbre, o vértigo frente a la ambigüedad y a la carnalidad en la percepción corporal de una niña que deja de serlo? ¿Perplejidad ante el tratamiento audaz y sensual de la vejez, tan próxima a la infancia en esta ficción y rindiéndole un tributo que no tiene que ver con el lugar típico de “abuelo”? ¿Tal vez vacilación ante el tono poético que impregna por momentos la lengua de esa niña y que pone de relieve lo insondable? O en el terreno de la representación ficcional de la relación adulto-niño: ¿miedo a la libertad con que se mueven en el relato unas niñas que no responden a los adultos típicos de las ficciones (padres u otros familiares) y cuya ausencia no es explicada?

En cualquiera de esos casos la decisión de algunas editoriales de quedarse al amparo sólo de historias que no generen riesgos en lectores y mediadores termina en el silencio o en la exclusión de apuestas que intentan abrir senderos en los campos menos transitados (2).


Notas

(1) Carroll, Lewis. Silvia y Bruno. Barcelona, Editorial Edhasa, 2004.

(2) A estas formas de exclusión podría sumarse un hecho más que atenta contra la posibilidad de conseguir el libro fuera del país en el que se edita. Es frecuente que algunos grupos editoriales que tienen sedes en distintos países no diversifiquen la oferta de los catálogos de sus filiales incluyendo títulos editados por el mismo sello en otros países.

Nota de Imaginaria: En el número 172 de esta revista, distribuido el 18 de enero de 2006, publicábamos el primer capítulo de Nadie les discute el trono, cuando la novela transitaba el limbo de las obras que buscan editor bajo el brazo de sus autores. Ahora, ya convertida en libro, celebramos la alegría de tenerla nuevamente en nuestras páginas.


Cecilia Bajour (cecibajour@gmail.com) es Profesora en Letras (Universidad de Buenos Aires). Magíster en Libros y Literatura para Niños y Jóvenes (Universidad Autónoma de Barcelona-Banco del Libro de Venezuela-Fundación Germán Sánchez Ruipérez). Coordinadora Académica del Postítulo de Literatura Infantil y Juvenil (Escuela de Capacitación CePA del Ministerio de Educación del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires). Coordinadora del área de Capacitación sobre Bibliotecas Escolares, organizada también por CePA, y miembro del equipo de coordinación de Lecturas y Escrituras de dicha institución. Tiene a su cargo el Seminario de Literatura Infantil Contemporánea de la Licenciatura en Didáctica de la Lengua y la Literatura de la Universidad de San Martín. Expone habitualmente en Jornadas, Seminarios y Congresos de la especialidad.


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