Una experiencia de lectura y escritura en Tercer Año de EGB

por Silvia Faggi y Margarita Sacks


Tapa del libro Ruperto y sus nuevos problemas, realizado por alumnas
y alumnos de Tercer Año de EGB de la Escuela Mutualista de
Puerto Madryn (Chubut).

Texto de la ponencia presentada por las autoras en el 10º Congreso Internacional de Promoción de la Lectura y el Libro “Los caminos de la lectura”, realizado dentro del marco de la 33ª Exposición Feria Internacional de Buenos Aires El Libro del Autor al Lector (Buenos Aires, 20, 21 y 22 de abril de 2007).

La experiencia de lectura y escritura que dio lugar a este trabajo, gira en torno a la obra del escritor uruguayo Roy Berocay; los lectores interesados en saber más sobre este autor pueden dirigirse a la entrevista realizada por Fabiana Margolis que publicamos en nuestra sección “Lecturas”, aquí .

El aula y la biblioteca como agentes mediadores de lectura

Hace varios años que muchas bibliotecas escolares dejaron de ser lugares oscuros que no se usaban para leer sino para guardar bien forrados y ordenados los libros y también “el esqueleto y un señor horrible que respondía al nombre de El Señor de los Aparatos” como lo llamó Graciela Cabal (1). Ya no son “Cementerios de libros donde solo arañas graduadas, musarañas bachilleres, miopes ratones y demás fauna ilustrada disfrutan en exclusiva de la lectura y de los libros”, como las definiera José García Guerrero (2). Se fueron abriendo ventanas, sacando las puertas a las vitrinas, acercando los libros a los lectores.

Enmarcada en un proyecto institucional, nació en 1992 la Biblioteca Mafalda de la Escuela Mutualista, en Puerto Madryn, provincia del Chubut. Año tras año se fue incrementando su fondo bibliográfico, incorporando textos de géneros variados y en distintos soportes. Este crecimiento hizo posibles tanto los momentos de lectura íntima, silenciosa y personal, como los momentos de intercambio, donde estudiantes y docentes comparten lecturas; porque “solo la lectura de la que se habla es una lectura que se comparte. Es necesario que las voces de la lectura asciendan y que haya alguien que las escuche…” (3).

La hora del cuento es una de las actividades permanentes que desarrollamos en la Biblioteca. A veces se trata de explorar un género, otras de seguir un autor o profundizar en un tema. También podemos experimentar con un subgénero o descubrir las mil caras de un personaje. En ese momento, muchas veces leemos en voz alta para el grupo. A menudo lo hacemos porque contamos con un solo ejemplar para compartir; otras porque la extensión o la complejidad del texto elegido así lo requiere y muchas veces simplemente para sentarnos a escuchar una historia y dejarnos llevar por los ecos de la voz. Coincidimos aquí con los especialistas que sostienen que “La lectura en voz alta por el docente como lector experto sirve de modelo, ya que pone en escena las posibilidades expresivas del lenguaje. Esto requiere ciertas cualidades histriónicas y compromiso con la tarea: modulación y cambios de tono en la voz, según los personajes y sus circunstancias; la expresión del rostro, el afecto y el placer que transmita el lector facilitarán la comunicación y el clima necesario para atraer el interés de los niños” (4).

Roy Berocay, el elegido por los niños

Al comenzar el año ofrecimos a los chicos de Tercer Año un libro de literatura infantil para leer entre todos. Como se iniciaba el año, pensamos en una misma propuesta para todo el grado para después, en una segunda etapa, ofrecer varios títulos para ser leídos en grupo. Babú, de Roy Berocay (5) fue el elegido entre cuatro títulos propuestos, seleccionados en función de los distintos niveles lectores existentes en el grupo, la oferta de las editoriales y la realidad de las librerías de la ciudad de Madryn. Los argumentos de los alumnos para fundamentar su elección fueron de lo más variados: “Elegí Babú porque me gustan los animales”, “Me gustaron los dibujos”, “No es un libro demasiado gordo”

