En diálogo con Marta Minatta. Una lectora de tiempo completo, en espacios no convencionales

por Iris Rivera

Marta Rosa Minatta (marminatta@yahoo.com.ar) es Maestra de Enseñanza Primaria, de Educación de Adultos y Bibliotecaria Escolar. Realizó actividades de extensión bibliotecaria de promoción del libro y la lectura con bibliotecas populares en lugares no convencionales: hogares de niños en guarda judicial, centro de rehabilitación de drogodependencia, grupos de adolescentes en situaciones de riesgo, cárceles, chicos de la calle, madres adolescentes con causas penales, escuelas rurales, hogares de ancianos, comedores infantiles. Coordinó el nodo de la Biblioteca Nacional de Maestros con la Biblioteca Esteban Adrogué (1999-2003); organizó trabajos comunitarios formando narradores de tradición oral; participó en el proyecto de creación de la Biblioteca Popular “Manuel Belgrano”, de Glew; condujo un programa radial con escolares; publicó artículos de las experiencias realizadas en diversos medios.

Leer no es sólo leer palabra escrita. Los humanos somos lectores de tiempo completo. Al vincularnos con otras personas, por ejemplo, leemos caras, gestos, actitudes… Leemos entre líneas y también somos leídos. Esto ocurre hasta cuando no somos conscientes de ello y, por supuesto, también cuando trabajamos como mediadores entre las personas y los libros. A manera de muestra, este botón.

-Conozco tu trabajo en formación de lectores, Marta. La idea es que dialoguemos sobre “la cocina” de tus experiencias con talleres de lectura en lugares no convencionales. En una charla previa, me hablabas sobre un taller que coordinaste en el Hogar para madres adolescentes “La casita de Glew”. Dijiste que, al llegar, encontraste un espacio “armado” para el encuentro.

-Era un comedor grande con una gran mesa rodeada de sillas, pero ese espacio asignado no funcionó y hubo que atravesar todo un proceso de búsqueda de “el lugar”.

-Eso me recordó lo que dice Umberto Eco sobre que, a veces, resulta mejor tomar por el camino más largo, “…no sólo porque permite llegar de manera más segura, sino también (…) con mucha más experiencia, tanto por la variedad de los sitios visitados a lo largo del trayecto como por el hecho (…) de que un sitio se vuelve más familiar en la medida en que podemos reconstruir las operaciones que hay que realizar para llegar a él”. (1)

-Las palabras de Umberto Eco me parecen las justas y apropiadas. Se puede relacionar con el recorrido que muchas veces nos proponemos para acercar propuestas diferentes a lugares no comunes o distintos de la generalidad, pero a los que llegamos con el mismo objetivo: despertar la voz o las voces, reafirmar la palabra y su validez en contextos donde pareciera que no existen o están olvidadas. Ahí, en esos lugares adonde llegamos con el libro y la lectura como todo equipaje, nos encontramos, tal como lo dice Eco, con que el trayecto se vuelve más familiar al momento de reconstruir todo lo realizado para llegar a él. Me identifico con la cita.

Respecto al trabajo realizado en el Hogar de madres adolescentes, “La casita de Glew”, al que fui como tallerista de la Biblioteca Popular Esteban Adrogué, lo importante fue que encontré una institución que me cedía un espacio dentro del suyo. Ambas organizaciones (Biblioteca y Hogar) tenían sus objetivos, sus expectativas y sus fines.

-No siempre coincidentes, imagino…

-Generalmente, cuando se trabaja con dos o más instituciones, es muy difícil que los criterios sean coincidentes, a pesar de que todos trabajan para mejorar las condiciones de vida de los que consideran sus “destinatarios.” Por otra parte, el grupo, conformado por jóvenes derivadas allí por causas judiciales, era muy heterogéneo. Las chicas variaban en edades y “estados”: unas embarazadas, otras con bebés muy pequeños y otras pocas con niños de dos a tres años. Ellas también habían puesto en el tiempo del taller sus esperanzas… noté que una era la de evadir, durante el encuentro, la rigidez de las normas internas y dejar en otras manos su rol materno.

-Pero tu propuesta no iba en esa dirección…

-La propuesta era un taller de lectura para madres, que suponía la inclusión de sus hijos.

-¿Y entonces?

-El primer encuentro transcurrió en ese comedor que mencionaste, pero el inconveniente fue que también trabajaban en este lugar un enfermero que nebulizaba rotativamente a los niños, y un grupo de voluntarias cosiendo a máquina.

-¡Qué ruido!

-Pensé que el entorno no era el más apropiado y propuse utilizar un rincón de la habitación en el que se encontraba un mullido y amplio sillón, pero me respondieron que era un lugar reservado para los días de visita…

-Quedaba insistir, o conformarse, o seguir buscando… ¿qué resolvieron?

-Comenzamos a trabajar en la mesa del comedor, sentando las madres a los pequeños a su lado o sosteniéndolos en sus brazos. Así comenzó nuestro trabajo: yo leía algunos cuentos y luego desparramaba los libros sobre la mesa. Búsqueda de ellas y de los niños… “¿Alguien quiere leer?…” Sonrisas, gestos negativos y, como fondo, los ruidos de enfermería, costura y cocina. Transcurrido un tiempo, la relación con las adolescentes se hizo más personal…

-¿Tenés alguna anécdota que muestre cómo fue sucediendo esto?

-Muchas, algunas muy especiales, como la de una de las jóvenes que tenía un rechazo muy notorio por su hijo; conducta que, según lo conversado con el grupo de psicología, es bastante habitual en personas que también han vivido infancias con padres abandónicos. Ella estaba próxima a cumplir quince años y la institución le preparaba una fiesta muy bien armada que incluía vestido, peinado, baile, invitados, todo lo que espera una quinceañera. Coincidentemente, el rechazo por el niño se acentuó en este período. Ella requería una atención más personal, se explayaba permanentemente sobre preparativos, sobre “su fiesta”. Dedicamos entonces un espacio previo para la charla, el tiempo para la escucha… Estos momentos, anteriores al comienzo del taller, se hicieron habituales, se construyeron como espacios de comunicación personal entre ellas y yo. Este tipo de charlas e intercambios extra-taller favorecieron la afirmación de los vínculos…

-¿Te referís a los vínculos entre las participantes y vos, o también a los vínculos entre ellas?

-Me refiero a ambos. La relación entre ellas, en un principio, no era muy amistosa. Ponían de manifiesto celos, rivalidad, no tenían actitudes solidarias, también se notaba cierta indiferencia hacia lo que pasaba con el otro. Lógicamente, esto influía en el desarrollo del taller.

Después de las charlas, del tiempo extra de escucha, nuestra relación se volvió más entrañable, el encuentro más esperado, los libros más pedidos, la lectura de los cuentos más selectiva. Casi siempre, entre los favoritos, en forma reiterativa pedían los cuentos de siempre, los tradicionales: Cenicienta, La bella durmiente, El gato con botas, Caperucita… También querían ellas, algunas veces, que no hubiera ruidos de fondo. El enfermero y las costureras fueron desalojados del lugar y de nuestro tiempo. Aunque seguía el ruido de la cocina.

-¿Cómo resultó esto del “desalojo”?

-Creo que había un cierto malestar general. Cada vez que llegaba, los “desalojados” me miraban con cierto rencor, yo entorpecía su trabajo. Lo acepté convencida de que podía ser de otra manera… tal vez podríamos acotarnos… ¿para qué un espacio tan grande? Las palabras no ocupaban mucho lugar…

-Decilo de nuevo…

-Las palabras no ocupan mucho lugar.

-¿Entonces?

-Conversé con las autoridades del Hogar, siempre atentas y complacientes, pidiéndoles un lugar más pequeño, más íntimo, que no implicara el traslado de otros. Las jóvenes, los niños y yo podíamos estar allí temporalmente y luego desarmarlo. Así fue como nos ubicamos en un pasillo. Llevamos nuestras sillas, nuestros libros, pero por sobre todas las cosas, la necesidad del encuentro.

-Estás diciendo que lo más importante que transportaron del comedor al pasillo fue la necesidad del encuentro. Nada menos. Me acuerdo que, de chica, yo me tiraba a leer de panza al piso en un pasillo, precisamente. Un pasillo poco frecuentado por la familia…

-Bueno, mi lugar favorito en la infancia, era debajo de una mesa. En ese pequeño espacio me sentía totalmente libre y feliz. Leía en voz alta, gesticulaba, e imaginaba a mi auditorio.