El trabajo comenzó como un espacio de lectura en el aula, en el que íbamos alternando lectura en voz alta, con lectura silenciosa, anticipando hechos… Y así los chicos comenzaron a identificarse con los personajes, a discutir sus posturas, comenzaron a imitarlos, eso nos llevó a pensar en armar una obra de teatro. Entonces, en la clase de Ciencias Naturales investigamos sobre los monos y gorilas, su comportamiento, alimentación, especie, hábitat, etc.; conversamos con la profesora de Teatro que se sumó a la propuesta; en el área de Lengua comenzamos con la trabajosa adaptación del texto, en Tecnología y con sugerencias de la profesora de Plástica armamos la escenografía, trabajamos mucho y presentamos la obra.

Quedamos tan entusiasmados con la forma de escribir del autor, y con el acercamiento que pudimos lograr a través del correo electrónico con él, que no dudamos en seguir leyendo su obra. Después de todo, él tenía todo listo para ver la filmación de nuestra puesta en escena y así nos lo contaba en un correo electrónico: “…aguardo con impaciencia que me llegue el resto del material y estoy organizando una función general acá con mi familia” (6)

Ya conocíamos el pensamiento de Berocay a través de una entrevista publicada (7) y, como mediadoras de lectura, sus palabras nos habían entusiasmado, sus razones para escribir (y las nuestras para leer) eran muy valederas: “…escribo por amor, por dolor, por preocupación, por indignación, escribo con la intención de darle a esos eventuales lectores, no solo un rato de entretenimiento, sino también algo en qué pensar, pero sin decirles qué deben pensar o a qué conclusiones deben llegar…”

Al mono le siguió el sapo

Los chicos habían disfrutado (y discutido) mucho la lectura de Babú, la historia del mono viejo que desea recuperar la libertad de la selva. Entonces evaluamos que era el momento preciso para presentar otras historias, para profundizar en el modo de escribir de un autor, para ir detrás de las huellas que el personaje dejaba en cada una de sus aventuras. Decidimos entonces cambiar un mono por un sapo, y la selva por el Arroyo Solís Chico (8).


Ilustración para el libro Ruperto y sus nuevos problemas.

Cambiábamos espacios y personajes pero permanecía el autor: “Seguir a un autor es un comportamiento lector habitual (…) El valor didáctico (de esta situación) deriva de que el seguimiento supone la lectura de muchos textos, su comparación, el recorrido de recursos que aparecen en todos, la consideración de la temática que se aborda en diferentes momentos de su obra, la posibilidad de establecer relaciones entre sus textos y textos de otros autores” (9).

La propuesta fue acompañar al Sapo Ruperto —un nuevo personaje creado por Roy Berocay— en sus aventuras para, posteriormente, crear otras historias que lo tuvieran como protagonista con un doble objetivo: continuar la comunicación empezada con su autor a través del correo electrónico y dotar a nuestra biblioteca de un nuevo libro artesanal.

Dice Roy Berocay: “…un lector adulto siempre le otorga a un escritor al menos unas cuarenta páginas de crédito, antes de decidir si el libro le gusta y si vale la pena leerlo o no. Los niños no nos dan crédito alguno y tenemos que ganarnos su atención ya desde la primera página o incluso más, desde la primera frase. El niño es un lector mucho más exigente y escurridizo, ya que sólo leerá aquello que realmente le guste, lo atrape, lo invita a continuar” (10). Los chicos de Tercero le dieron a Berocay y a su sapo algo más de cuarenta páginas de crédito: 22 sesiones de lectura en la biblioteca donde nos permitimos disfrutar de cada una de las 326 páginas que fuimos leyendo, releyendo y comentando.