-Lugares íntimos ¿no? Lugares propios… y elegidos. Esto ¿no te recuerda a Michèle Petit? (2) Lo que se ve claro es que, empezando por la cuestión de encontrar el lugar, este proyecto, que inicialmente les había llegado de afuera a las chicas, se fue volviendo nada menos que una necesidad.

-Si me remito a tu cita de Eco, el trayecto para encontrar el “sitio familiar” había sido largo en espera, pero seguro para llegar a la meta.

Es en este lugar donde las madres-niñas, ya lectoras para sí y para sus hijos comienzan ellas a pedir material: cuentos de amor, canciones, poesías…También eligen autores y títulos: Graciela Cabal y sus Tomasitos; Silvia Schujer con sus Cuentos y chinventos; Laura Devetach y Una caja llena de(3)

Y entonces, desanudo la pregunta: “Ustedes, a la noche, cuando acunan a sus hijos ¿les cantan?”

Entre risas, contestan: “Sí, cumbias villeras…”

“-¿Y las otras, las de cuna…?”

“-No las conocemos.”

“-Canciones de cuna… arrorró mi niño, arrorró mi sol… arrorró pedazo de mi corazón…”

Tal vez, muchas de ellas las tenían olvidadas en un pasado al que les dolía retornar, otras las habían reemplazado por voces nuevas convencidas de que eran mejores… la mayoría sentía temor, vergüenza, pudor por lo tierno, de poner en juego y exponer a los otros su sensibilidad… Miedo a la palabra entrañable, la esperada, la que nace en el corazón.

De ahí en más, nuestros encuentros se transformaron en coros. Estas madres-niñas se habían encontrado o reencontrado con voces tal vez nuevas, tal vez dormidas, para conectarse con sus hijos.

-¿Ves? A estas cosas me refería cuando hablaba de “la cocina” de tus talleres. Y por estas cosas digo que trabajás como lectora de tiempo completo. Porque, además de leer los libros que seleccionás para los talleres, estás leyendo permanentemente lo que ocurre en los encuentros. Leés lo que la gente dice y lo que no dice. Como hace todo lector: estás leyendo en la entrelínea. El artículo que escribiste sobre esta experiencia, lo leí primero en la revista Punto de partida (4) y después incluido en el libro Artepalabra (5). Sé que, en algún momento, este taller de lectura, desembocó en escritura…

-Sí, sucedió en forma espontánea, nadie lo había pedido, tampoco estábamos preparados para este escrito, casi una confidencia, casi una parte de la vida de su autora, a quien llamaremos Lilián.

En uno de los encuentros, Lilián, de quince años y mamá de Alejandro de tres, nos dijo: “Yo escribí una historia para mi hijo que quiero compartir con ustedes”. Era la historia de su vida, con sus momentos más difíciles, su angustia, sus equivocaciones y arrepentimientos. Y también con una esperanza: la del amor por su hijo, Alejandro, que tal vez no entendió algunas de las palabras pero percibió la emoción, el cariño y la esperanza que su mamá ponía en lo que leía. Cuando terminó la historia, de un salto se acurrucó en los brazos de ella y la abrazó y la besó. El resto de sus compañeras la aplaudió con admiración y respeto.

-La verdad es que hay un largo trecho entre la incomodidad y los desencuentros iniciales y este momento tan conmovedor que estás contando. Está claro que hubo un cambio de clima. Algo pasó en la atmósfera, literalmente…

-Sí, es habitual en el trabajo en lugares no convencionales o “diferentes” no encontrar el clima propicio para trabajar… En el comienzo de los encuentros había entre las jóvenes -como te dije antes- una relación de hostilidad muy notable; se descalificaban mutuamente y esto trascendía a los pequeños. También se notaba en los talleres: cualquier opinión o decir de alguna de ellas llevaba a una respuesta irónica o despectiva del resto. Pero la “atmósfera” cambió repentinamente cuando Lilián leyó las palabras escritas para su hijo. Fue un momento de “empatía” general, ahí cambio el clima volviéndose propicio. Me gustaría aclarar que los cambios, por lo general, son espontáneos, y hasta en algunas ocasiones inesperados. Seguramente hay un momento en el trayecto recorrido que permite que esto suceda.

-Lo observaste en otras experiencias, según entiendo…

-Me pasó también con otro grupo de trabajo, los chicos y adolescentes de “La Vieja del Andén”. Esta era una agrupación que reunía a chicos en situación de calle que se encontraban en los andenes de las estaciones. Los convocaban al andén de la estación Longchamps los sábados por la mañana. La agrupación realizó un convenio con la Biblioteca Esteban Adrogué y llegué ahí como tallerista (6).

Lograr el clima no fue nada fácil… un espacio abierto, curiosos caminantes observando, señoras con changuitos de las compras (había una feria municipal cercana) preguntando si regalábamos libros, los integrantes de la agrupación, un bibliobús con empleados de la biblioteca, un grupo de estudiantes de la carrera de Trabajo Social de una Universidad de Lomas de Zamora haciendo sus registros de observación de la actividad realizada… realmente mucha gente.

-Si lo comparo con la experiencia de las madres adolescentes, diría que acá había mucho más movimiento y ruido en el canal de comunicación que intentabas crear. ¿Cómo siguió la historia?

-Imprevisiblemente, un día en el que estábamos reunidos realizando el taller, comenzó a llover. Curiosos, vecinos, empleados, estudiantes, coordinadores, buscaron rápidamente refugio… Sólo quedamos en el andén, los chicos y yo, leyendo. Les pregunté entonces “¿Qué hacemos?” “Sigamos, sigamos…” fue la respuesta. Ese continuar el trabajo sin importar la circunstancia de estar bajo la lluvia -cosa cotidiana en sus vidas sin techo y nueva para mí-, creó una situación de intimidad en nuestra relación y fue a partir de ahí que se construyó el “clima propicio”, aquel en que las condiciones externas: lluvia, viento, frío, pasan a un plano secundario porque hay un interés más significativo, en este caso: seguir leyendo.

-Como lectora de tiempo completo, me animo a decir que leíste también la intemperie. Y la pudiste leer desde ellos, no desde vos. Imagino la escena…

-Mojados, ellos y yo, cubriendo del agua con sus ropas los libros, terminamos el taller de lectura ese sábado especial. En el grupo encontré después de ese día lectores ocultos que salieron a la luz…

-Esta expresión “lectores ocultos” se la escuché a la especialista María Inés Bogomolny (7) y luego la toma también Michèle Petit (8). Me resultó muy acertada cuando la oí por primera vez. Veo que vos también la tomás. ¿A qué hacés alusión con ella?

-A chicos de trece o catorce años que conocían a Borges, Cortázar, García Márquez, que gustaban de la poesía, que se ofrecían a leerles cuentos a los más pequeños o a los que no sabían hacerlo…

-Siento que tu relato puede ayudar a desmontar algunos prejuicios…

-Es que se había instalado el espacio dentro del espacio… y la lluvia ayudó a determinarlo… Me gustaría citar a Doris Lessing, en su discurso en la entrega del Premio Nobel 2007.

Ella dice: “No hace demasiado tiempo me telefoneó una amiga para contarme que había estado en Zimbabwe, en una aldea donde sus habitantes habían pasado tres días sin comer, pero seguían hablando sobre libros y cómo conseguirlos, sobre educación.” (9)

-De la estación de Longchamps a la aldea en Zimbabwe, hemos llegado sin cambiar “de andén”, Marta. ¡De esto se trata leer! El discurso de Doris Lessing, a mí también me dejó pensando largo. Ese párrafo que mencionás, y también cuando dice que somos parte de una cultura fragmentadora, donde se cuestionan nuestras certezas de apenas pocas décadas atrás y donde es común que hombres y mujeres con años de educación, no hayan leído nada… (10)

-Las palabras de Lessing son precisamente para pensar y repensar. Personas con años de educación que no han leído nada… También hay otras personas: habitantes de lugares inhóspitos, lejanos a la geografía de un Primer Mundo con todos los elementos de capacitación al alcance de la mano, o también aquellos que por circunstancias variadas están en lugares no convencionales como lo son los protagonistas de las experiencias que te cuento. Cito nuevamente a Doris: “Quisiera que se imaginasen a sí mismos en algún lugar del sur de África, en un comercio de ramos generales propiedad de un hindú, en una zona pobre, durante una época de sequía prolongada. (…) Este negocio recibe una provisión de agua cada tarde desde la ciudad y esas personas están esperando su ración de esa preciada agua.