Nos pasaron muchas cosas: pudimos olvidarnos del barullo exterior que provocaban sistemáticamente las clases de Educación Física porque el griterío de los bichos del Arroyo Solís Chico era más grande aún. Íbamos hoja a hoja, lectura a lectura, formando y afianzando nuestra comunidad de lectores. Estábamos, como dice Graciela Montes, “dibujando ese círculo claro y contundente: estamos leyendo” (11). Salimos de la Biblioteca cantando junto con la Rana Vieja: “Lo vamo’ a reventar”, el día que conocimos el desenlace de Ruperto de terror (12). Aprendimos a mirar el mundo con ojos de sapo y a reírnos, a reírnos mucho. Y la risa, es cosa seria. Y reírse en la escuela, también. Ya nos lo contaba Graciela Cabal, que Gianni Rodari decía que en las escuelas se ríe demasiado poco. Y Dino Buzzati, que en las escuelas debería existir la cátedra de la broma, aunque es difícil formar maestros de risa” (13).


Ilustración para el libro Ruperto y sus nuevos problemas.

Los chicos no fueron receptores pasivos, todo lo contrario, estaban alertas, expectantes, ponían en juego toda su experiencia lectora para jugar el juego de Ruperto. Espontáneamente durante la lectura o al finalizar la misma surgían los comentarios. Intercambiaban interpretaciones, daban puntos de vista, juzgaban algunas reacciones de los personajes, anticipaban qué ocurriría con el famoso detective, se adelantaban, volvían hacia atrás. Buscaban indicios en lo escuchado sesiones anteriores. Acciones éstas que se continuaban en el aula mientras contaban los días para volver a la biblioteca y continuar con la aventura.

Después de escuchar las primeras historias los chicos comenzaron a entender y disfrutar de las reglas del juego propuestas y espontáneamente anticipaban situaciones. ¿A qué se parecería un simple inodoro blanco en el mundo de los sapos? ¿Qué sería realmente ese terrible monstruo que tenía olor de animal que no se baña nunca, gigantesco y marrón, con el cuerpo lleno de grandes manchas blancas, cuatro patas altísimas, un cuello grueso como un árbol, una cola larga como una cuerda y una cabeza, una sola, con dos cuernos? ¿Por qué a los sapos les sorprende tanto que los hombres se interesen por las cajas que hablan? Aprender a mirar el mundo con ojos de sapo nos permitió verlo nosotros mismos de otra manera y hacernos preguntas: ¿qué diría Ruperto si viera que de lunes a viernes muchos chicos entran, envueltos en una tela blanca y cargando un gran peso sobre la espalda, a un edificio que pita y pita justo a las ocho en punto? ¿Y que pensaría de esa costumbre que tienen los hombres, las mujeres y los niños de subirse a un monstruo que los devora y los apretuja mientras echa humo negro, negro… por la cola?

Nuevas historias para un personaje famoso

Estas situaciones nos permitieron empezar a pensar en nuestras historias, porque “escribir no siempre empieza con la escritura. Por lo general se requiere de un trabajo previo: pensar, discutir, leer. Todo escritor trabaja en ambas direcciones. Todo animador debería proponerlas. (…) El trabajo de redacción con otros es enriquecedor. La discusión colectiva sobre lo que se quiere escribir para encontrar la mejor manera de escribirlo es provechosa. El papel del animador es propiciarlo y ayudar a que el diálogo sea constructivo” (14). Dedicamos algunas sesiones a la planificación de la escritura y a la relectura de algunos cuentos. El entusiasmo del auditorio había hecho posible convencer a las autoridades de la escuela acerca de la necesidad de contar con más ejemplares de los Rupertos (así llamábamos a la trilogía) y pronto (con todo lo relativo del término) la biblioteca contó con doce nuevos libros para compartir. Al volver sobre las páginas los chicos descubrieron algunas características de la escritura que les sirvieron de puntos de apoyo al momento de producir sus textos. De la biblioteca al aula, el proceso de escritura tuvo sus borradores y sus puestas a consideración de un auditorio experto en cuestiones de sapos. Aparecieron aquí las anécdotas conocidas sobre los modos de escribir y corregir de autores consagrados como Gabriel García Márquez o el español Fernando Alonso. Algunos pasajes fueron suprimidos y otros reescritos a partir de las sugerencias del grupo. Se pusieron en juego sus saberes como lectores y escritores, aparecían frases tales como “Ruperto no lo diría de ese modo”, “repitieron entonces como cinco veces”, “ahí no se entiende bien quién es el que aparece de pronto”. Después se fue de la biblioteca a la Sala de Informática para pasar en limpio las nuevas versiones y poder agilizar el proceso de revisión de los textos en cuanto a la correcta escritura de las palabras, la puntuación, poniendo en juego cada uno de los conceptos trabajados durante el año.