El hindú presiona las muñecas contra la superficie del mostrador y observa a una mujer negra, que se reclina sobre un cuadernillo de papel que parece arrancado de un libro. Está leyendo Anna Karenina.” (11)

El cómo y el por qué de la llegada del libro a ese lugar están magníficamente narrados por Lessing. Particularmente, me aferro a esa imagen de la mujer africana, y al final del discurso: “Creo que esa chica y las mujeres que seguían hablando sobre libros y educación aunque llevaran tres días sin comer son quienes nos pueden definir”. (12)

-Usás la expresión “me aferro”, y me quedo pensando en que esto de mediar entre las personas y los libros en lugares no convencionales, puede dejar al mediador sin sustento muchas veces. Sin un lugar apropiado (como en el caso de las madres adolescentes); incluso a la intemperie (como con los chicos del andén). Cuando decís “me aferro”, siento que una columna fuerte te sostiene y te ayuda a poner a favor lo que podría jugar en contra…

-Es cierto. El encontrar, en palabras de otro, aquellas cosas en las que creés… Encontrar situaciones distintas a las que te sucedieron -pero similares en la esencia del acto de la lectura- hace que puedas ir construyendo, como vos decís, fuertes columnas que logren sostenerte y a la vez sostener “el hacer”, el que parece difícil, algunas veces complejo y otras casi imposible.

-¿Qué tan imposible?

-Te cuento otra experiencia. En el año 2004 me tocó trabajar en hogares de niños que se encontraban en situación de guarda, derivados por causas judiciales. Los chicos tenían desde meses de vida hasta doce años.

Las instituciones eran cuatro (13) y todas tenían distintas modalidades en su accionar.

Ese año coincidió con la muerte de Graciela Cabal, escritora por la cual siento una profunda admiración. Decidí entonces que el mejor homenaje que podía hacerle era trabajar su obra. En los talleres leía sus cuentos y los chicos y coordinadores que nos acompañaban disfrutaban de ellos.

-¿Cuáles de sus libros llevaste?

Toby, Jacinto, Cosquillas en el ombligo, Cuentos con brujas, Barbapedro y otras personas, Gatos eran los de antes y la serie de los Tomasitos. (14)

-¿Entonces?

-En una de las instituciones, la más organizada en su aspecto formal y donde había tenido muchos encuentros previos explicando en qué consistía el taller, su importancia, y respondiendo a todas las dudas que planteaban la directora y su equipo de trabajo… ahí, justamente, fue donde surgió la dificultad.

-Contanos…

-En uno de los talleres leí Tomasito va al jardín y, cuando llegué a la parte del cuento en la que la familia acompaña a Tomasito, uno de los chicos con Síndrome de Down saltó a mi falda diciendo: “A ver, a ver… quiero ver cómo es un abuelo…”

-Quiero ver cómo es un abuelo

-Ésa fue la pregunta, y no sólo vio al abuelo de Tomasito, sino que también, a partir de ese momento, escuchó con atención mientras contemplaba detenidamente las ilustraciones del libro, siempre instalado sobre mi falda.

Terminada la actividad, una lluvia de reproches de las coordinadoras cayó sobre mí y sobre el cuento: “No queremos cuentos que hablen de familias… aquí no existe ni mamá, ni papá, ni abuelos. Acá somos todos ‘tíos y tías’… Cuentos de animales, cuentos que dejen enseñanza, que tengan moraleja, eso es lo que necesitan los chicos estos…”

-Te imagino sorprendida e incómoda, pero también tratando de leer la reacción de estos adultos a cargo de aquellos chicos. ¿Cómo reaccionaste?

-Les dejé a las autoridades del hogar los libros de Graciela Cabal para que ellos realizaran una lectura adulta y pudieran salir de su enojo. Pero se afianzaron más en su postura. Es decir, me sucedió lo mismo. Pero tenía en claro que debía continuar con mi trabajo y con las lecturas, a pesar de la rigidez que demostraban. Nunca pensé en hacer lo que pedían en cuanto a la selección del material, estaba convencida que estos cuentos no podían hacer ningún daño, que si bien era cierto que en ese momento los chicos estaban separados de sus familias, todos las tenían y que tenían también el derecho y la necesidad de conocerlas. Si esto no se daba… ¿cómo podrían reconstruir sus vidas?

-¿Y entonces?