Ilustración para el libro Ruperto y sus nuevos problemas.

En las producciones finales de los distintos grupos se advierten las marcas del autor. Una de ellas es la interpelación que el sapo personaje le hace al escritor. En el cuento “Ruperto y el extraterrestre” —último relato de ¡¡¡Ruperto insiste!!! (15)— leímos:

“(Ruperto) se dio cuenta de algo muy importante: que muchos de sus cuentos comenzaban de la misma manera.

—¡Qué falta de originalidad! —protestó el sapo— ¡Siempre lo mismo!

—No sé por qué lo decías —le contestó el escritor.

—Bueno, yo soy nada más que un sapo detective, pero sería hora de que cambiaras el comienzo de tus cuentos. ¿No? Fijáte, siempre estoy durmiendo y entonces pasa algo y vienen a buscarme… Estoy seguro de que podés escribir algo mejor que eso.”

En uno de los cuentos incluidos en Ruperto y sus nuevos problemas (más aventuras del detective famoso) —título elegido por el grupo para su antología (16)— los chicos escribieron:

“Salió del agua y le dijo a Roy:

—Quiero que me escribas un cuento sobre la cosa.

—Decile a los chicos que son quienes están escribiendo esta historia —respondió Roy.” (17)

Otra de las creaciones grupales repite la estrategia y avanza un poco más: mezcla los personajes de las obras leídas anteriormente incorporando al mono Babú:

“Ruperto llegó al Arroyo Solís Chico, le contó a los vecinos lo que le había pasado. También se encontró con el escritor y el dijo:

—Roy, tuve una gran aventura con Babú. ¿Podrías escribir mi gran aventura?

—Claro —le dijo Roy.” (18)

Además del famoso sapo que da nombre a la serie, los chicos adoptaron otros personajes. La Rana Vieja, que aparece como dependienta de la farmacia “Solíscura” y como señuelo para atrapar a las vampiras del rock, unas feroces avispas que atacaban por doquier. Como no podía ser de otra forma, en ambos cuentos (19) nos ofrece su futbolístico canto (“—¡Lo vamo’ a reventar; lo vamo’ a reventar!”). Juancho, el bicho de luz, y Víctor, el niño, aparecen como amigos inseparables de nuestro verde personaje: Juancho pidiendo ayuda más de una vez, y Víctor fabricando para Ruperto un traje de buzo en goma-eva o como el gigante que ayuda en el terrible caso de las vampiras. Además, como los chicos sabían que en el Arroyo Solís Chico había un bar —el Pocho´s Bar—, fue posible agregarle la farmacia, la Academia “Suarapox Porog Morón” para aprender a leer, y un museo con sarcófago maldito y todo (20).

Lectores, autores y editores

La exploración del libro como objeto y el proceso de edición también llevó su tiempo. Descubrimos que Ruperto había sido recreado en el dibujo al menos por dos ilustradores diferentes: José Miguel Silva Lara y Sergio López Suárez. Después nos enteraríamos que “Ruperto, el más querido batracio de los niños uruguayos, ha venido soportando constantes transformaciones en su aspecto físico, producto de las cirugías plásticas que siete ilustradores para niños le han practicado desde que su creador, Roy Berocay, lo hiciera nacer en 1989” (21).


Ilustración para el libro Ruperto y sus nuevos problemas.

Al volver sobre cada uno de los cuentos, vimos que eran acompañados por una o dos ilustraciones a página completa y que no había colores, sólo una escala de grises. También llegamos a la conclusión de que la colección de la editorial Alfaguara le dedicaba las últimas páginas a las biografías del autor y del ilustrador acompañadas por una fotografía. Entonces hubo que volver a tomar decisiones: todos dibujarían, pero cada grupo decidiría cuál ilustración era la más representativa para cada cuento. Los autores escribirían sus biografías (breves dado que eran muchos) y les sacaríamos una foto a cada uno para acompañar esa hoja de vida. Las mediadoras del proyecto nos encargaríamos de la revisión final y la edición.

Nuevamente borradores, algunas discusiones al momento de elegir las ilustraciones, nuevos problemas al intentar reproducir la escala de grises, pero finalmente la edición pudo concretarse. El 11 de diciembre de 2006, como todo libro que se precie, Ruperto y sus nuevos problemas (más aventuras del detective famoso) fue presentado en sociedad —junto con los borradores de todo el proceso y todas ilustraciones originales— ante un grupo expectante de mamás y papás. Los autores, orgullosos y de cara al público, explicaron el proceso de escritura y atendieron a todas y cada una de las preguntas que surgieron. Días después, un ejemplar del libro viajó rumbo a Montevideo para encontrarse con Roy.

La escritora Marina Colasanti se pregunta: “¿Qué escritora sería yo si no hubiera leído? (…) ¿qué escritora habría sido de no haber sido lectora? (…) ¿si no existiera en mí la lectura, qué ser humano sería y cuál sería mi punto de partida para escribir?” (22). Y nos preguntamos nosotras: ¿de qué manera las lecturas de nuestros alumnos —las libres, las inútiles, las desordenadas, las pautadas, las comunes a todos… todas las lecturas— modelaron los cuentos que hoy presentamos? ¿Qué voces resuenan en estos textos? Al volver sobre ellos, descubrimos giros, palabras, expresiones que evocan cada una de las historias compartidas a lo largo del año, tanto en el aula como en la biblioteca, en la hora del cuento o en el recreo. Voces escapadas de anécdotas, cuentos, leyendas, historietas, novelas que circularon cada día y fueron recreadas en estos nuevos escritos.

Si miramos nuevamente los primeros borradores, si reconstruimos el proceso arduo de planificación, textualización y revisión de las escrituras de los diferentes grupos, descubrimos grandes progresos tanto en el proceso de escritura como en la conformación y dinámica del grupo. De un caos inicial donde cada uno quería imponer su idea porque sin duda era “la mejor de todas”, llegamos a un proceso de selección de las mejores ilustraciones para cada cuento y la elección de aquella que iría en la tapa, pasando por encuentros donde cada texto se valoró, corrigió y enriqueció a partir de la sugerencia del grupo.


Ilustración para el libro Ruperto y sus nuevos problemas.

Para finalizar, elegimos estas palabras de Delia Lerner (23), que sintetizan todo lo que, tanto chicos como mediadoras, sentimos y construimos a lo largo de este proyecto: “Orientar las situaciones de lectura y escritura de tal modo que los niños se sientan realmente implicados en ellas; que las conciban como valiosas en sí mismas y no sólo como recursos para el aprendizaje, que las consideren significativas y no puedan permanecer indiferentes ante ellas (…) Este es uno de los grandes desafíos que enfrentamos cuando intentamos que lectura y escritura asuman en la escuela una forma cercana a la que las caracteriza como prácticas sociales”.


Notas

(1) Cabal, Graciela. La emoción más antigua. Lecturas, escrituras, el encuentro con los libros. Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 2001. Colección La llave.