-Consulté referentes expertos, especialistas en infancia, psicólogos…

-Se podría decir que no te quedaste a solas con tu lectura, que te conectaste con otras lecturas y otros lectores conocedores del tema, de la problemática… ¿Y qué resolviste?

-Decidí llegar al mismo lugar pero por otros caminos, con otras voces, otros autores… Trabajé con: Sapo en Buenos Aires de Gustavo Roldán; Cuentos cortos, medianos y flacos de Silvia Schujer; Una caja llena de… de Laura Devetach (15). En estos textos no aparecen familias, pero las lecturas expertas que escuché me habían ayudado a pensar que las necesidades de los niños estarían presentes a pesar del mandato adulto de silenciarlas.

-¿Sucedió así?

-Finalizó el año y, en el cierre del taller, surgió la idea de que los chicos escribieran un cuento. La lectura de los trabajos fue una sorpresa: en ellos aparecía una mamá jirafa, un papá elefante, un hijo patito… en todos había una familia. No había moralejas, y sí la necesidad expresa de los vínculos primarios que demanda un niño.

Una vez más, Iris, sentí que poderosas columnas, formadas y enriquecidas por las voces y las lecturas de otros, me habían sostenido y habían sido los verdaderos facilitadores del decir de los chicos.

-Por todo comentario, Marta, vuelvo a leer y a leer lo que estás contando. ¿Te queda algo que quisieras agregar?

-Me queda por decir que a pesar de encontrar, en los ámbitos no convencionales, diversas dificultades para el trabajo, las mismas han sido, en mi experiencia, más de forma que de fondo (considerando como tales los obstáculos de buscar el lugar, de permitirnos encontrarlo, de una observación desconfiada de las actividades realizadas). Pienso que se han debido, generalmente, a que las instituciones, con una actitud que se me ocurre es de extremo celo o cuidado, interfirieron de alguna manera entre el lector y el libro. Y si algo ciertamente todavía se teme, es la libertad que da el acto de leer.

-¿Qué se podría agregar a esto, Marta? Tal vez unos versos de Laura Devetach (16):

“Pájaro flaco, la flecha
salió del arco

y allá quedó.
Palabras con puntería
no necesitan explicación.”


Foto: “Relajación”, de Ana Vicente Sánchez (III Certamen Fotográfico “El placer de leer”, organizado por la Biblioteca Pública Municipal del Ayuntamiento de Salamanca, España). Extraída del catálogo
(Salamanca, Biblioteca Municipal, 1996) y publicada en El placer de leerImaginaria con la autorización de los organizadores del concurso.


Notas

(1) Eco, Umberto. Lector in fabula. La cooperación interpretativa en el texto narrativo. Barcelona, Editorial Lumen, 1993.

(2) Petit, Michèle. Lecturas: del espacio íntimo al espacio público. Traducción de Miguel y Malou Paleo y Diana Luz Sánchez. México, Fondo de Cultura Económica. 2001. Colección Espacios para la Lectura.

(3) Cabal, Graciela. Tomasito, Tomasito y las palabras, Tomasito cumple dos, Tomasito va al jardín y ¡Qué sorpresa, Tomasito!. Buenos Aires, Editorial Alfaguara, 1998-2001.

Devetach, Laura. Una caja llena de… Buenos Aires, Ediciones Colihue, 1995.

Schujer, Silvia. Cuentos y chinventos. Buenos Aires, Ediciones Colihue, 1986.

(4) Revista Punto de partida, Año 2, N° 19. Buenos Aires, DS Editora, noviembre de 2005.

(5) Minatta, Marta. “Un mundo de palabras”. En: Artepalabra. Voces en la poética de la infancia. Antología compilada por María Emilia López. Buenos Aires, Lugar Editorial, 2007. Colección Relecturas.

Nota de Imaginaria: Artepalabra fue distinguido con el premio “Destacados de ALIJA 2007” (link a la sección ALIJA de este mismo número) en la categoría “Comunicaciones teóricas”. En la sección “Reseñas de libros” hemos publicado un comentario sobre el mismo.

(6) “La Vieja del Andén” es una agrupación formada por jóvenes, que en sus orígenes pertenecía a una rama de la Acción Católica. Independizados, formaron un grupo de trabajo con ubicación en el andén de la estación Longchamps. Tomaron el nombre en memoria de Rosita, una anciana sin techo que durante muchos años vivió debajo del andén, acompañada por numerosos perros. Estos jóvenes convocaban a chicos de la calle los sábados, les preparaban el almuerzo y organizaban tareas recreativas y de alfabetización.