(2) García Guerrero, José. La biblioteca escolar, un recurso imprescindible. Sevilla, Consejería de Educación y Ciencia de la Junta de Andalucía, 1999.

(3) Hébrard, Jean. “El aprendizaje de la lectura en la escuela: discusiones y nuevas perspectivas”. Conferencia dictada en la Biblioteca Nacional, Sala Julio Cortázar; Buenos Aires, 2000.

(4) Lodi Zemma, Edda y Rotstein de Gueller, Berta. “Los cuentos”. En: Proyecto Educativo construyendo con Lápiz y Papel. Buenos Aires, Tiempos Editoriales, 1988.

(5) Berocay, Roy. Babú. Ilustraciones de Daniel Soulier. Buenos Aires, Editorial Alfaguara, 2004. Colección Próxima Parada Alfaguara.

(6) Comunicación personal del autor a través del correo electrónico (28 de agosto de 2006).

(7) Guzmán, Malí. “Ocho miradas uruguayas a la literatura infantil”. En: ¿Te cuento? N° 1, Segunda Época; Montevideo, septiembre de 1999; págs. 14-17.

(8) Berocay, Roy. Las aventuras del sapo Ruperto. Ilustraciones de José Miguel Silva Lara. Buenos Aires, Editorial Alfaguara, 1996. Colección Alfaguara Infantil.

(9) Lerner, Delia et al. Lengua. Documento de trabajo N° 4. Buenos Aires, Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, 1997.

(10) Guzmán, Malí. Op. cit., págs. 14-17.

(11) Montes, Graciela. La gran ocasión. La escuela como sociedad de lectura. Buenos Aires, Plan Nacional de Lectura, Ministerio de Educación Ciencia y Tecnología, 2006.

(12) Berocay, Roy. Ruperto de terror. Ilustraciones de Daniel Soulier. Buenos Aires, Editorial Alfaguara, 2007. Colección Alfaguara Infantil.

(13) Cabal, Graciela. Op. cit.

(14) Taller de Animación a la Lectura del Fondo de Cultura Económica. “Para animar a escribir”. En: Espacios para la lectura N° 2; México, Fondo de Cultura Económica, primavera de 1996; pág. 12.

(15) Berocay, Roy. ¡¡¡Ruperto insiste!!! (nuevas aventuras de un sapo detective). Ilustraciones de Sergio López Suárez. Buenos Aires, Editorial Alfaguara, 1997. Colección Alfaguara Infantil.

(16) Alumnas y alumnos de Tercer Año de EGB de la Escuela Mutualista. Ruperto y sus nuevos problemas (más aventuras del detective famoso). Ilustraciones de los autores. Puerto Madryn (Chubut), A.M.S.E, 2006. Colección A.M.S.E Infantil. Edición artesanal limitada.

(17) En el cuento “Ruperto bucea”, del libro Ruperto y sus nuevos problemas (págs. 2-3).

(18) En el cuento “Ruperto va a la selva”, del libro Ruperto y sus nuevos problemas (pág. 15).

(19) En los cuentos “Ruperto enfermo” y “Ruperto y las vampiras del rock”, del libro Ruperto y sus nuevos problemas.

(20) En el cuento “Ruperto y la maldición de la momia”, del libro Ruperto y sus nuevos problemas (pág. 7).

(21) López Suárez, Sergio. “Ruperto ilustrado. La soportable variedad de un ser”. En: Revista Latinoamericana de Literatura Infantil y Juvenil N° 11; Bogotá (Colombia), Fundalectura, enero-junio de 2000.

(22) Colasanti, Marina. “¿Qué escritora sería yo si no hubiera leído?”. En su libro Fragatas para tierras lejanas. Conferencias sobre literatura. Traducción de Elkin Obregón. Bogotá, Grupo Editorial Norma, 2004. Colección Catalejo.

(23) Lerner, Delia et al. Op. cit.


Los libros del sapo Ruperto

Las aventuras del sapo Ruperto. Ilustraciones de José Miguel Silva Lara. Buenos Aires, Editorial Alfaguara, 1996. Colección Alfaguara Infantil, Serie Morada.

Ruperto detective. Ilustraciones de José Miguel Silva Lara. Montevideo, Editorial Alfaguara, 1997. Colección Alfaguara Infantil, Serie Morada.

¡¡¡Ruperto insiste!!! (nuevas aventuras de un sapo detective). Ilustraciones de Sergio López Suárez. Buenos Aires, Editorial Alfaguara, 1997. Colección Alfaguara Infantil, Serie Morada.

Ruperto de terror. La gran aventura. Ilustraciones de Daniel Soulier. Buenos Aires, Editorial Alfaguara, 2007. Colección Alfaguara Infantil, Serie Morada.

Ruperto y los extraterrestres. Ilustraciones de Daniel Soulier. Montevideo, Editorial Alfaguara, 2005. Colección Alfaguara Infantil, Serie Morada.

Ruperto al rescate. Ilustraciones de Daniel Soulier. Montevideo, Editorial Alfaguara, 2003. Colección Alfaguara Infantil, Serie Morada.

Ruperto y sus nuevos problemas (más aventuras del detective famoso). Alumnas y alumnos de Tercer Año de EGB de la Escuela Mutualista. Ilustraciones de los autores. Puerto Madryn (Chubut), A.M.S.E, 2006. Colección A.M.S.E Infantil. Edición artesanal limitada.


Silvia Faggi (silvia.faggi@gmail.com) es Profesora de Nivel Pirmario Especializada en Niños en Riesgo Social. A partir de 1989 se desempeñó como maestra de grado y posteriormente como Directora de EGB del Colegio “Cristoforo Colombo” de la ciudad de Rosario (provincia de Santa Fe). Participó en seminarios y cursos sobre lengua y lectoescritura. Desde 2004 se desempeña como docente de la Escuela Mutualista de la ciudad de Puerto Madryn (provincia de Chubut).

Margarita Sacks (margasacks@hotmail.com) es Magister en Promoción de la Lectura y Literatura Infantil (Universidad de Castilla-La Mancha, España) y Profesora para la Enseñanza Primaria. Actualmente cursa el último año de la carrera de Bibliotecario Escolar a distancia en la Universidad Nacional de Mar del Plata. Se desempeñó como maestra de grado en escuelas de la ciudad de Buenos Aires y de Puerto Madryn. Participó en congresos, seminarios y cursos sobre lectura, escritura y literatura infantil y juvenil en el país y en España. Fue pasante en el Centro Internacional del Libro Infantil y Juvenil de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez en Salamanca, España. Desde 1992 coordina el proyecto de promoción y animación a la lectura en la Biblioteca Mafalda de la Escuela Mutualista, en Puerto Madryn. Desde el 2005 es miembro del equipo de talleristas del Programa Provincial de Lectura de la provincia del Chubut (Plan Nacional de Lectura). Actualmente es profesora del Postítulo Docente “Actualización Académica en Literatura Infantil y Juvenil” del ISFD Nº 803 (cohorte 2007-08).


Margarita Sacks (izquierda) y Silvia Faggi (derecha).

Escuela Mutualista

La Escuela Mutualista (Asociación Mutual de Servicios Educativos AMSE), es una institución educativa de la ciudad de Puerto Madryn, fundada por un grupo de familias en el año 1991.

Dirección postal: Dr. Avila N° 351 – (9120) Puerto Madryn – Provincia de Chubut – Argentina

Tel: (54 2965) 473120

Web: www.amse.madryn.com

Biblioteca Mafalda: biblioteca_mafalda@hotmail.com


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Un comentario sobre “Una experiencia de lectura y escritura en Tercer Año de EGB”

  1. gabriela dice:

    me parecio fabuloso el proyecto me dio muchas ideas, este año hare un proyecto similar en 3 grado de capital federal barrio pompeya


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