(7) María Inés Bogomolny es especialista en literatura infantil y lecturas en proyectos comunitarios.

(8) Nota de Imaginaria: Para conocer la opinión de la especialista francesa, se puede consultar el artículo “En diálogo con Michèle Petit: ‘Uno puede ser un lector oculto porque no encontró a nadie dispuesto a escucharle, a intercambiar con él. Leer hace hablar a los niños, a los adolescentes, o a los padres con sus hijos.'”, preparado por Iris Rivera y publicado en la sección “Lecturas” de esta revista.

(9) Lessing, Doris. “Cómo no ganar el Premio Nobel” (Discurso preparado para la ceremonia de entrega del Premio Nobel de Literatura 2007). Traducción de Laura Canteros. En: Imaginaria N° 225. Buenos Aires, 6 de febrero de 2008. El texto completo se encuentra aquí.

(10) Lessing, Doris. Op. cit.

(11) Lessing, Doris. Op. cit.

(12) Lessing, Doris. Op. cit.

(13) Las instituciones con las que se trabajaron están ubicadas en las localidades de José Mármol, Rafael Calzada, Glew y Adrogué; todas pertenecen al distrito de Almirante Brown, en la provincia de Buenos Aires.

(14) Nota de Imaginaria: Se puede consultar los datos bibliográficos de los títulos citados en la bibliografía de Graciela Cabal publicada en la revista.

(15) Devetach, Laura. Una caja llena de… Buenos Aires, Ediciones Colihue, 1995.

Roldán, Gustavo. Sapo en Buenos Aires. Buenos Aires, Ediciones Colihue, 1989

Schujer, Silvia. Cuentos cortos, medianos y flacos. Buenos Aires, Ediciones Colihue, 1993.

(16) Devetach, Laura. “Toc”. En Canción y pico. Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 2007. Nota de Imaginaria: Algunas poesías de este libro fueron publicadas en nuestra sección “Ficciones”. La reedición del libro Canción y pico fue distinguida con el premio “Destacados de ALIJA 2007” (link a la sección ALIJA de este mismo número) en la categoría “Libro total (texto, ilustración y edición)”.

Información complementaria sobre las experiencias de lectura que se mencionan en el artículo

Las experiencias realizadas son la resultante de convenios entre el municipio de Almirante Brown (provincia de Buenos Aires) e instituciones nacionales o provinciales dedicadas a la atención, cuidado y recuperación de niños, adolescentes y adultos en situaciones sociales de riesgo, privación de la libertad o falta de tutoría. Estos acuerdos se llevaron a cabo por iniciativa de la Secretaría de Bienestar Social y de la Biblioteca Popular, Pública y Municipal Esteban Adrogué. Los destinatarios: madres adolescentes y sus hijos, niños en situación de calle, y niños derivados a hogares por causas judiciales. Las actividades fueron realizadas entre 1999 y 2004.


Iris Rivera (irisr@uolsinectis.com.ar) es docente y escritora. Coordina talleres de escritura para niños, adolescentes y adultos, y publica artículos en revistas infantiles, literarias y pedagógicas. Fue invitada por el Plan Nacional de Lectura para participar en varias provincias como conferencista y panelista. Es autora de varios libros: Aire de familia, La casa del árbol, Sacá la lengua, Hércules (más que un hombre, menos que un dios), Cuentos con tías/Vivir para contarlo, Cuentos populares de aquí y de allá, Los viejitos de la casa, Mitos y leyendas de la Argentina, entre otros. Por su libro Llaves fue distinguida con el premio Destacados de ALIJA 2006.


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13 comentarios sobre “En diálogo con Marta Minatta. Una lectora de tiempo completo, en espacios no convencionales”

  1. teresa bosch dice:

    Hola a todos, me ha encantado la entrevista a la Sra.Iris Rivera, no conozco su obra, pero intentaré transmitir a mi hijo de diez años, algo de lo que he aprendido, solo leyendo dicha entrevista, es poética y tan bonita !

    teresa


  2. Graciela dice:

    ¡Felicitaciones a las dos! Siento el orgullo de haber caminado con ustedes. ¡Abrazos! Me hace muy feliz leerlas aquí.


  3. maría isabel dice:

    me hizo muy feliz leer la entrevista porque recordé a una querida amiga y colega que ya no está, y que luchó incansablemente por la lectura a través de su proyecto “La andariega”, me refiero a Teresa Pagnotta.


  4. adriana de miguel dice:

    gracias por compartir tu experiencia

    adriana

    hadasdeavalon@yahoo.com.ar

    http://avalonelreinodelashadas.blogspot.com/


  5. Cristina Rodríguez Aguilar dice:

    Hola, me ha encantado la entrevista. Yo trabajoo con literatura infantil y juvenil, como traductora, en España, pero tengo un proyecto para impartir talleres de escritura creativa en breve. Desearía daros las gracias por las lindas ideas de la entrevista y preguntaros si me recomendais alguan web especial donde Iris Rivera recoja sus experiencias o similar.
    Mil gracias.
    Cristina


  6. Daniela Feoli dice:

    Leer estas experiencias te abre la cabeza; te permite pensar que las cosas pueden empezar a cambiar si hacés algo para que esto pase.


  7. Analia dice:

    Sy Analia de Longchamps y tuve el inmenso placer de trabajar con Marta. N me extraña nada de lo que cuenta por que ella es así una cajita de sorpresa , dispuesta a tdo.Hoy que estoy estudiando bibliotecologia leer esta entrevista me abre la cabeza a cuantas cosas podemos hacer desde el libro , la palbra y las ganas.
    a vos Iris que decirte : sos una genia y un orgullo para los que vivimos en tu localidad.
    A ambas felicitaiones y no aflojen gente así es la que necesita nuestro país.


  8. mario dice:

    Queridas madres lectoras y escritoras: Indudablemente Dios está presente en vuestras actividades. Felicitaciones a Marta y a Iris. Que Dios las bendiga. MARIO


  9. Andres Sobico dice:

    Enseñan, nos enseñan, imaginar esos largos momentos iniciales, días a veces, en medio de ese clima hostil de ruidos, gente de palo observando el taller desde afuera, y así y todo seguir adelante esperando ,sin garantías, que se encienda la mágica chispa.
    Gracias por contagiarnos a frotar la lámpara.


  10. Graciela dice:

    Es un placer leer estas historias que arrancan de los pequeños lugares que van generando los libros. He compartido con Marta parte de su historia y creo que tiene para mucho mas. Gracias por reconocerla y difundir su tarea.!!!


  11. Gabriela Rak dice:

    Una palabra de agradecimiento a las personas que luchan por la animación a la lectura. Tuve el inmenso placer de descubrir una vocación y un compromiso para toda la vida de la mano de Teresa Pagnotta en “La Andariega”. Hoy estudio literatura para multiplicar y transmitir lo que recibí. Es reconfortante saber que hay muchísima gente que cree en la lectura, por todo lo que significa y representa.


  12. Gabriela F. Paolucci dice:

    El trabajo no convencional,es el más valedero:aquel que despierta ilusiones en los que las perdieron, aquel que presenta obstáculos y al sortearlos dan excelentes resultados,aquel que llama al compromiso y al trabajo colectivo…Por eso,mis felicitaciones, y mis ganas de seguir leyéndote,Marta,para apostar a un aprendizaje significativo,sabiendo que se aprende si hay alguien que enseña “con sentido” . Directora de Nivel Inicial


  13. MARGARITA VELAZQUEZ dice:

    QUERIDA MARTA!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

    SOY MARGARITA VELAZQUEZ,TU COMPAÑERA DE ESTUDIOS DE 3* EN ADROGUE Y 4* Y 5* EN LA ESCUELA NORMAL DE BANFIELD.

    NO LO PUEDO CREER QUE POR FIN ENCONTRE A ALGUIEN DE MI PROMOCION. ABRI LA PAGINA DE NUESTRA ESCUELA Y EN ESTOS DIAS SE REUNIAN EN UNA FIESTA TODAS LAS PROMOCIONES.
    YO VIVO EN BARILOCHE DESDE 1976, Y TRABAJE COMO PROFESORA DE HISTORIA.

    OJALA LEAS ESTA NOTA Y ME RECUERDES.

    BESOS MULTICOLORES,MARGARITA.


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